Las carteras artesanales de modelo único que crearon dos amigas sanduceras y que hoy les llenan el alma

"Bianca" es el emprendimiento artesanal que Inés Rossi y Sandra Pereira crearon en Tacuarembó, donde surgió su amistad. Hoy sus carteras de cuero y variadas intervenciones son cada vez más solicitadas.

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Inés Rossi y Sandra Pereira, creadoras de las carteras Bianca.

La pandemia, el encierro, dos familias que se juntan en el campo para aliviar las condiciones de confinamiento y de pronto surge la idea. A Inés Rossi (58 años) y Sandra Pereira (61) se les ocurre crear una cartera echando mano a unas herramientas básicas que había en la casa. El resultado las entusiasma y las impulsa a seguir experimentando. Entonces vendrían más carteras y esa pregunta de sus conocidos que sirvió como espaldarazo final: “¿Por qué no empiezan a hacer para vender?”

Inés y Sandra son amigas gracias a que sus hijos eran compañeros de clase en el Colegio San Javier de Tacuarembó. Si bien ambas viven desde hace años en este departamento, son sanduceras. Inés es de la ciudad de Paysandú, en tanto Sandra es de Tambores; ambas se casaron con tacuaremboenses y eso determinó la mudanza.

“Nos hicimos amigas y fuimos compartiendo distintas cosas”, cuenta Inés, quien comenzó por vincularse al Garden Club de Tacuarembó.

Por el lado de Sandra, trabajó en una farmacia durante muchos años, donde entre otras cosas se ocupaba de armar la vidriera.

Las dos demostraban gran habilidad para la decoración y el diseño, por eso siempre las llamaban del colegio de sus hijos para participar en el arreglo de las misas, las comuniones, el día de San Ignacio. “Éramos las madres convocadas”, apunta Inés.

El tiempo quiso que terminaran trabajando en este colegio jesuita: Inés como coordinadora de los cursos de inglés y Sandra como docente de Artes Visuales. “Tengo de primero a sexto año de Primaria”, cuenta.

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Cartera de "Bianca".

Cuando en pandemia se juntaron en el campo del esposo de Sandra, Inés ya estaba separada de su marido.

“Encontramos un sacabocado, una regla, alguna piecita… Compramos unos cueros y sacamos el molde de una cartera que yo tenía”, recuerda Inés de la primera cartera que hicieron, tipo bolso. Luego se animaron a hacerles intervenciones, ya sea pintándolas o sumándoles herrajes, remaches o aros.

“La idea siempre fue no hacer dos carteras iguales, sino que fueran piezas únicas. Tú te llevás una cartera de Bianca —así bautizaron al emprendimiento— y sabés que no la va a tener nadie más”, destaca.

Por ese entonces también hacían cuadros que combinaban con cuero o con borlas de lana.

“Al principio era Bianca Bags and Home, pero con el tiempo fuimos dejando los cuadros y nos quedamos solo con las carteras”, señala Sandra.

Sus hijos —dos varones cada una— fueron fundamentales para armar la página de Instagram que hizo que todo se disparara. La pandemia favoreció el comercio a través de las redes y eso les vino muy bien. Así fueron sumando seguidores, hoy superan los 5.000 y la mayoría de las ventas las concretan por esta vía. “Ahora nos damos maña. Recurrimos a la inteligencia artificial más que nada para que nos ordene, como si fuera un diseñador gráfico”, explica Inés sobre sus posteos.

Como apunte anecdótico cuentan que Inés es la que hace de modelo, pero con la condición de que no se vea su rostro. “Nos preguntan ‘¿la modelo por qué no muestra la cara?’ Yo le saco de todas las formas, pero no hay manera...”, bromea Sandra.

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Cartera de "Bianca".
El trabajo

Una tarea artesanal que lleva su tiempo

No nos gusta repetir modelos”, dice Inés sobre las carteras de Bianca. Junto a Sandra crean los diseños y los publican en Instagram. Eso quiere decir que no trabajan por encargo, aunque aceptan que les pidan una “como tal cartera”. “Se hace, pero nunca va a ser idéntica. Se usa una combinación dentro de las tonalidades con otro cuero o se le pone distintos herrajes o la costura se hace diferente o se le da una pátina de dorado”, explica Sandra, la responsable de pintar si el diseño así lo requiere.

“Es una tarea artesanal que da mucho trabajo, por eso nos lleva mucho tiempo hacer una cartera”, apunta Inés y estima un promedio de entre dos y tres días para cada pieza. Hay que tener presente que, al no ser la principal actividad de estas artesanas, lo hacen cuando disponen de tiempo, por lo general, los fines de semana.

Al principio trabajaban juntas, con el tiempo pudieron comprar las herramientas todas duplicadas y cada una lo hace en su casa. “A su tiempo”, acota Inés. “Pero compartimos la diaria porque nos vemos muchísimo e intercambiamos ideas”, aclara.

En el mes, salen entre seis y ocho carteras nuevas. Para confeccionarlas, comenzaron guiándose por muchos sitios web o tutoriales. También se nutren de lo que van viendo, por ejemplo, en viajes que realizan. “En enero me fui a Italia y me llamó la atención un tipo de carteras chiquitas, extendidas. Traté de llevarlo a lo nuestro, ver cómo podía salir y resultó un modelo que ha gustado mucho”, relata Inés. “Cuando la gente se va de viaje mira distintas cosas, yo miro carteras”, comenta entre risas.

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La cartera de "Bianca" inspirada en un viaje a Italia.

Darse a conocer

En su momento apostaron a una única feria navideña que se hace al aire libre en Tacuarembó y en la que dijeron presente durante unos tres años. “El objetivo era que nos conocieran porque a veces la propia gente del departamento no sabía que nosotras hacíamos las carteras. ‘¡No te puede creer que son de acá!’, nos decían”, relata Inés.

También incursionaron por algunas ferias de Montevideo a pedido de amigas y de Colonia las llegó a contactar una española que tenía una zapatería “en una esquina muy linda” para vender sus carteras. “Después, por problemas de salud de su madre se tuvo que ir a España y se cortó el vínculo”, lamenta Sandra y agrega que también estuvieron un tiempo en la boutique de Lapataia (Punta del Este).

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Cartera de "Bianca".

No cuentan con un local, pero tampoco es su interés tenerlo. “Por ahora es un emprendimiento muy caserito”, dice Sandra. “Para el reto que tenemos nosotros de producción estamos bien así porque nos gustan que las carteras estén bien terminadas, prolijas. En todos estos años no hemos recibido ni una queja”, comenta orgullosa Inés.

No descartan que más adelante, cuando se jubilen y dispongan de más tiempo, Bianca pueda crecer y transformarse en otra cosa.

Por el momento ambas destacan que esta aventura representa para ellas mucho más que hacer carteras. “Nos divierte, es algo que hace mucho bien al alma y nos saca las preocupaciones. No sé cómo decirte… es una terapia”, describe Inés. “Una muy buena terapia”, remata Sandra.

Historias

Extranjeros curiosos y una compra a escondidas

En estos seis años de vida que tiene Bianca, son muchas las historias que han atravesado sus creadoras.

Inés cuenta que en una oportunidad estaba haciendo la cola para el laboratorio de su mutualista y vio a una mujer con una cartera que le resultó conocida. “¡La había hecho yo! Me daban ganas de decírselo”, señala y agrega que no pudo acordarse en qué momento se la habían vendido.

“Es una satisfacción cuando vas por la calle distraída, de repente mirás a la persona que tenés adelante y decís ‘¡esa cartera es Bianca!”, comenta Sandra sobre algo que les suele suceder en Tacuarembó.

Otra vez les pasó que estaban produciendo en la casa de Inés, en un lugar cuyos ventanales dan a una avenida. Un matrimonio comenzó a mirarlas a través de la reja y a hacerles seña. Tocaron el timbre y comenzaron a formularles preguntas sobre las carteras que habían visto colgadas desde afuera. “Eran extranjeros, hablaban entre inglés y español. Los invitamos a pasar y quedaron encantados con el trabajo, la prolijidad, la originalidad. Fue un momento realmente muy lindo... ¡aunque no compraron nada!”, relata Sandra a las risas.

Otro momento jocoso que les viene a la mente fue cuando las contactó una mujer de Montevideo que iba en viaje a Rivera y les pidió para pasar a ver los modelos. Era un sábado a las cinco de la tarde y cuando Inés salió a recibirla no vio ningún auto. La señora había dejado al marido esperando un poco más lejos para poder elegir con tranquilidad. Compró tres carteras y cuando se las fueron a envolver, dijo: “No, olvidate, meté todo en una sola bolsa, que mi marido no las vea”. La compradora no quería que su esposo viera todo lo que había gastado en Bianca.

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Cartera de "Bianca".

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