La sinapsis social

LIC. VERÓNICA MASSONNIER

Sinapsis es una palabra que viene del griego y significa "unión" o "enlace". Habitualmente se usa para referirse a los puntos de contacto que se producen en el cerebro, entre una neurona y otra. Desde un punto de vista más amplio, podemos hablar de sinapsis social para referirnos al tejido de las redes que nos integran a nosotros, individuos separados, para generar una comunidad.

Estos días hemos vivido el impacto del rescate de los mineros chilenos. Desde el punto de vista emocional, ha sido una de las escasas instancias en las que un número muy grande de personas, en todo el planeta, se sintió hermanada en una misma expectativa y una misma alegría. Los estudios muestran que este tipo de conexión nace cuando un grupo está reunido con una misión en común, donde la cooperación es más fuerte que el individualismo: allí nacen sensaciones de bienestar y alegría, que se potencian cuando el objetivo tiene que ver con el apoyo, la ayuda o la creatividad.

Ni la tarea aislada ni el esfuerzo egoísta producen la misma respuesta psicofísica. ¿Qué raíces tiene este clima colectivo de expansión? La biología lo explica a través de los compuestos químicos que el cerebro produce cuando se encuentra en sintonía afectiva, mientras quienes estudian los valores lo identifican con los momentos en que el ser humano contacta con "los verdaderos valores", con lo genuino, con el núcleo de nobleza que todo individuo lleva consigo.

Al mismo tiempo, muchos señalan hoy el incremento del individualismo y el aislamiento. De manera preocupante, se apunta que cada vez hay más soledad frente a las pantallas de millones de computadoras, mientras que el tiempo cara a cara es más escaso. Así, la interacción personal se iría reemplazando -de manera gradual pero firme- por los vínculos a distancia, que carecen de la calidez y la profundidad de la mirada, de la presencia plena.

Las generaciones mayores añoran un estilo de vida en el que los espacios compartidos con la familia o la comunidad eran extensos. Eso ya no parece posible para las nuevas generaciones, que sin embargo van creando un mix en el que suman las distintas vías de comunicación y compensan (o no) los períodos de contacto personal con un entorno cada vez mayor de relaciones virtuales. ¿Lograrán la realización afectiva en un mundo que cada vez tiene menos tiempo para la presencia? No tenemos claro si el nuevo modelo será capaz de proporcionar los niveles necesarios de encuentro y sintonía.

¿Se debilitará la sinapsis social por el hecho de estar menos en contacto directo y más en vínculos virtuales? Si no se logra un balance, todos sufriremos el debilitamiento de las redes, y con ello la pérdida de espacios de expansión emocional. Por el contrario, podemos plantearnos qué pasaría si el modelo de cooperación y trabajo en equipo que permitió el rescate de los mineros en Chile se aplicara a otros campos de acción. ¿Seremos capaces de capitalizar la fuerza de esas redes sociales para lograr fines que, a priori, parecen imposibles? Son preguntas que quedan planteadas.

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