MAGDALENA HERRERA
La charla se extiende por más de dos horas, en el escritorio de su casa en Punta Carretas. Tras cada pregunta, se produce un prolongado silencio. Reflexiona, piensa en voz alta, busca las palabras adecuadas y, responde, meticuloso por encontrar los términos justos que expone seguro, como quien resolvió un problema matemático.
No se ven papeles ni diarios amontonados; apenas una lapicera, el celular y la computadora ocupan su amplia mesa de trabajo, rodeada por una biblioteca cuyo orden es envidiable. Emiliano Cotelo (51 años) invita a sentarse, se acomoda en una butaca enfrente y ofrece café.
Entre los libros se cuelan fotos de su esposa e hijos y muchos discos compactos, cuidadosamente colocados en estantes, revelando otras facetas del entrevistado que, en la conversación, se confesarán como las de mayor disfrute: la familia y la música.
Ese frío miércoles de julio, el periodista y conductor de En Perspectiva -programa que celebra 25 años al aire- se debe haber levantado, como lo viene haciendo hace más dos décadas, a las cuatro y media de la mañana, luego de cinco horas de sueño. Al rato, ya en Radio El Espectador y junto a su equipo, lee la prensa, repasa la agenda, confirma entrevistados, informes, temas y, finalmente, con todo cronometrado al minuto, a las 7 de la mañana, enfrenta el micrófono con su clásico "¡Muy buenos días, señoras y señores!"
-Intenta no improvisar y tener el programa guionado casi en su totalidad. ¿No le quita espontaneidad?
-El punto de partida es que me considero un mal improvisador. Si debo exponer algo prefiero guionarlo. En las entrevistas, obviamente hay un grado de improvisación, pero igualmente están muy preparadas de antemano. Por supuesto que tener el programa con una gran producción implica perder espontaneidad pero tiene ventajas que se privilegian, que son la rigurosidad, la velocidad y la cantidad de información que se le proporciona a la audiencia.
-Mientras en otros programas radiales la tendencia es que los conductores opinen más, usted se mantiene algo ajeno a eso. ¿Por qué?
-Pasé distintas épocas a lo largo de estos 25 años. En un principio, mi cuestionamiento era simple: ¿quién soy yo para opinar? Soy un periodista, estoy muy informado, hablo con los protagonistas de la actualidad, pero eso no me da la autoridad como para opinar sobre cualquier tema. De todos modos, en determinado momento me pareció que valía la pena intentarlo y hubo una etapa que existía el editorial como algo frecuente. Cuando se introdujo La Tertulia, que ocupa una hora, y que es un espacio de opinión, de las más diversas, me pareció que agregarle aparte mi editorial era desbalancear el programa. Pero una de las cosas que me divierte y me gusta de En Perspectiva es que va cambiando, lo que es necesario para mantenerse vivo y con el interés de la audiencia. Estamos probando la idea de empezar a las 7 de la mañana, algunos días, con un editorial muy cortito, de minuto y medio. Quizás algún integrante del equipo también se largue a hacer ese toque de opinión de un tema actual. Está en plan piloto.
-¿Lo prueba con la audiencia?
-La audiencia es determinante. Es una combinación de cómo reaccionan los oyentes, cómo lo analizamos con la dirección de la radio y el equipo, y cuán cómodo me siento. He intentado otros contenidos que me resultaron difíciles de seguir.
-¿Cómo el espacio de humor con Jorge Esmoris?
-Ese es un ejemplo, sí. Hay muchos programas periodísticos en el mundo que tienen su sección de humor. Decidimos intentarlo pero yo no me sentía a gusto con el papel que me tocaba jugar en ese diálogo con Jorge, y finalmente se discontinuó. La decisión no tuvo nada que ver con Esmoris, que es un magnífico profesional, me divierte mucho, e hizo muy bien su trabajo. Era cómo me sentía yo y cómo veía ese contenido incluido en el programa.
-Quienes lo conocen o trabajaron con usted dicen que tiene muy buen sentido del humor. Eso no se refleja al aire. ¿Por qué?
-Tengo bastante sentido del humor y, al aire, ha ido apareciendo con los años. Durante mucho tiempo, manejaba un estilo completamente formal, apegado a la información. Después, cuando sentí que dominaba las variables de los contenidos periodísticos, pasé a agregar otros ingredientes que, de todos modos, aparecen acotados. En La Tertulia, esos momentos de afloje son importantes y hay que encontrarlos.
-Ya no se habla de un periodismo objetivo como hace unas décadas, sino subjetivo e independiente. ¿Cómo define el de En Perspectiva?
-Es notoriamente subjetivo porque depende de una manera de encarar la actualidad que, en definitiva, está muy marcada por mí pero también por los aportes del equipo. Nos interesan algunos temas y otros no. Hay noticias que consignamos, y otras que profundizamos, realizamos entrevistas, informes o análisis. Al mismo tiempo, lo que hacemos tiene como una de sus obsesiones la independencia o imparcialidad. No queremos casarnos con nadie. Eso es una especie de militancia porque para el periodismo que desarrollamos es una herramienta útil. Tanto al equipo como a mí nos interesa ver lo que ocurre a través de los ojos de todos los protagonistas, escuchar las distintas opiniones y enfoques que hay sobre la actualidad para ir construyéndola para los oyentes, que saben que un tema fuerte no quedará abordado en uno o dos programas sino que se irá armando en el correr de los días con entrevistas, tertulias e informes. Ese equilibrio lo cuidamos mucho.
-Ha dicho que no está dispuesto a hacer concesiones en temas ni en calidad, a favor de una mayor audiencia. ¿Qué tipo de concesiones?
-En los últimos años, han habido ondas hacia una mayor vulgarización del lenguaje. Se supone que si uno utiliza determinados términos, resultará más entrador con cierto tipo de público. Esa es una concesión que no pienso hacer. O privilegiar algunos temas que pueden ser más gancheros como la crónica policial. Me preocupa, por ejemplo, en el caso de los noticieros de televisión, el protagonismo que tomó esa información tanto en minutos como en su abordaje. Se tiende a jugar con el morbo, incluso traspasando líneas éticas complicadas. Tengo la impresión que hay una gran distorsión en el manejo de los hechos vinculados a la delincuencia -que es un gran problema- pero no para llevarla hacia el entretenimiento. Tratarla con un enfoque sensiblero, sensacionalista, regodearse en los detalles de la violencia es otro límite que no estoy dispuesto a traspasar.
-¿No le importa perder audiencia?
-En Perspectiva nunca fue pensado para un público masivo. Afortunadamente tenemos una posición de liderazgo, estamos entre los de mayor audiencia. Pero no fue el objetivo. Lo que nos interesa es que un determinado público obtenga una herramienta para acercarse a la actualidad, informarse, para pensar, y luego estar en condiciones de sacar sus propias conclusiones. No creo en los programas multitarget. Nosotros no hablamos para Doña María. Y para poder encarar los temas de la actualidad que son sensibles e importantes para la evolución y desarrollo del país, tenemos que sacrificar público. Tanto porque la propia elección de los temas va a dejar algunos oyentes afuera o por la manera de abordarlos: si queremos que sea en forma profunda y cuidadosa, probablemente también resulte poco atractivo para un público potencial. De todas maneras, hemos ido cambiando en el estilo de conducción. Intentamos que las personas a las que nos dirigimos no tengan que hacer tanto esfuerzo por escuchar el programa, encuentren algo que los ayude y acompañe en el abordaje de la actualidad. Pero esos cambios no están hechos para llegar a todos.
-La renovación de público es necesaria. ¿El estilo de En Perspectiva capta a los jóvenes?
-Es una pregunta que nos hacemos en forma permanente. Y lo estamos estudiando de la manera más científica posible. Afortunadamente ya tenemos indicios de que sí, en lo que es el diálogo con la audiencia, sus preguntas, comentarios, aportes. Ocurre sobre todo en el tipo de público al que apuntamos. Pero estamos atentos a ese detalle.
-Desde junio, En Perspectiva también sale por Urbana FM. ¿Fue para aprovechar las nuevas tecnologías? ¿O porque los ratings mostraban que el programa estaba tercero entre los periodísticos de la mañana?
-La razón básica tiene que ver con esas modificaciones tecnológicas que llevaron a que las AM encuentren algunos desafíos. No queremos perder oyentes y sabemos de muchos, que salen de su casa con su celular o Mp3, y sólo pueden escuchar FM. Y cambian al ir a trabajar o estudiar. Hay otro motivo tecnológico: en algunas zonas del interior, incluso en Montevideo, se generan interferencias por computadoras, motores, transmisores. Eso hace, por ejemplo, que El Espectador no pueda escucharse bien en Paysandú. Ahora, también es cierto que las nuevas generaciones están más familiarizadas con las FM. Esa es otra razón para estar en Urbana.
-¿Qué valor le da al rating?
-No voy a decir la tontería de que ignoramos el rating. Nos interesa tener una audiencia que justifique el trabajo que hacemos, ya que nos indica si nuestro programa es útil o no. No vamos a hacer un programa por capricho. También queremos brindar un servicio, y quizás esa sea otra forma de calificar a En Perspectiva. No es exagerado decir que me interesa el periodismo como servicio público, ser útiles para un gran grupo de gente. El segundo punto tiene que ver con la viabilidad comercial y presupuestal del programa. El rating no es sólo un número de oyentes, sino también qué tipo de audiencia, porque eso se relaciona con determinados anunciantes. Esas son las dos variables que nos importan. Por supuesto, cuanto más alto, mejor; pero en esa carrera nos hemos puesto algunos límites que mencioné antes.
-¿Lamenta haber dejado ir a Joel Rosenberg, que hoy conduce el programa de mayor audiencia?
-No, porque fue interesante trabajar con él como co-conductor, ese año. Pero aparecieron muchas coincidencias y diferencias en objetivos y estilos. Llegó un momento que no era sencillo trabajar juntos, y era muy legítimo de su parte tener otro proyecto. Él tenía claro cómo hacer un programa matutino de actualidad que tenía unas cuantas diferencias conmigo. Ocurrió lo razonable, y lo que Joel planteó es bastante distinto al programa que dirijo. Él tiene su público y En Perspectiva, otro. Privilegiar demasiado el entretenimiento es otro de los límites que trato de cuidar, y no estoy dispuesto a pasar.
-¿La prensa es el cuarto poder?
-No sé si en Uruguay. Me parece bastante claro que influye y es bueno que así sea. El periodismo cumple un papel importante tanto de control del gobierno como también de análisis y debate. Nuestra experiencia es que influye de una manera que me resulta satisfactoria. Muchas de las entrevistas, informes o tertulias son tenidas en cuenta por un gobernante, un dirigente opositor, sindicalista, empresario, o quien sea. Ese es el gran cometido general del periodismo. Lo que hay que tener cuidado es con que el programa, el periodista o el medio no se conviertan en actores por sí mismos. Eso lo cuido mucho porque me interesa provocar determinados debates y hacer llamados de atención, pero difícilmente realicemos campañas. No agarramos un tema y presionamos en busca de una solución. Ese es el límite que la prensa debe cuidar porque ¿quién es Radio El Espectador para estar indicándole al Uruguay qué hacer? ¿Quién soy yo para marcar los destinos del país? Yo puedo plantear inquietudes pero llega un momento que debo parar y lo deben resolver quienes eligió para eso la ciudadanía.
-Desde el regreso de la democracia, ¿con qué gobiernos cree que ha habido una relación más fluida y tolerante con la prensa?
-Hubo dos gobiernos, el de Luis Alberto Lacalle y el de Jorge Batlle, en los que no existió ninguna intención, por lo menos que yo percibiera, de influir en la cobertura. Después, han habido distintos intentos de condicionar determinados abordajes. Se dio en los dos gobiernos de Julio María Sanguinetti y en el de Tabaré Vázquez, de maneras diferentes. En el de Vázquez era el propio presidente y algunos de sus ministros que públicamente ejercían presión con críticas y cuestionamientos. En los de Sanguinetti, esas jugadas iban más por detrás del telón. En cuanto al gobierno de José Mujica, por ahora no se percibe ningún intento de injerencia. Pero todo es relativo y tiene sus matices. Cuando Lacalle dejó de ser presidente, al poco tiempo, se peleó conmigo y el programa, y no nos otorgó entrevistas por un buen tiempo. No le gustó la cobertura, y alguna entrevista en especial, sobre aquellas denuncias de corrupción sobre su gobierno. Se fastidió y me bajó la cortina. Es un buen ejemplo de cómo las tentaciones de influir en el trabajo siempre están. En definitiva, quienes salen totalmente limpios de mi análisis son Batlle y lo que va del gobierno de Mujica. De todos modos, siempre habrá presiones: políticas, comerciales u otras. Lo fundamental es cómo reacciona el periodista o el medio al que se intenta condicionar. Y yo tengo la conciencia muy tranquila.
-¿Por qué cree que el ex presidente Tabaré Vázquez no dio ni da prácticamente entrevistas?
-El Dr. Vázquez es un político muy raro, original, con un gran olfato para penetrar en la población, para enganchar y seducir a una porción importante de la ciudadanía. Es muy calculador, muy cerebral, muy frío. No sé si con asesoramiento, o por creación propia, se diseñó un estilo de comunicación donde las entrevistas más bien le molestan, no le sirven. Para cualquier político, en principio, es mejor un sistema de comunicación unidireccional, donde él elige en qué momento y qué cosas dice. Obviamente hubo etapas en que los discursos, actos o conferencias de prensa acotadas no le alcanzaron y ahí concedía una o dos entrevistas, y volvía a guardarse. Cuando fue gobernante tuvo la disciplina de manejarse en una cancha en que los presidentes pueden hacerlo: yo controlo mis flujos de comunicación. El ejemplo de la única entrevista telefónica que me dio fue claro: era un momento que precisaba vitalmente aclarar un episodio de aquella reunión con Néstor Kirchner en Chile. Dio esa, alguna más y volvió al silencio.
-El presidente Mujica es lo contrario. ¿Redundará eso en una mayor fluidez entre gobierno y medios?
-Sí, creo que sí. Mujica es todo lo contrario pero tengo la convicción que irá reduciendo su exposición. De hecho ya se nota aunque todavía conviven en él los dos personajes. Pero él es consciente de que no puede seguir hablando a cada rato. La señal más clara en ese sentido es que desde fines del año pasado, cada tanto, aparecen discursos escritos. ¡Mujica leyendo algo! Ahí hay una señal de comunicación que cambió. Él solía improvisar. Ahora entiende que es importante tener todo ordenado y pensado. La sensación que me da, en estos primeros meses, es que ese mismo espíritu que maneja de tener una buena relación con la oposición y darle espacios en los organismos públicos, ese ambiente de tolerancia y diálogo, también lo aplica a la relación gobierno y medios.
-Ha realizado miles de entrevistas. ¿Por qué nunca a Gregorio Álvarez o a Juan María Bordaberry?
-Hace tiempo ya que la dictadura me saturó como tema. Lamentablemente todavía está presente y cada tanto deben abordarse algunas de sus consecuencias. Pero en esa cosa subjetiva que tiene el trabajo periodístico, aparece en mi cabeza la idea de que a los años de la dictadura, incluso te diría que al pasado de los años 60 también, lo hemos discutido lo suficiente. Lo que queremos priorizar en En Perspectiva son los debates de hoy, sobre todo con la cabeza puesta hacia delante. Por eso, hace años que no tengo ninguna tentación en entrevistar a ninguno de los protagonistas de la dictadura. Tendría que ocurrir algo muy fuerte para que yo cambiara esa postura. No tengo ganas de perder minutos del programa en lo que ya está dicho. En tiempos más cercanos a la salida de la época militar, había otra subjetividad. La propia ilegitimidad de los cargos que ocuparon me llevaba a no considerarlos sujetos de una entrevista. Punto. Tengo la convicción, no muy original, que esa dictadura le hizo mucho daño a los uruguayos. Esas dos personas ya hablaron todo lo que tenían que hablar, contaban con todos los medios mientras fueron gobierno. Luego, los que tenían que hablar eran otros. Eso no quiere decir que no haya entrevistado algunos militares. De hecho, conversé con el capitán Jorge Tróccoli cuando salió con sus reconocimientos sobre la tortura. Era un elemento nuevo muy removedor para la sociedad.
-De joven se lo emparentaba con la izquierda. ¿Sigue en esa línea?
-El tipo de periodismo que construimos con En Perspectiva casi desde el comienzo -profesional, independiente, responsable- me llevó a mí mismo a ser un ciudadano independiente. Hace muchos años que no tengo alineamiento político partidario. Puede decirse que es una deformación profesional. El tipo de periodismo que elegí me cambió a mí.
Cotelo dispara
Qué le preguntaría a:
Tabaré Vázquez: "¿Se postuló a presidente por convicción política o porque el Frente Amplio necesitaba un candidato como usted?"
Cristina Fernández de Kirchner: "¿Nunca se arrepintió de la falta de respeto hacia el presidente Tabaré Vázquez en el acto de su asunción como presidenta?"
Óscar Tabárez: "Partiendo de la base que valoro positivamente y agradezco la transformación que logró en la Selección Uruguaya, y que la performance en el Mundial nos produjo a todos una enorme satisfacción, hay una única duda que me queda. ¿Por qué demora tanto los cambios en un partido? ¿Por qué los hace en los diez últimos minutos?"
José Mujica: "¿De qué depende la continuidad de este ambiente de armonía que hoy existe entre oposición y gobierno y que usted mismo impulsó?"
Eduardo Zaindesztat: "¿Cuál es el límite entre el manejo mediático del control de la evasión y el debido proceso a una persona o empresa sospechosa?" (Zaindesztat fue la única persona entrevistada que, en los 25 años de En Perspectiva, logró que Emiliano Cotelo mostrara enojo al aire).
Obsesiones, egos, estrés y salida sana
Heredó de su padre periodista una curiosidad abierta, no limitada a ninguna temática en particular. Y si bien sus cuatro años en la Facultad de Ingeniería incidieron fuerte en su forma de trabajar, rigurosa, disciplinada y hasta obsesiva en ciertos aspectos, le reconoce también a su padre el haber absorbido desde muy chico ese cuidado extremo en la verificación de los datos, el chequeo de las fuentes y la no improvisación. "Eso lo aprendí desde muy chico cuando ni siquiera pensaba ser periodista. La facultad me suministró por un lado esa familiaridad y sensibilidad hacia lo científico y tecnológico que, en un periodista dedicado a temas políticos y de actualidad, no es algo obvio. El método científico me ayudó mucho a armarme una forma de trabajar en lo que terminó siendo mi profesión. No fue tiempo perdido".
-¿Es tan riguroso y obsesivo como dicen?
-Sí, seguramente sí.
-¿Y en lo personal qué autocrítica se hace?
-Que quizás el trabajo en la radio me haya llevado a ser también algo riguroso y obsesivo en la vida personal.
-Luego de 25 años, ¿ese estrés no se ha atenuado?
-La palabra estrés tiene connotaciones negativas pero también positivas. Creo que es imposible hacer el programa sin estrés. Sé, por ejemplo, que si escucho grabaciones de hace 15 años me chocarían. Hablaba más lento, en forma apagada, de una manera sobria, seria. Resolví dar más velocidad, hablar en un tono más arriba, preocupado en llegarle mejor al oyente. Siempre le agrego un motivo de estrés o exigencia a En Perspectiva que obliga a estar al palo.
-Convive con los máximos protagonistas políticos, económicos, empresariales. ¿Cómo maneja el ego?
-Convivo con lo que el programa genera. Voy poco a recepciones, fiestas o cocktails que tengan que ver con actividades de esos protagonistas. Además, no me alcanza el día. Tengo relaciones muy cordiales con muchos de ellos pero hay un límite. Y, por otro lado, tanto a mi equipo como a mí nos interesa mucho ir al interior del país y a diferentes lugares de Montevideo, hacer el programa desde allí, lo que nos permite estar en contacto con la gente más anónima y entender mejor ciertas realidades, pero al mismo tiempo nos genera otro tipo de vínculo. No tratamos sólo con personajes. Cada salida es muy saludable.
Momentos difíciles
"Las preguntas más difíciles son a un corrupto o acusado de corrupción: tengo la impresión que son inútiles. Pasé por esas experiencias. La convicción antes de empezar la entrevista de que el que está enfrente te va a mentir es total, y uno siente que está perdiendo el tiempo. Se puede ir documentado, producir muy bien la entrevista pero, en definitiva, si el otro otorga la nota es porque se considera muy bien pertrechado o preparado para eludirse".
"También han habido situaciones puntuales de otro tipo de preguntas difíciles que tienen que ver más con cuestiones emotivas. A mí que tengo esa coraza, imagen de rígido y todo lo demás, ciertas situaciones que tengo que tratar en el programa me desestabilizan. Situaciones que tienen de por medio muertes, fenómenos colectivos, niños, enfermedades en niños, abandonos".
"Hubo varios momentos emocionantes en estos 25 años. El programa especial en homenaje a José Claudio Williman fue uno. Pero también los mensajes y correos que recibo de los oyentes me conmueven mucho".
El Uruguay en perspectiva
-¿Por qué cree que hay tan poco espacio para los programas periodísticos en tevé?
-No es algo nuevo. Se ha instalado la convicción de que lo periodístico no interesa masivamente. Sin embargo han habido experiencias de programas ubicados en horario central que tuvieron muy buena audiencia. Por ejemplo, Zona Urbana. Tengo algunas diferencias con el estilo pero reconozco que tuvieron la habilidad de transformar los formatos de los periodísticos en televisión. Y por eso mismo fueron un ejemplo interesante.
-¿Cómo ve el Uruguay en perspectiva?
-Muy bien. Creo que tenemos condiciones para pegar un salto que está pendiente. Hemos ordenado la economía porque se han asumido determinados criterios de rigor de manejo fiscal, estamos colocados en una posición interesante en el mapa del mundo, existe seguridad para las inversiones, y seguridad pública relativa en comparación a otros países, además de que el propio territorio tiene sus atractivos. Estamos bien posicionados para inversiones y posibilidades de exportación. También es auspicioso el ambiente de buena relación que existe entre los partidos políticos porque me da la sensación que el país necesita una serie de acuerdos básicos desde hace mucho tiempo que ahora parecen más posibles. Resta que se produzcan resultados concretos, con marcos legales y decisiones de gobierno que faciliten el desarrollo. Lo que está faltando es terminar de instalar entre los uruguayos una cultura emprendedora. Se avanzó, pero el país necesita más emprendedores y menos empleados, más gente dispuesta a tomar riesgos y a plantear proyectos. Si además se logra transformar a los funcionarios públicos en servidores públicos y racionalizar el funcionamiento del Estado, puede darse un empujón muy valioso. Esperemos que así sea.
"Disfruto la vida en familia"
Se lo ve bastante menos formal de lo que se podría imaginar. Uno de sus dos hijos varones saluda, y él responde cariñosamente no sin antes preguntarle adónde va. "Dentista". "Ah, cierto". Al término de la entrevista, y al presentar a su hija Catalina (quien nació con una parálisis cerebral) una sonrisa permanente se dibuja en la cara de Emiliano Cotelo, mientras le cuenta a la joven de 15 años que acaba de dar una nota, que él saldrá en el diario y que habló de ella. Le acaricia la cara, y le comenta a esta periodista que Catalina fue elegida madrina. Eso provoca inmediatamente otra gran sonrisa en su hija, cuyos ojazos ya muestran que ese ahijado la tiene encantada.
Minutos antes, el director de En Perspectiva respondía sobre qué disfrutaba además de su profesión. "La vida en familia, y toda la relación con mis hijos, para quienes trato de hacerme espacio".
-Su esposa Alexandra relató en Mujeres al límite, libro de Mónica Bottero, la experiencia de ser madre de Catalina. ¿Cómo vivió esa exposición usted que tiene un perfil tan bajo?
-Fue difícil. Intento que mi vida personal no tenga publicidad. Ese caso fue especial, lo conversamos y no estábamos del todo de acuerdo. Ella tenía mayor disposición a contar públicamente esa experiencia, yo menos, y terminamos llegando a la conclusión que se podía, sobre todo porque pensamos que esa vivencia podía ser útil para otra gente. Alexandra tiene el temple y la capacidad de comunicación como para manejarlo de la forma que lo hizo, y tengo la impresión que el resultado fue mejor de lo que yo esperaba. Fue una ventana abierta con mucho cuidado.
Hitos y el equipO
Junio de 1985. En Perspectiva sale al aire por primera vez en Emisora del Palacio, conducido por Enrique Alonso, Carlos Núñez y Claudio Paolillo. Emiliano Cotelo se suma días después.
1988. Cotelo queda al frente del programa, tras la partida espaciada de los otros conductores.
1991. En Perspectiva emite su último programa en Emisora del Palacio el 31de diciembre, día en que la radio deja de existir. A los dos meses, desembarca en El Espectador.
1995. Javier Massa y Cotelo fundan el sitio web Espectador.com.
Abril de 2001. Se realiza la primera emisión de "La Tertulia", un formato radial que hoy caracteriza al programa.
2010. El periodístico vuelve a la FM, al comenzar a emitirse también por Urbana 92.5.
Equipo. Entre producción, técnicos, corresponsales del exterior, contertulios y colaboradores, en el programa trabajan cerca de 50 personas. Pero el equipo fijo y full time detrás de Emiliano Cotelo está conformado por: Javier Castro, Juan Andrés Elhordoy, Elena Risso, Mercedes Otero, Rosario Castellanos, Fernanda Didiano y Ma. José Pino.