"Fui preso, pero nadie sabe por qué estaba en el boliche"

| Hoy es ídolo, pero debió darse varios golpes para entender cómo llevar la profesión. El capitán tricolor habla de la cárcel, de su difícil pasaje por Europa, del dinero y los malos amigos, y de la humillación que sintió vistiendo la celeste. Se siente más seguro y maduro, tras la responsabilidad que, él dice, le dio su gente.

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MAGDALENA HERRERA

Aunque no hubiera tocado una pelota en su vida, la sangre tricolor correría de todas maneras por sus venas. Nada le hubiera evitado las tantísimas alegrías así como profundas tristezas que le dio su equipo durante 33 años. Richard Morales es digno hijo de su padre, un "fanático de los de antes", como lo define el actual capitán de Nacional.

En la casita de bloques de Las Piedras, en la que vivían los Morales y sus seis hijos, las paredes estaban tapizadas de fotografías del equipo "bolso, de todas las décadas". No había dinero, por esos tiempos, ni siquiera para el hijo que prometía en la cancha. "Fue difícil, como la de todo padre trabajador que luchó la vida por su familia. No sobraban 10 ó 20 pesos para viajar a diario a practicar fútbol, en las inferiores de Nacional. Era una carga", recuerda el "Chengue."

Las Piedras, la ciudad canaria que lo vio crecer, despierta en él sentimientos bastante contradictorios. Por un lado, allí todavía vive su familia, padres y hermanos, con quien mantiene hasta hoy una relación entrañable. En el otro extremo están aquellos recuerdos tristes, amigos que se distanciaron, y una pelea en una discoteca que terminó con Morales en prisión y, una vez más, en la "picota" pública. Tiene sabor amargo de aquel tiempo, que explica al detalle, durante la charla.

Tampoco calla sobre otros aspectos controvertidos de su carrera, como cuando dijo públicamente que no jugaba más para la selección uruguaya, para luego echarse atrás. Richard Morales cuenta el porqué de esa decisión, entre otras de su vida, como la de irse a España a jugar poco, calentar demasiado banco, pero ganar dinero.

Habla de los directivos y de los periodistas deportivos. Hasta se refiere a los políticos, quienes según Morales, se acuerdan de la gente sólo cuando la necesitan. "Yo fui preso por una pelea. Ahora los veo a puñetazos en el Parlamento. No vi que ninguno de ellos marchara a la cárcel, como yo. ¿Qué diferencia hay?", se pregunta.

Reconoce que está pasando por uno de los mejores momentos de su vida, que se siente feliz en Nacional, al que ya no toma como un trabajo sino que lo disfruta mucho. "Estoy muy bien. Siento que tengo un poco de autoridad para poder proponer cambios, para hacer cosas. Igual, no es fácil porque estás permanentemente expuesto a las críticas".

-¿Duelen tanto las críticas? ¿Un futbolista no se acostumbra?

-La crítica deportiva no me duele porque cuando uno lo hace mal, lo hace mal, y punto. Lo que duele es cuando se meten en cosas de la vida privada. No veo a ningún jugador hablar de la vida privada de un periodista, o de su familia. Me parece que en este país tenemos conceptos equivocados. Por ejemplo, me dolió mucho todo lo que salió sobre Peñarol, porque no es justo. Ningún jugador, de Peñarol, Fénix, o el cuadro que sea, tiene voluntad de hacer algo mal para dañar a su equipo, porque se está haciendo daño a él mismo. Duele eso de los periodistas. Y hay cosas que no se dicen, pero cuando dejás de hablarle a un periodista, enseguida te vienen a increpar lo que han hecho por ti. Son cosas que dan rabia.

-Está bien. Pero la función del periodista es comunicar, no llevarse o quedar bien con los jugadores.

-Por supuesto, estoy de acuerdo, el periodismo, como en todas partes del mundo, debe referirse a lo que hacés bien o mal en el trabajo, y punto. En el caso del deportivo, se debe hablar de lo que el jugador hace en la cancha. Pero no, aquí siempre tienen que buscarle la quinta pata al gato.

-Si fuera periodista, ¿cómo se definiría como jugador?

-Como un jugador de mucha entrega, de pelear al máximo y tratar de dejar todo en cada partido. Después las otras cosas te pueden venir. Hay futbolistas que tienen una calidad increíble, pero les falta entrega y sacrificio. Bueno, lo suplantan con otras cosas. Yo sigo con mi estrategia principal: que ese espíritu que uno pone en el partido se sienta reflejado en la gente y en los compañeros.

--Algunos dicen que es mejor jugador fuera de la cancha que dentro, haciendo referencia a sus dotes de líder y no tanto a los de jugador. ¿Qué reflexión le merece?

-(Se sonríe). Doler no duele, porque dentro mío lo tengo muy claro, y también la gente que me conoce. Puedo ser más o menos bueno o malo, hacer o no goles, pero yo sé que me entrego al máximo y trato de hacer todo por mis compañeros.

-¿Qué se siente vestir la celeste?

-Una experiencia muy especial, y contradictoria, porque también me sentí muy utilizado en la Selección. Tenía la posibilidad de jugar sólo cuando el equipo iba perdiendo. Son cosas que me dieron muchísimo dolor y bronca, al punto de llegar a decir que no venía más. Después, hablando con compañeros que me dijeron que era el peor error de mi vida, tuve la capacidad de reaccionar y darme cuenta que me equivoqué. Porque a la Selección nunca se le puede decir que no. En ese momento, todos salieron a decir: `el Chengue no viene más`. Nadie pensó en porqué yo tomaba esa decisión. Nadie se pone a pensar en los jugadores, que dejan a sus familias solas para viajar a donde sea por la selección. Hay muchas cosas que deben analizarse y poner en la balanza. A veces los periodistas no se dan cuenta y van a la más fácil: `chau, el Chengue no viene más`. Y, la gente empieza a tener un concepto errado. Me sentía humillado. Fue simplemento eso.

-¿Cuál fue el instante más feliz en lo deportivo?

-El de Australia. Todos me dicen: `nos llevaste al Mundial`. No fui solo, fue todo el equipo. Yo tuve la suerte de hacer los goles, de que me cayera la pelota en el lugar justo.

-¿Y cómo vivió, en ese momento, la derrota con Senegal? ¿Pesa todavía ese gol que erró?

-No, nunca me pesó. Yo me vine muy contento. En lo personal, había llegado al Mundial pese a que no confiaban en mí. Tuve la hombría y rebeldía suficiente para decir: `yo acá vine a jugar y a pelear el lugar`. Y bueno, en ese momento, me hicieron entrar cuando íbamos 3 a 0. Gracias a Dios hicieron penal, gol y empatamos. Al de arriba no le dio para tanto, como para que yo metiera otro. Pero la verdad es que me vine contento porque cuando me llamaron para jugar, ahí estaba.

-¿La plata lo mareó en algún momento de su vida?

-No, la plata hoy está, y mañana no. Además, primero hay que conseguirla, saber qué hacer con ella, y más en el caso de los jugadores que son un desastre. Qué me va a marear. Yo sigo siendo el mismo. Tampoco soy rico. Mi única intención es que, cuando deje de jugar el fútbol, mis hijos puedan seguir viviendo de lo que gané en este tiempo. Pero no estoy salvado todavía, ni tengo cinco millones de dólares en el banco. La gente se equivoca. Piensa que porque uno se va tres o cuatro años afuera es millonario. Pero se tienen muchos gastos, además de que uno tiene familia, padres, hermanos. No es que me haga cargo de ellos, pero si en cierto momento les puedo dar una mano, lo hago.

-¿Cómo fue la experiencia en España?

-Tuvo dos caras: la económica y la deportiva. Cuando llegué al Osasuna, el entrenador me dijo que no me había pedido, y que no contaba conmigo. Llamé a Paco para contarle. Yo venía de andar bien en Nacional y llegué a un club donde estaba desplazado. No existía. Paco me dio para adelante, me dijo que tenía que ganarle al técnico, y así fue que me puse las pilas, aunque fue difícil. Después, me pegó el lado de la rebeldía y dije `yo acá tengo que jugar`. A todo esto, no podía llegar deprimido a mi casa a ver a mi familia. Tenía que llegar con la mejor sonrisa. Era difícil porque me estaba reventando de rabia, había 22 jugadores en una cancha, y yo solo en otra. Pero bueno, fue lo que me tocó vivir y lo que me mandó el de arriba. Dentro de todas las cosas jodidas que pasé, estoy agradecido con lo que Paco me pudo dar. Lo hizo con la mejor intención. Yo ya cumplía 27, y era el momento justo de irme. Priorizó lo económico, a si jugaba o no.

-¿Su vuelta a Nacional fue por eso?

-No, gracias a Dios en España tuve ofertas muy tentadoras. Pero me veía en el momento justo de volver a Nacional, de retribuirle a esa gente que me dio la posibilidad de irme afuera.

-Hay quienes dicen que hay un "Chengue" antes y después de Europa. ¿O el capitanato lo cambió?

-Gracias a Dios me siento un referente del club, de mis compañeros. Sentí mucha responsabilidad cuando volví, que la vi reflejada en la gente, en los jugadores, en el club. Eso te lleva a madurar más las cosas, a tener más seriedad en todo.

-¿Es creyente?

-Todo lo que estoy viviendo me ha hecho creer mucho. Cuando las cosas no salían como queríamos, con Gustavo Varela y otros, nos fuimos a ver a la Virgen de Lourdes, que está muy cerca de aquí (Los Céspedes). Le pedimos por nosotros, la familia, que nos fuera bien en el club.

-Ha tenido problemas en la noche, incluso estuvo en prisión por haber golpeado a personas en una discoteca en Las Piedras. ¿Qué experiencia quedó de esos episodios?

-Nadie sabe por qué yo estaba en esa discoteca. Habían robado mi casa de Las Piedras, y me habían avisado que los ladrones estaban ahí. Eso fue lo principal, pero no trascendió mucho. Lamentablemente, el chico que quedó lastimado, al que le pasó todo lo que le pasó, no era uno de ellos. Fue mala información que me pasó gente que luego me di cuenta que no era amiga, que sólo se acercaba por interés. Me hicieron calentar, y sentir impotencia. Eso fue lo que me llevó a estar ahí. Pero ta, esa experiencia me ayudó a apreciar a los amigos verdaderos. Uno de los que me dio mucha fuerza fue Hugo de León, que se portó como un señor, por más que haya dicho públicamente las cosas que dijo. Conmigo se portó como un rey porque me aclaró que salía de la cana y jugaba. Además, la gente me dio mucha fuerza. ¿Sabés lo que es estar preso y ver el estadio con pancartas tuyas cuando me había mandado una macana? Esas cosas no se olvidan.

-¿Lo hizo reflexionar sobre su agitada vida nocturna?

-Soy una persona como cualquiera, y en aquel momento un joven como otro que toma una cerveza. Después me di cuenta que, al ser público, no era lo mismo que vieran a cualquier otro que a mí. Empecé a asumirlo, y buscar los momentos adecuados. Porque sobre los jugadores siempre pesa el resultado. Si es bueno, no pasa nada. Si perdés, cambia todo, ven lo malo de toda tu vida.

-¿Cómo vivió la cárcel?

-(Silencio). Fa, eso fue muy duro. Pero yo fui a la cárcel por tener antecedentes, que no merecía. Me equivoqué, pero ¿hubiera ido a la cárcel si no hubiera tenido antecedentes? No. Y los tenía por una pelea, que reconozco no estuvo bien, pero por la que nadie va preso. Ahora se pelean en todos lados, mismo los políticos, y nunca pasa nada. Se pelean en el propio Parlamento y nunca vi a nadie preso. No vi a nadie en televisión como nosotros, que tuvimos que pedir por favor que no nos esposaran. Son cosas de este país que no entiendo y no las voy a entender. Tampoco me quiero hacer el Tabaré Vázquez, que no me sale.

-¿Es frentista?

-No, no. A mí los políticos me dan igual. Cuando necesitan al pueblo son una cosa y cuando no, otra. Es mi humilde forma de verlo.

"Los directivos no están sólo para entrar gratis"

Richard Morales engrosa la lista de jugadores que no tiene reparos en defender a ultranza al empresario y contratista Francisco "Paco" Casal. "Se ha portado siempre muy bien conmigo, me ha dicho que soy uno de sus hijos y para mí eso es un halago muy grande. Nunca me ha fallado, en ningún sentido. Creo que ha ayudado a muchísima gente y siempre está en los momentos difíciles".

-¿Le parece bien que se vayan chicos tan jóvenes a jugar a Europa?

-Y... si tu hijo tiene 16 años y le dicen: `te vas a Europa y vas a ganar mucho dinero`, ¿cómo hacés para decirle que no? La oportunidad la tenés una vez sola. Todos los jugadores piensan en irse hoy en día. Tal vez no es lo ideal, pero es lo que les dará comodidad.

-Pero con ese criterio, y si los jóvenes que juegan bien se siguen yendo, ¿cómo puede levantarse el nivel del fútbol uruguayo?

-Hay que trabajar en todos los aspectos, el tema no son sólo los jugadores, también los directivos. ¿Qué le aportan al fútbol? ¿Para qué trabajan? Primero hay que pensar en eso. No se trata de que todos los jugadores se van porque Paco o algún otro los vende. Si los jugadores de cuarta y quinta (división) no ganaran lo que ganan y no tuvieran que pedir prestado para venir a entrenar, seguramente no se irían a los 16 años. Los directivos no están sólo para entrar gratis al estadio. Tienen que hacer cosas.

-¿Le gustaría ser directivo alguna vez?

-(Risas) Por el momento sólo quiero jugar al fútbol. Después lo pensaré. Pero directivo no, no me veo.

-¿Y director técnico?

-No, tampoco. No me veo con autoridad, al menos en este momento. Más adelante, capaz que sí.

-Tiene 33 años. ¿Ha pensado en una edad para retirarse de las canchas?

-Estoy viejo ya. Pero ahora pienso en otras cosas, como lo que me tocó vivir el otro día con mi hija, cuando la llevé al Parque (Central) lleno y pude sacarme un foto con ella. Pienso en ser útil en la selección nacional. Pienso en cosas que antes no pensaba. Todo lo que me pasaba, antes, sólo venía, no era pensado. Ahora pienso en las cosas y lucho para ver si puedo llegar.

"Por decir no, perdí amigos"

"Creo que lo peor que me pasó en Las Piedras es haber perdido a mucha gente que consideraba amiga, y de un momento a otro se distanció", dice el Chengue mientras rememora situaciones vividas en su localidad natal.

- ¿Por qué se distanció?

-Creo que por equivocarse en conceptos, que no son de amigos. A muchísimos futbolistas nos pasa que cuando tenés la posibilidad de jugar profesionalmente, o viajar y estar afuera, te equivocás un poco, y la gente se equivoca contigo. Lo económico es, en gran parte, lo que te hace distanciarte de las personas, u otra que se acerca sólo por esa razón.

-¿Se le acercaba gente de Las Piedras a pedirle dinero?

- Sí, pasa mucho. Tal vez no se habla del tema pero sí que pasa, y te hace distanciarte de personas. Por decir que no los perdés, porque creen que uno tiene la obligación de darles cosas, y yo creo que no es lo más justo. Un amigo o un ser querido no se valora por lo que tiene o por lo que puede dar o dejar de dar, sino por su forma de vivir y ver las cosas.

-¿Su recuerdo de Las Piedras está en la gente que le quedó y en la que perdió?

- Yo a la gente de Las Piedras la quiero muchísimo y voy cada vez que puedo. Mis padres viven ahí, mis amigos. Pero me sirvió para valorar muchísimas cosas y ver que no todo era como pensaba, o como viví de niño.

-Y por Juventud de Las Piedras, ¿qué siente?

- Nada. Nunca sentí nada y nunca voy a sentir porque yo soy hincha de un cuadro de barrio mucho más importante que Juventud, que es Los Ceibos. Tenía muchísima hinchada y por celos y envidia entre unos y otros fue desapareciendo. Pero Los Ceibos ha sido siempre el cuadro más importante de Las Piedras.

"El Loco hace más goles, es así"

- Desde que regresó a Nacional muchos hinchas lo han colocado en el lugar de figura del equipo que dejó "El Loco" Sebastián Abreu. ¿Le pesa esa comparación?

- No, no, al contrario. Que me comparen con el Loco es un anhelo, una satisfacción enorme. Él ha conseguido muchísimo, es un gran jugador. No es que me comparen, tal vez dicen que el Loco Abreu hace más goles y es así. Él es un grande, la gente lo quiere muchísimo y ojalá siga así. Que pueda volver y siga haciendo goles para Nacional.

-¿Cómo es su relación con los jugadores de cuadros rivales?

-Me he peleado con jugadores dentro de la cancha, mal, de discutir y diferentes cosas, pero no entiendo por qué no hablarle, saludarlo, darle un beso o un abrazo fuera de la cancha. (Cuando juego) yo estoy defendiendo la comida de mis hijos, y ellos también. Pero después termina.

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