DANIELA BLUTH
Hubo un tiempo, no tan lejano, en que obstetras y psiquiatras transitaban por caminos distintos. O dicho de otro modo, embarazo y psicofármacos eran dos mundos distantes de cuyo encuentro no podía surgir nada bueno. Ese panorama, sin embargo, cambió. "Los puntos de vista de ginecólogos y psiquiatras en este tema, por suerte, se han ido acercado", explica el médico Justo Alonso, profesor titular de la cátedra C de ginecología y obstetricia de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República (Udelar).
Cuando una mujer que toma psicofármacos -por depresión, trastornos de ansiedad, trastorno bipolar u otras patologías- decide quedar embarazada, surgen muchas interrogantes. ¿Conviene seguir el tratamiento? ¿Qué efectos puede tener para el bebé? ¿Hay que modificar la dosis o cambiar la droga? Aunque no hay una única respuesta y los especialistas deben analizar cada caso en particular, cada vez hay más consenso de continuar con el tratamiento. "Hoy en día hay fármacos que están muy estudiados a nivel internacional y se sabe que no comportan mayores riesgos. Otros sí, es sabido que no se pueden usar en el embarazo y hay que sustituirlos", señala la médica Stella Bocchino, directora de la clínica psiquiátrica de la Facultad de Medicina de la Udelar.
Psiquiatras, psicólogos, obstetras y neonatólogos concuerdan en que el médico tratante tiene que evaluar los posibles riesgos -tanto para la madre como para el bebé-, con los beneficios. De todos modos, ningún psicofármaco integra el grupo A de clasificación de la Food and Drug Administration (FDA), que agrupa aquellas sustancias que no han mostrado indicios de daño fetal en estudios controlados en mujeres embarazadas. En el otro extremo están los fármacos categoría X, cuya administración no justifica el riesgo. En una posición intermedia figuran los B, C y D, donde se encuentran la mayoría de los medicamentos para abordar patologías psiquiátricas.
HABITUAL. Uno de los trastornos más frecuentes en las mujeres -embarazadas o no- es la depresión, una enfermedad "fácil de curar" pero que si no es detectada y tratada a tiempo "produce estragos". "Antes pensábamos que el embarazo era protector para la mujer, hoy sabemos que no lo es y que depende de cómo lo esté encarando, de su madurez, del entorno familiar y social, incluso de la seguridad económica", explica la psiquiatra.
Entre los antidepresivos, los más seguros son los llamados inhibidores de la recaptación de la serotonina. De ellos, los médicos aconsejan recurrir a la sertralina, la fluoxetina o la venlafaxina, no así la paroxetina, todos en la categoría C de la FDA. Además, el uso de fármacos debe ser acompañado por psicoterapia, advierten.
Alonso, quien como obstetra se define como "un protector del feto", asegura que para el bebé es mucho peor que la madre esté deprimida a que tome antidepresivos. "Es más perjudicial que empiece con un cuadro que la haga bajar de peso o tener hipertensión... Imaginate el riesgo de que una mujer se suicide por no tomar psicofármacos", concluye. Además, explica Bocchino, está comprobado que la depresión "interfiere de manera muy severa" en el apego madre-hijo, esencial para la maduración física y psicológica sana del niño.
Una de las etapas de mayor riesgo de caer en una depresión es el puerperio, cuando más allá de enfrentar la responsabilidad de tener un hijo, se produce un cambio hormonal abrupto en sólo minutos. "Cuando en el parto se retira la placenta es un estrés enorme para las mujeres. Es normal que estén como en carne viva por un tiempo. Las más sanas se recuperan solas y algunas necesitan ayuda", explica Bocchino.
Así como todos los psicofármacos tienen la capacidad de atravesar la placenta y provocar efectos en el embrión y el feto, muchos también pasan a través de la leche materna. Por ello, los especialistas aconsejan averiguar si se trata de medicamentos de acción inmediata o no para decidir si se toman antes o después de cada lactada. "Hay que conocer los medicamentos y su pico de acción. Por eso la respuesta siempre tiene que ser médica", dice Daniel Borbonet, profesor de la cátedra de neonatología del Pereira Rossell.
ETAPAS. Es frecuente que durante el embarazo se vean menos trastornos de ansiedad. ¿Por qué? "En esos meses aumenta la progesterona, una hormona que estimula los mismos receptores que los ansiolíticos", explica la psiquiatra. Y agrega: "De hecho, muchas mujeres se dan cuenta de que están embarazadas porque tienen mucho sueño".
La de Bocchino es una buena noticia, teniendo en cuenta que el uso de sedantes y tranquilizantes (benzodiazepinas) es lo que más se desaconseja. Cuando se administran, hay más posibilidades de que el recién nacido nazca con un cuadro de hipotonía que se revierte a las pocas semanas. Es conveniente dejarlos unos días antes del parto.
Dentro de cada categoría de la FDA, la recomendación de los fármacos varía según múltiples factores, como la dosis, la edad gestacional o el consumo de otros medicamentos. "Según el momento del embarazo en que se tome el medicamento puede llegar a ser nocivo o no. Una cosa es el embrión y otra el feto, cuando los órganos ya están formados", distingue Borbonet.
Sin duda, el "gran mensaje" de los especialistas para las mujeres es no automedicarse, ni en el caso de una cefalea, mucho menos ante una depresión. Y en lo que a ellos respecta, lo ideal es que psiquiatra, obstetra y pediatra estén comunicados y en contacto permanente, algo que se puede lograr con solo recurrir a la historia clínica de la paciente.
50%
Más de la mitad de las mujeres toman medicamentos durante el embarazo sin saber su efecto, no sólo psicofármacos, dice el doctor Justo Alonso, grado cinco de obstetricia de la Facultad de Medicina de la Udelar.
DE LA TEORÍA A LA PRÁCTICA
En busca de alternativas
Si el psicofármaco que toma la paciente al quedar embarazada no está entre los aceptados por el universo médico, lo ideal es sustituirlo por otro que figure en una clase más segura según la FDA.
Pía tiene 30 años y usa antidepresivos desde los 17. Primero fue Zoloft, luego Sertrina y hace un tiempo empezó con Paroxet. Cuando decidió quedar embarazada consultó con su psiquiatra, quien le recomendó cambiar la paroxetina por la sertralina, "la droga más aconsejada y con la que no pasaba nada". Pero el fármaco le generó un problema digestivo y tuvo que suprimirlo. Probó dejar los antidepresivos, pero no le funcionó. Y volvió al Paroxet.
"No puedo imaginar la tortura que sería estar embarazada y deprimida. Toda mi vida se vería afectada, mi trabajo, mi familia, mi pareja... Sería horrible porque no podría vivir las cosas lindas que tiene este momento", reflexiona.
Cuanto más viejo mejor
Contrariamente a lo que podría pensarse, los medicamentos más viejos son los mejores. Un ejemplo de ello es el litio, un antipsicótico utilizado para tratar el trastorno bipolar. "Es un metal, sin embargo es muy seguro", explica la psiquiatra Stella Bocchino. Se recomienda dejar de tomarlo unos días antes del parto, pues puede afectar la función renal del recién nacido. "Cuanto más antiguos son más veces se han administrado en mujeres embarazadas y más se ha podido ver si hay consecuencias negativas sobre el recién nacido", dice el obstetra Justo Alonso.
En el caso de una paciente bipolar, para Bocchino "el procedimiento ideal" es el electroshock. "Los antidepresivos demoran unos 20 días en hacer efecto mientras que con el electroshock en la segunda aplicación ya se está mejor. Es una técnica que salva vidas, no es cierto que mate neuronas", argumenta.