LEONEL GARCÍA
Distribuidos en cinco vitrinas en forma de "U", decenas de alhajas y relojes se exhiben en el primer piso de la sede del Banco República de Uruguay y Julio Herrera. Se trata de piezas, empeñadas por sus dueños a cambio de dinero para salir de apuros más o menos urgentes, y que por no poder -o no querer- rescatarlas saldrán a remate. Son 98 lotes con bases, sumadas, de 979.400 pesos. Desde un collar con un colgante y pulsera de oro a $ 2.200 a un lote de dos prendedores, cuatro collares, una alianza, un aro pulsera, dos colgantes, seis anillos y una cruz de oro más brillantes y perlas a $ 37.500. Hay un Rolex a $ 18.000. Hay una mujer que, catálogo en mano, revisa cada oferta con el celo de un burrero antes de una apuesta. Hay un hombre joven que observa y al mismo tiempo anota lo que más le interesa. Hay joyeros buscando gangas. Hay curiosos. Y está María.
Ella solo mira. Es una mujer menuda y vestida toda de negro, de 50 años y aspecto humilde, de tono de voz casi inaudible y que espera retirar una pulsera de oro bajo, empeñada hace dos meses, que era de su madre. Por ella, recibió mil pesos, fundamentales para pagar una deuda que la ahogaba. "Es algo muy valioso para mí", casi susurra. "Por suerte, esta vez la pude recuperar". En una ocasión anterior, no pudo volver a hacerse de un reloj, también de su madre, que debió pignorar (este es el término correcto) para solventar un viaje a Buenos Aires por un problema familiar. "Eso dolió… dolió mucho". Se disculpa y va a cancelar la deuda.
Coloquialmente, a los préstamos pignoraticios se les llama empeños. Históricamente, al Departamento de Préstamos Pignoraticios del Banco República (única entidad que realiza estas transacciones en el país), se le llama Monte de Piedad. Esa denominación tiene innegables connotaciones de pobreza y socorro, que no les hace gracia a sus responsables. Aún así, la entidad realiza unas 6.000 garantías de este tipo al año. En plata, se puede decir que el BROU otorga anualmente unos 25 millones de pesos a quienes empeñan las joyas propias, de sus padres o de sus abuelos. Estos datos se han mantenido constantes en los últimos tiempos. El 85% de los usuarios de este servicio finalmente las rescata, tras pagar el préstamo más los intereses respectivos, a una tasa del 40% anual. En el resto de los casos, las posesiones pasan por el martillo del rematador.
Aníbal Ramela, coordinador del departamento, señala que dentro de los usuarios de este servicio, la edad promedio ronda los 45 años y las mujeres marcan más presencia que los hombres. No hay una estadística sobre qué efectos son los más pignorados, entre anillos, aros, pendientes, collares, alianzas, monedas, pulseras o medallas. Está en desacuerdo con la idea de que la mayoría de los clientes pertenezcan a sectores medio-bajos. "Público de todos los estamentos sociales concurre a nuestro sector. Es una operativa ágil que no requiere sueldos ni pasividades". Sí es necesario que el interesado no tenga deudas con el BROU. Esta última condición, agregada recientemente, es la que a su criterio puede determinar en breve una disminución de la cantidad de operativas.
Pignoraticios depende de la División Crédito Social del BROU. Su gerente, Julio Lamath, considera que es la propia gente quien le ha dado al acto de empeñar sus bienes las connotaciones de pobreza. Lo atribuye a cuestiones, podría decirse, "históricas". Hasta mediados de la década de los `90, el departamento aceptaba "objetos varios" para pignorar: desde herramientas hasta electrodomésticos, pasando por tapados de piel y juegos de vajilla. Un Monte de Piedad con todas las letras. "Una persona que empeñaba una televisión color daba una imagen que no era la mejor. De ahí podía provenir el mal concepto. Y es una lástima, porque es un negocio válido, cómodo, inmediato y accesible". El jerarca agrega que desde entonces, solo se aceptan oro y alhajas. Hay quien emplea este servicio por seguridad y no por necesidad. "Hemos detectado gente que viene a empeñar joyas de gran valor solo para tenerlas guardadas en el banco y no en la casa". En estos casos, las rescatan sin problemas.
Los empeños (junto con el rescate y el pago de intereses de estos préstamos) son la principal actividad del Departamento de Préstamos Pignoraticios. Pero también realizan entre 300 y 400 compras mensuales de oro (a unos 430 pesos el gramo si es 18 kilates, según un funcionario del BROU), incluyendo piezas dentales, así como tasaciones comerciales por escrito, a un costo de aproximadamente 1% el valor de lo tasado. Esto último ocurre pocas veces, afirma el coordinador. En total, entre 100 y 150 personas al día pasan por el sector.
Motivos. ¿Qué puede llevar a una persona a desprenderse de sus joyas? Para el BROU, es un préstamo como cualquier otro y con las mismas motivaciones. Pero en las casas de compra y venta de oro y joyas cercanas -una decena en los alrededores de Uruguay y Julio Herrera- han escuchado las causas más variadas. Aquí no existen empeños: la alhaja ofrecida se compra y adiós.
Estos operadores también rechazan la idea de un público mayoritario de estratos sociales bajos. Aún así, hay quien confiesa que necesita comer o pagar la luz ese mismo día. No es raro que los comerciantes rechacen ofertas propias del antiguo Monte de Piedad: desde relojes de marcas no precisamente lujosas hasta cucharas de acero inoxidable. No siempre están motivados por la desesperación. También está el que desea cambiar el auto, o el que recibió una joya de herencia y prefiere convertirla en cash. Sus mostradores también han hecho las veces de diván de psicoanalista: no falta el divorciado que se desahoga contando los años de noviazgo y matrimonio antes de poner en venta su alianza.
Así, Fernanda (28) tuvo que desprenderse las joyas de su cumpleaños de 15 para pagar los intereses de una deuda contraída con la universidad privada a la que asistía. "Sentí lástima, ¡pero lo que más me importaba era que mi padre no se enterara!" Antonia (51) sí que representa el estereotipo de vender los tesoros de la abuela: debió comercializar varias piezas hechas en Italia para alcanzar el dinero suficiente para pagarse una casa en Belvedere, que aún posee. "Hasta el día de hoy me duele", admite. Por el contrario, Carmen (46) vendió "chocha de la vida" las alianzas de su segundo matrimonio. "No era mala plata", asegura hoy, sin el menor atisbo de arrepentimiento.
"Para comprar se toma en cuenta la cotización internacional de la onza de oro, el peso de la joya, si tiene brillantes o esmeraldas. Si es oro para fundición se paga como tal, lo mismo si es una alhaja antigua", dice Francisco Cardozo, de Fábrica Uruguaya de Alhajas (FUDA). Andrés Gatti, encargado de tasaciones de Casa Yordan, señala que "los anillos modernos van para fundir, salvo que sea una pieza especial que se pueda pagar más porque su valor es mayor". Ambos operadores son una excepción: los responsables de estas casas son bastante reticentes a la hora de hablar con la prensa sobre su operativa (ver aparte).
Por ley (la 10.233) se les debe exigir a los compradores -siempre mayores de edad- cédula o credencial cívica, además de datos personales. En algunos casos, se les pide constancia de domicilio. Todo esto para constatar que no se adquieran piezas robadas. El detalle de las transacciones es enviado a diario a Jefatura. Lo mismo hace mensualmente Préstamos Pignoraticios del BROU.
La Sección Compra y Ventas de Jefatura de Montevideo tiene 30 casas de este tipo registradas en la ciudad. Éstas realizan entre 1.700 y 1.800 adquisiciones de joyas a particulares por mes, estima su responsable, el subcomisario Richard da Silva.
La afluencia a esas casas es sumamente variada (de 8 a 30 "vendedores" diarios, según el local) y, al igual que en la agencia del BROU, se ha mantenido constante en los últimos años. Hoy hay quien observa un mayor número de transacciones luego de épocas como Fin de Año o Semana de Turismo. "Después de que la gente se gasta la plata, suele acercarse más", grafica un empleado del Centro Nacional de Joyas.
Nueva operativa. El "manual" del empeño es muy simple. Una vez estudiada la situación del cliente (que no tenga deudas con el banco), se tasa la o las joyas. El préstamo es único, a 15 meses, con un pago trimestral de intereses. Si no se renueva el préstamo, la deuda debe ser cancelada completamente al finalizar ese período, o en otro momento previo, pagando la garantía y el interés al día.
Salvo el empeño y el retiro de las joyas -que solo pueden realizarse en la agencia Uruguay, donde están los tasadores y el Tesoro- el pago trimestral de los intereses y la cancelación del préstamo puede hacerse en cualquier local del BROU de Montevideo y el Interior. A los 30 días de impago, indica Ramela, el banco está reglamentariamente en condiciones de sacar una garantía a remate. Ese plazo suele extenderse, aunque incluirá una mora.
La plata en mano no equivale al valor de la joya. Lo que se presta al cliente oscila entre el 30% y 40% de su tasación, aunque no hay una regla fija y puede variar. Eso depende del objeto, de la estimación del tasador, y de que el banco no pierda dinero si la pieza debe salir a remate por incumplimiento de pagos.
En dinero, el préstamo mínimo es de mil pesos y el máximo $ 15.000. Este tope (si bien puede hacerse más de una garantía si el número de las alhajas a pignorar lo ameritan), que data del siglo pasado y es considerado bajo y obsoleto, forma parte de una revisión que está realizando este departamento.
"Por una joya de 3.000 dólares estamos prestando 15.000 pesos como tope, y eso es un mea culpa del banco que queremos arreglar. La idea es que se refiera al valor de la pieza", dice Lamath.
El 1° de diciembre pasado, Pignoraticios comenzó un proceso de "migración". En palabras de sus responsables, hasta entonces funcionaba como una entidad independiente dentro del BROU. Cualquier persona, teniendo deudas o no con el banco, podía recibir un préstamo. Desde entonces, la parte operativa funciona dentro de Crédito Social. Entre los planes a futuro, dice Lamath, se encuentran subir los topes de las garantías, bajar la tasa de interés (40% anual) y diseñar nuevos "productos", aún no definidos. Semejante cambio, que sus responsables ejemplifican como "reconstruir una casa con sus habitantes adentro", tiene objetivos trazados pero no tiene fecha final de implementación.
"Los préstamos pignoraticios son un negocio que nunca fue tenido en cuenta como tal, pese a que es algo práctico e inmediato", opina el gerente de Crédito Social. "Buscamos que sea percibido como un negocio más y que redunde en más clientes y más volumen de capital negociado. Nunca se le hizo publicidad. Hasta ahora, casi te diría que su existencia era conocida porque se transmitía de padres a hijos". Y en ese boca a boca era más conocido como el Monte de Piedad, ahí donde se dejaban las joyas de la abuela para tapar los agujeros.
Precios que varían según el valor y la clientela
"La prensa no ha sido muy amable con nosotros. Nos han llegado a tratar de usureros", dice el responsable de una casa de compra-venta de oro de la calle Uruguay, que pide no revelar su identidad. "Y lo cierto es que no abusamos. No es que compremos una joya por mil pesos y la vendamos a diez mil, ¡eso es un disparate, es imposible! Un negocio instalado, formal, no puede hacer eso. Si llegás a estafar a alguien, el cliente reclama enseguida".
Salvo contados casos, los operadores de este sector declinaron hacer declaraciones. Si bien la cotización internacional del oro -que suele variar más de una vez al día- fue señalada unánimemente como una referencia a la hora de ofrecer dinero a quienes venden sus joyas, otras cuestiones -como los parámetros que se estudian a la hora de cotizar brillantes, el valor pagado por gramo o lo que se toma en cuenta para los precios de reventa- son algo así como el secreto de la fórmula de la Coca Cola. "Eso es muy variable", es la respuesta-comodín. El comerciante citado anteriormente, calcula que la ganancia va entre un 2% y un 10%, "aunque hay veces que comprás sin ganar, sólo para atender la demanda de un cliente". Otras fuentes, también bajo reserva, señalan ganancias que van entre 10% en caso de que la pieza se funda o refine, hasta aproximadamente 200 pesos por gramo, incluyendo gastos e impuestos.
La plata en mano para el interesado varía según la pieza, su peso, las cotizaciones internacionales, y la cartera de clientes que tenga el local. Sus responsables se resisten a hablar de una oferta estándar, pero la clave está en el oro, ya que por plata se paga muy poco (entre 7.000 y 14.000 el kilo, según la casa y el tipo de ese material). Alianzas, cadenas y medallas son los productos más ofrecidos.
Más allá de que la onza troy (31,1 gramos) de oro supere los 1.150 dólares, los comerciantes de distintos locales señalan que son muchas más las personas que consultan que las que efectivamente venden. "Es igual que cuando cambiás plata, recorrés buscando el mejor precio", afirma Andrés Gatti de Casa Yordan.
Las diferencias de precios existen aún en locales pegados a los otros. Ernesto (33) fue a consultar cuánto pagaban por una cadena de oro de 18 kilates, en una recorrida de no más de media hora. Las balanzas de las distintas casas arrojaron entre 5,7 y 5,8 gramos. También eran disímiles las ofertas, separadas apenas por metros de distancia y minutos de tiempo. La más generosa, $ 2.800; la menos atractiva, $ 2.400. En promedio, unos 450 pesos por gramo. De igual forma variaban las respuestas desde el otro lado del mostrador: "Este es el valor `posta` ($ 2.650), si te ofrecen más seguro que te hacen descuento en la boleta"; "¿tenés ya otra cotización?"; "si querés, pasá más tarde y hablá con el encargado".
Revisión de planillas de compras
A diario, a Jefatura de Policía, llegan listados de las adquisiciones de joyas de las casas de compra-venta. Ahí figura la descripción (incluyendo fechas, iniciales, marcas), el nombre, dirección y cédula del vendedor, número de boleta y precio pagado. El BROU envía un detalle mensualmente.
Jefatura detecta entre 2 y 3 casos irregulares (o sea, posiblemente robados) por semana.
Las planillas son cotejadas con los archivos de gestión de denuncias y los identikit de alhajas robadas en Policía Técnica. También pueden despertar sospechas las direcciones y nombres ya "registrados", ventas por montos muy elevados y las transacciones seguidas a cargo de una sola persona.
Si una transacción es investigada, la casa donde se produjo esa compra no puede hacer negocios ni restauraciones con esa pieza por 15 días. Llegado el caso, la Justicia puede determinar su incautación. En el BROU, se frena su clasificación o garantía hasta que la Justicia se expida.
En 2008 fue enviado a prisión un funcionario del Cementerio del Norte que arrancaba piezas dentales con incrustaciones de oro a los cadáveres y luego comercializaba en propio beneficio.
10 remates cada año
Préstamos Pignoraticios realiza unos diez remates al año, cada uno con unos cien lotes. Para la base de cada uno de ellos se toma en cuenta la deuda existente, el valor de las piezas y los gastos de operativa. El último se realizó el miércoles pasado en la propia sede del sector, ante unas 40 personas, en su gran mayoría joyeros. También suelen asistir ex dueños, en un último intento de rescatar sus alhajas.
Ese fue el caso de un hombre de unos 50 años, rostro curtido y bigote abundante, que debió empeñar un collar y un anillo meses atrás. "Me dieron dos mil y pico de pesos", dice, lacónico. Se atrasó con el pago de la garantía. La base de sus pertenencias estaba calculada en $ 4.700; las pudo recuperar, tras un pequeña puja, ofertando $ 5.800.