Viajes

La Gran Manzana en época de cuarentena

Un estudiante universitario visitó Nueva York poco antes de que estallara la crisis sanitaria y logró recorrer la ciudad y ver una desoladora imagen 

Un viajero uruguayo descubre un perfil desconocido de Nueva York.
Un viajero argentino descubre un perfil desconocido de Nueva York. Fotos: Sebastián Bof

La ciudad que nunca duerme, en terapia intensiva”, dice Sebastián Bof, argentino, de 36 años, que estudia en Kellogg School of Management en Chicago y que fue a visitar Nueva York poco antes de que se declarara la emergencia. En comunicación con Revista Domingo Bof describe su insólita experiencia en la mayor metrópolis del mundo que se convirtió en epicentro de la pandemia en Estados Unidos.

“Hace una semana me encuentro recorriendo las calles de esta nueva versión de la ciudad”, comenta Bof.

Lugares emblemáticos como el puente de Brooklyn parecen irreconocibles.
Lugares emblemáticos como el puente de Brooklyn parecen irreconocibles.

Atrás quedaron los grandes espectáculos de Broadway, el tumulto en la Quinta Avenida, los picnics en el Central Park, las noches en los rooftops contemplando la inmensidad de Nueva York, cuenta Bof.

No puede evitar la fuerte impresión que le causa recorrer esta metrópolis fantasmal. “Hoy Nueva York se ve como un paciente terminal a la espera del peor pronóstico. Empecé la semana apurado, sabiendo que podrían cerrar cada vez más lugares turísticos a medida que la ‘fantasiosa’ para algunos, pandemia, empezaba a emerger en las calles y a filtrarse en la vida de cada neoyorquino”, relata.

Mientras le fue posible, Bof aprovechó el tiempo en recorrer las calles y los parques públicos para fotografiar aquella faz inédita de la ciudad. Y mientras lo hacía tomaba nota en su diario de viaje.

"Sé que nunca volveré a ver así a esta ciudad", dice Bof.
"Sé que nunca volveré a ver así a esta ciudad", dice Bof.

DÍA 1. “La Estatua de la Libertad, todo Wall Street, y en 11-S Memorial. El trayecto hacia el sur de Manhattan, donde se hayan estos monumentos lo hice en lo que considero un tren fantasma, un subte con cinco personas en el vagón, con sus miradas fijas en el piso, barbijos, anteojos, guante, y lejos uno del otro”.

Y continúa: “Al bajar, el famoso ferry que te lleva a la estatua tenía servicio reducido, únicamente daba la vuelta a la isla, pasaba por el puente de Brooklyn y daba la vuelta. El memorial del 11-S con vallas, sus fuentes apagadas, cinco patrulleros cubriendo las esquinas y agentes del NYPD (Policía de Nueva York) caminando por la plaza, alejando a cualquier ‘distraído’ que intentara obtener una mejor foto para su Instagram. Sencillamente, al no haber nadie en las calles, todo cerrado, con un silencio atroz, se podría decir que en cierto modo se experimentaba el mismo vacío que cada ciudadano debe haber vivido aquella fatídica mañana”.

DÍA 2. “El segundo día decidí aprovechar la poca gente y recorrer el Central Park y, para mi sorpresa, la imagen fue otra. Las calles podrían estar vacías, pero el parque estaba repleto de gente, desde músicos a turistas con sus máquinas de fotos, desde runners a personas haciendo picnic, todos ajenos a la situación que realmente estaba sucediendo frente a sus narices. Quizás esa indiferencia ante el problema es el motivo de que Nueva York hoy tenga (más de) 25.000 contagios”.


La típica skyline de la ciudad que nunca duerme.
La típica skyline de la ciudad que nunca duerme.

DÍA 3. “Little Italy, The Vessel, Brooklyn, lugares en los que uno lucha por sacar esa foto privilegiada, o por disfrutar de esa vista que tanto te recomendaron sin tener que luchar por un lugar entre cientos de personas que normalmente se acercan a estos lugares”.

Bof apunta: “Caminar 18 kilómetros por día se volvió la única forma de recorrer la ciudad, para evitar el subte y cumplir con el social distancing que tanto se promulga”.

“Nueva York está desnuda, lo que se ve hoy es su esqueleto en su forma mas bruta, todas sus imperfecciones, sin filtros, sin marketing, sin turismo, sin la vida o el folklore que convence más que su infraestructura. Sus calles en mal estado, sus edificios (la gran mayoría) con andamios por refacciones, la suciedad por la limitación en los servicios y, principalmente, sus indigentes, que ante esta situación quedan expuestos y son los amos y señores de las calles. Sorprende su cantidad, normalmente tapados por las miles de personas que circulan las calles y la actividad diaria de la ciudad”.

También el viajero comenta: “Hoy son ellos los que ante cualquier movimiento, se abalanzan a pedir comida, dinero, ropa, completamente expuestos al contagio”.

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