Hepburn con pantalones negros

La inolvidable belleza clásica de Audrey Hepburn vuelve al ruedo, esta vez de la mano de un polémico comercial de televisión de la cadena de ropa The Gap, que la revivió desde el celuloide para promocionar sus nuevos pantalones negros chupines, iguales a los que ella usaba varias décadas atrás.

Además, el vestido negro que la inmortalizó en Desayuno en Tiffany´s será subastado el 5 de diciembre. La suma de estos revivals llama a no olvidar a la persona que creó su look, uno que sobrevive al tiempo. Fue Hubert de Givenchy.

El diseñador conoció a Audrey Hepburn cuando presentó su primera colección en París, en marzo de 1952. La revista Vogue señaló entonces que se trataba de la combinación de "un estereotipo ultramoderno y una bailarina de ballet". Givenchy diseñó para ella durante los siguientes 40 años y Audrey fue su musa y la modelo perfecta de su estilo en el cine -creó los vestuarios de 10 de sus películas- y en la vida: hasta su vestido de novia, cuando se casó con Mel Ferrer, en 1954.

Como recuerda Linda Watson en su libro Siglo XX. Moda, en septiembre de 1952 Vogue sintetizaba: "El vestido negro, engañosamente simple es el corazón de toda colección". Una silueta engañosamente simple, porque es, a la vez, neta, despojada y seductora, formal y natural.

Givenchy abrió su casa de alta costura a los 25 años en la rue Alfred de Vigny, tras estudiar en el Collège Felix Faure de Beauvais y la Ecole Supérieure de Beaux Arts de París, y de trabajar con Jacques Fath, Robert Piguet y Elsa Schiaparelli. Cristóbal Balenciaga fue su amigo y maestro.

Pregonaba el chic de lo básico: una mujer elegante no necesitaba, según él, más que un tapado, dos trajes, un par de pantalones, dos suéteres, pero también hacía vestidos suntuosos; durante los años 70 sus bordados se inspiraban en obras de Braque, Miró y Rothko.

Además de lucir sus creaciones, Audrey tuvo durante un año la exclusividad de uso de su perfume, L`Interdit.

Givenchy fue, también, quien vistió a Jacqueline Kennedy con aquel memorable vestido largo de raso color marfil que lució en Versalles durante la visita oficial de la pareja presidencial americana a Francia. También, a la duquesa de Windsor.

En octubre de 1991 celebró sus 40 años en la moda con una exposición en el Palais Galliéra, el Museo de la moda y la indumentaria, que fue inaugurada por la entonces embajadora de la Unicef Audrey Hepburn.

Había vendido su empresa en 1988 al grupo LVMH (Louis Vuitton Möet Hennessy). Aquél a quien habían definido como "el aristócrata de la alta costura" declaró: "Espero que me sustituya alguien emocionante y nuevo. Es importante que no sea alguien ya establecido"; John Galliano fue nombrado su sucesor en 1995, seguido de Alexander McQueen en 1996, y Julian Macdonald en 2001.

Hepburn murió en Suiza el 20 de enero de 1993. Gap recupera ahora su silueta en su negro favorito y con flequillo: algo original, vital, femenino, que sigue vigente, síntesis de su época y personalidad, y que pide ser reinterpretado. LA NACIÓN

Desayuno, pero en The Gap

Audrey Hepburn mira desde murales en casas de decoración en Barcelona. Audrey Hepburn va y viene impresa en carteras plásticas de la feria londinense de Camden. Audrey Hepburn aparece, diminuta, en prendedores comprados en Amberes. En Estados Unidos, la firma de ropa The Gap también recurrió a Audrey. Específicamente, a su imagen en la película Funny Face, para dar a conocer su línea de pantalones negros ajustados.

"¿Pero los anunciantes no pudieron encontrar alguien vivo para ponerle los pantalones?", se preguntaron en una nota del diario The Denver Post. "¿Alguna trendy al estilo de Sarah Jessica Parker, o algún Lenny Kravitz ultra cool? Pero la respuesta obvia es que ya no se hacen más como Audrey Hepburn", sigue la nota.

En el aviso de The Gap, ella baila un rock rabioso de AC/DC, Back in Black (De nuevo de negro), primero en un bar lleno de humo y después, sola, sobre un fondo beige, vestida de negro, con los pantalones publicitados, toda de negro y con cola de caballo. "Preferiría expresarme ahora -dice al inicio-. Si una chica quiere bailar, una chica quiere bailar. No es nada más que una forma de expresión, una liberación".

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