Una mujer de un metro veinte de altura emociona, semana a semana, a una audiencia millonaria y anónima. Decenas de mujeres de un metro setenta, bronceadas y de medidas voluptuosas hacen vibrar, noche a noche, a un público que, aunque acostumbrado, reclama y agradece en silencio la exposición continuada de senos, nalgas y entrepiernas. Un canal abierto, en horario prime time, transmite de abril a diciembre, todos los días, un espectáculo en el que los insultos, conflictos interpersonales, chistes fáciles y chicas hermosas signan a fuego el vínculo entre el producto televisivo y la recepción del otro lado de la pantalla. Un show que aún ahora, en verano, alimenta a múltiples programas satélites.
Menopáusicas, ancianas, maduras, preadolescentes, rockeros de 20, intelectuales con barba de 40, cuasijubilados de 60; todos se indignan, todos aseguran que no lo ven, todos despotrican y declaran que es moralmente bajo, culturalmente idiota y socialmente denigrante. Todos somos inocentes. ¿Pero quiénes fueron, entonces, las 116.187 personas que, según Ibope, miraron en promedio cada noche de 2011 ShowMatch en Uruguay?
"No nos debería asombrar que en nuestra época, programas conducidos por Marcelo Tinelli, que muchos críticos no vacilan en calificar como una nueva forma de barbarie, despierten el interés de buena parte de las audiencias, como ocurrió hace unos años con el mismísimo Don Francisco", explica el comunicólogo y profesor de semiótica Fernando Rius.
Marcelo Tinelli y su programa no definen a los uruguayos. Sin embargo, los expertos consultados por Revista Domingo coinciden en que es posible entender a través del éxito de este show ciertos rasgos de la sociedad que van más allá de la pantalla.
ESPECTÁCULO. ShowMatch es algo más que un simple espectáculo de entretenimiento. Aún cuando el productor Pablo "Chato" Prada, quien acompaña al conductor hace 18 años, dice que "simplemente se hace un programa de televisión". El atractivo excede a la pantalla chica. Es un contenido que alimenta a múltiples productos subsidiarios. Es la congregación de toda la familia frente a un mismo televisor, en tiempos en los que las audiencias tienden a fragmentarse.
"El mercado televisivo está ultrasegmentado -más canales y programas dedicados a intereses diversos. Sin embargo, Tinelli ha conseguido un producto hegemónico y duradero. Logró reunir a diferentes públicos, al tiempo que los segmenta en programas satélites", analiza el psicólogo social Juan Fernández Romar.
Desde el rico hasta el pobre, el de izquierda y el de derecha, la madre con la hija y el abuelo se complacen en mirar un programa que los desenfoca de su jornada agotadora. "La sociedad busca, a las últimas horas de la noche, un esparcimiento leve y simpático que no lo haga pensar mucho", opina el periodista Pablo Sirvén, secretario de Redacción del diario argentino La Nación. "Todo pasa rápido, es un formato muy cómodo. Uno se sube o se baja cuando quiere y siempre se entiende todo", dice. Y para sumarse basta con sentarse en el sillón y apretar el botón de encendido.
La televisión rioplatense tiene más de 60 años de historia y casi un tercio de vigencia de la tinellización. Es que su mentor "tiene un radar y un olfato absoluto para saber lo que hay que hacer en cada momento para tener pegada a la audiencia", asevera Sirvén, experto en televisión. Su carisma y estilo contagia, aún a los más reacios. Se trata de un conductor ágil que jamás ostenta su riqueza. Todo lo contrario. "Tinelli aparece como un personaje cercano, humano y barrial. Exhibe con pudores su vida privada, gestiona de manera muy clara la información de sus relaciones y oscurece cualquier dato sobre su fortuna o negocios", dice la magíster en Estudios Culturales Mónica Stillo. Es una imagen costumbrista y cercana, como lo fueron Alberto Olmedo y Jorge Porcel en las comedias populares durante la dictadura argentina.
Pero las palabras "dictadura" y "justicia" no forman parte del diccionario tinellizado (salvo que se involucre a una integrante del jurado con un represor argentino de la década de 1970). "El abandono, la violencia de género, la pobreza, la discriminación, la injusticia se transforman en decorado, en simples rasgos de escenario, en trasfondo y remedo. Las historias más terribles no habilitan ninguna forma de interpelación al espectador, ya que éste no es el objetivo del show, que se propone como una oportunidad para olvidar o negar", afirma Stillo.
Tinelli se reduce a moderar a los personajes absurdos que desfilan por su estudio de mil metros cuadrados. Actores que, desde su ridiculez, "tienen historias que contar, pero todos cuentan la misma historia: conflictiva, tensa y mezquina", puntualiza Stillo. Narraciones personales que son vaciadas de contenido político o social para transformarse en otra faceta del show.
IMPACTO. El programa supera toda coyuntura social. No sabe de partidos políticos ni de reglas. O, como cuenta su productor, sólo busca "generar impacto del modo en que se ve". Tinelli "convivió con abruptos cambios de época, como los gobiernos de Menem, De la Rúa y los Kirchner, sin la menor pérdida de audiencia, y viró de las cámaras sorpresas al humor político, y de allí a los certámenes de baile, canto y patinaje", explica Sirvén.
La gente es ignorante. Esa es la respuesta más fácil. Para Stillo se trata de "empresas televisivas que evitan cualquier tema o postura que pudiera ponerlas en un compromiso político o económico, que sostienen líneas editoriales frívolas", y de autoridades "que siguen sin comprender el impacto de los medios en las sociedades y las consecuencias que esto tiene en la calidad de la democracia de nuestros países".
Pero, ¿qué mal puede hacer asistir a discusiones sobre conflictos interpersonales, si forman parte inherente de la vida, ya sea en el trabajo, entre amigos o en el ámbito familiar? ¿Qué mal puede hacer un rato de humor fácil, lleno de lugares comunes y de referencias sexuales hechas a base de un doble sentido casi adolescente, si probablemente los últimos chistes de conocidos tampoco fueron precisamente brillantes?
El psicólogo social Fernández Romar advierte que "el programa puede generar un efecto de la vida espectacularizada. Esto genera inseguridad: las chicas sienten que nunca están a la altura del modelo que se les presenta y los varones compiten con un ideal de `yo` que es irreal. Ante eso, lo único que uno puede hacer es sentarse en el sillón, destapar una cerveza y brindarse al sarcasmo".
Aún así, la influencia no es absoluta. En eso coinciden todos los expertos. "Ningún adolescente va a conformar su identidad bajo la coerción aislada y unilateral de este tipo de programas", indica Rius. En sintonía, el periodista de La Nación afirma que "aquellos que sólo se exponen a Tinelli y a la infinidad de programas satélites que lo repiten quedarán más expuestos a su educación informal". Pero no es determinante. Stillo, por ejemplo, señala que basta repasar el hecho de que "los adolescentes que se criaron viendo los programas conservadores y puritanos de los años 50 y 60 protagonizaron las movilizaciones más revulsivas y rupturistas de las que tengamos conocimiento a partir de 1968".
SMS. Con sólo enviar el nombre del participante favorito al 13013 uno se siente realizado. Partícipe. Influyente. "En ShowMatch el desenlace será vivido en tiempo real por todos y dependerá, a su vez, de la intervención del público; o, por lo menos, esa es la fantasía", expresa Stillo.
En esa ilusión, la audiencia percibe un poder único: la posibilidad de decidirlo todo, aún pasando por encima del único ídolo del show, que es precisamente Tinelli. Pero el encanto está lejos de hacer al programa un espacio de democracia real. "La participación del público mediante la telefonía celular, por ejemplo, es un mero recurso técnico al servicio del espectáculo, más próximo a la lógica de los sondeos y estudios de mercado que a un espíritu puramente democrático", dice Rius.
Cada mensaje de texto implica dinero. Esa ganancia se suma a la estrategia de Tinelli: vender audiencias. Unas 166.494 personas miraron el programa el 16 de mayo, la noche con más espectadores, según Ibope. "El público quiere tal cosa; tal cosa le damos. Y si le damos tal cosa y tenemos al público, le podremos dar ese público a los anunciantes. Y los anunciantes nos darán sus anuncios", expresa Rius.
INNOVACIÓN. "Hemos modernizado el reality show", asegura "El Chato" Prada. Una creación con el sello de la productora Ideas del Sur, pero que toma el formato de "Bailando por un sueño", ideado por la empresa mexicana Televisa.
La impronta argentina se nota. "Combina la estética revisteril porteña, la exhibición del cuerpo y la acrobacia del circo; lo grotesco del humor negro, el teatro off, vodeviles y el machismo futbolero de Maradona", enumera Fernández Romar.
Con este escenario, el baile se reduce a un adorno. Los participantes exhiben todo y los directores lo muestran en primer plano. "Lloran e involucran a su familia por la pornografía emocional de la televisión", explica el psicólogo social. Y así se rompe con cualquier límite impuesto por el espectáculo conservador.
Es que en la producción "no hay límites", asevera "Chato" Prada. "Tenemos una base de lo que es el certamen, y sobre esa base tratamos de buscar más figuras (algunas que ya pasaron, otras nuevas e internacionales) e incorporar otros ritmos. Es el ejemplo del cuarto giratorio que armamos el año pasado o de la cantidad de piscinas del aquadance. Este año implementaremos una fosa con un ascensor y rieles en la parrilla para generar pruebas aéreas. Más allá del estudio, no tenemos límites", sentencia.
Pero con el envase del género televisivo no alcanza. Hace falta un conductor como Marcelo Tinelli, que aparenta justificarlo todo "por los designios del rating", afirma Stillo. Y de la creatividad de productores que deciden qué faceta explotar de cada personaje y en qué tiempos. "El público cree, en su mayoría, que las peleas de la farándula están guionadas o son una mentira orquestada. Pero el espectáculo radica en tomar esa ficción como realidad", indica el psicólogo social. El "Chato" Prada parece opinar distinto y se altera visiblemente ante el planteo de que las discusiones de ShowMatch sigan un curso preestablecido: "Si me decís que las tensiones son guionadas me estás faltando el respeto. ¿Terminamos acá?".
¿Por qué la pelea vende?
En el Imperio Romano los patricios y plebeyos se complacían con las luchas a muerte entre gladiadores. ShowMatch parece no haber innovado nada en ese aspecto. "Una pelea atrae a los fisgones, aún cuando sea sólo una representación o, como le gusta decir a Moria Casán, un acting", explica el periodista de La Nación Pablo Sirvén. El público mira el escándalo como un acto reflejo. O un principio humano. "Si alguien rompe un vidrio detrás de nosotros, inmediatamente nos daremos vuelta para ver qué pasó", agrega.
Siempre los escándalos llaman la atención -léase una pulsión escópica para el Psicoanálisis- y gracias "a la visibilidad potenciada por unos medios en expansión, adquieren mayor resonancia en la vida pública", asevera el docente en semiótica Fernando Rius.
"La mayoría del público cree que las peleas están guionadas"
¿Cómo se crean personajes?
Todo lo que toca Marcelo Tinelli se convierte mágicamente en mediático. "La gracia está en que estos personajes no gozan de gran parafernalia. Son personajes irrelevantes a los que Tinelli sabe sacarles punta jugando con diálogos punzantes y convirtiéndolos en partenaires involuntarios de desopilantes sketches", dice el periodista Pablo Sirvén.
ShowMatch capta a los estereotipos sociales. Los revive y expone. Son personas con características exageradas que obtienen lugar y se vuelven famosos por un rato. "El enano que gana el show está en el olimpo de los medios, muy distinto a las otras personas de talla baja que puedan mirar el programa", explica el psicólogo social Juan Fernández Romar. Por eso todo parece estar "revestido con un barniz de espectacularidad", agrega.
El PERFIL
Emite con nombre y apellido
Hace casi 52 años nació Marcelo Hugo Tinelli. Se crió en Bolívar, a 255 kilómetros de Buenos Aires, e hizo de este lugar un emblema del "pibe de barrio". Con la genética periodística de su padre (Dino Hugo), dio sus primeros pasos mediáticos en Radio Rivadavia en 1975. Fue movilero de fútbol y panelista en intermitentes programas de Canal 13, acompañando a Juan Alberto Badía.
En 1990 dio comienzo a su carrera solista con VideoMatch en Telefé. Desfiló por Canal 9 y Canal 13. Se peleó y se amigó varias veces con sus productores. En 1997 creó su propia productora televisiva (Ideas del Sur).
Organizó maratones en homenaje a su padre. Formó un equipo de voleibol. Tuvo acciones en los clubes Badajoz (España) y San Lorenzo. Cuenta con inversiones empresariales en ambas márgenes del Plata.
Se casó dos veces. Con Soledad Aquino en 1986 y con Paula Robles en 1997. Con cada una tuvo dos hijos. En 2011, como divorciado y haciendo gala de su simpatía, conquistó a Soledad Calabró.
Por momentos se dejó el pelo largo y otras veces optó por el rapado a cero. Tiene sus brazos tatuados con imágenes religiosas en base a bosquejos de su hija Candelaria.
Obtuvo el Martín Fierro de Oro en 1997 e innumerables premios internacionales. Al menos tres libros relatan su historia y, además, le han dedicado varias tesis de grado en las universidades porteñas. Su chacra de descanso es en José Ignacio, donde pasó estas vacaciones.
El carisma del conductor
"El programa es Marcelo Tinelli", dice su productor Pablo "Chato" Prada. Es que, en estas 22 temporadas, el mentor sigue vigente gracias al uso de fórmulas probadas. Tinelli se presenta como uno más. Es un millonario que habla con la jerga de la calle y que actúa con las mujeres en su programa como lo que en el barrio llamarían "un franela". "Para mantener ese personaje, hace gala de no tener ninguna virtud. No tiene un cuerpo cultivado, no habla idiomas, no baila ni canta. Es lo contrario a las figuras de sus programas. Por eso el gran público se identifica con él", dice el psicólogo social Juan Fernández Romar.
Las cifras
22 Son las temporadas ininterrumpidas de Marcelo Tinelli al aire. Las humoradas comenzaron en Telefé en 1990, bajo el nombre de VideoMatch. Estuvo en canal 9 y en el 13.
1.511 Son las menciones que tuvo Marcelo Tinelli en la prensa uruguaya en 2011, según Foco. Steve Jobs, personaje del año fallecido en octubre, acumuló 1.308.
9,7 Fue el promedio de rating de ShowMatch en la televisión uruguaya durante 2011. La cifra representa a unos 116.187 individuos; 16.725 menos que en 2010.