Hablar sobre pobreza, cárceles o desvinculación educativa es habitual. Escuchar a quienes lo viven, no tanto. Sobre esa ausencia se construye Periplo, un proyecto de periodismo audiovisual que, tras su alianza con El País, busca llevar esas historias a una audiencia más amplia a partir de mayo.
Impulsada por los periodistas Juan Paullier y Elisa Lieber, la iniciativa propone correrse de los titulares y las estadísticas para contar los problemas desde la voz de sus protagonistas.
“Siempre nos quedamos con los titulares o repitiendo estadísticas, pero nunca escuchás a las personas que están atravesando esa situación”, resume Paullier. La premisa, entonces, es simple pero exigente: “Pongámosle cara a esas estadísticas”.
Ese enfoque se traduce en historias concretas. Una de ellas es la de Agustina, una joven embarazada que vivía en la calle, cuya vida siguieron antes y después del nacimiento de su hijo. Otra se centra en la desvinculación educativa: reúne a 10 adolescentes que explican por qué abandonan el liceo, en un país donde solo la mitad logra terminarlo. También abordaron la vida en asentamientos a través de una familia que “cocina sin cocina, barre sin piso y duerme en una sola habitación”, o el impacto de la violencia con el caso de una niña de 12 años muerta por una bala perdida.
Los temas elegidos no son casuales: forman parte de una agenda que, según los periodistas, refleja “problemas urgentes” de la sociedad uruguaya. Pero el foco no está solo en visibilizarlos, sino en generar cercanía: “Si logramos que lo vean, es el primer paso para empatizar”, plantea Paullier. En esa línea, Lieber resume el espíritu del proyecto en una consigna: “Ver nos cambia”.
La apuesta, dicen, es que entender cómo vive el otro pueda abrir preguntas y, eventualmente, movilizar algún tipo de respuesta, tanto a nivel individual como colectivo.
Periodismo lento.
El proyecto está integrado también por la realizadora y directora creativa Lucía Alonso, mientras que en la difusión se sumó recientemente Manuela da Silveira.
Cada mini documental —de entre 8 y 15 minutos— puede llevar varios meses de trabajo, con instancias de investigación, entrevistas previas y validación con especialistas.
“Es un periodismo que por definición es lento”, señala Paullier, en contraste con la lógica dominante de producción rápida. En un ecosistema marcado por la sobreabundancia de contenido y la caída de la atención, Periplo apuesta a ir a contracorriente. Menos historias, pero más trabajadas; menos velocidad, pero más profundidad.
Además de las piezas principales, desarrollan contenidos complementarios para redes sociales que aportan contexto y amplifican el alcance de cada historia.
La alianza con El País marca un punto de inflexión para el proyecto. Hasta ahora, Periplo difundía sus contenidos principalmente en redes y plataformas propias; el acuerdo permitirá ampliar el alcance y sostener una publicación regular, con la idea de estrenar un documental por mes a partir de mayo.
Para este año, el equipo ya tiene definidas varias de las historias que integrarán la serie. Entre ellas, la de los llamados “25.000 pesistas”, que sigue el día a día de una persona que vive con ese ingreso fijo y los malabares cotidianos que implica sostenerse. También la de una mujer vinculada al narcomenudeo, a quien le ofrecieron $120.000 por ingresar droga a la cárcel y cuyo proceso posterior —incluyendo años de prisión domiciliaria— expone las lógicas detrás de ese circuito. A eso se suma la historia de una joven que creció dentro del sistema de protección del INAU y su transición a la vida adulta, así como un diario oral desde la cárcel que reconstruye, en primera persona, la rutina y las reflexiones de alguien privado de libertad.
Ese recorte temático responde, además, a una preocupación de fondo. “La mayoría de las historias que contamos son bombas de tiempo que tiene Uruguay como sociedad”, advierte Paullier. La expresión no es casual: apunta a problemas que ya están presentes —como la desvinculación educativa— pero cuyas consecuencias pueden profundizarse en los próximos años. “Si tenés la mitad de los jóvenes que no terminan los estudios, ¿qué va a pasar en cinco o 10 años?”, se pregunta. En ese cruce entre urgencia y proyección, Periplo busca no solo mostrar lo que ocurre hoy, sino también instalar preguntas sobre el futuro.
Impactos.
Incluso en sus primeras experiencias, ese enfoque ya mostró efectos concretos. Tras la difusión de algunas historias, se generaron redes de ayuda espontáneas y la intervención de organizaciones e instituciones públicas. En el caso de Agustina, por ejemplo, la visibilidad de su historia derivó en la aparición de familiares, acceso a un trabajo, una solución habitacional provisoria y mayor acompañamiento estatal. Sin proponérselo como un objetivo directo, ese tipo de repercusiones refuerza la lógica del proyecto: que contar —y hacer ver— puede, al menos, empezar a modificar algo.
Antes de que una historia llegue a publicarse, hay un proceso largo de construcción de confianza con los protagonistas. “Hablamos mucho con las personas antes de prender la cámara. Pueden pasar semanas”, cuenta Lieber. El acercamiento es progresivo: primero una conversación, después otra, visitas al lugar, tiempo compartido. “Primero entendemos nosotros”, agrega.
Ese trabajo previo también implica una reflexión constante sobre los límites del relato. “Queremos mostrar la crudeza, pero sin caer en algo vulgar, sin caer en la pornomiseria”, señala Paullier. Cada historia se construye con especial cuidado en el tratamiento y en la forma de narrar.
A ese cuidado en la construcción de las historias se suma una búsqueda más profunda: no solo mostrar problemáticas, sino interpelar desde lo humano. “Tenemos muchísimas más cosas en común de lo que uno se imagina: los mismos desafíos, los mismos sueños, queremos que nuestros hijos tengan un futuro”, plantea Lieber. En ese sentido, las historias funcionan como un espejo incómodo: “Podría ser yo la que esté en ese lugar”, resume.
Sostener este modelo de periodismo implica un desafío adicional: el financiamiento. Periplo funciona como un emprendimiento independiente que combina distintas fuentes de ingreso para sostener tiempos de producción más largos.
En ese esquema, uno de los apoyos iniciales fue el programa de Google News Initiative en conjunto con SembraMedia, que les permitió acceder a fondos y a una capacitación intensiva para ordenar el proyecto. A eso se suman los Fondos de Incentivo Cultural, que habilitan el apoyo de empresas mediante beneficios fiscales. El proyecto también se financia con servicios a terceros, siempre dentro de una línea social.
La serie de contenidos de Periplo se construye a partir de casos concretos que buscan iluminar problemáticas más amplias. Entre las historias previstas para este año aparece la de los llamados “25.000 pesistas”, que sigue el día a día de una persona que vive con ese ingreso fijo y los malabares cotidianos para sostenerse. También la de una mujer vinculada al narcomenudeo, a quien le ofrecieron $120.000 por ingresar droga a una cárcel, y cuyo recorrido posterior —incluyendo años de prisión domiciliaria— permite explorar las lógicas detrás de ese circuito. A estos relatos se suma la historia de una joven que creció dentro del sistema de protección del INAU y su proceso de inserción en la vida adulta, así como un diario oral desde la cárcel, que reconstruye en primera persona la rutina y las reflexiones de alguien privado de libertad.
Cada una de estas piezas se integrará a una propuesta que combina el documental principal con contenidos complementarios y una nota en el diario, en línea con el objetivo de ampliar el alcance y sostener el debate público sobre estos temas.
Estos contenidos se suman a trabajos ya realizados, como el seguimiento de una joven en situación de calle durante su embarazo, o historias sobre vida en asentamientos y desvinculación educativa, siempre con el mismo enfoque: mirar de cerca, escuchar y comprender.