La investigación realizada por el Instituto Weizmann de Ciencia de Israel y de la University College London del Reino Unido -y publicada en Science- se desarrolló en cuatro etapas que duraron dos semanas. En ella participaron 12 mujeres y 18 varones, todos adultos de alrededor de 29 años.
En la primera etapa del trabajo, los voluntarios vieron un documental en pequeños grupos. Tres días después, regresaron al laboratorio en forma individual donde se les tomó un test de memoria acerca de lo que vieron en la película. También debían calificar el grado de certeza que tenían en cada respuesta. Cuatro días después regresaron al laboratorio a contestar las mismas preguntas mientras eran sometidos a una resonancia magnética funcional. En esta ocasión se les dio a conocer respuestas de otros voluntarios que eran falsas, como forma de manipular. Con la finalidad de conformarse con la opinión ajena, los participantes respondieron el test en forma incorrecta cerca de un 70% de las veces, a pesar de haber respondido bien la vez anterior.
Una semana después se les hizo regresar y se transparentó la manipulación. Al contestar nuevamente el test, el 60% volvió a responder bien, pero un 40% se mantuvo en el error.
Los hallazgos de la investigación son relevantes para aspectos de la vida real como el sistema legal, en que los testimonios de testigos con frecuencia convencen a los jurados, apuntó Micah Edelson, autor del estudio.
La clave del experimento fue "la manipulación de la influencia social", dijo el profesor de psicología Henry Roediger III, de la Universidad de Washington en San Luis, quien fue coautor de un comentario que acompaña al estudio. "Cuando los sujetos del experimento vieron que otras personas habían respondido de una forma, tendían a conformarse y responder de la misma manera".
Nadie resultó inmune a las sugestiones de las memorias falsas, señaló Edelson, aunque algunos pudieron apegarse a la realidad mejor que otros.
¿Qué aplicaciones podría tener esto para la vida diaria? Además de ayudar para los casos legales con testigos oculares, los autores agregaron que es posible, aunque no se ha probado, que los efectos del pensamiento grupal sobre la memoria en los niños que "son muy propensos a la influencia social" podrían ser mayores que en los adultos.