Siempre la esperanza lo es todo. La esperanza es lo que queremos y podemos soñar con chances reales. No es la utopía que es un imposible. Los liberales aprendemos a pensar y vivir el tiempo con realismo, pero con esperanzas. La esperanza es una idea de algo factible en base a lo que queremos hacer. No es la esperanza de ganar el 5 de oro, es la esperanza de que alguna empresa o aventura que impulsamos se concrete. Esperanza implica realismo, no fantasía.
Cuando imaginamos el tiempo de nuestros hijos, lo pensamos mejor que el nuestro, más abierto, más tolerante, menos dogmático y más poderoso en términos de libertad personal. Pensamos un tiempo “esperanzador” para ellos. ¿Se entiende? El presente mundano es mejor que el pasado; solo los necios se niegan a entender esta evidencia en términos de expectativa de vida, más aceptación a la libertad sexual de la gente, más respeto por lo individual y más globalización real. Ni los gobiernos pueden con el amor de las gentes, menos con el deseo de ser felices. La existencia siempre puede más, y solo algunos golpes en la vida nos hunden un tiempo, pero -es de Vallejo ese pensamiento, no es mío, soy incapaz de robar semejante maravilla-, al final, la vida siempre busca más vida.
La libertad no es una abstracción; es la capacidad de ver nuevas oportunidades en el roble viejo y en el que está naciendo. Y en base a la libertad siempre estamos amando y volviendo a creer en las cosas. Ese es el diferencial humano del resto de otros bichos que nos rodean: nosotros pensamos las cosas, las imaginamos, volamos, llegamos a la Luna, nadamos, dominamos los mares y comemos helados. Ningún otro bicho es tan completito.
Todos tiene su espacio en un presente liberal. Esa es otra maravilla de los humanos. Nadie es tirado desde la montaña de Esparta como antes. Esa es la gracia del pensamiento sin prejuicios, sin dogmatismos y sin furias. Hemos madurado como comunidad planetaria. Sí, siguen habiendo idiotas de la guerra, asesinos, criminales; lo sé. Pero ya sabemos que en todo rebaño siempre hay ovejas malas. Sí, todos nos enojamos, todo montamos en cólera como el pelida Aquiles, pero todos sabemos desandar los caminos para aflojar las iras y encontrar paz. Resulta aleccionador que los que han sufrido tanto son los que más resiliencia tienen. Lo digo a nivel humano: gente muy sufrida asume su destino con una fuerza que otros no tendrían si la vida los carajeara de esa forma. Está lleno de forjadores de esperanza sin un as en la mano. Titanes de la vida.
Esta mirada es solo fruto de la ventaja de estar de vuelta de las guerras púnicas; no quiere decir que no me ponga el casco y no tome el sable, pero ya aprendí que lo mejor es hacer lo que hay que hacer por los otros luego del conflicto, antes que andar cortando cabezas.
Porque, sí, las sociedades tienen enemigos dentro de ellas mismas, gente que tira para abajo, que devalúa, que hunde en lo inmisericorde. Hay que huir de semejante ruindad, huir y construir, huir y hacer, huir para fundar y refundar caminos. Siempre gana el más útil para la defensa del rebaño. Darwin básico.
Me salió medio filosófico este artículo. No era la intención, disculpen, pero acá se escribe a corazón abierto. Quizás por eso hay algunos pasan por este boliche a ver qué pinta. Es muy lindo el retorno que recibo. Y, a veces, duro, pero es lo mejor que nos puede pasar a los esperanzados. Que nos tiren a matar. El juego es seguir prendiendo la hoguera.