CATERINA NOTARGIOVANNI
Ella conduce un Renault blanco. Él es un peatón a punto de cruzar una avenida. Se miran. Se sorprenden. Se siguen mirando. Ambos no se conocen y sin embargo, se reconocen: "como aquel a quien estábamos -digamos- predestinados". Ella arranca y acelera avenida abajo. Un instante después muere en un accidente de tránsito. Ese es el punto de partida de una búsqueda detectivesca (y obsesiva) por averiguar quién era esa mujer y así, en cierto modo, devolverla a la vida.
Cuando llegue el final, el lector sabrá todo sobre ella. Inclusive, los secretos mejor guardados sobre sus apetencias sexuales.
Por ahí se desliza la historia de "Los secretos de Romina Lucas" (Hum Editor), último libro de Ercole Lissardi y primero de una trilogía cuyo tema en común es la infidelidad. El autor es considerado un "referente" de la literatura erótica y muchos lo consideran el "único" uruguayo cuya obra completa puede etiquetarse como tal.
Lissardi es un seudónimo que fue acuñado doce años atrás, cuando publicó su primer libro. Entonces tenía 45 años y se sentía "sumamente inseguro" de su trabajo. "Escribía con seudónimo porque no quería asumir el rollo de estar frente a los demás. Además no tengo vocación de hombre de letras, que es el tipo que tiene una presencia en el mundo, que es personaje. Yo soy un escritor, una persona muy retraída y de vida muy sencilla", cuenta el autor que por primera vez está dispuesto a publicar su fotografía. ¿Su nombre de registro civil? "Prefiero no decirlo".
Lissardi nació en Montevideo, tiene 57 años, un hijo de 22 meses y nueve libros publicados. Es un lector voraz ("si me dejás solo leo entre 6 y 8 horas diarias") que prefiere escribir por las mañanas porque es cuando tiene "la mente fresca".
En 1976 se exilió en México. Allí dictó cursos de cine, trabajó para Televisa e hizo una película erótica llamada La pequeña muerte.
-¿No hubo pudor en la decisión de adoptar seudónimo?
-No, no. Yo escribí exactamente como me vino a la punta del lápiz desde siempre. Ni pudor ni duda. Además, en esta sociedad superconsumista, que es a la vez hiper permisiva (una cosa va con la otra), a nadie le importa si escribís sobre sexo. Quizás si lo hubiera hecho en los años 50 o 60 habría adoptado otras estrategias para hablar del sexo, como lo hacía Onetti. Pero ya vivimos en otro mundo, no da.
-En una de sus novelas el protagonista dice "que el verdadero poder reside en las palabras y que éstas, que debieran de ser un instrumento, acaban dirigiendo nuestra conducta". ¿Cómo inciden en el lector palabras muy asociadas a su obra, como erotismo o pornografía?
-Las palabras son como anteojos de las personas. No estamos en relación con la realidad sino con discursos. Por tanto, lo que modula, modela y formatea ese discurso finalmente es la manera como se ve la realidad.
Por ejemplo, en el caso de la palabra pornografía, si hay críticos que siguen insistiendo en que mis libros son pornografía, es posible que alguien lo termine creyendo y no los lea. Hay personas que frente a un libro erótico, responden no, gracias. ¿Por qué? No sé, serán personas reprimidas o decidieron que ya saben todo.
-¿En qué se diferencian sus textos de la pornografía?
-La pornografía se caracteriza por ser vacía. Mis libros pueden ser cualquier cosa menos vacíos. Al contrario, están llenos de rollos. Escribo literatura erótica, un género que tiene sus reglas y que yo cumplo.
-¿Qué rol cree que juega el sexo en los vínculos humanos?
-Sigmund Freud descubrió que la sexualidad es uno de los elementos más importantes en la constitución de la personalidad. De manera que yo no sabría cómo exagerar semejante información. Por eso más allá de que la industria de la pornografía haya llegado a límites extremos, es necesario más que nunca escribir sobre sexo desde otro lugar. La sexualidad es demasiado importante para dejársela a esa industria.
CRÍTICAS. Lissardi cuenta que escribe "rapidísimo", que nunca sabe hacia dónde va la historia y que la ansiedad que eso le genera no lo deja teclear más de dos horas diarias. "Termino cansado", dice.
Sobre el final de la charla, Lissardi deja caer una queja: "lo que más me llama la atención de la crítica es que sea precisamente la izquierda la que me ve mal como escritor. Periódicos ubicados más a la derecha han sido muy contemplativos con mis libros y me han dado para adelante. Me parece rarísimo. Uno a priori pensaría que la izquierda es más liberal en la vida de la gente… más tolerante".
Una trilogía erótica
"Los secretos de Romina Lucas" es la primera parte de una trilogía cuyo eje central es la infidelidad. Le seguirán a mediados de noviembre "Horas-puente", sobre el amor clandestino de dos docentes de secundaria casados; y termina sobre fin de año con "Ulisa", sobre un hombre, también casado, que se empieza a obsesionar con Luisa, una ex-amante ya muerta. "Los secretos..." cuesta $ 230 y consta de 117 páginas.