Ola de chicos quiere "surfear"

| Más de 500 niños y niñas están dando sus primeras brazadas sobre la tabla en las costas de Punta , La Paloma y La Pedrera. El deporte cada vez tiene más adeptos.

M.B.

En primer lugar se puede llegar a terminar las vacaciones si en la playa no hay buenas olas. Luego, le sigue comprarse una casa de veraneo en un balneario oceánico y puede que la adicción recién encuentre sosiego con el resto de la vida en La Paloma, por ejemplo.

Así el surfing, que ahora, siglo XXI, da sus primeras brazadas en las decenas de escuelas de Punta del Este, La Pedrera, Punta del Diablo y sobre todo, La Paloma, donde están las mejores chances de encontrar buenas olas siempre, según coinciden los "surfistas".

"A los padres les digo medio en broma: miren que si el niño engancha, no hay más vacaciones fuera del agua. Y así pasa; a muchos de esos padres de ex alumnos los veo ahora comprando casa porque el hijo se la pidió todo el año", dijo el "Canario" Vázquez, que da clases de surf desde 1989 en La Paloma.

Su escuela es la única del país que se mantiene todo el año abierta con niños entre 7 y 14 años, residentes en el balneario rochense. En verano, sin embargo, a las clases del "Canario" se suman hasta 30 alumnos más por día y de todas las edades.

Sólo en la playa La Aguada, una de las mejores para el deporte si hay viento Este o Sureste, funcionan seis escuelas. En La Pedrera hay tres, en Punta del Diablo cuatro, y en Punta del Este, más de una decena.

A un promedio de 20 alumnos por cada una, la cuenta da unos 500 aprendices de "surfistas" que en este momento se están animando con las tablas.

La duración de los "cursos" siempre depende de la habilidad y el dinero del estudiante, pero Celia Barboza, otra instructora de La Paloma, estimó en 10 clases. "En ese tiempo, el alumno adquiere el conocimiento básico como para manejarse solo", dijo, aunque agregó que luego hay que "practicar y practicar para hacer las maniobras en las olas".

Barboza indicó que aproximadamente la mitad de los alumnos son niños y el resto se divide entre adolescentes, jóvenes, y adultos. "Mi alumna menor fue una niña de tres años, que se paró en la tabla en la primera ola, pero después le dio miedo; lo importante es que el chico venga porque él quiere y no porque los padres lo traen", dijo la "surfista", que es campeona uruguaya de surf y corre octava en el ranking mundial femenino.

Y el alumno más añoso fue una señora de 67 años que también anduvo muy bien, aclara la joven instructora.

EN 3D. Vázquez explicó que el curso arranca con una charla teórica sobre la tabla, el viento y las olas y después, al agua.

"El 99% se para en la tabla en la primera clase, pero avanzan sin mucho control. El surf es muy difícil porque es en 3D, uno está movimiento hacia delante, abajo y a los costados al mismo tiempo en la ola, es como volar", dijo el "surfista", que empezó en Montevideo en la década del 70 cuando había que esconder la tabla de los efectivos de la Prefectura. Ahora tiene 50 años, vive en La Paloma y se declara completamente adicto.

Barboza tiene 29 y hace surf desde los 14, cuando consiguió que sus padres le regalaran su primera tabla. "Ellos no querían porque decían que era un deporte peligroso, sólo para varones, pero los convencí", dijo la campeona, que es oriunda de la ciudad de Rocha.

A diferencia de sus comienzos, ahora las mujeres se arriman cada vez más al deporte de las olas. De hecho, un cuarto de los alumnos menores de Celia Barboza son niñas.

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