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Equivocarse también es una opción

Es normal no haber elegido la carrera adecuada para nosotros. Aceptar la crisis vocacional es el primer paso para enfrentarla.

Las crisis pueden surgir en cualquier momento de la vida
Las crisis pueden surgir en cualquier momento de la vida

Lo decidió cuando era un niño, cuando ni siquiera sabía muy bien de qué se trataba la vida. Martín tenía 6 años cuando supo que quería ser contador. En la escuela y en el liceo era un alumno de esos que resaltan sobre los demás, abanderado, inteligente y responsable, con una facilidad asombrosa para los números que solo le confirmaba su vocación. No habían dudas. Martín cumplió 18 años y dejó su casa en Colonia para irse a estudiar a Montevideo. Llegó, se instaló en un apartamento con dos amigos y se inscribió en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de la República. Primeros parciales, primeros exámenes, primeras materias. Todo era nuevo pero había algo que no estaba saliendo como lo había planeado desde niño: a Martín no le gustaba la facultad, ni los números, tenía facilidad para ellos pero no era a lo que se quería dedicar el resto de su vida.

A Martín le gustaba escribir y leer, le gustaba mirar cine y series. Cursó un año de Economía sin saber muy bien qué hacer, confundido entre los números, entre lo que pudiera pensar su familia y su entorno, entre las ganas de cambiarse de carrera. En el segundo semestre salvó una sola materia y era la única de todo el plan que no incluía números. Un año después se inscribió en la Facultad de Información y Comunicación, pero llegar a tomar esa decisión no fue sencillo.

Una crisis vocacional aparece "cuando nos surgen dudas y temores a la hora de elegir qué estudiar o al momento de replantearnos si continuar o no con determinada carrera u ocupación. Surgen preguntas como ¿me gusta?, ¿es lo que yo soñaba para mí?, ¿me veo trabajando en esto toda la vida?", explica la psicóloga Verónica Orrico, especialista en el tema. "Tiene que ver con nosotros mismos y ser capaces de comprender qué es lo que queremos en verdad, silenciando las presiones del exterior. Esto puede suceder a cualquier edad, aunque suele ser más frecuente en la juventud", agrega la licenciada Mariana Álvez, especialista en psicología positiva.

Las crisis con respecto a la carrera u ocupación pueden surgir en cualquier momento de la vida. "Hay incluso personas mayores que pueden llegar a cuestionar la elección de toda una vida porque ya no los llena", explica Álvez.

Sin embargo, hay dos momentos en los que son más frecuentes. Una, siendo jóvenes, cuando estamos "obligados" a elegir una carrera luego de terminar el liceo o durante los primeros años de la educación terciaria. "Cuando un joven elige su carrera presta demasiada atención al contenido de las materias, sin haber comenzado a delinear otros aspectos de su vida: donde quiere vivir, en qué lugar le gustaría trabajar (en una oficina o al aire libre), si prefiere un trabajo más solitario o estar en contacto con otras personas", explica Orrico. "Hay profesiones que demandan traslados constantes, horarios nocturnos o que son difíciles de ejercer en la ciudad. Por eso es importante definir qué tipo de vida queremos vivir, que cosas son significativas para cada uno y si la carrera se adecúa o no al tipo de vida que deseamos tener".

Además, las dudas respecto a la vocación pueden surgir en la mediana edad. "En esta etapa los hijos son más independientes y dejan de tener un rol tan protagónico en la vida de sus padres; esto les deja a los adultos más tiempo y energía para reflexionar acerca de su trabajo y qué tipo de vida desean tener. Es que, en última instancia, la elección profesional está muy ligada al proyecto de vida que cada persona ha elaborado", sostiene Orrico.

Es verdad. Un poco de incertidumbre, dice la especialista, siempre es buena para no tomar una decisión apresurada. El tema, explica, es "cuando esta circunstancia nos paraliza, nos angustia demasiado o interfiere con otros aspectos de nuestra vida"; en ese momento es necesario buscar ayuda para que nos ayuden a ver las cosas con más claridad.

Causas

Para reconocer cuando se está ante una crisis vocacional y no ante una crisis pasajera de esas a las que nos enfrentamos necesariamente cada tanto durante la carrera, hay determinadas señales a tener en cuenta. Así, dice Orrico, las señales pueden ser "el desinterés en lo que hacen, la falta de entusiasmo, el bajo rendimiento, hablar poco de la carrera y buscar excusas para no ir a clase. También están presentes la angustia, el retraimiento, muchas dudas y el miedo a defraudar a los demás".

Los motivos por los que surgen son varios. Pero en particular en Uruguay, dice Orrico, hay que tener en cuenta que el sistema educativo no "fomenta el autoconocimiento ni el aprendizaje de la toma de decisiones": "A lo largo del proceso educativo formal no debemos hacer ninguna elección, todas las materias son obligatorias, hasta que de golpe y casi sin ayuda alguna, tenemos que decidir qué bachillerato cursar y qué seguir estudiando".

También, sostiene Álvez, pueden ocurrir porque la persona cambia y con ella, sus gustos e intereses: "La persona pudo haberse equivocado de elección, lo que antes le parecía una buena idea o una expresión de su identidad ya no lo es".

Por otro lado, "si bien pasamos muchos años estudiando, pocas veces se enseñan técnicas de estudio y de organización del tiempo", dice la psicóloga Orrico. Eso puede llevar a que, estudiantes que hicieron la escuela y el liceo sin demasiado esfuerzo, "no hayan adquirido las habilidades necesarias para enfrentar el volumen de estudio que requiere la universidad y se frustran".

La falta de información, elegir una carrera por el éxito económico o las exigencias del mercado laboral, todas pueden ser factores que determinen una crisis vocacional.

¿Qué hacer? El primer paso, sobre todo para los más jóvenes, es informarse bien previo a elegir una carrera. En general, hay una gran oferta de carreras y tecnicaturas que se alejan de las opciones clásicas y no se conocen. Además, si no se está seguro, las especialistas recomiendan hablar con profesionales de las carreras entre las que se está dudando, para así poder decidir sobre expectativas y experiencias realistas.

Es bueno y necesario que las familias se den la posibilidad de conversar con sus hijos sobre el tema, que dejen espacio para la duda. "¿Estás contento con lo que estás estudiando?, ¿cómo te imaginas trabajando en esto? ¿qué otras cosas te gustan? ¿tienes dudas? Validar esta posibilidad previene muchas dificultades", explica Orrico. "Por otra parte como dice el refrán popular , no solo de pan vive el hombre. Seguramente dediquemos muchas horas al estudio o al trabajo, por lo cual es importante que lo que hagamos nos guste, nos resulte interesante y se adapte a nuestro proyecto de vida".

Animarse a hablar

Aunque no es la regla, muchas veces puede suceder que cedamos a las presiones familiares y del entorno para decidir una carrera, presiones que muchas veces son inconscientes, lo que puede terminar por desencadenar una crisis. También, dice la psicóloga Mariana Álvez, "hay personas a las que les da vergüenza comentar sus crisis porque tienen miedo de decepcionar a sus seres queridos" o incluso, "creen que tener un título es todo lo que se necesita para ser exitoso, sin contemplar otras posibilidades". Sin embargo, el primer paso para enfrentar una crisis es asumirla. Segundo, hay que animarse a hablar sin miedo a decepcionar a nadie y teniendo en cuenta que, en primera y última instancia, los que se verán afectados en el futuro siguiendo con algo con lo que no están de acuerdo, somos nosotros mismos.

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