NOMBRES DEL DOMINGO 

Jeff Bezos, el fundador de Amazon que ahora quiere salvar el planeta

Dejó su trabajo en Wall Street cuando tenía 30 años para crear un sitio de ventas en Internet que se transformó en la mayor compañía de comercio electrónico del mundo. 

Jeff Bezos, fundador y CEO de Amazon
Jeff Bezos, fundador y CEO de Amazon. Foto: AFP

Todo empezó hace 25 años. Un joven de 30 llamado Jeffrey Preston Jorgensen (ahora Jeff Bezos) y su novia, MacKenzie S. Tuttle, siete años menor, decidieron dejar sus trabajos para abrir una librería por Internet en un momento en el que la conexión era un privilegio de pocos y se utilizaba solo para mandar mails. Se mudaron de Nueva York a Seattle, alquilaron una casa e instalaron una oficina en el garaje. Los padres de Jeffrey les prestaron el capital inicial para poder llevar adelante lo que, en su momento, parecía un absurdo. Contrataron a expertos en informática y se pasaron días y noches enteras programando y analizando cómo harían para conectar a las personas que quisieran comprar cualquier libro y de cualquier parte del mundo a través de una computadora. Todo adentro de un garaje.

Se le ocurrió, a Jeffrey, llamar a la librería Cadabra. Un año después, dicen, alguien le dijo que le sonaba a cadáver, a muerte, a fracaso. Cambió el nombre y le puso Amazon: si empezaba con “a” iba a aparecer primero en todas las listas. Amazon venía de Amazona, el río más largo y caudaloso del mundo.

Ese, el día en el garaje de Seattle podría ser uno de los momentos más importantes de la historia reciente, uno de esos momentos que lo cambiaron todo sin haber cambiado nada. La fecha exacta en la que se registró oficialmente la empresa para comparar libros fue un año después, el 5 de julio de 1995. En los primeros 24 meses la empresa había logrado vender libros en todo Estados Unidos y en 45 países diferentes.

Nadie sabía, ni siquiera el propio Jeff Bezos -—que se había puesto el apellido del ingeniero cubano en pareja con su madre que lo crió— que Amazon sería un invento que cambiaría las lógicas de consumo de todo el mundo y para siempre.

En julio de 2019 la compañía de comercio electrónico más grande del planeta cumplió 25 años. En el medio, Internet dejó de ser un privilegio de unos pocos para transformarse en un bien indispensable, rompiendo todas las distancias, atravesándolo todo. En el medio, Amazon, incluyendo en su catálogo prácticamente todo lo que necesitamos (o lo que creemos necesitar) y acercándonos el mundo más barato, más sencillo y más cómodo solamente en un par de clics. En el medio, Jeff Bezos, transformándose en el hombre más rico del planeta, con una fortuna inimaginada para cualquier ser humano: 131.000 millones de dólares, (115.948 millones de euros), según Forbes.

Además de ser el fundador y CEO de Amazon, Jeff es el dueño de The Washington Post, uno de los diarios más importantes de Estados Unidos y del mundo y dueño fundador de la compañía aeroespacial Blue Origin.

Pero Bezos ya no es novedad por su fortuna, ni por las inversiones millonarias, ni por sus viajes, ni por su divorcio tras 25 años de matrimonio con MacKenzie, ni por su nuevo noviazgo con la periodista Lauren Sánchez.

Por estos días Bezos fue noticia por sus acciones: donó 98,5 millones de dólares a 32 organizaciones en 23 estados que están ayudando a familias sin hogar. La donación fue hecha a través de la fundación Bezos Day One Fund, que creó en septiembre de 2018 junto a su exesposa con el objetivo de financiar el trabajo de esas organizaciones y también de crear centros educativos preescolares en todo el país que trabajen con el método Montessori.

Esa fue la educación que recibió Bezos desde los 3 años: creado por Maria Montessori, médica y educadora italiana, el método propone una educación de manera integral, en la que se potencia al niño a descubrir y autoexplorar sus aptitudes con libertad a través del juego, la colaboración, la concentración profunda, la imaginación y la comunicación con los demás.

Hace un mes, además, el creador y CEO de Amazon había anunciado, en un encuentro con periodistas en Washington un ambicioso plan contra el cambio climático: la compañía, prometió entonces Bezos, cumplirá los objetivos de reducción de emisiones del Acuerdo de París en 2040, diez años antes de lo que plantea como objetivo el pacto.

El proyecto fue llamado la Promesa del Clima, e incluye medir e informar de las emisiones propias con regularidad, además de implementar estrategias de descarbonización que permitan lograr cero emisiones en los negocios para ese año. Por otro lado, Jeff contó que Amazon está trabajando en una web exclusivamente para llevar datos concretos sobre emisiones, donde se informará públicamente de sus compromisos y su desempeño en la consecución de los mismos. Jeff quiere que su compañía tome un protagonismo mundial en la lucha contra el cambio climático.

No se puede, a esta altura, hablar de Jeff Bezos sin hablar de Amazon y no se puede hablar de Amazon sin hablar del universo. La de Bezos parece una historia en la que todo es posible, incluso salvar al planeta antes que nadie. Es, para algunos, una historia de confianza y de seguridad. Es, para otros, la historia de una ambición.

El comienzo

Nació en 1964 en Albuquerque, Nuevo México, Estados Unidos. Su padre biológico, Ted Jorgensen, se fue de su casa cuando Jeff era aún un niño. Creció con su padrastro, Miguel Bezos, un ingeniero cubano que llegó a Miami solo y sin hablar inglés y se casó con Jacklyn Gise cuando Jeff tenía 4 años. De él adoptó su apellido. Y también lo eligió como padre.

Formado a través del método Montessori desde los 3 a los 18 años, dicen que Jeff se pasaba veranos enteros en la casa de su abuelo materno, un investigador dedicado a los cohetes espaciales. Y que se fascinaba con su trabajo. Vivió con su familia en Huston, Texas y después estudió ingeniería eléctrica y ciencias de la computación en la Universidad de Princeton, donde conoció a MacKenzie, que estudiaba filología inglesa.

De Princeton se fue a Nueva York, donde empezó a trabajar en Wall Street. Fue allí, un día de 1994 cuando le contó a su jefe de entonces que tenía una idea rondando en su cabeza. Después de leer un informe en el que se mostraban datos del crecimiento exponencial de Internet alrededor del mundo en el último año, Jeff, que no entendía demasiado cómo funcionaba la red, entendió de inmediato que ese era un lugar lleno de oportunidades.

Bezos hizo una lista de productos de consumo y la trasladó a la red. De esa lista, entendió, lo mejor para comercializar a través de Internet eran los libros. Todos necesitaban libros y había libros para todos. Convencido de no podía salir mal, dejó su trabajo en Wall Street y se fue con su esposa a vivir a Seattle para crear la “librería más grande del mundo”. A los primeros libros los repartió Jeff personalmente en su auto. El punto era ganarse la confianza de los primeros clientes.

Todo lo que vino después es la parte más conocida de su historia: en dos años Amazon empezó a dar sus primeras ganancias y la compañía empezó a diversificar su oferta de artículos.

En 1999 Amazon era un gigante de Internet que tenía vida propia y no se detendría nunca. En diciembre Bezos fue elegido como personaje del año por la revista Time por el impacto de sus ideas y de su empresa en el nacimiento de una “nueva economía”. Para Time Bezos -que por entonces tenía 35 años-, era “el rey del cibercomercio cuyas ambiciosas ideas han ayudado a construir la fundación de nuestro futuro”.

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