VIAJES

Una escapada a las cataratas argentinas

Se puede llegar de varias maneras a una de las siete maravillas naturales del mundo, rodeada de una exuberante vegetación y una rica fauna. Domingo estuvo ahí y lo cuenta en esta nota.

Cataratas del Iguazú. Foto: Rosalía Souza
Circuito superior de las Cataratas del Iguazú. Foto: Rosalía Souza

El sonido de la Garganta del Diablo es intenso, fuerte. Se escucha desde la distancia, atrae. A medida que uno se acerca por los senderos del Parque Nacional de Iguazú que llevan hasta ahí, crece el rumor de la garganta y también crece el murmuro, los gritos, las risas típicas de un turismo abarrotado. Pero no es lo suficientemente alto como para superar al Diablo que se esconde en el fondo de las cataratas. Y cuando todos se acercan y se paran sobre la caída de 80 metros de la Garganta del Diablo, se hace el silencio. Miran por el borde hacia el infinito —es lo que parece el fondo de esas cascadas— y se dejan mojar por la bruma. Solo se habla (hay que hacerlo fuerte porque el caudal de agua puede más) para pedir alguna foto. Porque sí: estar frente a una de las siete maravillas naturales del mundo amerita una postal.

La Garganta del Diablo es uno de los principales atractivos del lugar, y con sus 80 metros es el más alto de los 275 saltos de agua rodeados por 2500 kilómetros de selva semitropical. Ese conjunto es conocido como Cataratas del Iguazú o Iguaçu, según desde qué lado del mapa se lo mire. Porque por ahí también está la frontera entre territorio brasileño y argentino. Llegar hasta la Garganta del Diablo por el lado argentino es verla desde arriba, desde la cima de su desembocadura. Una experiencia recomendada para aquellos que buscan embriagarse de naturaleza, porque el trayecto alterna vertientes del agua del Río Iguazú y un paisaje frondoso, denso y muy verde.

Entonces, ese borde de la provincia de Misiones es un lugar ideal para retirarse un poco del alboroto citadino y entrar en contacto con fauna y flora. Aunque también hay espacio para la aventura selvática, el entorno invita sobre todo a relajarse y distenderse.

Para llegar a Puerto Iguazú, la ciudad que está a 17 kilómetros del Parque Nacional (también Reserva Nacional), se puede hacer el trayecto de unas casi 18 horas (aproximadamente) en ómnibus desde Buenos Aires. O se puede optar por los vuelos que salen desde el Aeropuerto Internacional de Carrasco. Todo dependiendo del presupuesto: el pasaje de ómnibus está a unos 70 dólares (y a eso hay que sumarle el trayecto de Uruguay a Buenos Aires) y el de avión a poco más 200 dólares. Otra variable para elegir el transporte es el tiempo que se disponga para la escapada a la selva. Puede ser, según el gusto del consumidor, un destino para unos días o para una semana. Haremos sugerencias para ambas opciones.

Un viaje exprés

 El primer consejo para aquellos que vayan por dos o tres días: dedicarlos para recorrer el parque. Y para que sea una experiencia cien por ciento de inmersión en la naturaleza, está la posibilidad de disfrutar del único hotel argentino que se encuentra dentro del Parque Nacional de Iguazú. El Gran Meliá Iguazú, de la cadena española Meliá Hotels International fue inaugurado el 12 de diciembre de 2018 después de un período de reformas, que buscaron adaptar el predio preexistente para convertirlo en un espacio propio de su entorno, con una decoración naturalista donde predominan las obras realizadas por las comunidades guaraníes.

Con tarifas que van desde los 267 dólares por noche, las 183 habitaciones del hotel tienen ventanales que permiten una vista hacia la selva o hacia la Garganta del Diablo. El paisaje también se puede apreciar desde la Infinity Pool del jardín y desde los espacios comunes, incluido el restaurante que busca mantener la esencia de la región en sus platos. El Surubí, un pez típico en las aguas del Iguazú, es la estrella. Con un spa completo, cancha de tenis, gimnasio sumado a un espacio de juegos para niños y una pileta acorde para los más chicos, el Gran Meliá Iguazú apuesta a convertirse en un hotel destino.

La vista desde el hotel Gran Meliá Iguazú, ubicado dentro del Parque Nacional de Iguazú
Gran Meliá Iguazú. Foto: difusión
Gran Meliá Iguazú. Foto: difusión

Desde allí, es sencillo acceder a todos los paseos del Parque Nacional. Para quien guste de recorrer por cuenta propia, hay tres opciones ideales: el circuito inferior, el circuito superior y el trayecto hacia la emblemática garganta diabólica. En el caso de los dos primeros, el recorrido para cada uno lleva aproximadamente dos horas. El circuito inferior es un sendero de 1400 metros que permite al turista adentrarse más en la selva y ver, desde abajo, los saltos Dos Hermanas, Chico, Ramírez y Bossetti. En el superior, de 1550 metros (apto para sillas de ruedas), los senderos van por encima de los saltos y predominan en el paisaje las vertientes de agua. Los arcoiris, que esconden una leyenda Guaraní muy contada por los lugareños, están por doquier, sobre todo, los días con más bruma.

En ambos caminos es posible apreciar una fauna variada, y un tip para los amantes de las mariposas y las aves: tengan la cámara preparada. Los tucanes, los biguá, las urracas son solo algunas de las especies de aves que andan entre la vegetación. Además, los coatís, los lagartos y los monos son los protagonistas del paisaje (los primeros están por todos lados). De más difícil avistamiento son los yaguaretés, los osos hormigueros o los pumas. La lista de la fauna (y flora) podría seguir y si el interés va por ese lado, están las visitas guiadas al refugio de animales silvestres GüiráOga, que duran una hora y media y se hacen todos los días, desde las 9.00 y la última a las 16.45.

Cataratas del Iguazú. Foto: Rosalía Souza
Los arcoiris son protagonistas del paisaje de las cataratas. Foto: Rosalía Souza

A la Garganta del Diablo se puede ir en el tren ecológico (hay tres estaciones a lo largo del parque) o caminando por al lado de la vía. El tren es gratuito, tiene una frecuencia de 15 minutos y hace el trayecto en media hora, el mismo tiempo que lleva una caminata a buen ritmo hasta la Estación Cataratas. A partir de ahí, es un kilómetro más hasta la Garganta. Para quien guste de un poco más de información, puede contratar el servicio de los guías en el Centro de Visitantes que está junto a la Estación Central. Las noches de luna llena hay paseos nocturnos hasta ese salto de 80 metros.

Para los más aventureros, el parque también ofrece dos paseos: la Gran Aventura (2000 pesos argentinos y una duración de aproximadamente hora y media) y la Aventura Náutica (1000 pesos argentinos por unos 12 minutos). En ambos casos se llega a estar debajo de las cascadas (se recomienda usar ropas que puedan mojarse), con la diferencia de que la Gran Aventura incluye un paseo en vehículo y con guía por la selva. También hay una opción náutica para quienes buscan un poco de serenidad en un paseo de 30 minutos en lancha y en silencio por la costa superior del Río Iguazú (500 pesos argentinos). En los tres casos se recomienda reservar con anticipación, y se puede hacer desde el Gran Meliá Iguazú.

Por más días

Quienes sumen más días, podrán aprovechar para hacer un recorrido más exhaustivo por la provincia de Misiones, o por lo menos por los puntos turísticos cercanos al parque. Para empezar, está la ciudad de Puerto Iguazú, que tiene entre sus principales atractivos el Hito de la Triple Frontera, donde se unen Argentina, Brasil y Paraguay, y los ríos Paraná e Iguazú. Otro punto urbano muy común en la zona es el paseo de compras Ciudad del Este, del lado paraguayo.

Si los viajeros están buscando completar el recorrido con un poco de historia, las Ruinas de San Ignacio y la Casa de Horacio Quiroga (la original se quemó en un incendio y fue reconstruida en los noventa) deben ser puntos obligados. Estas ruinas sobreviven desde las misiones jesuíticas en el siglo XVII y fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por Unesco. Para visitarlas desde el Parque Nacional de Iguazú, deben considerarse las tres horas que lleva el trayecto en auto (también hay tours que salen desde Puerto Iguazú). Una vez en el lugar, el ingreso cuesta alrededor de 200 pesos argentinos por persona.

Llegar al Museo Casa de Horacio Quiroga implica nada más que nueve minutos. Porque sí, estar en Misiones también significa ponerse un poco en la piel del escritor uruguayo. Después de todo, fue esa selva, con su diversidad y densidad, la que inspiró sus prosas más famosas.

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