La clave está en no ser termo. En no ser un imbécil o una imbécil. En no ser dogmático o burro al interpretar el mundo. En no odiar con cara de tolerancia falsa o cinismo inescrupuloso. La clave es no vivir creyendo que el otro es un excremento y vos naciste para hacer bendiciones ante el planeta. La clave está en creer y entender que el otro tiene su punto de vista y ver cómo se hace para vivir juntos sin matarnos a patadas.
La clave está en no montar espectáculos donde el odio, la lectura única y la blasfemia bastarda y militante te hagan creer que vos la tenés clara y todos los demás somos bosta para ser pisoteada. El que odia con vericuetos retóricos es igual de inmisericorde que aquél que te pianta su vómito en el rostro.
La clave es no creer en tu mundo burbujeril es el único que importa y en los demás defecar a la vista de todos y pretendiendo que te aplaudan ante tan semejante servicio escatológico. Y si lográs que cuatro gatos locos te sigan, la clave será que haya alguno que los avive que no descubrieron la pólvora por hacer demagogia barata entre compas que se dicen mantras que aman oírse. La vida no es una barra brava, eso es lujuria mental de chotos que se alienan un rato para no pensar y seguir creyendo que son “vamo arriba, bo, que la tenemo clara”.
La clave es no ser cagón con tu identidad y creer que sos bárbaro en esa rebelde way de aldea cuando hablás ante un micrófono creyendo que interpretás al mundo. Jate de joder. Mirate al espejo y hacé terapia.
La clave es no ser viperina o viperino y vivir licuando veneno a los esbirros y corifeos de tu corte para que ellos pongan la jeta mientras vos que te autoconsiderás Demóstenes alimentás maledicencias furiosas. Hasta los más crotos se empiezan a avivar de todo y se tiran por las ventanas.
La clave es creer sinceramente que el otro o la otra no es un hijo de puta sino otro con otros valores que puede aportar desde su dimensión y que, con buena voluntad, hay un lugar para el entendimiento, aunque cueste, aunque haya que transar, aunque se pierda algo, porque muchas veces: perdiendo un poco todos, ganamos mucho todos.
La clave siempre es la transacción, no la dominación: no te compres los boletos del poder que siempre es efímero y conviene alternarlo para no corromper el alma de la gente y la tuya que se droga consigo misma en tu fogata narcisista.
La clave es asumir que hay un bien superior a todos que es la patria, la nación o la república, o como se te cante llamarlo y que ese paraguas te tiene que mandar. La clave es no conspirar de manera maquiavélica porque lo que se produce es malo; todo el mundo se entera de todo y, al final, se termina en las cloacas. La clave está en no dar nunca a la democracia como asumida porque ya pasó que esta aldea se la creyó y un día se levantó en la oscuridad de la noche. Solo los idiotas no cuidan la cuna del bebé, siempre endeble y, sin embargo, pintona.
La clave está en educar en democracia, en estado de derecho, en leyes, en educación cívica a todos para que entiendan el derecho del otro antes que el de uno mismo. ¿Es tan difícil esto o es un poco de buena voluntad?
La clave es hacer lo debido para todos, pensar en todos y romperse el alma en esa cruzada. El que la fiola, todo el mundo se entera. El que miente, también. Y el que la lucha -piense o no como uno-, todos lo descubrirán algún día. Es tan simple que solo la gente con mala leche no entiende este abecé.