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La gastronomía en tiempos de Instagram

En tiempos de Instagram todo cambia, incluso la forma de alimentarnos y de relacionarnos con la comida. ¿Pero qué dicen los que saben de la gastronomía en las redes sociales?

Unas manos de mujer toman foto de una mesa con comida
Todos buscan la foto perfecta de sus comidas. Foto: Shutterstock

El plato llega a la mesa. Es tentador y es díficil esperar a dar el primer bocado. Sin embargo, alguien de la mesa alza la voz y pide tomar la foto antes de que nadie pruebe nada. Toma la foto, no le gusta como queda. ¿Hay que seguir esperando? Sí, toma otra. Y mientras la sube a su cuenta de Instagram avisa que ya se puede probar la comida. En las salidas a comer, Instagram es un comensal más. Por lo tanto, está en la cabeza de los consumidores que lo usan como catálogo de opciones para salir, o como testimonio del plato de deleite. Incluso para construir su imagen virtual como un “foodie” o hasta para su comportamiento fit (o cuidado), porque, claro, la comida saludable es otra protagonista de las redes sociales. Hoy, en la gastronomía todo debe ser “Instagrameable”.

En Uruguay hay varias cuentas dedicadas a difundir la oferta de comida local: Como pez en el agua, Colchón de verdes y Food&Pleasure son solo algunas. Hay otras que comparten sistemáticamente la elaboración de platos caseros y sus recetas 3una nueva variante de los formatos de programas de cocina, que se complementan con blogs—, promoviendo la buena alimentación, como Not Only Salad, de Steffi Rauhut, una de las más conocidas. Incluso los emprendimientos gastronómicos se han aggiornado y hacen de sus redes sociales una vitrina muy tentadora.

“Como en tantos otros rubros, las redes sociales, y hoy especialmente Instagram, representan un preencuentro, un filtro casi determinante a la hora de tomar la decisión de ir a ese o a otro lugar”, afirma Malena del Campo, directora ejecutiva de Pipa, una agencia de comunicación que ha trabajado con campañas gastronómicas. En el caso de Sometimes Sunday —un café restaurante que abrió hace cinco meses una pareja colombiana en Ciudad Vieja— Instagram ha sido uno de sus principales canales. “Nada de lo que subimos es hecho por otra persona, y tratamos de que sea muy real. Es nuestra casa y es lo que queremos mostrar. También lo usamos como un relato de nuestro día a día. Y si vamos a otro restaurante, mostramos lo que hacen”, explica Julián Medina, chef y dueño del local.

En su caso, decidieron no usar tanto el feed, donde solo publicaron un par de imágenes que transmiten la esencia de Sometimes Sunday. Su fuerte son las “historias”, en las que contaron desde cuando el local estaba en obras, hasta los platos que preparan o prueban en otros lugares. Sí hacen mucho hincapié en que los platos se vean bonitos. Además, Ana María Quintana, la otra propietaria, es diseñadora de interiores, por lo que se esforzaron en darle al lugar un toque ameno y moderno. “Hay cosas a las que les puedes tomar fotos y nos ha dado muy buen resultado, porque la gente normalmente está compartiendo esas imágenes muy lindas y es un boca a boca a sus seguidores. Queremos arriesgarnos a eso: a que la gente cuente si le gustó o no le gustó. Lo que sea, pero no pagamos para eso”, añade Medina.

Unas manos de mujer toman foto de una mesa con comida
El problema de la estandarización

Hay comidas, sobre todo de la era del foodporn, que son fotogénicas en sí, por eso, muchos lugares de cocina las presentan en su carta. Saben que cualquier usuario de Instagram activo querrá tener esa foto. El problema está en la pérdida de la autenticidad del mundo culinario. La estandarización también implica, muchas veces, la falta de veracidad a la hora de comer. Eli Varscher, de la cuenta Colchón de verdes, opina que hay lugares que sirven puro foodporn, pero “cuando uno los prueba entiende que no tienen sentido alguno”.

Sergio Puglia opina que las redes sociales instalaron el mundo de la cocina y la gastronomía. “Eso es indudable. Hoy la gente se preocupa enormemente, desde el punto de vista hedonista hasta el punto de vista médico, por cómo se alimenta. Y por otro lado la oferta gastronómica mejoró, se multiplicó y se hizo mucho más diversa”. Así Instagram, la red social que juega con retratar los buenos momentos de la vida, tiene un peso importante en las maneras de comer. ¿Pero cómo las altera?

Una puerta al mundo.

Mauricio Pizard bromea con que nació el 16 de octubre, Día Internacional de la Alimentación, y que por eso siempre le importó todo respecto al alimento. Destaca lo fundamental que le parece elegir comer aquello que hace bien a uno y al medio ambiente. Además, desde hace un tiempo ha hecho del mundo gastronómico su emprendimiento y es uno de los organizadores detrás de Garage Gourmet, feria gastronómica y portal multiformato, con gran presencia en las redes sociales.

Para él, Instagram “ha mostrado la infinita variedad de alimentos y preparaciones del mundo. La cocina, como manifestación cultural propia de cada grupo (desde pueblos hasta familias), es parte de lo que somos. Soy lo que como, me identifico con tal o cual forma de preparar un alimento, celebro comiendo esto o aquello. A su vez, amplio mi paladar conociendo lo que comen otras personas y probando cosas nuevas. Instagram es como una gran biblioteca virtual de sabores y técnicas”.  

Pizard añade que las series y los reality shows gastronómicos también han motivado a que se popularice el “buen comer”, y revaloriza la cocina casera. Rosana Decima es periodista de El País y desde hace poco administra el blog Locas por los platos y su Instagram correspondiente. Aunque recién empieza, tiene sus valores claros: busca transmitir la importancia que tienen las costumbres, las recetas de generaciones e incluso la comida callejera, insignias de cada ciudad del mundo. “No me gusta que la gastronomía se piense solamente en grandes chefs y restaurantes caros. Sí, tienen su importancia y su aporte, pero amar la cocina no es solo eso”, sostiene.

Eli de Colchón de Verdes
¿Las redes son la nueva crítica?

Ahora Eli Varscher está en México y se le complica, pero mientras vivió en Uruguay salía a comer para mantener su blog y su Instagram Colchón de verdes. Fotografiaba algún plato, escribía una reseña y contaba su recomendación de cada lugar. Sin embargo cree que Instagram no sustituye la crítica especializada. En su caso, su interés principal es encontrar contentidos que sean interesantes y expresar su amor por el buen comer. Elige los lugares en los que se siente como en casa “y con platos lo más honestos posibles”.

Steffi Rauhut es una blogger uruguaya que lleva adelante un sitio web y un instagram (Not Only Salad) en el que comparte recetas y consejos vinculados al mundo de la cocina. Tiene un contacto asiduo con sus seguidores y dice que muchos le escriben diciendo que se animaron a probar algo nuevo gracias a sus recetas. “Quizás lo “foodie” siempre estuvo ahí, pero ahora es más aparente”.

El boca en boca amplificado

 Antes, parte de la publicidad de un restaurante estaba en los medios y sus críticas gastronómicas. La otra parte estaba en el boca a boca de los visitantes, que compartían su experiencia con amigos. Hoy las redes sociales (e incluso Google) lo amplifican y las opiniones que convencen a otros (o no) pueden ser masivas. Todos aquellos que buscan en Instagram una ventana a nuevos comensales hablan del “boca en boca digital”.

Para Puglia hay dos problemas centrales en esto. Uno es el de las críticas destructivas que muchas veces se esconden en el anonimato. Del Campo, de Pipa, cuenta que entre las dudas más presentes en sus clientes están, justamente, las críticas negativas. Pero prefiere ver las críticas como opiniones que pueden ser revertidas, como herramientas para que el lugar mejore en su oferta y gestión.

El otro problema con el boca a boca viene desde antes, según Puglia, porque se confunde el gusto con un valor universal. “Vos sos la consecuencia de lo que comés de acuerdo a cómo te educaron y en el medio en el que te desarrollaste. No se puede estandarizar el gusto”.

¿Cuidar más la imagen o el sabor?

En esto de los tiempos de Instagram, las fotos deben ser tentadoras. “Hablamos de comidas más seductoras. No todos salimos bien en cámara y con los platos pasa lo mismo”, explica Malena del Campo de la agencia Pipa.

En esto entra en juego el food styiling o el estilismo culinario que es, básicamente, hacer que los alimentos y las recetas luzcan muy apetitosas en las imágenes. No es nuevo, pero claro que ha crecido la tendencia con las redes, sobre todo con lo visual de Instagram. En esto Steffi Rauhut pone especial atención cuando elabora recetas para su sitio y su instagram Not Only Salad (@notonlysaladblog), donde la fotografía es esencial: “Una buena foto es aquella que logra transmitir la idea. Logra traspasar la pantalla y hacerle sentir a quien la ve el olorcito del plato, despertar las papilas gustativas, hacer ‘agua la boca’”.

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