Hay ciudades que se visitan para tachar monumentos de una lista y otras que invitan, sencillamente, a caminar sin rumbo. Lecce pertenece a la segunda categoría. En el extremo sur de Italia, en el corazón del Salento, la ciudad despliega un centro histórico de calles estrechas, plazas luminosas, iglesias exuberantes y palacios construidos con la característica piedra local, de un tono entre crema y dorado que parece cambiar de color según la luz. No es casual que se la conozca como la “Florencia del sur”.
La mejor manera de conocerla es caminar. El centro histórico es compacto y permite pasar de una iglesia barroca a un antiguo anfiteatro romano, de una plaza monumental a una pequeña tienda de artesanías, casi siempre sin necesidad de utilizar transporte.
Museo al aire libre.
El corazón monumental de Lecce está en Piazza del Duomo, una de las plazas más sorprendentes de la ciudad. A diferencia de muchas plazas italianas abiertas y atravesadas por calles, esta aparece casi escondida entre las callejuelas del centro. Allí se concentran la Catedral de la Asunción, el antiguo Seminario, el Palacio Episcopal y el campanario, desde cuya parte superior se obtiene una panorámica de los tejados de la ciudad y, en días despejados, del Adriático.
La arquitectura barroca es, sin embargo, la gran protagonista. La Basílica de Santa Croce es probablemente su ejemplo más espectacular: la fachada está cubierta de columnas, figuras humanas, animales, símbolos y criaturas fantásticas talladas en la piedra. La construcción comenzó a finales del siglo XVI y se prolongó durante aproximadamente un siglo.
También vale la pena entrar en las iglesias de San Matteo y Santa Chiara, donde el barroco alcanza una escala casi teatral. Las tres, junto con el Duomo y otros edificios religiosos, forman parte del recorrido LeccEcclesiae, que permite visitarlos con una única entrada. El circuito funciona todos los días y ofrece una aplicación con audioguía; existe incluso un recorrido pensado para niños y adolescentes.
Pero no hace falta entrar en cada iglesia para disfrutar de Lecce. Una de las grandes experiencias de la ciudad consiste en levantar la mirada mientras se camina: los balcones, las cornisas y las fachadas están llenos de detalles que pueden pasar inadvertidos a primera vista.
Roma debajo de los pies.
Mucho antes del esplendor barroco, Lecce fue una importante ciudad romana. Su pasado todavía aparece en pleno centro, sobre todo en Piazza Sant’Oronzo, donde se encuentra el anfiteatro romano. Construido durante la época imperial, el anfiteatro podía albergar a miles de espectadores. Hoy solo puede verse aproximadamente un tercio de la estructura original: el resto permanece enterrado bajo la plaza y los edificios que la rodean. Las excavaciones que permitieron recuperar el monumento comenzaron a principios del siglo XX.
La plaza es además uno de los lugares ideales para sentarse a tomar un café y observar el movimiento de la ciudad. Allí también se encuentra la columna de Sant’Oronzo, coronada por la estatua del santo patrono de Lecce. No muy lejos aparece otro vestigio romano menos evidente: el Teatro Romano, parcialmente oculto entre las construcciones del centro histórico.
Y para quienes disfrutan especialmente de la arqueología hay una opción todavía más curiosa: el Museo Faggiano. La historia del museo parece inventada. En 2001, una familia que intentaba reparar una tubería en su casa comenzó a encontrar estructuras arqueológicas debajo del edificio. Las excavaciones terminaron revelando más de 2.000 años de historia, desde restos mesapios y romanos hasta construcciones medievales y renacentistas. El edificio se convirtió en museo y hoy se puede recorrer a través de pasarelas y pisos de vidrio.
Y después, el mar.
Una de las grandes ventajas de elegir Lecce como base es que no hay que decidir entre ciudad y playa. El Adriático está a pocos kilómetros y las costas del Salento ofrecen numerosas playas y pequeñas localidades costeras para combinar con una visita cultural.
La costa permite pasar de las calles de piedra del centro histórico al agua en poco tiempo. Italia Tourism señala precisamente esta combinación como uno de los grandes atractivos de Lecce: cultura durante el día, mar a corta distancia y restaurantes y bares en el centro al caer la tarde.
Lecce también puede servir como punto de partida para explorar otros rincones de Puglia. Desde allí se pueden organizar excursiones hacia la costa, recorrer pueblos del Salento o acercarse a lugares como la abadía de Santa Maria di Cerrate. Para quienes prefieran combinar naturaleza y actividad, la región ofrece además recorridos en bicicleta, caminatas, paseos en barco y otras experiencias por la costa.
Al final del día, sin embargo, lo más recomendable puede ser volver al centro. Cuando baja el sol, la piedra dorada adquiere otra tonalidad, las terrazas comienzan a llenarse y las fachadas barrocas se iluminan. Entonces se entiende por qué Lecce funciona tan bien como destino: no es solamente una ciudad de monumentos, ni solamente una puerta de entrada a las playas del Salento.
Es una ciudad para mirar, comer y caminar. Y, sobre todo, para dejar que la historia aparezca donde menos se la espera.