Resulta que un ejemplar masculino se me propasó con una propuesta indecente, típica de veterano de más de 40 años que no entiende su supremacía patriarcal y hegemónica. Le dije -como firme defensora feminista que soy- que lo iba a denunciar por decirme “guapa” como Luciano Castro le espetó a la española agraviando el alma de Griselda Siciliani. ¡Yeguo maldito! ¡Shá la va a pagar!
No logro comprender como estos machos supremacistas siguen sin aprender el abecé femenino de la igualdad. No se concibe cómo quieren seguir dominándonos. No han aprendido nada y una que es una luchadora y los tiene que enfrentar. Me dicen Pochita la topadora.
Ayer, justo, viendo el programa de ese macho que se la va de deconstruido, Mario Pergolini, ¿no notaron como Rada lo contiene y lo frena cuando está por derrapar? Bue. Resulta que en la publicidad de los laboratorios argentinos -que tienen toda la mosca- empezó a salir una cremita para la zona íntima y lo dicen explícitamente. Yo, tranqui, estaba cenando con Anita y Jenny, y su hijo adolescente, que es hijo del primer divorcio de Jenny, y dijo: “Cómo joden ustedes con todo, che, se pasan”. ¡Ahhh! Lo agarramos entre las tres al pendejo atrevido y le hicimos ver las estrellas. “¡¿Qué te molesta que cuidemos nuestras zonas íntimas?!” Le explicamos que él era el último sapiens que nos iba a tratar así, que -justamente- por machistas demoníacos como su padre estamos como estamos en medio de la revolución por el respeto a la interseccionalidad y a nuestros derechos feministas. Y le dijimos -nos fuimos al carajo un poco- que su padre piojoso, mal oliente y flatuleador pasa una mísera pensión que no alcanza para nada y que vaya aprendiendo que las mujeres de hoy tenemos derecho a todo y más. Y Anita le gritaba: ¡Tenés el anticristo en el alma! Al final el pibe nos miraba con desidia. Justo vino su novia Antonieta y se lo llevó para el cuarto de arriba.
Qué pendejo insurrecto y traidor. Pensar que mi amiga lo parió desde sus entrañas. “¡Tenemos el enemigo en nuestra casa!”, gritaba Jenny. “¡Y lo engendré yo! ¡Soy Mia Farrow en El Bebé de Rosemary!”, seguía gritando desaforada y lloraba. Y el pibe desde el cuadro le gritaba: “¡Cállate, vieja loca, que vivís buscando chongos!” Y Anita le gritaba: “¡Atorrante, andá para lo de tu padre!
Ayer, además, le dije a mi jefe que me iba de la oficina a las seis de la tarde porque una tiene que tener desde ese horario un tiempo propio como mujer. ¿Sabes que me contestó el muy patriarcal y súper machista? “Pero si vos no tenés nenes”. Lo miré y le contesté: “No sabés lo que pasa en mi cuerpo; es más, considero que tu respuesta se introduce en mi intimidad y te estás propasando”. El inmundo me miró y se dio media vuelta y se fue. ¡Atrevido!
Por suerte hoy sale un tecito en lo de Clarita. Pobre, el esposo se fue con la profesora de pilates que es una chica del exterior; claro, 25 años menos que Clarita, mi amooor. Esa yegua va a fundir al viejo. Son todos iguales, son chacales.
Es una época terrible. Tenemos que superarnos, chicas, porque o los arrinconamos ahora o vuelven a volar.
No hay caso, los machos son como las cucarachas: los pisas, les partís un caño encima, pero ven unos glúteos rebosantes y reviven. ¡Qué raza maldita! ¡A por ellos!