LA NACIÓN | FERNANDO GOITIA
En 1965, en una estantería de la Biblioteca Nacional de Madrid, el hispanista norteamericano Jules Piccus descubrió por casualidad dos volúmenes autógrafos de Leonardo da Vinci. Con más de 700 páginas de diseños inéditos y notas del genio toscano, ambos manuscritos, bautizados como Códex Madrid I y II, llegaron a España en el siglo XVII, pero permanecieron extraviados durante más de 150 años por un error de inventario. "En el Códex Madrid I encontramos la base de todas las máquinas actuales, incluidas las electrónicas", asegura Mario Taddei, un milanés entregado al estudio de los manuscritos de Leonardo desde hace 15 años. "Hay de todo. Por ejemplo, cómo construir un robot o un vehículo autopropulsado."
Las investigaciones de Taddei tienen cierto aire detectivesco, si bien su historia no guarda relación alguna con la célebre y multimillonaria novela armada en torno a supuestos enigmas ocultos en los cuadros de Leonardo. Aquí, de hecho, dejamos a un lado al pintor para centrarnos en el científico. Desde joven, Leonardo entendía que su misión en la vida era comprender la naturaleza, por eso intentó penetrar en sus secretos y deducir sus leyes. En 1482 y a los 30 años, Leonardo envía una carta de presentación que se centraba en sus proyectos de aparatos militares, obras hidráulicas, arquitectura y, sólo al final, restándoles importancia, en los de pintura y escultura.
En 1513, seis años antes de su muerte y tras culminar obras como La Gioconda, San Juan Bautista o La Virgen, Santa Ana y el Niño, Leonardo abandona el arte y se dedica exclusivamente a la ciencia. Pero es esa combinación de artista y científico genial lo que hizo de Leonardo una personalidad única; un hombre hiperactivo del que nos han llegado más de seis mil folios manuscritos con estudios matemáticos, de ingeniería, mecánica, arquitectura, medicina e, incluso, arqueología, de los cuales los Códex encontrados en Madrid, los últimos en aparecer, son, aunque fascinantes, apenas una pequeña parte.
SECRETOS. Mario Taddei es cofundador de Leonardo3 (L3), una revolucionaria institución entregada al estudio del legado del genio renacentista, especialmente de los más de seis mil manuscritos atribuidos a él. Cinco años después de investigación sobre el acervo leonardino, han dado ya con varias de las claves de los enigmas Da Vinci.
Por ejemplo, las instrucciones de Leonardo para fabricar el león mecánico, una de las tres grandes revelaciones, junto a un grupo de soldados robot y un carro automotriz, incluidas en Leonardo da Vincis Robots, el último libro de Taddei.
En 1515, encargaron a Leonardo el diseño y construcción de un león que a su paso dejaría caer una alfombra de lilas, en homenaje al flamante rey Francisco I. Numerosas fuentes reseñan la existencia del aparato, pero no se habían hallado dibujos ni instrucciones. Taddei y su equipo, en cambio, encontraron en el Códex Madrid I la descripción del mecanismo, dibujos de la estructura interna e incluso del método autopropulsor del felino. Así, siguiendo las indicaciones del genio toscano, el L3 consiguió reconstruir un león mecánico capaz de lanzar cientos de lilas, a semejanza del que asombró a Francisco I.
REVELADO. Las nuevas tecnologías han sido una ayuda inestimable en todo el proceso; por ejemplo para volver a la nitidez trazos o dibujos enteros de Leonardo que se han perdido a simple vista.
Taddei se muestra especialmente emocionado cuando recuerda el proceso que le permitió construir un ejército de autómatas, una especie de arma secreta defensiva, cuyo diseño había ocultado Leonardo entre sus manuscritos. Un hecho, para el que Taddei ofrece dos posibles explicaciones: "Puede que existiera un diseño definitivo extraviado o bien, como ocurrió con su submarino, Leonardo lo consideraba un trabajo tan delicado que decidió protegerlo esparciendo sus componentes por distintos manuscritos".
El interés de Leonardo por las armas fue un signo del tiempo que le tocó vivir: con conflictos constantes, los ejércitos buscaban la superioridad estratégica con nuevas armas con las que atacar a distancia y evitar el combate cuerpo a cuerpo. Leonardo se ofreció como ingeniero militar a sus mecenas florentinos y milaneses y a cambio, recibió generosas compensaciones. Sin embargo, prefirió proteger algunos de sus diseños, como el submarino o el grupo de soldados robots recién descubierto por Mario Taddei, alegando que los hombres podrían utilizarlo para "hacer el mal en tiempos de guerra".
Descifrar el código del ejército de robots llevó 16 meses para hacer encajar todas las piezas desperdigadas. El resultado se probó con éxito en modelos digitales y después, a escala real a base de madera, hierro y cuerdas, utilizando, exclusivamente, materiales y sistemas del siglo XV. El resultado final es un grupo de soldados acorazados, dispuestos en filas paralelas o en círculo, que sujetan altas lanzas y las mueven de forma amenazante. En el siglo XVI, ni el estratega más experimentado hubiera imaginado un truco semejante.
Como estos, Taddei estima que aún hay miles de folios con códigos del genio renacentista y que permanecen indescifrados. O escondidos por el mismo Leonardo para protegerlos de la incomprención o la maldad del futuro.
Un legado amenazado por el polvo
Leonardo da Vinci prefería dibujar. Pensaba que el dibujo era el mejor instrumento para presentar sus proyectos de máquinas prodigiosas que sólo centenares de años más tarde fueron realizadas. Da Vinci solía decir que un dibujo es mucho más eficaz que la palabra escrita, y desafiaba a sus amigos literatos a que intentaran superar con sus escritos las imágenes dibujadas.
Durante toda su vida llenó hojas y hojas con bocetos espectaculares y pequeños apuntes que los explicaban. Aplicaba el mismo método a la arquitectura, la física, la ingeniería, la anatomía, la botánica y también a la pintura para estudiar las proporciones y las composiciones de sus obras más conocidas. En el dibujo se funden las dos almas, artística y científica del genio italiano. Nunca se ocupó personalmente de recopilar en una o varias obras todos sus estudios. Sólo muchos años después de su muerte se realizaron varias recopilaciones de sus proyectos, a los que se dio el nombre de códigos. El más amplio de estos es el Código atlántico, con 1.119 dibujos divididos en 12 volúmenes, conservado en la Biblioteca Ambrosiana de Milán. Esta obra de valor inmenso está ahora amenazada por la mugre.
Después de 150 años sin que nadie lo tocase, entre 1968 y 1972 se realizó una gran obra de restauración para salvar el código de los pegamentos que se habían utilizado en el pasado para fijar los dibujos sobre los soportes. Se cambiaron los soportes, ahora de tamaño atlas (de ahí el nombre `atlántico`), se crearon 12 volúmenes, pero también se utilizó un nuevo pegamento que hoy, 30 años después, es la causa de la mugre y las manchas.
"La suciedad se ha formado, en mi opinión, por el pegamento de esa restauración", explica Cecilia Frosinini, máxima autoridad italiana en esta materia. "Pero el problema fue que en los años setenta se consideró oportuno también cubrir los dibujos con una película de pegamento para proteger los folios".
Las sustancias utilizadas en aquellos años contienen `harinas y pegamentos animales`, que son elementos que producen la aparición de mugre. `La suciedad se presenta ahora en los dibujos de Leonardo como manchas de color verde, marrón o violeta`, explica Frosinini. "Es necesario en primer lugar hacer un análisis para establecer el tipo de suciedad y ver qué partes del código se han visto afectadas".
A pesar de que el problema se conoce desde hace año y medio, y que los trabajos para diagnosticar los daños no tendrían costes particularmente elevados, la restauradora e historiadora del arte señaló que el Ministerio de Cultura no ha proporcionado el dinero necesario.