No hay sol durante meses. Afuera, el blanco lo cubre todo. Adentro, la convivencia es intensa, los días largos y cualquier fricción mínima puede amplificarse. Para lugares así -como la Base Científica Antártica Artigas- un equipo de investigadores en Uruguay y Canadá está desarrollando una herramienta para evitar que el aislamiento también se vuelva mental.
Se llama Mate VR, pero no es un juego (aunque puede incluirlo). Es un sistema de realidad virtual diseñado para detectar cómo se sienten las personas en tiempo real y ofrecerles entornos virtuales que ayuden a regular el estrés, la ansiedad o la fatiga en contextos de confinamiento extremo.
La idea, sin embargo, no se limita a la Antártida. El mismo tipo de tecnología podría aplicarse en submarinos, estaciones de investigación remotas o incluso en futuras misiones espaciales y bases lunares, donde el aislamiento prolongado y la convivencia en espacios reducidos vuelven especialmente frágil el equilibrio psicológico de los equipos.
Para sentirse mejor.
El proyecto, impulsado por investigadores de la Universidad Católica del Uruguay junto a colegas de Canadá y Estados Unidos, cuenta con apoyo de la ANII y el Instituto Antártico Uruguayo. Durante los próximos tres años, el equipo desarrollará y probará prototipos en Montevideo y en la propia Base Científica Antártica Artigas, donde busca entender cómo el aislamiento prolongado afecta el bienestar psicológico y qué tecnologías podrían ayudar a mitigarlo.
La propuesta combina realidad virtual, sensores fisiológicos y herramientas de inteligencia artificial. A través de cuestionarios, entrevistas y señales fisiológicas -como ritmo cardíaco, sudoración o movimiento ocular-, además de ciertos patrones de comportamiento dentro de la experiencia virtual, la plataforma analiza en qué estado emocional se encuentra cada usuario y adapta el contenido en tiempo real.
Si detecta estrés, fatiga o ansiedad, por ejemplo, puede ofrecer entornos inmersivos pensados para inducir calma: una playa, una montaña, una caminata por Montevideo o actividades orientadas a estimular la concentración y el vínculo con otras personas. Dentro de esos entornos, además, los investigadores pueden observar cuánto tiempo permanece un usuario en determinada experiencia, cuánto interactúa o qué tipo de actividades prefiere.
“Me contaban que en invierno mirás por la ventana y es todo blanco y negro. Hay tormentas donde no pueden salir durante días. Y cualquier pequeño conflicto se exagera porque no podés irte a caminar o despejarte”, explica Alexander Aroyo, investigador responsable del proyecto, tras una de sus visitas a la base antártica.
Por eso, aclara, la idea no es reemplazar psicólogos ni tratamientos clínicos, sino sumar “otra herramienta” que ayude a regular emociones, aliviar el estrés cotidiano y mejorar la convivencia en contextos extremos. “Queremos ayudar a las personas a escapar del estado de aislamiento”, resume.
La personalización es una de las claves del proyecto. Los investigadores sostienen que no existe una única experiencia capaz de relajar o acompañar a todas las personas por igual. Mientras algunos podrían sentirse mejor recorriendo virtualmente una playa o una montaña, otros preferirían volver -aunque sea digitalmente- a paisajes cotidianos o interactuar con familiares y compañeros a través de actividades compartidas.
“También influyen mucho la cultura, las experiencias previas y la personalidad”, señala Aroyo. “No podemos crear algo general para todo el mundo”.
Además de escenarios inmersivos en 360 grados, el equipo explora juegos interactivos orientados a estimular funciones cognitivas y fortalecer vínculos sociales. Una de las ideas es utilizar múltiples visores de realidad virtual para conectar a quienes están aislados con familiares o amigos que permanecen en Uruguay, o incluso generar actividades compartidas entre los propios integrantes de la base antártica.
Por eso, una de las primeras etapas del proyecto estará enfocada en el codiseño junto a personas que ya atravesaron experiencias de aislamiento en la Antártida. El objetivo es entender qué situaciones generan más estrés, qué dinámicas afectan la convivencia y qué tipo de experiencias virtuales podrían resultar realmente útiles en ese contexto.
Según explica la psicóloga María del Mar Montoya, además de las características individuales, uno de los factores más importantes en entornos extremos es el vínculo con el grupo de convivencia. “El grupo puede convertirse en un factor protector o en otra fuente de tensión”, señala. “Cuando estás lejos de tu familia y en un entorno inhóspito, las relaciones cotidianas adquieren muchísimo peso”.
La tecnología detrás de Mate VR también se nutre de experiencias previas en otros contextos de alta presión. Parte del sistema de adaptación en tiempo real de señales fisiológicas ya ha sido utilizado por algunos integrantes del equipo en entrenamientos virtuales para policías en Canadá y Estados Unidos.
Si el sistema funciona en la Antártida, los investigadores creen que podría abrir nuevas formas de abordar la salud mental en contextos de aislamiento prolongado. Desde submarinos hasta futuras bases lunares, el desafío será el mismo: cómo ayudar a las personas a seguir sintiéndose conectadas cuando todo alrededor parece lejano.
Parte de la tecnología detrás de Mate VR ya había sido utilizada por integrantes del equipo en otros contextos de alta presión. Alexander Aroyo explica que sistemas similares de adaptación en tiempo real de señales fisiológicas fueron aplicados en entrenamientos virtuales para policías en Canadá y Estados Unidos.
En esos escenarios, la realidad virtual permitía recrear situaciones de estrés dentro de un entorno controlado y seguro, donde los usuarios podían practicar técnicas de autorregulación emocional sin enfrentar consecuencias reales. “Podés entrenarte para manejar situaciones complejas y aprender a regularte”, señala.