LIC. VERÓNICA MASSONNIER
Conocen a Lisbeth Salander? Aquellos que han leído las novelas del autor sueco Stieg Larsson y su saga Millenium, saben que Lisbeth es la interesante y extraña protagonista. Una hacker. Una mujer que no tiene ningún reparo en cruzar una serie de fronteras, entre ellas la frontera de la privacidad de la información. Alguien que ingresa clandestinamente en el mundo de las computadoras ajenas.
En este caso no existe la intención de cometer un fraude: para este perfil de hacker, la idea es simplemente desafiar un límite. El placer está en cruzar esas vallas, el desafío está en atravesar las líneas entre lo permitido y lo prohibido, entre lo legal y lo ilegal, entre lo que es propio y lo que es del otro.
Esta heroína de novela no es entonces un personaje "rosa" sino una transgresora real, pero es también un personaje querible y justiciero. Su accionar está pensado para desenmascarar oscuridades, y la idea es burlar ese poder oculto valiéndose del ingenio, logrando sus objetivos gracias a la habilidad pero también al desenfado y la irreverencia.
Si accedemos a la biografía del creador de Wikileaks también observamos cómo se define: un hacker. De nuevo estamos frente a una figura que cruza las barreras de lo permitido para mostrar a la humanidad una serie de documentos que de otro modo no serían de acceso público. ¿Correcto o incorrecto? Ese no es el punto. El punto es que, para muchos, la intención de todo este proceso apunta a la transparencia: no silenciar lo que ocurre, exponer lo que es verdad, permitir que tomen luz pública asuntos que eran de manejo de unos pocos.
Estos transgresores se van convirtiendo en referentes para muchos que se venían sintiendo constreñidos por las barreras de lo correcto, de lo aceptado por la mayoría, de lo "prolijo".
Lisbeth Salander es desprolija, tanto en su apariencia personal como en sus métodos. Pero en ella, esta actitud de desafío sobre todo lo establecido está puesta al servicio de ciertos valores. Se busca poner de manifiesto "lo malo" para de ese modo proteger "lo bueno". Y todo eso se logra "ex - poniendo" (sacando hacia fuera), en una actitud que apunta a mostrar las cosas tal como son, aboliendo el secreto para abordar con firmeza las realidades. El mensaje parece ser "no más hipocresía".
Dentro de ese proceso crecen los blogs y todos aquellos espacios en los que cada persona va diciendo su "verdad" minuto a minuto, en un mundo en el que las opiniones personales de todos y cada uno pasan a formar parte de un gran "foro", de un ágora universal donde se discuten e intercambian puntos de vista. En este proceso cada individuo deja de ser solamente espectador para ser participante, así como deja de ser solamente lector para ser, en algún sentido, periodista.
Y estamos también en un tiempo de mayor aceptación para cruzar otro tipo de fronteras. Para algunos, comienza a ponerse a la luz de la opinión pública la frontera de lo masculino y lo femenino, en una mirada cada vez más profunda hacia temas que producen polémica y rompen paradigmas. De manera todavía incipiente pero firme, la sociedad se hace preguntas y se anima a debatir las respuestas; nos espera un período de intensa revisión en ese sentido.
Este proceso no es fácil. Desde siempre, los transgresores dispuestos a cuestionar lo establecido han sido molestos para muchos, y su accionar genera una incomodidad en el sistema. Pero así como en algunos momentos de la historia se promueve con mucha fuerza la homogeneidad y el "deber ser", hoy estamos en un tiempo que promueve y valora la heterogeneidad y el desafío.