LEONEL GARCÍA
Gritón, orejón, rubio y de ojos azules, de rostro más bien feote, Macaluay Culkin fue en 1990 el niño más famoso del mundo en la piel de Kevin McCallister, el protagonista de la comedia Mi pobre angelito (espantosa traducción para Hispanoamérica de Home alone). Tenía 10 años y había protagonizado una película que recaudó casi 477 millones de dólares en el mundo, figurando en marquesinas por encima de actores consagrados como Joe Pesci. De inmediato, ganó fama y fortuna. El éxito le permitió aparecer en el videoclip Black or white de Michael Jackson, de quien se hizo muy amigo (amistad que dio mucho que hablar), estelarizar una secuela (Mi pobre angelito 2), presentar una serie animada (horrible) basada en estos filmes y tener una agenda completísima... hasta 1994. A sus 14 parecía que ya había dado todo lo que tenía para dar en el cine.
Hace un mes recorrieron el mundo fotos de un Macaluay Culkin pálido y demacrado, casi flotando en las calles de Nueva York. Su agente de prensa (porque aún tiene uno) debió salir a desmentir cualquier problema ante la avalancha de especulaciones sobre su salud que emergieron como en cascada. Que está enfermo, que tiene problemas con el alcohol, con las drogas o con las dos cosas, que su vida corre riesgo... Sin embargo, nadie debería sentirse sorprendido.
Los padres de Macaluay, Christopher Culkin y Patricia Brentup, eran quienes le manejaban la carrera. En lugar de prestarle contención y apoyo (podría ganar cifras de siete dígitos, pero no dejaba de ser un niño), se divorciaron y comenzaron una dura disputa por la tenencia de la gallina de los huevos de oro.
El dinero, el sentirse un objeto en pugna y la poca atención hicieron el resto. Primero fue el consumo de marihuana y fármacos. Luego fue un fallido matrimonio contraído a los 17 años y acabado a los 20. Una hermana moriría en un accidente de tránsito, otra lo haría por sobredosis. Las drogas, legales y de las otras, comenzaron a ser una presencia constante en su vida. Frecuente visitante de Neverland, la mansión del Rey del Pop, se lo indagó durante las investigaciones al cantante por presunto abuso de menores, las que calificó de ridículas
Desde 2000 a hoy, sus actuaciones en la pantalla grande han sido esporádicas y de poco suceso. Se lo vinculó a actrices porno. Y la prensa argentina ha mencionado que la producción de ShowMatch está interesada en su presencia para el Bailando 2012; señal inequívoca que la barranca abajo es por demás pronunciada.
MALDICIÓN. La "maldición de los niños actores" es una más de las tantas leyendas que rodean a Hollywood. Con matices, los casos son muy similares. Niños o niñas que alcanzan el reconocimiento universal a muy temprana edad en producciones de esas que la industria conoce como blockbusters. Ahí comparten cartel con estrellas ya consagradas, conocen la adulación, la fama y el dinero (siempre manejado por un adulto "responsable"; en general, sus padres) cuando no tienen un desarrollo psicológico que les permita procesar de la mejor manera la situación. Muchos siguen su carrera con papeles de escaso relieve, muchos se abandonan al alcohol o drogas ante la imposibilidad de desarrollarse artísticamente, y a otros, simplemente, se los lleva el olvido.
Y siempre puede haber peores padres que los de Macaluay. Tatum O`Neal fue la artista más joven en ganar un Oscar: Mejor Actriz de Reparto por Luna de Papel, de 1973, a sus 10 años. En 2004, en su autobiografía A paper life ("Una vida de papel"), revela un pasado de drogas, abusos sexuales y sensación de soledad. Y deja al ambiente de Hollywood a la altura de una moneda, cosa no muy difícil
Según el libro, su colega Melanie Griffith la introdujo por primera vez en una orgía a los doce años, Michael Jackson (otra vez) intentó un acercamiento sexual cuando ella tenía 17, su exmarido John McEnroe -sí, el tenista- la sometió a malos tratos durante los seis años de casados, y, sobre todo, su padre, el actor Ryan O`Neil, fue quien la impulsó a la experimentación temprana con sexo y alcohol. En 2008 fue arrestada comprando crack y cocaína. Diez años antes había perdido la tenencia de sus hijos. En 2011 protagonizó una mediática reconciliación televisiva con su padre. Y -muy esporádicamente- demuestra en cine y TV algo de aquel viejo talento.
DESTINOS. Si hay actores ya adultos que quedan encasillados en algún papel, en los astros-niños este hecho es mucho más palpable: Macaluay siempre será un pobre angelito, el hoy regordete Haley Joel Osment estará asociado a la frase "I see dead people" ("Veo gente muerta"), Edward Furlong no dejará jamás de ser visto como el joven John Connor huyendo junto a un cyborg devenido en héroe (Arnold Schwarzenegger), en una producción de US$ 100 millones.
Así, Mason Gamble fue Daniel, el travieso (1993) a sus seis años y después... un perfecto desconocido para el gran público; Barret Oliver, Bastian en La historia sin fin (1984), muy por fuera del cine, la lleva bastante bien: hoy se dedica con cierto suceso a la fotografía; Jason James Richter liberó a la orca Willy en 1993 y, prácticamente, el cine lo liberó a él. En algún lugar de Inglaterra, Daniel Radcliffe -quien fue Harry Potter de los 12 a los 22 años- está prendiendo velas a cuanto santo haya en la vuelta.
Es que también sobran los casos trágicos: el ya nombrado Furlong coqueteó con cuanta sustancia legal o ilegal andaba en la vuelta mientras su exesposa lo denunciaba por intentar atacarla con un bate de béisbol. Habrá participado de la entonces producción más costosa de la historia del cine, pero en enero de 2011, a sus 32 años, se declaró en bancarrota: no podía pasarle dinero a sus hijos.
Necesaria aclaración: Hollywood también tiene numerosas historias de pequeños cuyo talento y éxito creció junto con ellos. Mickey Rooney, hoy de 81 años, es uno de ellos. El morbo del público hace que parezcan mucho más numerosos los notorios casos de "niños estrella/adultos estrellados". Pero Jodie Foster comenzó a actuar a los cuatro años, Elijah Wood a los cinco, Scarlett Johansson a los 10, y aún pisan firme. Cristina Ricci es hoy una cotizada actriz que saltó a la fama a los once años en La Familia Addams (1991) como Merlina. En esa misma película, un chico también de esa edad llamado Jimmy Workman encarnó a su hermano Pericles. Este último es hoy un perfecto desconocido. La suerte, o el destino, también tiene su buena cuota de responsabilidad.
1. Haley Joel Osment
"Veo gente muerta", le decía a Bruce Willis, como el retraído Cole en Sexto Sentido (1999). Tenía 11 años y una candidatura al Oscar. Ya había llamado la atención en Forrest Gump. A los 18 debió asistir a Alcohólicos Anónimos tras un accidente de auto. Su estrella se apagó. Aún vive con sus padres.
2. Edward Furlong
A los 13 años le enseñó a decir "Hasta la vista, baby" a Arnold Schwarzenegger en Terminator 2 (1991), en su momento la película más cara de la historia. Tuvo luego algún otro papel destacado, pero su notoriedad reciente se debe a sus adicciones y a denuncias de su ex por violencia doméstica.
3. Jason J. Richter
A los tres años ya había protagonizado varios spots televisivos. A los 12 le ganó a 4.000 postulantes para hacer de Jesse en Liberen a Willy (1993). Su puño alzado mientras la orca le saltaba por encima ya es una imagen clásica del Hollywood de los 90. Luego, lo tapó el océano.
4. Macaluay Culkin
Qué decir del astro de Mi pobre Angelito (1990), que no se haya dicho. El término "estrella-de-niño-estrellado-de-adulto" lo tiene a él, hoy de 31 años, como arquetipo. Así (ver foto) lo vieron los paparazzi en febrero y en Nueva York. A quien fuera Ricky Ricón (1994) dan ganas de darle una moneda.
DREW BARRYMORE
Cómo tocar fondo y volver a los primeros planos
Desde hace un buen tiempo, las noticias que circulan en torno a Drew Barrymore (37) son felices. Hace semanas comenzaron a correr rumores sobre que va a ser mamá por primera vez, mientras prepara su boda. Es una de las diez actrices mejor pagas de Hollywood. Nieta del gran John Barrymore, e hija y sobrina de artistas, la presión por "ser alguien" comenzó casi desde la cuna. A los seis años fue la pequeña Gertie en E.T. (1982), que recaudó casi US$ 800 millones en todo el mundo. Casi enseguida, la debacle, el tocar fondo y el inicio de la recuperación se sucedieron a ritmo de vértigo: a los nueve años tomaba alcohol, a los diez fumaba marihuana, a los once era habitué de la disco neoyorquina Studio 54 (otro el lugar de moda, por entonces convertida en un antro de decadencia) y a los doce inhalaba cocaína. Resultado: problemas psiquiátricos y un intento de suicidio. Luego de pasar un tiempo en rehabilitación (su madre la internó a la fuerza cuando tenía trece años), a los 14 escribió una autobiografía: Little girl lost ("Niñita perdida"). A partir de 1995, volvió a retomar su carrera artística con pequeños papeles en películas como Batman Forever (1995) o Scream (1996), apoyada en su imagen sexy. Pero fue con Jamás besada (1999) y Los ángeles de Charlie (2000) que llegó al superestrellato. Su actuación en la serie Grey Gardens le valió un Globo de Oro. "Ya no me siento descarriada", ha dicho recientemente.