CABEZA DE TURCO
"Se nos antoja que somos los mejores". Por: Washington Abdala.
Esto es lo poco que yo sé: somos una cadena de gentes que reproducimos gente. En general nos queremos, pero a veces irrumpe cierto individualismo prepotente. La necesidad nos une, el miedo nos une, los hijos nos unen, la vida misma nos separa. La muerte es miedo para todos, hasta los que dicen que es un viaje hacia algún lado también tienen miedo. Al existir la muerte -como única certeza- hace que la vida sea distinta para todos. Algunos se olvidan de ella todos los días, otros están tan espantados que necesitan evadirse de la conciencia de vida con la aproximación a la propia muerte para huir de ella misma, lo que resulta un delirio, pero acontece. El amor y la palabra están allí. No es poco. Es algo.
Los humanos usan alcohol, drogas, psicofármacos, cines, teatro, cualquier cosa que los saque un rato de la realidad. Si están mucho adentro de la realidad se deprimen, no saben lo que es estar solos y alienan. Netflix, Disney y Amazon lo saben y se aprovechan. Pícaros.
Los humanos nunca quieren ser héroes, eso lo produce la circunstancia adversa. Nadie busca eso. Sin embargo, sí hay almas generosas, buenas, gente que ama más de lo imaginable, son seres maravilloso, que no abundan, pero andan por aquí entre nosotros. Los mejores son los que hacen lo que tienen que hacer en silencio sin chapear su generosidad. De los que la muestran, desconfiemos.
A los humanos nos gusta conocer otros humanos, cómo son, cómo quieren, cómo se relacionan y cómo comen. Nos gusta, además, conocer humanos de otras culturas, nos resulta curioso cómo se vive en otras partes, cómo es el amor y todas esas cosas que hacen a la simple vida.
Los humanos no somos el mejor animal de la escala zoológica, eso nos lo creemos nosotros porque alguno nos dijo semejante estupidez, y como no entendemos cómo se comunican el resto de los animales del planeta, desde nuestra supina ignorancia transformada en sentencia, se nos antoja que somos los mejores. Una pluscuamperfecta barbaridad, basta mirar otras especies para entender cómo reinan otras coordenadas entre ellos, no se advierten matanzas, exterminios, asesinatos, violaciones y algunas cuantas salvajadas en montones de especies de animales que andan por allí. Habrá algunas, quizás, pero no en los grados de extremismo que la humanidad logró alcanzar en algunos penosos momentos de su historia. Sí, del siglo pasado hablo, de esas matanzas, obvio. Vergüenza. Y algunos siguen queriendo exterminar a otros. Más vergüenza. Tres veces con la misma piedra.
Los humanos matamos animales. Suponemos que tenemos una autoridad moral para ello, no sé como decirlo: pero comemos otros animales, sonriendo y felices. Yo lo hago y no siento pena excepto cuando lo pienso. Luego, vuelvo a lo de siempre. Suena cínico pero es lo que hacemos, y como yo no mato a nadie, no me siento culpable, pero si lo pienso un ratito me asusta la idea. Mejor no lo pienso porque se me acaba el asado y no estoy dispuesto a eso. Me asumo, soy así. No somos perfectos.
Los humanos educamos a nuestros hijos con nuestros valores (obvio) y sin embargo luego la mayoría hace lo que se le da la gana con sus destinos. Empiezo a dudar de la inteligencia de creer que esto es buen negocio. Los humanos vivimos con contradicciones, no somos coherentes, navegamos entre Caronte y San Francisco, un día más cerca de uno, el otro del otro, por eso nos permitimos desplantes, mal talante y retóricas varias que no siempre son estimulantes entre nosotros mismos.
Los humanos somos más constructivos que destructivos, nos gusta hacer, o que nos hagan, nos gusta concretar y mejorar, y así es cómo consideramos que deber ser el futuro, una especie de esperanza eterna. Al presente lo remamos como podemos y a diario vamos tras objetivos que diluyen el sentido profundo de la vida. Somos así, nos cuesta advertir el regalo de existir.
Me gusta ser humano porque me permite hablar con usted y que usted me lea. No es poco en un mundo que por momentos enloquece. Por lo menos usted y yo, sintonizamos esta frecuencia de vez en cuando.