Ópera rock rescata los valores

| Alumnos y exalumnos de The British Schools desplegaron todo su talento en un ambicioso musical Jesus Christ Superstar, que ya superó todas las expectativas.

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Entre 1968 y 1969, dos popes, Andrew Lloyd Weber y Tim Rice, concebían una ópera rock completamente innovadora que ponía música y letra, respectivamente, a los últimos siete días de Cristo, desde su llegada a Jerusalén hasta su crucifixión. Así nació Jesus Christ Superstar, una propuesta artística que en aquel entonces tuvo sus seguidores pero también quienes la consideraban una total irreverencia. En 1971, cuando su estreno, fue realmente un escándalo. Costó al principio que la obra llegara a los escenarios, pero luego se transformó en un éxito en todos los circuitos teatrales más importantes del mundo, así como en ventas de discos y films, con decenas de versiones en todos los idiomas. Finalmente, los grandes expertos del espectáculo reconocieron que "constituyó un fenómeno que marcó un antes y un después no sólo en la concepción misma del teatro y la ópera contemporánea, sino en la utilización del lenguaje pop con una unidad narrativa en una dimensión que rebasó lo estrictamente sociológico", según palabras de Luis Campay. Pero lo increíble es que casi cuarenta años después, esta visión resulta muy atractiva, fundamentalmente para los jóvenes, "que se identifican con un Jesús que les canta en su mismo idioma y, lo que es más importante, con unas canciones que probablemente nunca pasarán de moda".

APUESTA. Quizás ese haya sido otro de los elementos que tomó en cuenta el director teatral y docente de The British Schools, Agustín Maggi, al escoger Jesus Christ entre tantos otros musicales, para que más de 500 alumnos, exalumnos, padres y profesores trabajaran en conjunto y se estrenara en octubre en las instalaciones del colegio. Y fue un acierto: los miles de espectadores que desfilaron por allí en dos semanas y algo más de funciones diarias no pudieron evitar conmoverse frente a la interpretación de temas como I don`t know how to love him (que canta María Magdalena), Superstar por Judas o el propio Gethsemane interpretado por Jesús. O tampoco pudieron dejar de sonreír frente al King Herod`s Song o erizarse con Trial before Pilate, todos los temas acompañados por un coro que nada tiene que envidiarle a los profesionales.

Lo cierto es que nadie salió inmune, ni el equipo de medio millar de personas que lograron una magnífica puesta en escena, directores, productores, actores, bailarines, backstage y coro, ni el público que tuvo acceso a apreciarla.

"He participado de dos o tres obras del colegio y nunca sentí algo así, fue distinto", decían una y otra vez los protagonistas, alumnos y ex- alumnos. Logró no sólo los objetivos de The British Schools -trabajo en equipo, solidaridad y espíritu de grupo-sino algo más, intangible, pero que llega hasta los cimientos de las emociones. Y eso, justamente, es lo que pretende cualquier hecho artístico.

Ni siquiera Maggi, o el productor Jose Guelfi, los más férreos propulsores en revalorizar el teatro en cada aula de The British Schools, imaginaron llegar a ver lo que quedó plasmado sobre el escenario de esa institución: todos trabajando en equipo con un objetivo en común cuyas pretensiones eran demasiado ambiciosas como para que saliera bien. Pero así fue, tras el estreno de Jesus Christ, cada noche finalizaba con un interminable aplauso de pie y más de un espectador con la piel de gallina.

TALENTO. Ante nada debe reconocerse el talento que desplegaron todos los protagonistas de la obra. Cualquiera de los dos alumnos o ex- alumnos que, noche por medio, interpretaban a Jesús, María Magdalena y a Judas, así como el resto del gran reparto conformado por Pilato, los curas, Simón, Caiaphas, Pedro, Herodes, Annas, la esposa de Pilato, el resto de los apóstoles, los soldados, el ensemble femenino, las bailarinas, el coro y la orquesta mostraron un profesionalismo que a veces hasta resulta difícil ver en el circuito comercial. "Todos estaban muy comprometidos, sentían que debían dar lo mejor de sí y eso se reflejó en ese escenario del mismo tamaño que tiene el Solís, donde no faltó nada, y eso se lo debemos también a la excelencia en la producción", señala Maggi. Y sí, el director pidió una cruz que se elevara desde el piso y, aunque creyó que sería imposible, un equipo impresionante de productores lo logró. Hasta un burro se encontraba tras bambalinas, pero jamás pudo salir. Siempre se empacó.

La mejor síntesis de la obra la realiza la directora de The British Schools, Mary Lyn Campbell, en el programa: "...Este mensaje no estaría completo sin destacar el hecho que hay algo especial sobre la elección de la producción de este año. El tema de Jesucristo Superstar nos permite trabajar los conceptos de una historia atemporal, la complejidad humana de los conflictos, la esperanza y la redención. La constante integración de diferentes generaciones, la apreciación de la diversidad de las perspectivas históricas y actuales sobre el tema de la producción, la capacidad de recuperación en la que los seres humanos pueden contener el dolor cuando se tiene fe, cualquiera sea su denominación, se suman para hacer de esta producción algo más que entretenimiento".

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