En la antigua tierra de Demócrata vivía Uliyama, un héroe célebre por su extraordinaria capacidad para tropezar con objetos perfectamente visibles que no eran enviados por Zeus. Un día recibió una misión importante: debía cruzar el océano, enfrentar a los ripublicanitos y regresar junto a su esposa, PeníCaro. La empresa parecía sencilla, al menos hasta que intentó levantar su espada y se le cayó sobre un pie. Partió con una tripulación entusiasta (pero medio pelo), aunque esta perdió bastante entusiasmo cuando descubrió que su capitán no sabía leer mapas, confundía el este con el oeste y llevaba para el viaje 12 latas de sardinas del Chuy.
La expedición comenzó mal. Uliyama abordó el barco equivocado y terminó en un crucero para jubilados rumbo a las Galápagos. Tardó tres días en darse cuenta. Una vez corregido el rumbo, se lanzó nuevamente al mar. Como no sabía remar, avanzó hacia atrás durante seis horas y regresó exactamente al punto de partida. Uliyama interpretó aquello como una maniobra estratégica. Señales del Dios Peperil -amigote de Zeus-.
Después de varias semanas, una tormenta lo condujo hasta la isla del temible cíclope PoliSurf, un gigante de un solo ojo que pasaba los días sobre una tabla, esperando la ola perfecta y hablando de energías positivas. Uliyama intentó enfrentarlo, pero en lugar de sacar la espada, extrajo una cuchara de madera. Luego pisó un caracol, se resbaló y terminó con un golpe de cadera severo. PoliSurf quedó tan desconcertado que decidió perdonarlo. Consideró innecesario combatir contra un hombre que podía derrotarse sin ayuda.
De vuelta en el océano, Uliyama escuchó el canto de las SireBlanquis. Estas criaturas encantadoras atraían a los navegantes prometiéndoles victorias aseguradas, impuestos inexistentes y encuestas siempre favorables. Conociendo el peligro, Uliyama quiso atarse al mástil. Sin embargo, hizo el nudo al revés, se desprendió el mástil del barco y cayó al agua. Las SireBlanquis abandonaron su canción para contemplar al gran héroe flotando. Y sí, tuvieron lástima; Uliyama logra que siempre le hagan precio por todo, casi un 25% siempre. Es que, pobre, es buen tipo.
Las corrientes lo arrastraron finalmente hasta Ripublicania, territorio de los ripublicanitos. Eran guerreros de casco rojo y blanco, famosos por discutir todo y por organizar convenciones incluso en mitad de una batalla para entreverarse entre ellos mismos. Desembarcó con aire triunfal, aunque había perdido su espada, su escudo y uno de sus zapatos. Cuando los ripublicanitos avanzaron, Uliyama encontró como única arma la cuchara de madera. Ni amagó, era todo coreografía.
Tras muchos años de desventuras, regresó a casa disfrazado de mendigo. Su disfraz consistía en llevar un balde sobre la cabeza, por lo que nadie lo reconoció, aunque tampoco nadie quiso acercarse demasiado. Para demostrar su identidad tomó el famoso arco. Apuntó cuidadosamente, disparó y rompió una ventana situada detrás de él. PeníCaro comprendió enseguida que solo podía ser su esposo.
Los pretendientes escaparon, las SireBlanquis compusieron canciones sobre sus caídas y PoliSurf conservó la espada perdida como decoración en una pared. Así terminó la gran Odisea de Uliyama, el único héroe que tardó 20 años en completar una misión, perdió prácticamente todas sus pertenencias y, al llegar a casa, afirmó con absoluta seguridad que todo había salido exactamente como lo había planeado.