TOMER URWICZ
Llega con el labio fruncido y rostro serio. Viene con paso lento, arrastrando una de sus piernas. Saluda con la seguridad de una autoridad. Toma asiento y antes de que se prenda el grabador aclara que no va a hablar de su vida privada ni de lo acontecido con su exempleada. "Si viene con ese guión suspendemos la nota. Siempre ha sido así y no voy a perder el invicto de viejo", sentencia. La dureza de sus palabras se desdibuja con el paso de la entrevista y al cabo de unos minutosda paso a las emociones y a su tímida sonrisa. Óscar Washington Tabárez (65) hace con Domingo su resumen al término del año, el mismo que ha dejado a la Celeste en el 16° puesto del ranking FIFA.
-¿Qué balance hace de 2012?
-En cuanto a lo futbolístico yo no hago balances anuales. Entiendo que el tiempo está organizado así, pero yo evalúo en base a los procesos. Esto empezó en 2006, se han podido hacer muchas cosas que aquí ni existían. Hubo años, como 2010 y 2011, que logramos hechos importantes que sorprendieron al mundo. Y, en ese camino, tuvimos dos meses fatales de 2012, que fueron septiembre y octubre, en los que disputamos cuatro partidos por Eliminatorias en los que el equipo perdió puntos y no jugó bien. Eso es un rasgo distintivo y pensamos inmediatamente cómo reencauzarnos y ya lo estamos haciendo: el dato más objetivo es el último partido contra Polonia.
-En este proceso, ¿importa más el grupo que el objetivo?
-No. No hay diez jugadores que puedan salvar a la selección. Si piensan que hay un entrenador mejor que lo puede hacer, que saque a estos jugadores y traiga a mejores, que clasifique y gane el Mundial 2014, quelo hagan. Pero por algo nadie lo hace. Aun los que sí se animan a criticar saben que nuestra población no puede cambiar a 10 millones de habitantes de un día para otro.
-En su vida, ¿cuáles han sido los obstáculos más difíciles de sortear?
-Mi vida es muy común a la de muchas otras personas y a veces no tan mala como muchísimas otras. Mirando otras realidades uno debería autocriticarse si se quejara de lo mal que le sonrió la vida.
-Usted entiende a la vida como un viaje, parte de su filosofía existencialista, ¿le da miedo la muerte?
-Para nada, es algo que va a llegar. Por su carácter trascendental la muerte tiene muchas aristas misteriosas: si hay algo después o no. Porque en esto el estado más permanente es la duda.
-El existencialismo tiene puntos de contacto con el marxismo, ¿es de izquierda?
-Sí. Pero no estoy tan de acuerdo con que el existencialismo sea marxista, porque en su momento fueron opuestos. Un libro de Adam Schaff que una persona me alcanzó, cuando uno se preocupaba por esos temas, abordaba el marxismo y existencialismo. Habla de que puede tener lazos comunicantes. Cada vez más pierden importancia las carátulas y los determinismos.
-¿Llegó a militar en política?
-No. Llegué a manifestar, a hacer alguna pegatina; casi todo lo que hicimos los que tienen mi edad en una época de mucha efervescencia. Era la juventud reclamando espacio ante estructuras establecidas. En 1968 fue el Mayo Francés y yo me recibí de maestro dos años después.
-¿Qué le queda del maestro?
-Fue una etapa importante. No le voy a decir mi experiencia de maestro de acuerdo a lo que ganaba o lo que ganan. Aunque ha mejorado esa situación, generalmente está por detrás de otras actividades que pueden tener, por lo menos, igual importancia. Sigue siendo un poco injusta la remuneración. Lo que rescato más es el contacto con los niños. Los niños enseñan. Tienen una realidad propia que a los adultos les es muy difícil acceder. Ya lo dijo Picasso: "Intenté pintar como los niños pero jamás lo conseguí".
-¿A sus nietos qué les exige?
-Todos los niños tienen rebeldía y aunque quieran imponer deben conocer los límites. Con los nietos uno hace menos que cuando era padre. Los abuelos somos un parásito de los padres: ellos los rezongan y nosotros los tenemos en menos momentos pero para la distensión y con una visión distinta de la niñez sin correr tanto detrás de las urgencias que nos planteamos cuando somos jóvenes y que se las transmitimos a los hijos sin favorecerlos. Con los nietos es diferente. Quizás eso explica por qué los niños quieren tanto a sus abuelos.
-¿Con los jugadores llega a enternecerse?
-Sí, pero trato de no exteriorizarlo. A esta altura los jugadores de la Selección saben cómo es la cosa y lo que yo siento por ellos. Pero seguimos unas pautas que impuse yo sobre respetar distancia entre los roles. Obviamente cuando nos juntamos un par de veces al año charlamos, aunque son como veinte y solo tenemos un par de días. Conversamos sobre sus vidas, cómo están en la ciudad en la que viven, sus problemas deportivos y logros. Para mí lo que consiguen es como si un hijo sacara buena nota. Me alegra. Los conozco y uno quiere que le vaya bien a las personas que quiere.
-Con estos jugadores viajó por varios lados, ¿qué no puede faltar en su valija?
-Libros. Muchos sobre fundamentos técnicos e historia del fútbol. Leo novelas pero me gusta más lo relacionado a la realidad uruguaya. Me llegaron dos libros de Susana Cabrera (Las esclavas del Rincón y El consentimiento) que me atraparon. Es un pecado no leer a esta autora. También tengo todos los libros de Eduardo Sacheri, guionista de El secreto de sus ojos. No soy un gran lector pero cuando descubro a un autor que me guste lo leo mucho.
-¿Pasó a las nuevas tecnologías?
-Al libro electrónico no. La computadora me parece irreal, una mentira. No puedo creer que una máquina pueda hacer todo eso. Esto tiene que ver con un tema de edad y mis esquemas mentales que no son los mismos que en los más jóvenes. No rechazo el progreso. Tengo mi Ipod y puse ahí toda mi colección de música clásica.
-¿Solo música clásica?
-No, me gusta mucho la uruguaya. Hay músicos muy buenos: Drexler, Rada, Roos, No Te Va Gustar. Uno escucha sorprendido, porque me he quedado en la música de los 60 y 70; cuando estaba en onda.
-¿Colecciona solo música?
-Hay una etapa de la niñez, entro los 8 y 10, que muchos autores lo definen como la etapa coleccionista. Ahí juntaba figuritas. Ahora conservo relojes. Me han regalado relojes cuando estuve en clubes, algún jugador y para mí tienen un significado especial. Más allá de que el tiempo afecte el uso de las cosas, yo valoro el simbolismo de lo que me recuerda. Siempre me lamento que la mesa de mampostería que tenía durante toda mi niñez, sobre la que hice los deberes y comía, no la conservé. En mi casa actual de Carrasco tengo un juego de comedor que me compré cuando me mudé del Cerro a Reducto. Hoy me podría comprar otra mesa, pero para mí esta es importante.
-En esta charla se mostró distendido, ¿por qué es reacio a los periodistas?
-Las conferencias de prensa están grabadas. Hay preguntas que vienen con punta y se ve cuáles son mis reacciones. De ahí a decir: "Este no se ríe nunca" o "está siempre de mal humor"; es catalogar a una persona por un momento. Que digan determinadas cosas no me genera rechazo pero tampoco alegría. Me ufano de ser muy profesional y en las conferencias doy la información a todos, aun a los que sé que desean que me vaya mal.
-¿Está queriendo decir que hay un periodismo malintencionado?
-No, eso es generalizar. Yo escucho y sé qué se dice. Trato de no confrontar porque hay un corporativismo de periodistas en donde si uno se mete con alguno salen todos en su defensa. No se preocupan si está bien lo que hace el periodista. Y luego vienen con el latiguillo: "Yo no hago periodismo sobre periodistas". No van al fondo de la cuestión. La confrontación la evito, pero no me pidan que sea tan tonto para no darme cuenta por cuál lado vienen las críticas o alguna historia secreta que jamás voy a contar públicamente pero que la saben muchas personas y la sabe gente que opera en varios ámbitos que no son los suyos. Todo eso lo sé, pero soy un profesional. Quizás esa sea la causa de que a veces no se me dibuje una sonrisa; y creo que es un gesto humano.
LA CARRERA QUEBRADA
La rodilla es la pesadilla de Óscar W. Tabárez. Esa, la de la pierna izquierda, fue la que puso punto final a su experiencia como jugador, con unos once años de carrera. Era una época de tranques duros y el defensa Tabárez, que había debutado en El Faro del Cerrito, sufría el desgaste de sus articulaciones. Y hasta hoy padece las consecuencias. "Lo que tengo es un valgo (la pierna en mala posición) y genera artrosis, problemas articulares y el desgaste de la edad", explica el Maestro. Eso sí, con sus 65 años no se lamenta. "¡Cómo me voy a quejar! La peor solución es ponerse a lamentar". En su caso existe una curación, pero requiere tiempo. "Las soluciones están planificadas aunque se necesita un par de meses de rehabilitación. Ya lo tenía en vista antes del Mundial, pero perdimos con Argentina y tuvimos que ir al repechaje con Costa Rica y luego no tuve tiempo", cuenta. Tabárez fue zaguero y lateral en tiempos en los que no se hablaba de ligamentos cruzados y para lo que "no existía" una operación. Aun así, llegó a defender la casaca de seis clubes del fútbol profesional, incluyendo al Puebla de México. Claro está: su destaque futbolístico fue como entrenador, puesto en el que debutó en 1980, en las inferiores de Bella Vista.
SUS COSAS
SU CAMISETA
Él no pide camisetas, los propios futbolistas se las dan. Pero en su armario guarda una especial, de Diego Latorre. "Empezó una relación en Boca y en el primer partido en un torneo de verano le di la remera 11 y a él no le gustaba. Terminó siendo figura y luego me la regaló", recuerda.
SU PREMIO
Hasta el momento es el único director técnico en haber sido galardonado con la Orden del Mérito de la FIFA (2012). Es la máxima distinción que otorga el organismo gestor del fútbol mundial a las personas que son significativas para este deporte.
SU ASIGNATURA
Filosofía era su materia favorita. El examen del bachillerato lo dio libre y lo salvó con sobresaliente. Incluso pensó en hacer profesorado de esta asignatura, pero se inscribió en Facultad de Derecho, en donde cursó un año y luego hizo Magisterio. El existencialismo de Jean Paul Sartre era el contenido que más lo movilizaba, también en su relación con el marxismo.