Letizia Ortiz princesa ante todo

Los futuros reyes de España cumplieron ocho años de matrimonio, lapso en que la experiodista se lució y se mantuvo alejada de los escándalos.

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Pasaron ocho años desde que Letizia Ortiz se convirtió en la princesa de Asturias. De ese día en que se la tildó de seria en extremo en la boda, en que los analistas se preguntaban cómo esa experiodista se desenvolvería como miembro de la familia real, en que los conservadores destacaban que era divorciada y los más liberales se congraciaban por ello. Un tiempo prudencial para que varias de las incógnitas de a esta altura típica historia de la plebeya que conquistó al heredero se hayan disipado.

Para empezar, lo cierto es que Letizia Ortiz no ha protagonizado en estos años ningún escándalo. Eso, en una familia real salpicada en los últimos meses por las imputaciones a Iñaki Urdangarin, el disparo en el pie de Felipe Juan Froilán (13), nieto mayor de Doña Sofía y Don Juan Carlos, y el revuelo causado por la difusión del viaje del rey a cazar elefantes en Botsuana, no es un dato menor. Nada menor. Incluso, en los últimos tiempos, la prensa española ha llegado a calificar a Letizia como "la salvadora", "la esperanza" o "el valor seguro" en la complicada familia real española.

Otra cuestión a tomar en cuenta: en estos años, la princesa de Asturias ha hecho, básicamente, lo que se esperaba de ella. Tener descendencia, permanecer en un segundo plano, trabajar junto a su marido. Eso fue justamente lo que el príncipe Felipe de Borbón decidió mencionar el martes pasado, día del aniversario de la boda. Habló de "deber compartido". Y eligieron para ese día mostrarse juntos y trabajando, en una agenda que cada vez aparece más recargada debido a los problemas de salud del monarca.

El lugar para la aparición pública, como todos los movimientos de la pareja, fue elegido con cuidado. Visitaron un centro de Cáritas, que promueve un taller para jóvenes en situación vulnerable. Incluso, el príncipe se refirió explícitamente a su voluntad de compartir el aniversario con los "compatriotas a los que la crisis está afectando muy directamente y viven una situación muy difícil".

La imagen de la pareja, juntos, con miradas cómplices y sonrientes, recibidos por vecinos que habían adornado sus ventanas y los aplaudieron al verlos, contrastó con lo sucedido sólo diez días atrás, cuando los reyes de España cumplieron sus bodas de oro. No hubo festejos, ni públicos ni privados. Tampoco actos, ni actividades conjuntas, muestra explícita de un matrimonio que no parece tener mucho amor para celebrar.

LUCES Y SOMBRAS. En estos ocho años Letizia ha cuidado mucho su perfil. Fueron pocas las veces que ha hablado en público, varias de ellas de temas relacionados con el periodismo, en los que convocó a sus excolegas a ir tras las raíces de la profesión, con rigor y seriedad. Y reconoció públicamente que ahora ve desde un punto de vista radicalmente distinto el debate entre dónde está el límite de la intimidad de las personas públicas.

En estos años la princesa de Asturias ha protegido su privacidad, y a su vez, intenta llevar con su marido y sus hijas una vida lo más normal posible. Van con Leonor (6) y Sofía (5) al parque y las llevan a hacer compras en grandes tiendas populares. Además, frecuentan restaurantes de nivel medio, cines y el príncipe suele conducir y cargar combustible. De todos modos, las niñas tienen claro que no son dos pequeñas más. "Mamá, ¿en qué trabajas?", le preguntó un día la infanta Leonor a su madre. "Por España hija, para tratar de mejorar mi país", le contestó, según publicó Vanity Fair.

En ese reportaje, una de las amigas de la princesa -a quienes usa como vehículo para trasladar mensajes que no puede expresar en público- contó que "lo que de verdad le ha molestado es leer y oír cosas que no se ajustan a la verdad, la invasión de la vida privada de su familia o de la gente que quiere". En los últimos días su hermana Telma intentó -sin éxito- casarse en secreto para justamente evitar a los medios de comunicación.

Pese a vivir en un palacio los allegados de Letizia aseguran que la princesa tiene claro cuánto cuesta andar en metro, el precio de un kilo de merluza, la mensualidad del colegio o cómo reclamar un recibo de agua. En sus apariciones suele vestir prendas de bajo costo y repetir trajes y chaquetas, un gesto bien visto en tiempos de crisis.

Sus amigas aseguran que ven a la princesa más que antes. "Ayer mismo trajo a sus hijas a merendar a casa. Hacemos cenas, a veces, en restaurantes mexicanos que ella adora", contaron en un reportaje de 2010.

De todos modos, diversos analistas han señalado que Letizia mantiene una "aparente frialdad" que hace que la opinión pública no la termine de sentir cercana. Además, en estos años los rumores de que padece anorexia aparecieron una y otra vez. El último fue en noviembre pasado, cuando visitó Chile y su delgadez fue el comentario excluyente en el Palacio de la Moneda y de los medios.

Puertas adentro, también se han tejido especulaciones sobre las actitudes de la princesa. Por un lado, señalan que tiene un diálogo muy franco con su marido. Pero también afirman que la relación con sus cuñadas dista de ser la mejor. Incluso, se llegó a manejar que no se hablaba con el rey Juan Carlos. Sea como sea su relación con ellos, el dato puede ser considerado un detalle en una monarquía con protagonistas que en los últimos meses han estado unidos a la palabra escándalo. Lo cierto es que pasaron ocho años y que ella demostró ser princesa ante todo.

El mundo miró hacia Madrid

Hace ocho años los ojos del mundo estaban puestos en la catedral de la Almudena de Madrid. Felipe de Borbón y Grecia, heredero de la corona, se casaba con Letizia Ortiz. Era la primera boda real en 97 años. Hubo 1.700 testigos directos privilegiados, entre los que se encontraban representantes de 36 casas reales europeas y más de 20 jefes de Estado.

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