Hay un método que no falla cuando uno anda medio boleado en relación a asuntos desafiantes: uno tiene que ver lo que piensan aquellos que uno sabe que no te quieren y listo, uno se orienta al toque. Voy a cortar grueso. ¿Cómo sabemos que hay que ser buena gente? Pues porque te lo enseñaron de chiquito, por la educación, por la familia, por los valores, que se yo, es simple. Allí no hay como errarle.
¿Cómo sabe uno que tiene que tener creencias solidarias? Pues, porque también, uno sabe que eso es lo correcto, que eso ayuda al otro, que es lo justo porque no todos nacen con lo que necesitan. En fin, y uno mira a gente que no cree en esto, y más se radicaliza (uno) en ser buena gente y ayudar (calladito, porque marquetinear la caridad es berreta).
¿Cómo sabe uno que debe juntarse con otros que piensan parecido a uno, para sacar sus sueños adelante? Sencillo, porque eso es lo pragmático si uno quiere soñar cosas lindas para los demás. Solo ni a la esquina llegás.
¿Cómo sabe uno que está acertado en lo que piensa? Porque los que no piensan como vos son el opuesto a tu pensamiento. Los oís decir chotadas y los tipos te orientan. ¡Gracias!
Y acá hay un descubrimiento precioso. Los que piensan opuesto a vos, son eso: lo otro. ¡Y que bueno que eso es así! Porque si todos pensáramos igual sería una tontería. No se podría vivir.
Vamos a ejemplos prácticos. Gente que cree en la violencia de algún tipo. Gente que cree que la lucha de clases es el motor de la historia. Gente que cree que el Estado resuelve de manera autoritaria los problemas. Gente que cree que el macho per si mismo es violento. Gente que cree que tiene razón siempre. Gente que no duda de nada. Gente que cree que son la voz moral de todos desde un estrado o tablado. Gente que te desprecia porque se te ocurrió comprarte un sombrero a lo Indiana Jones (es una boludez esto, es como diciendo que se molestan porque te compraste lo que se te dio la gana). Gente a la que le molesta tu estética, tu corbata o tu peinado. Que se yo.
¿Me explico? Desde lo serio a lo banal está lleno de rompehuevos. Lo sensato es no entrar en el juego, no pedalear a lo humster y dar la pelea, mejor, tocar y salir derecho al medio de la cancha y que queden debajo del área picando. Lo van a seguir haciendo ¿Para que te desgastás?
No sé, en otra época yo creía que había que ser gladiator y salir al medio del campus a blandir la espada y procurar cortar algún brazo antes que me degollaran. Ahora me importa menos (algún brazo me gusta cortar si me buscan un poco).
Que digan lo que quieran, yo digo lo que quiero, y todos tan loquitos como si nada estuviera pasando. El debate infrahumano no paga. Las barras no se convencen de nada nuevo: son hinchadas, tribunas, listo, somos boleta. Y el periodismo está encerrado en medio de la turba que le tira de un lado o del otro. ¡Ta bravo hoy ser periodista!
Esto asunto de este tiempo es feo, a mucha gente -antes- no le gustaba ofrecer su perfil abierto. Ahora es imposible, hay una especie de escaneo generalizado: o de un lado o del otro. Pasa acá, pasa en Estados Unidos, pasa en Europa. Algo detonó los escenarios y los polarizó. Ojo porque lo mesurado pasa a ser algo difuso, lo radical se cuela como convincente y lo extremo seduce por el impacto. Guarda porque somos parte del planeta. Me parece nomás, capaz seguimos tomando mate y mirando los autos pasar por la carretera. Yo aviso nomás.