Estudio y trabajo en el debe

| Mientras la escuela se universalizó, apenas un tercio de los jóvenes termina la Educación Media. Un sistema obsoleto sería una de las primeras explicaciones. | El desempleo en menores de 25 años triplica a la tasa general, algo "esperable", según expertos, quienes también cuestionan la afamada categoría de "ni-ni".

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GABRIELA VAZ

Educación. Es la palabra mágica, la que invocan todos los consultados, la que repiten como un mantra. A riesgo de sonar trillado, o básico, o poco original. Educación. Ese es el principal tema-problema-conflicto, el asunto-a-resolver-ya cuando se habla de la sociedad en general y de los jóvenes en particular. Educación que supo ranquear bien arriba en números uruguayos y que desde un ayer de décadas viene en preocupante declive.

Los datos concretos dan una idea bastante clara del panorama actual. Hoy el 97% de los uruguayos termina Primaria: a tiempo o con demoras, de corrido o con intermitencias, pero la escuela se universalizó. Sin embargo, apenas uno de cada tres completa la Educación Media (liceo o UTU). Y de esos que abandonan, la mayoría alega que es porque lo que se les enseña "no les interesa" o "no les parece útil", de acuerdo a los datos que proporcionó la Encuesta Nacional de Adolescencia y Juventud (Enaj), realizada en 2008. Esas cifras, estiman sociólogos, no han variado. Pero el tema debe atenderse, hoy, ahora, coinciden. Ya no admite la menor demora.

educandos desertores. "En la transición entre adolescencia y juventud, los resultados educativos que está alcanzando Uruguay no son suficientes, tanto para el desarrollo personal de los jóvenes como para el crecimiento sostenido del país. Uruguay, desde hace varias décadas, no logra avanzar en forma significativa en términos educativos, mientras que el resto de los países de la región lo ha conseguido", compara el sociólogo Gustavo de Armas, especialista en Políticas Sociales de Unicef.

¿Qué determina hasta cuándo alguien estudia y cuándo decide abandonar todo? Multiplicidad de factores. El "clima educativo" del hogar -es decir, cuánto se hayan quemado las pestañas los familiares- incide mucho. En términos generales, tener padres con educación superior a la media retrasa la hora en la que los hijos salen a trabajar, en la que salen del sistema educativo e incluso en la que deciden engendrar su propia prole. Sin embargo -señala la socióloga Verónica Filardo-, que las mujeres abandonan el estudio porque quedan embarazadas no es cierto. Mientras señala una gráfica, la integrante del Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Udelar, muestra que la sucesión de hechos, aún en los sectores más vulnerables, suele ser: dejar el liceo o UTU, comenzar a trabajar y recién después tener hijos.

Entonces, ¿por qué dejan el estudio? La Enaj -que Filardo coordinó, además de haber realizado el capítulo sobre Educación- indagó sobre las causas de la deserción en Educación Media: el 32,4% agrupa a quienes contestaron que "no les parecía útil", "no tenía interés" o "les interesaba aprender otras cosas"; el 30% siguiente alegó que había comenzado a trabajar; y el resto se divide en pequeños porcentajes: tuvo que dedicarse a su familia o un embarazo, problemas de dinero o distancias, que era "demasiado difícil", conflictos con la institución, entre otros.

A veces las explicaciones comienzan más atrás, en el pasado, casi a escondidas. El destino educativo comienza a trazarse en la escuela. De acuerdo a encuestas, el 23% de quienes terminan Primaria lo hacen con rezago, es decir, habiendo repetido al menos un año. Cuando se va a los números finales, se descubre que del total de quienes terminan el liceo o la UTU, apenas el 3% corresponde a aquellos que habían repetido en la escuela; el 97% de los bachilleres totalizó Primaria en tiempo y forma.

En Educación Media el problema se evidencia, "pero la determinación que tiene Primaria en ese resultado es muy importante", asegura Filardo.

Gustavo De Armas considera que la deserción es un fenómeno de carácter estructural, y no coyuntural, ya que se arrastra desde hace décadas. "El elevado nivel de desvinculación no puede ser atribuido a un factor excluyente. No es la insuficiencia de ingreso de los hogares. Al año 2010, la incidencia de la pobreza entre los adolescentes de 13 a 17 años alcanza el 29%; se redujo a la mitad en toda la población entre 2004 y 2010. Difícilmente se puede atribuir la deserción solo a factores socioeconómicos. También operan problemas de oferta educativa, de acceso a esa oferta, que es mayor en Montevideo y en las ciudades capitales o localidades urbanas de mayor envergadura que en el interior rural, y eso muchas veces implica para las familias asumir costos extras de traslado para que puedan seguir sus estudios. Ese es uno de los motivos, aunque no explica el grueso. Y luego hay factores estrictamente educativos, que hacen a lo que ofrece el sistema a los adolescentes y jóvenes: la oferta curricular, aspectos que hacen a la didáctica que probablemente desalientan la continuidad educativa".

Coincide Filardo: "Es un problema del sistema educativo; aparentemente su oferta no tiene las condiciones que los jóvenes esperan. Quizás es muy larga: seis años en la vida de un chiquilín de 12 años de un nivel socioeconómico deprimido es mucho tiempo. Hay que considerarlo. La sociedad cambió y el sistema educativo, su conceptualización, permanece invariable. Está el Plan Ceibal, pero no alcanza. Puede hacer explotar un formato que está perimido y cuyos resultados son extremadamente deficitarios. Estamos realmente en los peores lugares de América Latina; hemos retrocedido. Esta situación no permite los tiempos prolongados de deliberación. Necesitamos modificaciones ya. Acá hay un problema institucional en serio".

Mientras el acceso a la enseñanza media se fue masificando, ya que a partir de los años 80 se incorporaron los adolescentes de estratos socioeconómicos medio bajos y muy bajos, el Estado nunca aumentó la inversión en proporción a ese crecimiento, razona De Armas. "Juegan dos factores: una falta de aggiornamiento del sistema en su propuesta -la Educación Media en Uruguay fue pensada a comienzos del siglo pasado, en un contexto social y económico absolutamente diferente al del presente- y las décadas de escasa inversión. Ambos contribuyeron a generar esto que hoy estamos advirtiendo como uno de los principales problemas del país".

trabajO. Enganchado con el nivel educativo está la situación de empleo. Pero aunque la relación es directa, no siempre es infalible. Mientras la tasa general de desempleo para el primer trimestre del año fue de 6,4%, para menores de 25 años el guarismo casi se triplicó: 18,5 %.

Filardo realiza varias salvedades a la lectura más simple. "Primero hay que considerar que las situaciones al interior del grupo de jóvenes son muy distintas. Aquellos que han estudiado más tienen una tasa de desempleo muy inferior a los que tienen un nivel menor. Luego, hay que considerar que en la tasa de desempleo están incluidos todos aquellos que buscan trabajo por primera vez y claramente son jóvenes. Es esperable que siempre en ese rango la tasa de desempleo sea más alta que en el resto. Fijate que son menores de 25; si fueran de 25 a 29, todavía. Pero en menores de 25 es muy esperable. Sí es cierto que hay -en especial en el caso de los varones- una competencia entre continuar estudiando e ingresar al mercado laboral. La Ley Nacional de Educación de 2008 establece como obligatorio la culminación de la Educación Media. Los ciudadanos uruguayos deberían tener, todos, bachillerato terminado. El Estado promueve que se mantenga la condición de estudiante al menos hasta los 18 años, que es la edad teórica de egreso de la Educación Media. Y por lo tanto, si es tan difícil compatibilizar estudio y trabajo, teóricamente tendrías que empezar a trabajar a partir de los 18 años. O sea que entre 18 y 24 buscan trabajo y esa tasa tiene que ser mayor a la global, no hay con qué darle".

basta de "ni-ni". El 17,9% de las personas entre 15 y 29 años no estudian ni trabajan. El dato también se conoció a través de la Enaj y desde entonces se habla de una "generación ni-ni". La imagen remite quizás a una masa de chicos y chicas sin rumbo, dedicados a mirar el techo. ¿Es así?

Definitivamente no, asegura la socióloga Filardo, quien cree que la categoría "ni-ni" responde a una mala lectura y debe desecharse. En primer lugar, porque la encuesta es una foto y "la permeabilidad que tiene la situación para los jóvenes de buscar o no empleo es mucho mayor que en otras circunstancias", atado incluso a si dejan o no el sistema educativo. "Eso hace que sea muy móvil: hoy buscás, mañana no buscás. El momento en que se mida (la encuesta) determina mucho la cifra".

Tanto ella como Matías Rodríguez, director del Instituto Nacional de la Juventud (Inju), desmenuzan el porcentaje para explicarlo, y entenderlo, mejor. "Justamente estamos por sacar un documento que mira más fino ese número", adelanta Rodríguez, también trabajador social.

Grosso modo, dentro del casi 18% mencionado, existe un 6% que no trabaja ni estudia, pero en realidad busca trabajo y no lo encuentra. "Seguramente por dificultades de calificación, pero ahí hay una actitud distinta. El concepto de los `ni-ni` está muchas veces asociado al no querer trabajar, ser vago, a que aparentemente estaríamos frente a una generación que no quiere saber nada con la vida. Nosotros nos sentamos a analizar mejor este dato para dar cuenta justamente de lo contrario. Un 6% busca trabajo y tiene dificultades para encontrarlo", señala Rodríguez.

Y continúa: "Hay otro 6% que desarrolla tareas no remuneradas dentro del hogar. Son mayoritariamente mujeres, que cuidan o atienden a personas dependientes, lo que les impide sostenerse en el sistema educativo y que puedan insertarse laboralmente. Ahí también estamos hablando de una dificultad, de un obstáculo que tienen para desarrollarse. El desafío pasa por fortalecer los dispositivos que permitan que puedan salir a trabajar y que al mismo tiempo el cuidado de las personas dependientes pueda realizarse desde otro lugar".

El restante 6% englobaría quizás al imaginario de los "ni-ni". Aunque aparece otra salvedad, apunta Rodríguez: "Lo interesante es que este dato se reduciría aún más si incluyéramos las cifras de jóvenes que estudian pero fuera de la educación formal, cosa que no está registrada. Ese número sería aún más chico".

No obstante, el director del Inju aclara que "esto no significa que no tengamos un problema: tenemos un problema entre manos importante. Este análisis más fino da cuenta de que no estamos frente a una generación de jóvenes `tirados en el sofá mirando el techo`".

Filardo también discrepa con el uso que se le dio al término "ni-ni". "Esa categoría supone una heterogeneidad muy importante como para ser relevante. No solamente no importa conceptualmente para el diseño de políticas, sino que tampoco en términos de uso académico, en la medida que está asociada a la exclusión social. `Si no estudian ni trabajan, son excluidos`; eso es un gran disparate. Las mujeres que no estudian ni trabajan porque cuidan de sus hijos no están en situación de exclusión social. Hay que terminar con el tema de los `ni-ni`".

La opinión

Política para todos= política para nadie

Desde el punto de vista académico, se ha insistido mucho en que se debe hablar de "juventudes" en lugar de "la juventud", como si fuera un grupo homogéneo. La socióloga Verónica Filardo da un paso más: "Debemos hablar de `los jóvenes`, que son los sujetos de derecho. Y no hay un principal problema, hay muchos problemas importantes".

Hay que diferenciar la construcción de "la juventud" de los jóvenes concretos. "La juventud no puede ser actor social de nada", dice. De hecho, la experta aclara que, en realidad, "hablar de `políticas sociales para la juventud` es un tremendo disparate" porque "no podés hablar como si todos los que tienen entre 14 y 29 años fueran la misma cosa".

Y continúa: "Nosotros tenemos que pensar en algunos jóvenes en concreto con necesidades específicas. Es lo mismo que usar categorías como `ni-ni`. Hay que trabajar mucho más articuladamente. Algo general no le sirve a ninguno, porque nadie va a tener condiciones generales, sino específicas. A veces, políticas para todos puede significar políticas para nadie".

Las cifras

770.827 Son los uruguayos entre 15 y 29 años según el INE: 269.810 (15 a 19), 259.553 (20 a 24) y 241.464 (25 a 29)

54.917 Cantidad de uruguayos/as que hoy tienen 15 años. Por edades simples, es el grupo más numeroso del país.

36,5% Porcentaje de jóvenes entre 20 y 29 años que logran terminar la Enseñanza Media, según datos de la Enaj.

32,4% De jóvenes de 12 a 29 años que abandonaron Educación Media alegaron que no les interesaba o no les parecía útil.

17,7% Tasa de desempleo entre menores de 25 años, a mayo de 2011. La tasa global para ese período fue de 6,9%.

"Estoy corriendo, no escapando"

Atendiendo a que cada 12 de agosto el mundo celebra el Día Internacional de la Juventud, el Inju instauró el año pasado la misma jornada para el "día de la rendición de cuentas frente a los jóvenes". Por eso, entre el 11 y hasta el 20 del mes que mañana comienza, se realizarán actividades culturales, académicas y deportivas. Esto incluirá una carrera, el sábado 20, en la que todos los que deseen participar recorrerán a partir de las 15 horas el tramo entre la Casa del Inju y la Plaza Independencia, de ida y vuelta. "Estamos convocando a todos -desde chicos hasta adultos mayores- los que se quieran sumar para dar un mensaje más positivo acerca de los jóvenes en un momento en que está muy en disputa cuál es el lugar que social y simbólicamente les otorgamos", dice Matías Rodríguez, director del Inju. Y cuenta que se entregarán remeras con el lema Estoy corriendo, no escapando, porque "ser joven no es delito".

Las miradas y el temor del mundo adulto

La juventud está perdida. En broma o en serio, ¿cuántas veces escuchó, o incluso pronunció, esta frase? El conflicto entre el universo adulto y el juvenil o adolescente no es patrimonio nacional. "Uruguay, como muchos otros países de la región, tiene un problema en la relación de esos dos mundos", asegura el sociólogo Gustavo de Armas, de Unicef. "A menudo la relación es conflictiva, se apela a la estigmatización, se asocia a los jóvenes a los fenómenos de violencia aún cuando la evidencia empírica muestre que los adolescentes y jóvenes no representan el grupo más peligroso en términos sociales, sin embargo se los asocia a conductas violentas".

La psicóloga Ana Grynbaum, quien trabaja en liceos públicos montevideanos, también nota el desfasaje entre cómo los jóvenes son y cómo los adultos creen que son. "En la imaginación popular la figura del adolescente suele asociarse con lo contestatario y con vivir la vida al límite, arriesgándola por puro juego. Esa idea ya aparecía en las películas de James Dean de los años 50 y aparece en los anuncios publicitarios de hoy también. Pero la mayoría de los adolescentes no son así, especialmente en nuestro país. Si lo fueran, el índice de suicidios sería aún más alto de lo que es", dice la especialista.

Y agrega que cierta idea del "temor" que tienen las generaciones anteriores hacia las posteriores tiende a repetirse en nuestra cultura. "Hay en muchos jóvenes la tendencia a `asustar` a los mayores. O a desafiar el orden de cosas que reciben y rechazan. A menudo un piercing o un tatuaje alcanza para jugar el papel de rebelde, aunque ya hay generaciones de padres que comparten esa estética. Junto con esa tendencia al desafío, actúa otra, más fuerte, de repetir el modelo que se recibe. Respecto de la violencia se lo ve con claridad: los chicos actúan violentamente en respuesta a la violencia que reciben del mundo", concluye Grynbaum. Y enfatiza: "del mundo adulto".

Por eso, muchas veces se trata de la visión del afuera. De sacarse de encima las etiquetas. Lo dice el sociólogo De Armas: "El gran desafío es pasar de esa mirada estigmatizante, que culpabiliza, a ver a los jóvenes como una oportunidad para el desarrollo del país".

Becas, estudiantes que apoyen y centros abiertos, en el plan a seguir

Dentro del Plan Nacional de Juventudes 2011/2015 elaborado por el gobierno -documento que reúne decisiones, acciones y políticas públicas para ese rango-, se destacan dos programas referentes a la educación.

Compromiso educativo es un plan con tres pilares. Por un lado se apela a la referencia entre pares para que estudiantes universitarios apoyen y acompañen a chicos que están en Educación Media, particularmente en 4° año de liceo. Al mismo tiempo, se firma un acuerdo entre el estudiante, el centro educativo y su familia, que se comprometen a cumplir cierta trayectoria del adolescente en determinado plazo. Y finalmente, se otorga una beca de $ 8.000 anuales, a quien lo requiera. Este programa se está desarrollando en 39 centros educativos de ocho departamentos (el año que viene se expandirá a todo el país), e involucra a 9.000 estudiantes, informa Matías Rodríguez, director del Inju. Se espera otorgar 23.000 becas al terminar el quinquenio.

El segundo programa, Centros educativos abiertos, se ejecutará en esta segunda mitad del año en 22 liceos y UTU. Consiste en abrir los centros en el fin de semana para que se desarrollen actividades culturales, deportivas y de promoción y prevención en salud; estará abierto a quienes participan en el instituto pero también a quienes no. La idea es resignificar el centro educativo tornándolo un lugar más amigable, así como habilitar un espacio de encuentro intergeneracional.

Las cifras

43 % De los jóvenes de 15 a 29 años están empleados en trabajos informales, dice el Plan Nacional Juventudes.

76 % De personas de 15 a 17 años que trabajaron tres meses o más dijo no aportar al BPS, según la Enaj.

12,8 % De chicos/as entre 15 y 29 años trabaja y estudia al mismo tiempo, según un estudio realizado en 2009.

Cómo emanciparse

"Apoyar a los jóvenes en el proceso de emancipación implica desarrollar medidas que atiendan las dificultades en el acceso y permanencia en un trabajo decente, así como acciones que amplíen las posibilidades de acceso a la vivienda digna", apunta el Plan Nacional de Juventudes 2011/2015 antes de puntualizar las políticas pensadas en ese sentido.

Acuerdo Nacional por el Trabajo Decente Joven (ANTDJ) se titula la intención de unificar la voluntad del Pit-Cnt, las cámaras empresariales y el gobierno para dar prioridad al tema en la agenda. Algunos de los objetivos específicos son crear una nueva Ley de Empleo Juvenil (cuyo proyecto ingresaría al Parlamento antes de fin de año); destinar el 35% de los recursos del programa Objetivo Empleo, del Ministerio de Trabajo, para favorecer la inserción de jóvenes; realizar talleres de orientación laboral (a un mínimo de 4.000 chicos al final del quinquenio); realizar una campaña de promoción del trabajo decente joven.

Plan Vivienda Joven aspira a facilitar soluciones habitacionales mediante préstamos para compra de vivienda nueva, autoconstrucción asistida y otros programas ya vigentes, como el que disminuye 50% el depósito previsto en el Fondo de Garantías de Alquiler.

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