DE PORTADA

La legión extranjera de profesores que educan a los uruguayos

La Universidad Tecnológica del Uruguay (UTEC) tiene en su staff a unos 60 docentes internacionales, que llegaron para radicarse en el interior y formar a los futuros científicos uruguayos.

docente UTEC
Una clase de ciencia en la UTEC. Foto: UTEC.

Llegaron de muchos países latinoamericanos: Venezuela, Cuba, Brasil, Colombia... Y vinieron a formar a los futuros ingenieros, técnicos y científicos uruguayos. Hasta hace unos años hubiesen arribado a Montevideo, donde se habrían instalado y trabajado. Ahora, sin embargo, desembarcan en San José, Fray Bentos, Durazno, Rivera...

Aquella canción de Pablo Estramín "Morir en la capital", un clásico en el cancionero uruguayo y que reclamaba que hubiese algo en el interior para no tener que siempre tener que hacer todo en la capital, tuvo una suerte de respuesta cuando se votó, por parte de todos los partidos políticos con representación parlamentaria, la creación de la Universidad Tecnológica de Uruguay (UTEC). Eso fue en 2012, durante la presidencia de José Mujica. La UTEC, empero, empezó a funcionar hace cuatro años.

Como ocurre en muchos casos cuando arranca un emprendimiento, hay que ir a buscar lejos lo que no siempre está al alcance de la mano. Por eso, la UTEC, mediante los mecanismos de los que disponía (ver recuadro en la próxima página), se propuso reclutar a docentes extranjeros para suplir lo que en el país, por distintas razones, no había. Así, comenzaron a llegar cubanos, venezolanas, colombianos, brasileñas y gente de otras nacionalidades, para enseñar, pero también para aprender a tomar mate, a extrañar el café o a ir a cuanto asado estuvieran invitados.

Colombia

Johan Duque - UTEC
Johan Duque. Foto;: UTEC.

Johan Duque tiene 27 años y es de la ciudad de Pereira, en el departamento de Risaralda, ubicado en el noroeste de Colombia. Esa localidad es parte del “eje cafetero” colombiano y el café es una de las cosas que más extraña Johan de su país.

Es ingeniero físico y vive en Durazno. Llegó en enero de este año y venía con muchas expectativas e ilusiones. No es que se haya desilusionado, pero cuando arrancó la pandemia tuvo que apechugar en solitario. Había venido solo y, de un día para el otro, tuvo que confinarse en su hogar y empezar a adaptarse a las clases a distancia. “Fue una manera de medirme, de ver cuánto aguanto. Y lo superé. Me he adaptado muy bien a la vida acá e incluso revisé muchas cosas que pensaba de la enseñanza a distancia. En Colombia era muy escéptico a la formación virtual, pero acá he logrado desmitificar muchas cosas sobre eso”, relata.

A Johan, como a otros, les sedujo la idea de venir a Uruguay a encarar un reto: hacer un aporte a un proceso incipiente. No les importa que para eso se necesite trabajar mucho, casi que al contrario. Una de las docentes consultadas para esta nota dijo incluso que cuando termina de dar clases no sale cansada, sino con mucha energía.

Pero adaptarse también tiene sus costos. Para Johan, por ejemplo, eso se expresa en que extraña el café. “Lo que se toma acá no se parece en casi nada al que yo tomaba allá. Sabe más fuerte y como más ‘quemado’. Además, como yo vivía en el eje cafetero también extraño toda la cultura que se da en torno al café. Es como ustedes con el mate”, dice para ilustrar que no se trata únicamente de poner yerba en un mate y echarle agua caliente. Los rituales, los dichos que surgen en torno al consumo, los vínculos que se daban cuando uno comparte el mate con otro (pre COVID-19, claro), todo eso que hace a un ambiente en el cual se comparten costumbres y códigos. Por lo demás, Johan cuenta que, aunque hay algunas diferencias en cuanto a la interacción social, ha logrado hacer amigos y que en una situación hipotética se quedaría en Uruguay “a comer asado todo el tiempo”.

Educar en pandemia

¿Cómo afectó la pandemia el trabajo académico? De acuerdo a lo que explica por WhatsApp la encargada de comunicación María Paz Sartori, la UTEC abordó la cuestión como si se tratara de un programa de televisión. “Se montó un estudio de grabación con luces, cámaras, edición de video y un lightboard que funciona con marcadores fluorescentes en una pantalla transparente que se ilumina”. Con ese equipamiento, las clases de los profesores se graban y, luego de grabadas, se trasmiten a los alumnos. Después de la transmisión hay lugar para instancias de intercambio y trabajo, tanto con los estudiantes como entre los profesores. “Es un paquete que UTEC estuvo implementando en esta pandemia, ya que la universidad se puso una meta: llegar a dar hasta el 70% de clases virtuales para el año 2025”. Ese plan, aclara, fue “elaborado incluso antes de la pandemia y forma parte del esfuerzo para llegar a estudiantes de todo el país y favorecer el acceso a la educación universitaria en el interior”.

Venezuela

Yamilé Lara Rojas
Yamilé Lara Rojas. Foto: UTEC.

Yamilé de los Ángeles Lara Rojas tiene 39 años. Es ingeniera, como sus padres, y se vino a Uruguay primero a trabajar como consultora de ingeniería. Pero cuando le surgió la oportunidad no lo dudó: se fue a dar clases de ingeniería mecatrónica a UTEC Fray Bentos. La mecatrónica es un área en la que se aprende a resolver problemas en dispositivos y sistemas que involucren la mecánica, la energía eléctrica y la electrónica. O sea, una asignatura literalmente multidisciplinaria. Para ella venir a Uruguay a enseñar fue, en cierta manera, retribuir lo que Venezuela hizo en su momento por sus padres. “Mis padres son del interior (de El Tigre, en el estado de Anzoátegui). Cuando ellos eran ‘gurises’, como dicen ustedes, no habrían podido estudiar en la universidad porque donde ellos vivían no había universidades cerca. Se tendrían que haber ido a la capital y no hubiesen podido costearlo. Pero en 1969 se creó la Universidad de Oriente, que también es una universidad tecnológica y que llegó al interior. Y ahí estudiaron y se recibieron de ingenieros. Cuando yo nací, ya tenía otras posibilidades. Me acuerdo que cuando éramos niños, nuestros padres nos contaban que cuando iban a la universidad tenían profesores chilenos, franceses, de otras nacionalidades. Porque la mayoría de los profesores venezolanos ya estaban trabajando en universidades en Caracas y se necesitaban nuevos docentes que quisieran o pudieran ir hacia el interior y trabajar ahí”, relata Yamilé, como cerrando un círculo histórico y familiar. Para ella, lo que se está haciendo en el marco de la UTEC es positivo. Tanto así que hasta prefiere vivir sola. “Con todo el trabajo que tengo y todo lo que tengo que estudiar es mejor vivir sola. Además, me encanta dar clases. Yo no salgo cansada del trabajo. Salgo con mucha energía”, afirma.

Brasil

Alice Martins - UTEC
Alice Martins. Foto: UTEC.

Alice Martins (33) ya conocía Uruguay. Ya había vivido en Maldonado con su pareja, a quien conoció en Brasil y es fernandino. A su pareja el paisito le tiraba y siempre hablaban de volver acá. Cuando se enteró de que podía haber un puesto en UTEC Durazno para ser docente de Ingeniería Ambiental, se decidió. “Me está gustando mucho. Me impresionó el nivel de la UTEC. Imaginaba algo más chico, con menos desarrollo, pero hay equipos, hay personal. Esto está recién empezando y tiene todo un futuro para desarrollarse, lo cual motiva. Me parece que va a haber un desarrollo interesante, no solo a nivel nacional sino también en el continente. ¿Por qué digo eso? Porque vengo de la Universidad de San Pablo, la mejor de América Latina e incluso competitiva con universidades europeas y estadounidenses. Y lo que veo acá en, por ejemplo, cuanto a equipos, es similar. Se está invirtiendo y adquiriendo. Es bastante impresionante teniendo en cuenta que Uruguay es un país chico”.

Para Martins, salir de una ciudad tan cosmopolita y con una actividad cultural tan importante como San Pablo y llegar a Durazno fue un cambio grande, pero ella menciona la comida como un factor diferencial. “Ustedes nunca van a entender la importancia que tiene el arroz con porotos para nosotros. Eso tiene que estar siempre en nuestra cultura. Acá hay porotos y hay arroz, pero no es lo mismo”, comenta Martins y hace acordar a lo que decía Duque sobre la cultura del café.

¿Se va a quedar en Uruguay?: “No sé, pero por lo menos cinco años más me voy a quedar. El primer año fue todo adaptación y de plantar semillas. A partir de ahora, quiero ver qué resulta de lo que hice, ver qué frutos da”.

Cuba

Manuel Cuadra - UTEC
Manuel Cuadra - UTEC

Manuel Cuadra tiene 50 años. Es ingeniero electrónico, pero después de completar su maestría en Ingeniería Biomédica, se especializó en ese saber. Y eso le calzó perfecto a la institución. No había, hasta ahora, una carrera académica en Ingeniería Biomédica.

Manuel es uno de los rostros de un video institucional de UTEC (junto a su esposa). Tal vez lo eligieron por su facilidad de palabra. A Manuel le encanta hablar, le encanta comunicarse con otros. “Hay algunas personas que se quejan”, dice entre risas, “pero bueno... Yo crecí en un hogar donde se hablaba y se leía mucho”. Es, además de verborrágico, un trotamundos. Ya vivió en Italia, Canadá y Colombia, donde conoció a su esposa, y ahora llegó a Uruguay para radicarse con su familia (que incluye a dos hijas, una de 8 y otra de 14) en Fray Bentos.

Ya sabía algo de Uruguay. “Sí, estaba al tanto de algunos indicadores sociales que me parecían muy buenos”, pero hubo otros factores que influyeron en la decisión de venirse con su familia. Una, la seguridad. Manuel viene de vivir los últimos ocho años en Bogotá, y cuando nació su segunda hija, le pareció que la capital colombiana no era el ambiente más propicio para ella. Y otra, que se trata de un país latinoamericano. “Cuando vivía en Canadá, muchos me preguntaban por qué no me quedaba. Hubiese podido hacerlo. Pero es que para mí la cultura anglosajona me resulta muy dura. En Italia había al menos algunas similitudes que me acercaban a la cultura latinoamericana”.

Como ya quedó claro, a Manuel le gusta mucho moverse. “Somos una familia que nos gusta viajar y conocer, nos gusta ir a diferentes lados. De no haber sido por la pandemia, ya hubiésemos ido a todos los departamentos del país, ya hubiésemos conocido todo Uruguay. Ahora bien: yo vine y me encontré con lo que esperaba, que es la tranquilidad y la seguridad. Mis hijas tienen amigos y aunque no conozco tanto a sus padres, confío en que estarán bien. Algunos uruguayos me han contado que la seguridad es una de sus principales preocupaciones. Yo les digo ‘ojo, miren el contexto’, pero también entiendo: en la casa de uno, uno quiere que todo sea perfecto o tienda a la mejoría. Además, yo vivía en Bogotá y llegué a Durazno, que es una ciudad chica. Eso también lo sé”, apunta para que quede claro que no vive en una nube, que tiene los pie en la tierra.

Él y los otros inmigrantes ya pusieron los pies en la tierra uruguaya para transmitir sus conocimientos y experiencias. Seguramente, algunos nietos del futuro escucharán a sus abuelos contar que cuando estudiaron tuvieron profesores con acentos curiosos.

Con profesionales de tantos países viviendo en localidades comparativamente chicas es previsible que surjan choques o diferencias culturales. Y, como en una ciudad pequeña las cosas se notan más, la UTEC tomó la previsión de formar una comisión multicultural. De acuerdo a lo que la encargada de comunicación María Paz Sartori, se trata de la Comisión General de Diversidades (que tiene una subcomisión) que se constituyó porque, en palabras de la jerarca Nelly Beguerie, “se entiende que las diferencias culturales son algo a destacar, valorar y trabajar en la interna del organización”. Pero no es solo a los extranjeros a los que se tiene en mente. También se está pensando en compatriotas. En Uruguay hay una migración que llega de afuera (un fenómeno novedoso en un país que durante décadas expulsó a uruguayos por el mundo), pero también hay un movimiento migratorio interno entre Montevideo y los restantes departamentos. Y como es cada vez menos frecuente que alguien nazca y permanezca en un mismo lugar toda su vida, se entendió necesario atender el tema.

Institucional

Cómo llegaron a la UTECa

María Padrón y Juan Manuel Cáceres, dos integrantes del equipo institucional que tiene a cargo el relacionamiento con los docentes extranjeros, explican a Revista Domingo que la Universidad Tecnológica del Uruguay tiene (UTEC) actualmente 61 profesores extranjeros en un staff de 300 docentes en total. A todos los puestos de docencia se accede por concurso, no hay designaciones directas y la nacionalidad no es un criterio a evaluar. Para incentivar que el personal necesario para llevar a cabo los cometidos de la UTEC se radique en el interior uruguayo, hay un incentivo económico. El primer año, al docente universitario se le otorga una partida adicional al sueldo llamada “partida por desarraigo”, y que representa 40% del sueldo nominal. Luego, en el segundo año, la partida por desarraigo es 20% del valor del sueldo nominal, y el tercer año, 10%. El tercer año es el último en el cual se concede ese estímulo financiero. A su vez, cada docente firma contrato por un año, con la opción de renovar el mismo por tres años más, si se cumplen las metas.
“Es todo un desafío articular las necesidades y las aspiraciones de quienes llegan a Uruguay de otros países para trabajar como docentes universitarios”, dice María Padrón. “Hay culturas de trabajo diferentes, otras costumbres referidas a la vida familiar y social, algo que hemos visto manifestarse muchas veces. Es un desafío para que ellos se integren y para que la sociedad que los recibe, también los integre”. Juan Manuel Cáceres, por su parte, explica que hay todo un trabajo para hacer previo a la llegada de los profesionales a Uruguay. Hay que informar sobre cómo afiliarse a un prestador de salud, cómo hacer distintos trámites, cómo funcionan muchas cosas. “A muchos les llama la atención nuestro sistema de salud, por ejemplo”. Por otro lado, Cáceres resalta que a medida que los docentes extranjeros van asentándose en sus trabajos y sus localidades, empiezan a comunicarle a colegas de sus respectivos países qué es la UTEC, cómo funciona y qué posibilidades ofrece. De esa forma, la universidad empieza a crear y fortalecer lazos académicos y personales con otras universidades. “Eso contribuye al desarrollo de la UTEC”, comenta Cáceres.

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