Miedo e inseguridad: ¿culpa del cerebro?

| ¿Por qué una misma situación angustia a unas personas y deja casi indiferentes a otras? La historia vital y la educación son una respuesta, pero también la biología.

 20090516 360x260
El País

EL PAÍS DE MADRID IMÓNICA FERRADO

Personalidad. Los individuos poco angustiados y seguros de sí mismos suelen tener menos dopamina en la amígdala.

Cuál es la frontera entre inseguridad real y "sensación térmica"? ¿Acaso es el mismo límite que existe entre prudencia y paranoia? En tiempos en que este debate está más vigente que nunca, vale repasar estudios científicos que determinan por qué actuamos como actuamos; por qué, ante el mismo panorama y las mismas noticias de crónica roja, unos salen a la calle escoltados por el miedo y otros lo hacen sin la mínima percepción de amenaza, sin mirar hacia los costados ni siquiera una vez.

La diferencia puede verse en las situaciones más cotidianas. Ejemplo: un grupo de amigos va al cine a ver una película de terror. Al salir, algunos confiesan que con las secuencias de suspenso lo han pasado realmente muy mal. Otros, sin embargo, afirman que no es para tanto. Si ambos vieron exactamente las mismas imágenes, ¿cuál fue la diferencia? ¿Es posible saber qué es lo que determina que unas personas anden por la vida sin miedos y seguras de sí mismas, mientras que otras sienten angustia y se estresan con mayor facilidad, incluso ante los mismos estímulos?

Cada individuo reacciona distinto ante emociones negativas. Las razones pueden estar condicionadas por muy diversos factores, tales como la educación, el contexto socioeconómico y cultural y la trayectoria vital de la persona.

Pero también juega una base biológica. Una situación inesperada desencadena una cascada de reacciones químicas en el cerebro. Recientemente, investigadores de la Clínica Universitaria de Charité de Berlín, Alemania, han descubierto que ante un mismo fenómeno desagradable o incierto, la diferencia entre las personas que se estresan más y las que se preocupan menos está relacionada con cuánta dopamina puede almacenarse en ciertas zonas del cerebro y cómo se utiliza, según un estudio publicado en la revista Nature Neuroscience.

angustia y placer. Cuando alguien vive una situación de expectativa emocional, tanto placentera como negativa - ya sea una cita con un amante o una temible visita al dentista-, libera mayores cantidades de dopamina, un neurotransmisor que estimula o frena la actividad de las células nerviosas en el cerebro.

Frente al placer, la sustancia aparece en una zona del cerebro llamada núcleo accumbens y se activa el circuito de placer-recompensa. Esa liberación produce una sensación de bienestar y así la situación agradable queda registrada en la mente.

En tanto, cuando se produce un estímulo negativo por sorpresa, se libera dopamina pero en la amígdala, una zona del cerebro que participa en el procesamiento emocional, provocando angustia o miedo. Inmediatamente, las señales de la dopamina alcanzan otra zona del cerebro, el córtex prefrontal, que se encarga de elaborar esa respuesta emocional, modulando su intensidad. Es decir, haciendo que resulte más o menos estresante, según el individuo receptor.

En el estudio alemán, los investigadores mostraron a los participantes imágenes positivas y negativas, por ejemplo fotografías de un accidente de coche o de un asalto violento. Mientras tanto, en una tomografía, observaron cómo reaccionaba su cerebro: midieron la actividad de la amígdala, la cantidad de dopamina disponible y también cómo la absorbían las células nerviosas. Revelación: las personas con una elevada concentración de dopamina en la amígdala reaccionaban con más miedo y estrés que quienes tenían concentraciones menores.

Mala comunicación. Por otro lado, los investigadores observaron que entre los individuos más estresados y los que menos había diferencias notables en la coordinación entre dos regiones del cerebro: la que genera las emociones (la amígdala) y la que las modula (el córtex prefrontal). En los sujetos más ansiosos, la comunicación entre estas dos zonas era menor, lo que significa que la modulación del miedo o del estrés era deficiente. En definitiva, cuanta más comunicación hay entre ambas regiones, menos miedo se siente, y viceversa.

Así, si usted es inseguro y miedoso, es posible que posea mucha dopamina en la amígdala cerebral o una mala comunicación entre ambas regiones. Si, por el contrario, anda por la vida poco angustiado y seguro de sí mismo, probablemente tenga menos cantidad de este neurotransmisor en la amígdala y una buena comunicación entre ésta y el cíngulo anterior (una zona de la corteza frontal).

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar