Los famosos "aditivos", y no la relación en sí, son los que generan el desgaste, pero los expertos consultados señalan que todo depende de cada deportista.
LEONEL GARCÍA
Año 1974. Mundial de Alemania. El entrenador de Holanda, Rinus Michels, permitió a sus jugadores compartir la concentración con sus parejas. Fue algo revolucionario, tanto como el juego de sus dirigidos, que pasaron por encima de sus rivales -incluyendo a la "superselección" de Uruguay, la primera con repatriados- al ritmo del llamado "fútbol total", con Johan Cruyff como abanderado. Aunque cayó en la final, fue considerado el mejor equipo del torneo, y tal vez el vicecampeón más célebre de la historia de esta competencia.
Ese equipo abrió por primera vez el debate sobre permitir a los jugadores mantener relaciones sexuales mientras se disputa el certamen. ¿Desconcentra del objetivo principal o mejora el ánimo? Y, sobre todo, ¿genera un desgaste excesivo o no influye para nada? No existe algo así como la verdad revelada; mucho menos una que garantice el éxito. En 2002, Brasil salió campeón bajo el estricto régimen que impuso su técnico Luiz Felipe Scolari. Pero en 2006, la triunfadora Italia de Marcello Lippi, gozaba de días libres para estar con sus familiares.
Y con su clásica puntualidad de cuatro años, la polémica volvió a la luz. El técnico argentino, Diego Maradona, permitirá a sus dirigidos tener relaciones sexuales en el Mundial de Sudáfrica. Eso sí: sin "aditivos". El médico de ese seleccionado, Donato Villani, lo aclaró en declaraciones radiales: "El sexo forma parte de la vida de todos y en sí no es un problema. Los inconvenientes surgen cuando aparecen los excesos, los aditivos, se hace con alguien que no es la pareja estable, o en horarios que pertenecen al descanso". En buen criollo: adiós al whisky antes y al cigarrillo después, nada de noches largas ni de "levantes". Algo así como "relajo pero con orden". En las últimas horas se mencionó que otras selecciones, como Brasil e Inglaterra, adoptarían medidas similares.
¿Y Uruguay? Consultado por Domingo, queda claro que al técnico de la selección, Óscar Tabárez, la polémica no le hace mucha gracia. Directamente, lo fastidia. "La conducta (del plantel) va a ser la misma que durante toda la Eliminatoria y por la que jamás me preguntaron nada. Concentramos para descansar, para comer bien y para entrenar. Cuando no están concentrados van para la casa y hacen su vida privada como se les antoje. Yo confío mucho en su profesionalismo". Y punto.
El médico de la selección, Alberto Pan, tampoco se explaya demasiado. El facultativo dice que muchos familiares de los jugadores uruguayos viajarán a ese país, "pero de ninguna manera estarán concentrados con la selección". ¿Y qué pasará en los eventuales ratos libres? El plan de trabajo del equipo recién se diagramará en estos días, ya en suelo sudafricano, agrega (ver nota aparte).
"Aditivos". Que el sexo previo "saca piernas" a un futbolista, que todo lo que no persiga un fin deportivo debe ser dejado de lado en una instancia como ésta, que si existen relaciones previas a un partido sea la mujer la que haga el desgaste (o sea, ella arriba) como sostenía el ex técnico argentino Carlos Bilardo, que todo lo anterior es una idiotez... Como debate pre-mundialista, puede resultar más excitante que discutir entre jugar con línea de tres o sin enganche.
Para el sexólogo Gastón Boero, hay mucho de fábula en toda esta cuestión. "Se ha hecho cuestión de que tener sexo genera un desgaste desmesurado y eso no es así. Caminar a paso ligero unos 80 metros provoca el mismo efecto. ¡Los que van a un Mundial están entrenados para correr por 90 minutos!" Para él, no habría ningún problema en tener relaciones incluso horas antes de un partido.
Pero siempre hay un pero. Y los "aditivos" de los que hablaba Villani tienen su razón de ser. "Por supuesto que si uno sale de noche, toma y consigue una acompañante ocasional, uno va a querer transformarse en un héroe sexual, en un Tarzán, y romper todos los `récords`. Y eso sí genera desgaste", dice Boero. Con una relación estable, en cambio, "no hay expectativa ni ansiedad extra", añade. Esto último, que para una pareja puede ser la antesala de la rutina, al menos para el rendimiento deportivo parece ser buenísimo.
Similares conceptos manejan el médico deportólogo Alfredo Rienzi y Jesús Chalela, presidente de la Sociedad de Psicología del Deporte. Rienzi, con 30 años de experiencia en Peñarol, señala que el desgaste físico que genera una relación sexual no es importante. "El gasto calórico equivale a subir tres o cuatro pisos por escalera. Lo bravo son todos los elementos que la rodean, como el alcohol". De nuevo, los ya familiares "aditivos". O, apelando a la jerga deportiva, el no respetar el "entrenamiento invisible".
El sexólogo Andrés Flores Colombino agrega que una relación sexual consume entre 300 y 800 kilocalorías, que pueden ser recuperadas "con un vaso de leche, una galleta y un trozo de queso".
Rienzi señala por experiencia propia que se evita que los jugadores tengan sexo 36 horas antes de un partido y a la noche siguiente. "Es fundamental la recuperación, con descanso, una buena dieta e hidratación", sobre todo si hay encuentros muy seguidos. En el caso de Uruguay, entre el primer y último match de su serie inicial mundialista (que puede ser tanto la primera etapa como la despedida, según opine un abonado al bombo o un pesimista crónico) hay once días de diferencia.
No todos tienen la misma opinión sobre la abstinencia previa. "Hay investigaciones que dicen que si el futbolista tiene pareja estable y una vida ordenada, puede tener relaciones la noche antes del partido sin ningún problema", afirma el psicólogo Chalela, con experiencia en distintas disciplinas, en varias categorías. Pero, para él, los mitos y tabúes que señalan lo contrario gozan de muy buena salud. "Se sigue diciendo `no se puede`, `te desgasta`, entonces el deportista se llena de culpa. ¡Y ahí está el problema! ¿Qué desgaste puede tener alguien entrenado en una relación sexual? Si yo estoy con mi esposa o novia, y luego me acuesto a dormir, en dos o tres horas de descanso ya estoy recuperado".
Hay quien piensa, empero, que los mitos o creencias deben ser respetadas. Flores Colombino señala que si hay jugadores que piensan que tener sexo antes de un partido "les hará perder agresividad o agilidad, eso seguramente les ocurra", aunque lo atribuye a un factor "puramente psicológico". El "bocho" también juega.
Cada uno. También influyen las características individuales. Si bien Boero dice que el sexo mejora el carácter debido a la liberación de endorfinas, agrega que un período largo de abstinencia provocada por una concentración no debe ser nocivo en absoluto. "La actividad sexual, y eso es lo primero que debe saber un sexólogo, no es imprescindible. Depende del `bocho` de cada uno". Además, no hay que olvidar que ninguno de estos jugadores desconoce lo que es pasar prolongados períodos dedicados al entrenamiento y descanso.
Sobre esto último en particular hay opiniones encontradas. Y las que podrían ser consideradas como verdades de perogrullo tienen sustento en la opinión de profesionales. "¡Cómo no va a afectar (la abstinencia) la convivencia de un plantel! ¡Cómo no! Pasa que eso no se dice. ¡Indudablemente les cambia el humor!", afirma el psicólogo Chalela.
Rienzi también es de la idea que la abstinencia sexual puede afectar negativamente. "Antes, cuando (en Peñarol) se hacían giras largas, de 20 o 30 días, y no había una actividad inmediata, el técnico podía dar un día libre y miraba para otro lado. Pero hay que estudiar cómo reacciona cada jugador individualmente durante una concentración prolongada. Hay que ver los pros y contras, porque pasarse para el otro lado..."
Si a este profesional, con tres décadas de experiencia en planteles, le dieran a elegir entre manejar a los jugadores con la rienda corta o ser más permisivo, no lo duda: "Es mejor tenerlos cortos, porque es difícil discriminar quién puede excederse. Ahora, cuando hay un trabajo organizado y serio, los jugadores toleran las concentraciones".
Scolari, el técnico campeón con Brasil en 2002, tenía una convicción muy firme. "Lo que digo es que si el individuo no tiene capacidad de administrar y reprimir el deseo sexual durante una etapa establecida, entonces no es un ser humano, sino un animal".
Pero ocho años antes, las "escapadas" (autorizadas por el cuerpo técnico de entonces) del también brasileño Romario, en EE.UU. `94, no fueron impedimento para que o baixinho se transformara en figura, goleador y campeón del torneo.
Representar. Entre quienes defienden una postura, al menos, reticente, se pone como argumento que, más allá de una disputa deportiva, está en juego representar al país.
Fuera del fútbol profesional, la opinión de Andrés Barrios, entrenador del Campus de Maldonado (ver nota aparte), es una de ellas. "Vos te jugás mucho representando a tu país y creo que podés perder el foco en tu objetivo si mantenés sexo en una competencia".
El ex arquero Fernando Alvez es un veterano de cuatro mundiales; dos juveniles (Túnez `77 y Japón `79) y dos de mayores (México `86 e Italia `90). Para él, "cuando estás tras un objetivo supremo, y realmente metido en cuerpo y alma detrás de él, todo lo demás pasa a ser insignificante, ni te acordás. Además, ¡un Mundial es algo que te puede pasar solo una vez en tu vida!"
Alvez asegura que, pese a las largas concentraciones vividas en esos eventos, jamás hubo un acto de indisciplina en los planteles que integró. "Solo se hizo un escándalo porque dos muchachos llegaron tarde en un día libre que tuvimos en México. Pero eso fue porque perdimos. ¡En el Mundialito del `80 comíamos perdiz en escabeche y tomábamos vino, pero como ganamos nadie abrió la boca!"
El ex arquero considera contraproducente que viajen las parejas de los futbolistas a estas competencias. En su experiencia, solo recuerda el viaje de "algunas esposas" durante la aclimatación previa a México, realizada en Colombia. "En el Mundial de Italia, estábamos concentrados en el mismo hotel con los belgas, y sus mujeres hacían topless en el jardín. Yo me imaginaba que si una delegación uruguaya hacía eso terminábamos todos presos, es una cuestión de mentalidad". En ese torneo, Bélgica derrotó a Uruguay por 3 a 1.
¿Y cómo se va a realizar el control?
El médico de la selección uruguaya, Alberto Pan, mantiene, al igual que el técnico Óscar Tabárez, un perfil bajo sobre el tema.
"Es obvio que no van a estar todo el tiempo encerrados, pero en un Mundial, entre partido y partido, hay un lapso de solo tres días". Al igual que muchos de sus colegas, este médico, con 38 años de experiencia en el deporte, considera que "no hay una verdad única" sobre el acceso de los jugadores con sus parejas, el tiempo sin sexo previo a un partido o la abstinencia durante toda una concentración.
Aún así, deja entrever una eventual política "celeste": "La vida del deportista no gira alrededor del sexo sino del entrenamiento, y su preocupación es la próxima competencia y no la próxima relación sexual. Las concentraciones son grupos de trabajo, podrá tal vez haber alguna visita de familiares, pero jamás cohabitación".
Sobre el plan argentino, en lo referente a evitar "aditivos", Pan se cuestiona, no sin cierta ironía, cómo se puede controlar esa situación: "Capaz que ponen a una persona a vigilar a los jugadores".
Las cifras
800 Cantidad máxima de kilocalorías que se pierden durante el sexo, según Flores Colombino.
3 Cantidad por la que se multiplica el metabolismo basal durante una relación sexual "sin aditivos".
18,1% Tasa de prevalencia del Sida en adultos en Sudáfrica. Hay 5,7 millones de infectados (2007).
Nada entre 48 y 72 horas antes
El entrenador Andrés Barrios, del Campus del Maldonado, ha participado en 27 mundiales, 27 sudamericanos y tres Juegos Olímpicos con sus atletas. Y el tema del sexo ha estado presente con sus dirigidos, más de cien en 19 años de carrera.
"Desde mi punto de vista, es un tema individual, y no es lo mismo el sexo casual -más desgastante- que el que se hace con la pareja", afirma, poniéndose en línea con los otros consultados para esta nota.
A sus atletas, Barrios sugiere -no exige- que se abstengan de tener relaciones sexuales "entre 48 y 72 horas antes" de una competencia. "Después de una carrera, por ejemplo, ya no hay problemas. Obvio que si hoy tengo una semifinal y mañana una final, me tengo que cuidar; pero si la próxima actividad la tengo en diez días o una semana, es ilógico pensar que tener sexo mañana me pueda afectar".
Aún así, Barrios recalca que cada caso es un mundo. "He tenido dirigidos que en Uruguay tuvieron muy buenas marcas y sé que han tenido sexo la noche anterior. Lo sé porque me lo dijeron. Pero repito: no es lo mismo una relación casual que con la pareja habitual, que se puede programar, planificar".
El entrenador sostiene que en un torneo internacional no se puede perder el foco en que se está representando al país. "Yo manejo mucho la autorresponsabilidad en función de la competencia. Hablo mucho con los muchachos y no me he llevado desilusiones, al revés".
En el mundo del atletismo, es conocida una investigación realizada por el fisioterapeuta israelí Alexander Olshanietzky, antes de los Juegos Olímpicos de Atlanta `96. El informe concluyó que el rendimiento deportivo de las mujeres corredoras o de salto alto estaba directamente relacionado con el número de orgasmos. Los hombres, en cambio, mejor abstenerse. Y nunca mejor utilizado el término.
Líos de campeones
Sea por mantener inmaculada a la "celeste", en Uruguay se ha hablado poco de los deslices de sus selecciones en las concentraciones mundialistas. Sin embargo, hubo casos conocidos en los planteles que terminaron quedándose con la Copa del Mundo. En 1930, el arquero Andrés Mazzali se quedó sin participar del primer Mundial por escaparse con una mujer de la concentración.
En el equipo de 1950, el primer partido mundialista fue una fácil victoria ante Bolivia por 8 a 0 en Belo Horizonte. El libro Maracaná, los laberintos del carácter, de Franklin Morales, relata lo que sucedió de inmediato: "En el mismo vestuario, (los dirigentes) Américo Gil, Eduardo Volpe y Saturno González acordaron dejar en libertad a los futbolistas hasta medianoche, asueto recibido con regocijo. Después de una cena rápida y en grupitos, se perdieron por esas calles espoleados por sus urgencias juveniles". Clarita la metáfora, ¿no?.
El mismo libro cuenta que "alguno llegó más allá de lo prudente". Lo que siguió fue una dura reprimenda del capitán Obdulio Varela a sus compañeros. El "Negro Jefe", según se lee en la página 306, tenía miedo que ante un eventual fracaso llovieran las críticas del estilo "estos no hacen más que trasnochar y así nos va".