Herencia maldita de nobles y monarcas

| Reducir el consumo de carnes rojas, achuras y alcohol ayuda a prevenir la gota, la enfermedad inflamatoria articular más frecuente entre los hombres mayores de 40 años.

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DANIELA BLUTH

Cuenta la leyenda que el rey Felipe II tenía una "silla de mano" que usaba para desplazarse cada vez que experimentaba un ataque de gota. También se dice que una vez le regaló una bolsa de papas al Papa de aquel entonces para que aliviara el dolor de uno de sus cardenales que, al igual que él, sufría de esta dolorosa enfermedad. Hoy, la silla se exhibe cual pieza de museo en el monasterio del Escorial, en la capital española. No así el tubérculo, claro.

Históricamente considerada la "enfermedad de los reyes" por estar vinculada al consumo excesivo de carnes y alcohol, en pleno siglo XXI la gota es patrimonio de la humanidad toda. Incluso las mujeres, hasta hace algunos años un grupo minoritario para esta afección, ahora también son un blanco habitual.

La gota -término que proviene del latín gutta, que significa líquido o derrame- es la inflamación articular aguda o crónica causada por un exceso de ácido úrico en la sangre y la consiguiente formación de pequeños cristales (sales de urato) que se depositan dentro de la articulación. "Se caracteriza por episodios agudos de dolor intenso, hinchazón, enrojecimiento, mucha sensibilidad al tacto y aumento de la temperatura local en una o más articulaciones", explica el reumatólogo y fisiatra Carlos Uboldi.

La articulación más afectada es la base del dedo gordo del pie (ataque de podagra); luego siguen en orden de frecuencia el tobillo, la rodilla, la muñeca y los dedos de la mano. También se puede inflamar la bolsa sinovial del codo o del tendón de Aquiles, agrega Uboldi. Por fuera, en un lapso de pocas horas suele aparecer enrojecimiento de la piel, sensibilidad, hinchazón y dificultad en el movimiento. "Desde tiempos remotos se sabe que el ataque de gota se va solo en un período de aproximadamente una semana", explica el especialista, "pero con tratamientos adecuados el pronóstico y el bienestar es más favorable".

LA RAZÓN. La principal causa de una elevada tasa de ácido úrico está en la ingesta excesiva de alimentos con purinas, como pueden ser las carnes rojas, los embutidos, mariscos, lentejas, garbanzos, espinaca y enlatados, habituales en la dieta de los uruguayos en época de fiestas y reuniones. También influye el consumo de bebidas alcohólicas, sobre todo cerveza, una de las preferidas en los días de calor.

Aunque no se conocen datos epidemiológicos en Uruguay, se sabe que es la enfermedad articular más frecuente en hombres mayores de 40 años. A nivel mundial, puntualiza Uboldi, afecta entre 1% y 2% de la población, 95% de los cuales son hombres.

Más de seis millones de adultos han tenido gota en Estados Unidos, "al tiempo que las cifras están aumentando de manera constante a medida que la población envejece, se torna más pesada y está expuesta a alimentos y otras sustancias que pueden precipitar el desorden en personas susceptibles", según un artículo de The New York Times.

Cuando un individuo presenta niveles elevados de ácido úrico en la sangre se dice que tiene hiperuricemia. Según estudios internacionales, 7% de la población la padece, pero sólo una minoría -alrededor de 1,5%-forma cristales en las articulaciones y sufre de gota. Por lo tanto, señala la médico internista y asistente de la Cátedra de Reumatología Dalia Sosa, "la hiperuricemia es necesaria pero no determinante en el desarrollo de la gota, ya que la elevación de los niveles debe ser mantenida por un tiempo prolongado y se asocia a cierta disposición".

Cuando la hiperuricemia persiste, los ataques o crisis se vuelven más frecuentes y comienzan a afectar más articulaciones, llegando incluso a involucrar algunos miembros superiores. "Se depositan cristales a nivel subcutáneo con formaciones nodulares que contienen cristales en su interior", explica Sosa.

Los altos niveles de ácido úrico pueden resultar tanto de la producción excesiva del organismo como de una dificultad de los riñones para eliminarlo de forma adecuada. "Existe una alteración en el metabolismo de las purinas en los pacientes con gota, lo que es genético y no tiene hasta el momento solución. Por ello, la prevención es fundamental", sostiene Uboldi.

LOS HOMBRES. Cuando Jared Leto tuvo que aumentar 60 kilos para interpretar al asesino de John Lennon en la película Chapter 27, la gota que contrajo fue tan dolorosa que no podía caminar largas distancias y por momentos tuvo que usar una silla de ruedas. Si bien Luciano Pavarotti murió en 2007 de un cáncer pancreático, es sabido que también sufría de gota. Su lucha contra el sobrepeso fue intensa y continua. "El gordo no cantará", declaró al New York Post cuando tuvo que cancelar una función de Tosca en 2002. Cuando el actor y cómico Jim Belushi fue diagnosticado con gota, dijo que su ego no le permitió buscar ayuda médica. Tras un fuerte empuje durante un rodaje cambió de idea. Hoy está libre de ataques y es portavoz para Check Out Your Gout, una campaña educativa patrocinada por la industria farmacéutica en Estados Unidos.

No es casualidad que todas las anécdotas provengan de hombres famosos, ya que la enfermedad es mucho más frecuente entre varones. En el caso de las mujeres, la gota no es habitual antes de la menopausia. "No se sabe aún por qué", dice Uboldi, "tal vez las hormonas femeninas tengan un efecto protector". Sin embargo, su incidencia aumenta en el período posterior a la menopausia o cuando hay obesidad o sobrepeso, explica Sosa.

Un estudio publicado en 2011 en la revista de la Asociación Estadounidense de Medicina vinculó un mayor consumo de refrescos endulzados con azúcar a un incremento del riesgo de gota en mujeres. Según The New York Times, en Estados Unidos una de cada 20 mujeres mayores de 70 años la padece.

También tienen predisposición a sufrir esta enfermedad articular las personas que cargan con algunos desórdenes frecuentes en estos tiempos, como hipertensión, diabetes, colesterol alto o el llamado síndrome metabólico, que incluye resistencia a la insulina. Además, algunos medicamentos para el tratamiento de dichas afecciones -como los diuréticos- aumentan el riesgo de padecer gota. Sucede lo mismo con los inmunodepresores para evitar el rechazo de órganos en caso de trasplantes o una dosis baja de ácido acetilsalicílico, tomado para reducir el riesgo de accidentes cardiovasculares.

En contrapartida, no se conocen casos de niños que padezcan de gota.

QUÉ HACER. Los especialistas coinciden en que el primer episodio se cura sin secuelas independientemente del tratamiento, pero igual es necesario tomar medidas para evitar nuevos empujes, cuya reiteración puede llevar a la destrucción articular. "Los empujes se desencadenan por traumatismos, transgresión dietética rica en purinas, consumo de alcohol, abandono de la medicación o uso prolongado de diuréticos", señala Sosa.

Para la especialista, las principales líneas de tratamiento son la educación y el cambio de hábitos. Entre las recomendaciones está evitar el sobrepeso, caminar regularmente y realizar ejercicio aeróbico. Para la hiperuricemia, se debe limitar el consumo de alcohol y evitar los alimentos ricos en purinas. Sosa también sugiere beber de dos a tres litros de "líquidos bicarbonatados", que evitan el depósito de cristales a nivel renal.

Ante un ataque agudo, la indicación es llamar al médico, que seguramente derivará el caso a un reumatólogo. Para aliviar el dolor, Uboldi recomienda reposo, analgésicos comunes y antiinflamatorios no esteroides. "El paciente debe estar controlado y seguir los consejos de su médico, ya que los ataques, al principio, igual pueden aparecer. Si el paciente es consecuente, luego de un tiempo, con un tratamiento adecuado, puede permanecer sin síntomas".

Es el caso de José, de 73 años y amante de las parrilladas al paso. Hace unos diez años un ataque de gota le dificultó el andar por unos días. El pie derecho estaba inflamado, rojo e imposible de calzar ni siquiera en una sandalia. Pero hoy ya no lo recuerda. Dejar el sedentarismo y reducir las escalas en busca de un par de panchos o medio entrecot, ayudó. Pero sabe que tiene que estar atento. Porque una vez que la gota se manifestó, si los cuidados no son los adecuados, puede volver.

TIPS PARA EVITAR UN ATAQUE DE GOTA

Se habla de hiperuricemia cuando los niveles de ácido úrico en la sangre son mayores a 7mg/dl. Una dieta totalmente restrictiva en purinas puede descender los niveles entre 0,6 y 1,8 mg./dl.

La dieta ideal debe evitar la ingesta de alcohol (sobre todo cerveza) y los alimentos ricos en purinas: vísceras, achuras, carnes rojas y embutidos.

No abusar de las legumbres (lentejas, garbanzos, arvejas y porotos), ya que tienen un contenido moderado de purinas. Se recomienda no consumirlas más de una vez por semana.

En contrapartida, los cereales, las féculas como la papa y las verduras pobres en purinas estimulan la eliminación de los uratos.

En caso de una persona obesa, la indicación es adelgazar y controlar el metabolismo de las grasas, ya que es frecuente el aumento del colesterol y los triglicéridos. Todas esas medidas también reducen el riesgo de enfermedades coronarias.

Hay que aumentar el consumo de líquidos, sobre todo agua, infusiones o jugos.

Ante un ataque agudo, el reposo y los analgésicos comunes alivian el dolor. Los antiinflamatorios no esteroides mejoran la inflamación arterial.

Los medicamentos indicados para el tratamiento son de dos tipos: los que reducen los niveles de ácido úrico gracias a la disminución de su producción y los que aumentan su excreción a nivel renal. Entre los remedios específicos, el reumatólogo Carlos Uboldi destaca la eficacia de la colchicina, aunque puede producir diarrea.

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