Gabriela Vaz
Probablemente, alguna vez le sucedió. Va viajando en un ómnibus y se distrae con los ojos fijos en la ventana. Ve pasar árboles y árboles, y de repente ya no está mirando nada, o parece mirar "más allá". Un ruido o una voz que le repite una pregunta, lo "despierta", y usted parpadea volviendo a la realidad de su entorno inmediato. La situación no es extraña y puede darse en mil escenarios y momentos diferentes: abstraerse del mundo por un momento, perdiendo por completo la noción del tiempo.
Pues bien, aunque no lo imagine, en esos casos entró en "estado de trance", el mismo al cual se induce a alguien cuando se quiere hipnotizarlo. Es que la hipnosis no es algo extraño ni mucho menos mágico, a pesar de la mística que rodea el tema debido al recuerdo que han dejado las apariciones de Tu Sam o Toni Kamo en la televisión. Y aunque esa sea la referencia inmediata, lo cierto es que existe un respaldo científico para esta técnica, que incluso puede utilizarse con fines medicinales.
En Uruguay son pocos los profesionales que la practican. La hipnosis clínica puede aplicarse en el tratamiento de diversos trastornos mentales, tales como fobias, ansiedad, angustia, insomnio, estrés o timidez extrema hasta terapias para aliviar el dolor, dejar de fumar, perder peso o tratar problemas de índole sexual.
SUGESTIÓN. Ahora bien, ¿de qué consta esta herramienta con ineludibles tintes de misterio y esoterismo? Según explica el psiquiatra Ricardo Acuña, se trata simplemente de una técnica de sugestión, en la que hay una concentración focalizada en lo que se va proponiendo. "Es un profundo ‘ensimismamiento’. Se produce un corte con los estímulos del mundo exterior y el hipnotizador orienta a la conciencia. Se logra un acceso a detalles y recuerdos que no aparecerían fuera del efecto del trance".
De la misma manera lo define el psiquiatra Daniel Escanella, quien agrega que esta técnica está básicamente ligada a la atención. "Cuando escuchás profundamente dejás de atender a estímulos de tu alrededor; eso tiene que ver con lo que hace el terapeuta. Quien comanda la hipnosis hace eso, en un mayor o menor nivel de trance". Es que, como sugiere Escanella, existen diferentes grados de trance. Puede ser tan profundo como el sueño —al despertar la persona no recuerda casi nada y tiene respuestas fisiológicas propias del haber dormido— o tan superficial que se asemeja a una conversación común y corriente, donde el sujeto mantiene un mayor control de la situación.
La pregunta ineludible es de qué manera funciona esta técnica. ¿Para qué sirve entrar en ese estado alterado de conciencia, a la hora de resolver un problema real? "A través de la hipnosis la persona puede ponerse en contacto con vivencias que el terapeuta le sugiere, pero que no tienen el riesgo de una situación real. Por ejemplo, puede contactarse con experiencias traumáticas que tuvo en su infancia, desde otro lugar. Es utilizado con bastante éxito en el llamado trastorno por estrés post-traumático, que es lo que sufren personas que vivieron un suceso catastrófico que no pueden manejar, desde un accidente hasta un abuso de cualquier clase. Con hipnosis se puede volver a vivenciar eso no tan traumáticamente, o bien organizar el recuerdo para que no resulte patológico. También, a una persona con problemas de timidez o con temor —en caso de un fóbico—se la puede enfrentar a una situación que evitaría, de manera paulatina", ejemplifica Escanella.
Otro empleo frecuente se da en tratamientos del dolor. En esos casos, aclaran los especialistas, es primordial la consulta médica para descartar causas que puedan agravar la enfermedad a raíz de una analgesia provocada por hipnosis. Una vez confirmado esto la táctica común es hacer que, durante el trance, el paciente se vea a sí mismo con el problema superado; que vea lo que puede hacer y disfrutar. "Eso corta los circuitos del dolor en diferentes niveles, ya que tiene componentes biológicos y psicológicos. El hecho de estar relajado ya es analgésico", dice Escanella, a la vez que cuenta un caso curioso.
"Una vez tuve una paciente con gran dolor en las piernas, pero no era atribuible a un problema que fuera a empeorar si caminaba. En el trance, sugerí que una vez que despertara se iba a sentir tan bien que iba a caminar disfrutándolo enormemente. Terminó el trance, la señora se fue, y faltó las siguientes dos sesiones. Yo me quedé preocupado, pensando que el dolor no le había permitido venir. Pero cuando al fin volvió, me contó que una vez que salió de la sesión, se sintió con tantas ganas de caminar que comenzó a hacerlo por cuadras y cuadras, a pesar de que a mitad de camino comenzó a llover. Siguió caminando, tal era el placer que le procuraba. Se mojó tanto que se agarró una gripe que no la dejó venir en las siguientes dos semanas. Es de las cosas más graciosas que me pasó, pero en realidad fue un error mío. Uno no debe olvidar sugerirle al paciente que debe cuidarse", recuerda el psiquiatra.
SUSCEPTIBLES. Más allá de las variadas anécdotas que acumulan los especialistas en la técnica, los mismos apuntan las variaciones entre uno y otro caso, así como las diferencias que aporta cada paciente. De hecho, cada persona posee una susceptibilidad distinta a la hora de ser hipnotizada, e incluso existen "inhipnotizables", aunque son casos especiales.
El psicólogo y Master en pedagogía Richard Griesser indica que el 95% de las personas es susceptible a la hipnosis, según datos clínicos. "Hay personas más sugestionables y otras menos, a la vez que hay distintos niveles a los que pueden llegar según el cual se trabaja con más o menos profundidad. Pero lo cierto es que para que una persona pueda manejar mejor su angustia no necesita un grado muy profundo".
Por su parte, el psiquiatra Ricardo Acuña apunta que son muy pocos quienes logran alcanzar esos últimos niveles. "También hay personas que no son sugestionables en absoluto, son ‘inhipnotizables’. Eso se da porque la propia inducción genera resistencias, por temores o fantasías, o bien porque tiene un problema psiquiátrico asociado que la hace así, como quienes sufren graves trastornos de ansiedad, o trastornos mentales importantes como esquizofrenia".
Existen diversos trucos para "chequear" si una persona realmente entró en estado de trance. "Por ejemplo, le soplas en un ojo. Si no lo abre, está bajo hipnosis, porque ese es un reflejo natural del ser humano", explica Griesser.
De la misma manera, se puede verificar una sugestión post hipnótica. Esto es cuando el terapeuta le dice al paciente que haga o sienta algo una vez que ya salió de la hipnosis. "Le digo que cuando salga del consultorio me pregunte qué hora es. Y lo hace, cuando se está yendo se da vuelta y pregunta "che, ¿qué hora es?", comenta el psicólogo.
También Escanella se refiere a esta herramienta. "Atás lo que querés que sienta el paciente a determinado estímulo. Se le puede decir: ‘mañana, cuando sean las 17 horas, va a sentir x cosa’, y lo siente. O ‘cuando sienta pasar un auto, va a tener tal sensación’".
PELIGROS. Con tal panorama a la vista, es inevitable pensar en el potencial peligro que podría implicar someterse a tal técnica, dado que el paciente parece quedar bajo total control del hipnotizador. Sin embargo, los expertos aseguran que esta herramienta no encierra riesgo alguno. "Esa es la pregunta clásica, por lo que suelen mostrar las películas. Pero no puede pasar, por ejemplo, que la persona quede en trance en forma permanente. Cuando hay una necesidad fisiológica, sale seguro del estado hipnótico", se ríe Griesser.
Acuña, en tanto, destaca que antes de iniciar un tratamiento, a la persona se le explican las características de la técnica, sus alcances y limitaciones. "Es totalmente falso que su aplicación pueda tener consecuencias graves; que la persona no pueda despertar o que lo haga con algún trastorno. Aún durante el estado hipnótico, no hace ni dice lo que no haría en un nivel de vigilia. Es decir, no va contra sus propios valores. No hay tal poder del hipnotizador como para que la persona haga cualquier cosa y quede en sus manos".
De todas formas, es imprescindible que quien comande la hipnosis posea cierta idoneidad, además de ética y responsabilidad. Para el psiquiatra Daniel Escanella, si bien la técnica en sí no es peligrosa, "depende en manos de quién esté". A su vez, destaca que es fundamental una buena evaluación psicológica del paciente antes de aplicar la hipnosis. "He inducido trances a personas con disociación de personalidad, que durante la sesión asumen uno de sus personajes. Pero cuando salen del trance, por más que intente lo contrario, se quedan con ese personaje, que de repente tiene que ver con aspectos depresivos. Hay pacientes con quienes se debe tener mucho más cuidado".
Uno de los argumentos que los expertos utilizan para esgrimir en contra de la peligrosidad de la técnica, es el hecho de que uno puede inducirse ese trance a sí mismo, y luego salir sin problemas. Es que si bien a entrar en ese estado se aprende, todo el mundo lo vive en algún momento. Así se logra la autohipnosis. "Cuando una persona se sienta frente al mar realiza una autosugestión: se olvida del tiempo. Esto es igual, sólo está más estandarizado", asegura Griesser. El psicólogo explica que una forma de autohipnosis que él aplica es dándole a sus pacientes un cassette con la sesión grabada, para que la repitan en casa. "Tiene que hacer ejercicios. En esos casos se despierta solo, no es un trance muy profundo. Las cintas duran unos 40 minutos.
LIMITACIONES. Si bien inevitablemente la hipnosis está imbuida de cierta mística, los expertos no se cansan de repetir que no debe ser tratada como una fórmula mágica que resuelve todos los problemas. "Es una técnica científicamente avalada, un recurso útil, pero no es la panacea. Yo no uso la hipnosis con todos mis pacientes, porque de pronto no lo necesitan", sostiene Escanella.
El psiquiatra Acuña, en tanto, advierte que además de tener sus limitaciones en algunas circunstancias incluso puede no ser tan recomendable. "No es magia. No tiene nada que ver con lo que se ve en la tele en cuanto al poder del hipnotizador, ni lo que se ve en los teatros, donde los hipnotizadores son capaces de poner de realizar pruebas de rigidez muscular o hacer cacarear a alguien. Aunque resulte divertido o asombroso, eso no trae ningún beneficio para la persona y la idea de la clínica es que se despierten cosas sanas".
El profesional recuerda también que el uso clínico de esta técnica siempre es en un contexto psicoterapéutico. "La hipnosis tiene sus indicaciones. Quienes trabajamos con ella, en primer lugar realizamos una entrevista clínica; somos psiquiatras y psicoterapeutas. De la entrevista surge un diagnóstico que tiene su correspondiente tratamiento. Ese tratamiento puede incluir o no el uso de la hipnosis, una herramienta que ayuda a acelerar los procesos. A veces, por si sola, promueve los cambios. Otras, no alcanza".
ESTADO DE TRANCE
La inducción al trance tiene varios escalones. En primer lugar, se sugiere una relajación profunda, utilizando diversos recursos. Se induce a enlentencer el ritmo de la respiración y los latidos del corazón. A medida que pasan las sesiones, el paciente logra hacerlo más rápidamente.
Una vez lograda una relajación total, la mente está abierta a sugestiones de otro tipo. En ese caso, se pueden utilizar imágenes agradables para la persona, como un campo, una playa o un bosque. De esa manera, el paciente toma contacto con su mundo interno y aparecen situaciones u objetos de su historia personal.
Según el trastorno, se pueden plantear diferentes objetivos y determinada estrategia. Por ejemplo, reforzar la sensación de seguridad, poniendo al paciente en x situación "de riesgo" y haciendo que se vea saliendo airoso de allí. O bien que se vea a sí mismo una vez que superó la situación traumática.
SUGESTIÓN PARA ABANDONAR EL PUCHO
Una de las aplicaciones de la hipnosis es a los efectos de abandonar el vicio del cigarrillo. La técnica se ha utilizado con esos fines durante años, aunque los especialistas aseguran que hoy en día existen herramientas mucho más completas y eficaces para ello.
El psicólogo alemán Richard Griesser —quien vive en Uruguay desde hace 20 años— cuenta que un amigo personal, Dick Rivensdors, desarrolló en la Universidad de Tubinga, Alemania, un programa para dejar de fumar que incluye hipnosis y ha obtenido los mejores resultados.
"Alcanzó éxito en más del 60% de los pacientes tratados. Pero la verdad es que yo dejé de fumar sin hipnosis", bromea.
El especialista explica que en esos casos, se combina una terapia cognitiva con la parte hipnótica, que consta de sugerir a la persona la sensación de estar inhalando, sin humo. "Además, durante la sesión se le dice que cuando en estado de vigilia vuelva la necesidad de fumar, reaccione sin ansiedad y con más tranquilidad, que se concentre en su respiración y pueda enfrentar la situación. Eso es mediante sugestiones post hipnóticas".
Griesser recuerda que años atrás el método que se usaba era más autoritario. "Se le decía a la persona que el humo la haría sentir mal y le produciría vómitos. Eso nosotros no lo hacemos".
La terapia con hipnosis para dejar el cigarro dura unas ocho sesiones. Claro que la persona debe adicionar a su vez otras conductas y trucos clásicos de todo tratamiento anti-tabaco, como poner los cigarrillos en un lugar y el fuego en otro que quede lejos.
No obstante, para el psiquiatra Ricardo Acuña, por más que la hipnosis logre cierta efectividad en el tema, "el bupropion y la terapia combinada del fármaco con grupos de autoayuda es lo que ofrece los mejores resultados".
"Creo que plantear la hipnosis sola no corresponde. Actualmente hay una batería de psicofármacos y técnicas psicoterapéuticas que son muy útiles. No hay que sobrevalorar la importancia de la hipnosis, que se asocia a soluciones mágicas".