Es manager de Maxi y Valeria Lynch, produce todo tipo de obras teatrales y tiene el proyecto del teatro soñado

Diego Sorondo empezó como periodista, gracias a Maxi De la Cruz se convirtió en productor y hoy está detrás de obras de teatro, shows y artistas de renombre. A fin de año trae a la argentina Elena Roger.

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El productor teatral y manager de artistas Diego Sorondo.
Foto: Leo Mainé.

"Nunca me voy a olvidar de ese 12 de junio de 2008”, asegura Diego Sorondo (42 años). Se podría decir que fue el día en que empezó a dejar de ser periodista para comenzar a transitar el camino que lo transformaría en uno de los productores de teatro más prolíficos actualmente en Uruguay. Este año cuenta con cinco obras nacionales confirmadas, más las que pueden venir en lo que resta del 2025, las obras argentinas que ya trajo y traerá, y los conciertos de los artistas que representa. Mucha cosa para alguien que rumbeaba para otro lado.

¿Pero qué pasó ese día de junio? Fue el estreno del unipersonal de Maxi De la Cruz en la sala principal del Teatro Movie. “Estaba lleno y a mí se me caían las lágrimas, lloraba de emoción y no podía entender”, recuerda el productor de ese espectáculo.

Había logrado que el Movie le diera solo los jueves y mitad de sala… y se llenó antes del estreno. “Mis nervios eran porque no tenía un solo peso para poder bancar el seguro del teatro”, apunta en charla con Domingo.

Hasta ese entonces no había producido nada y esa obra surgió casi que por casualidad. Se había hecho muy fan de Maxi De la Cruz, lo iba a ver a donde fuera e incluso le había hecho una entrevista para un programa de Canal 5 en el que trabajaba. Cuando el comediante lanzó su primer unipersonal en el Bar Tabaré, Diego recién consiguió entradas para la tercera función y lo que vio lo volvió loco.

“Más que nunca pensé ‘este tipo no puede estar haciendo esto en un lugar para 50-60 personas’”, recuerda y lo atribuye a que siempre tuvo una cabeza muy empresarial y emprendedora. Estaba dispuesto a encarar a Maxi por más que su entonces esposa le pedía que no hiciera el ridículo. Lo esperó tras la función y le preguntó: “¿Por qué no hacés esto en un lugar más grande?” Cada respuesta que Maxi le daba, lo sorprendía aún más: no se le había ocurrido, no tenía representante, había armado todo él solo…

Diego se ofreció a ayudarlo y, como él mismo dice, “ahí empezó todo”.

Las tablas

“Yo le debo mi amor por el teatro a mi madre, sin dudas”, confiesa el productor. Desde que tenía 2 años ella lo llevaba a ver todas las obras infantiles que había y, ya siendo adolescente, se convirtió en el acompañante de su mamá para esa cita con las tablas. “Me acuerdo de haber ido a ver Brujas con 14 años, a Graciela Rodríguez en Cómo rellenar un bikini salvaje y la amé, a Laura Sánchez…”, rememora y cuenta como anécdota que cuando invitaba a una chica a salir, siempre lo hacía al teatro.

“Entre los 16 y los 21 años, todos los fines de semana compraba el diario para ver la cartelera e iba marcando las obras que iba viendo. Todo con un gran esfuerzo: buscaba los 2x1, las promos, pedía tarjetas prestadas o usaba la Tarjeta Joven que existía en aquel momento. Era mi gran salida antes de comprarme ropa o cualquier otra cosa”, señala.

Llegó a estudiar teatro en la Scuola Italiana, de sexto de escuela a tercero de liceo, pero nunca con intenciones de seguir. “Era en italiano y fue la única materia en la que pasé con 12, la única en que mi madre vio un ‘excelente alumno’”, apunta entre risas.

Lo más cercano que ha estado de actuar son unos videítos que desde 2016 hace por diversión con Maxi De la Cruz para las redes, en los que el cómico encarna a un divo extremo al que Diego representa. “La gente nos ha parado en la calle para comentarlos y pedirnos más”, asegura.

Valeria Lynch y Mariano Martínez. Foto: Niko Azaretto
Es el manager mundial de Valeria Lynch y el de Mariano Martínez.

Los medios

Diego trabajó desde muy chico. A los 14 años ya lo hacía en una agencia de viajes, donde un día apareció como clienta la hija de Fernando Vilar. “Mi sueño era ir a Telenoche y él me invitó a hacerlo cuando quisiera. Entonces me pasé todo un verano, como no tenía clases, yendo al canal”, relata. Ahí se enteró que tanto Vilar como muchos de los periodistas del noticiero se habían formado en el IPEP (Instituto Profesional de Enseñanza Periodística) y decidió hacer lo mismo porque buscaba algo que le resultara práctico.

De ahí en más comenzó a conseguir trabajos como periodista en distintos lugares. Cuando apareció la oportunidad de transformarse en representante de Maxi, tenía cinco trabajos: estaba con Aldo Silva en las mañanas de Metrópolis FM (Mirando de cerca), tenía un programa semanal en TV Libre, era parte de una agencia de prensa con Ramón Borges y Fernando Vilar, estaba en el departamento de prensa del Ministerio de Salud Pública y escribía para el portal Net Uruguay. Recuerda que ya trabajando con Maxi tuvo un breve pasaje como notero de Telemundo en Canal 12. “Trabajé espantoso, ojalá no haya archivo de eso”, comenta y se ríe.

“Me costó muchísimo dejar el periodismo”, reconoce. Lo último que hizo fue Mirando de cerca. “Lo dejé con lágrimas en los ojos y a los abrazos con Aldo, pero con la amistad intacta hasta el día de hoy”, destaca.

Aldo Silva, que lo había llevado a trabajar con él luego de que Diego le hiciera una nota en la que lo sorprendió con su preparación, lo entendió y años después se lo demostró recomendándolo para el cargo de gerente general en radio Universal, una experiencia de tres años en la que volvió a ser periodista por un rato, al tiempo que también daba clases en el IPEP.

Fue en 2019, aceptó el cargo de gerente por un año, al año siguiente la familia Imperio le pidió que siguiera, sobrevino la pandemia y continuó, pero ya al tercer año tuvo que abandonar porque había asumido la representación de Lucas Sugo. Además, Valeria Lynch, a quien ya manejaba en Uruguay, Argentina, Chile y Paraguay, le pidió que fuera su manager a nivel mundial. “Empezó a ser incompatible con la empresa y con mucha tristeza tuve que dejar”, explica.

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Diego Sorondo.
Foto: Leo Mainé.

El productor

En DS Producciones comenzó haciendo todo él. Con el tiempo fue sumando gente, sumando clientes y hoy se divide en varias unidades de negocios: representación de artistas y de figuras a las que, entre otras cosas, les maneja las redes sociales; teatro nacional; teatro del exterior; conciertos acá y en el exterior; prensa y difusión de espectáculos; servicio de prensa para otras empresas.

“Defiendo a muerte a mis artistas y defiendo a muerte a mi equipo de trabajo”, pregona con orgullo quien, además, tiene una oficina en Buenos Aires. Sus hermanos han llegado a trabajar con él (Nacho sigue haciéndolo, Leticia dejó por temas personales) y hasta su hijo mayor (16 años; tiene otro de 7) quiere seguir sus pasos en el rubro. “Los viernes va a ayudar al teatro y si yo no estoy, va igual”, acota y admite que le gustaría que se dedicara a otra cosa.

Es que trabajar de lo suyo en Uruguay no es sencillo, al punto que en 2020 se enojó y anunció que ya no iba a producir más obras. Venía de irle muy mal en Argentina con un teatro propio —el Regina— y con el musical Sunset Boulevard con Valeria Lynch, todo debido a su falta de experiencia y a una mala situación económica en el vecino país. Y en Uruguay la cosa no iba mucho mejor.

Para Diego en nuestro país la falta de apoyo en todo sentido es un gran problema. No lo encuentra de parte de los gobernantes, sean nacionales o departamentales; no lo encuentra del lado de las empresas, y tampoco lo encuentra del lado de sus colegas, que entiende que deberían unirse en algo similar a lo que en Argentina es la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales (ADET).

“Faltan campañas del tipo Vení al teatro, que yo hago por mi cuenta en las redes, o campañas que digan ‘El teatro es cultura’ para fomentar que la gente vaya. Y falta también comercializar más el teatro en general. Darle más manija a los Premios Florencio; que los canales de televisión se peleen para pasarlos”, sugiere.

En su caso, si bien tiene un público fiel que sigue sus obras y que varía de acuerdo al tenor de las mismas —“tengo desde algo muy liviano y chabacano para que se diviertan sin pensar en nada, hasta algo que te deja un mensaje hermoso, reflexivo o de debate”, dice—, fomenta la concurrencia con cosas como sortear pasajes a Europa en las obras del Teatro Metro (el viernes estrena La vida continúa).

Mientras no consigue superar los escollos, sueña con algún día hacer el musical Los Miserables a todo trapo o producir una versión de Mary Poppins con María Noel Calcaterra y Maxi como deshollinador. Entre las metas que cumplirá está producir Perdidos en Yonkers en agosto en Teatro Alianza y traer a Elena Rogers en noviembre con un espectáculo que lo fascina en el que la artista argentina repasa todos sus musicales (Teatro El Galpón).

Pero hay algo que lo desvela especialmente: contar con un teatro propio. “Alquilar, comprar… lo que venga. Me gasté muchísimo dinero en un arquitecto e ingeniero argentino que me presentó Carlos Rottemberg para que me diseñara uno con todo: fosa para orquesta, ascensores, camarines de lujo, calefacción, un buen restaurante, parking, acomodadores vestidos impecables… quiero que ir al teatro sea una experiencia. He golpeado varias puertas, pero faltan apoyos. No pido nada gratis”, aclara sin perder las esperanzas de lograrlo algún día. “Voy en ese camino, tranquilo. Ya va a llegar, tengo mucha fe”, remata convencido.

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"Mi querido presidente", una de las obras que trae este año con su primer representado, Maxi De la Cruz.
Foto: Gentileza

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