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El filósofo que cuestiona todo

Para Byung Chul-Han no hay medias tintas: no usa smartphone, sólo oye música analógica, ni hace turismo. La estrella intelectual de moda.

Byung Chul-Han
Byung Chul-Han

De niño le gustaba jugar con radios y aparatos eléctricos. Sentía una inclinación natural por la tecnología, lo cual lo llevó a estudiar metalurgia en la Universidad de su ciudad natal. Nada parecía anunciar que se convertiría en filósofo y, de hecho, en uno de los pensadores contemporáneos más originales y críticos de la modernidad.

Byung Chul-Han (60) es una de las figuras intelectuales de mayor peso y sus libros, breves, concisos y muchas veces demoledores son mucho más leídos que las obras de cualquiera de sus colegas. La obra del surcoreano se ha ocupado de los temas más acuciantes para hombres y mujeres contemporáneos: el ocio, el trabajo, la cultura, las redes sociales, la transparencia y todo ello vinculado a una fuerte crítica al capitalismo.

Su visión extremadamente pesimista de la sociedad actual ha quedado de manifiesto en algunas de sus obras más importantes, como La sociedad del cansancio. Allí Han describe a la sociedad como un paisaje patológico de trastornos neuronales, donde destaca la depresión, los trastornos por déficit de atención, trastornos límites de personalidad, y el agotamiento o burn-out.

Pensar

 Byung Chul-Han nació en Seúl en 1959. Su atracción por la tecnología y los gadgets llevó sus pasos a la metalurgia, carrera que comenzó a estudiar en la Universidad de Corea del Sur.

Sin embargo poco después abandonó la carrera luego de provocar una explosión en su casa mientras trabajaba con productos químicos. El corte tan abrupto lo hizo dar un drástico giro de timón y terminó enfilando hacia Alemania.

Tenía 26 años cuando llegó a tierras germanas, sin saber hablar una palabra del idioma.

“Yo, en realidad, quería estudiar algo literario, pero en Corea ni podía cambiar de estudios ni mi familia me lo hubiera permitido. No me quedaba más remedio que irme. Mentí a mis padres y me instalé en Alemania pese a que apenas podía expresarme en alemán”, contó Han en una entrevista.

Y, por supuesto, lo último que tenía en mente era la filosofía. “Yo, que soy un romántico, pretendía estudiar literatura, pero leía demasiado despacio, de modo que no pude hacerlo. Me pasé a la filosofía. Para estudiar a Hegel la velocidad no es importante. Basta con poder leer una página por día”, recordaba.

Pero así las cosas terminó por inscribirse en la Universidad de Friburgo donde estudió filosofía, literatura alemana y teología en la Universidad de Múnich. Se doctoró en 1994 con una disertación sobre la obra de Martin Heidegger.

En 2000, se incorporó al Departamento de Filosofía de la Universidad de Basilea, donde completó su habilitación. En 2010 se convirtió en miembro de la Facultad Staatliche Hochschule für Gestaltung Karlsruhe, donde sus áreas de interés fueron la filosofía de los siglos XVIII, XIX y XX, la ética, la filosofía social, la fenomenología, la antropología cultural, la estética, la religión, la teoría de los medios, y la filosofía intercultural. Desde 2012, es profesor de estudios de filosofía y estudios culturales en la Universidad de las Artes de Berlín.

En paralelo a su carrera académica, Han desarrolló una extensa obra con 16 títulos publicados, buena parte de ellos traducidos al castellano.

Byung Chul-Han
Byung Chul-Han

Sin embargo Byung Chul-Han ha rehuído de la prensa en forma permanente. Reacio a conceder entrevistas, el filósofo rara vez habla de su vida y prefiere mantener en secreto, incluso, su fecha de nacimiento. Su rebelión personal contra el sistema capitalista lo ha llevado a no tener smartphone, no hacer turismo, sólo escucha música analógica y el tiempo libre lo dedica a cultivar su jardín.

La prédica de Han

“La forma de curar esa depresión es dejar atrás el narcisismo. Mirar al otro, darse cuenta de su dimensión, de su presencia”, asegura Han.

Una de sus ideas centrales tiene que ver con lo que, a su juicio, el sistema ha logrado en el hombre moderno. La interiorización del mal es consecuencia del sistema neoliberal que ha logrado algo muy importante: ya no necesita ejercer la represión porque esta ha sido interiorizada, expresa el filósofo.

“La decisión de superar el sistema que nos induce a la depresión no es cosa que solo afecte al individuo. El individuo no es libre para decidir si quiere o no dejar de estar deprimido. El sistema neoliberal obliga al hombre a actuar como si fuera un empresario, un competidor del otro, al que solo le une la relación de competencia”, sostiene.

En una reciente entrevista publicada por el diario español El Mundo el filósofo habla de su última obra dedicada al ocio.

“Hoy se elimina todo lo que no reporta un provecho inmediato, es decir, económico. Se renuncia a la formación integral a cambio de la formación profesional. Renunciar a la filosofía significa renunciar a pensar. La filosofía es un pensamiento meditativo, que se distingue del pensamiento calculador. Hoy el pensamiento se asimila cada vez más al cálculo”, reflexiona Han.

El otro fenómeno analizado ampliamente por el filósofo surcoreano es el de la violencia. En realidad sus intereses como pensador son vastos y cubren buena parte de la vida humana en sociedad.

Byung Chul-Han comenzó a atemperar su renuencia a la vida pública y últimamente ha concedido más entrevistas. Lo que ya nadie discute es que este filósofo es una estrella en la cultura actual.

Enfermar de puro ocio

“Mi libro Buen entretenimiento no es apocalíptico. En él me refiero al juego. Bajo la presión de tener que trabajar hoy nos hemos olvidado de cómo se juega. El ocio solo sirve hoy para descansar del trabajo. Para muchos el tiempo libre no es más que un tiempo vacío, un horror vacui. Tratamos de matar el tiempo a base de entretenimientos cutres que aún nos entontecen más. El estrés, que cada vez es mayor, ni siquiera hace posible un descanso reparador. Por eso sucede que mucha gente se pone enferma justamente durante su tiempo libre. Esta enfermedad se llama leisure sickness, enfermedad del ocio”, dice Byung Chul-Han en una entrevista de El Mundo.

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