El rival más pesado del Mundial 2026 no tiene camiseta ni hinchada: cómo se adapta el fútbol a las altas temperaturas

El cambio climático comienza a redefinir el deporte rey. En 2026, la Copa del Mundo también se disputa contra el clima.

fútbol calor1.png
El calor ya afecta al fútbol

“No vamos a jugar en condiciones ideales”, decía Diego Armando Maradona en México 86, refiriéndose al calor infernal de los partidos al mediodía. Cuarenta años después, la advertencia suena más actual que nunca: para este Mundial 2026, algunos estadios podrían alcanzar temperaturas peligrosas para los jugadores, con sensación térmica que supera los 50°C.

El estrés térmico, la deshidratación y la fatiga central ya no son riesgos teóricos ni incomodidades anecdóticas ni parte de la épica del fútbol. Cada selección no solo jugará contra otra —Uruguay lo hará frente a España, Arabia Saudita y Cabo Verde en la fase de grupos—, sino también ante un rival invisible que ya está redefiniendo el deporte rey: el cambio climático.

Para Uruguay, históricamente el “cuco” fue otro: la altura. La Paz, Quito o Bogotá formaron parte del folclore temido de las Eliminatorias, con relatos sobre falta de aire y piernas que no responden. Pero en un planeta más caliente, ese viejo fantasma empieza a convivir con uno nuevo. Ya no se trata solo de jugar en altura, sino de competir bajo temperaturas que ponen en jaque al propio cuerpo. ¿Cómo se juega al fútbol bajo un sol que quema?

La pregunta vale para cualquier deporte al aire libre. Los casos no han dejado de repetirse desde México 86 en distintas disciplinas: Paula Radcliffe, favorita en el maratón femenino de Atenas 2004, tuvo que abandonar tras recorrer varios kilómetros con temperaturas superiores a 35°C; Frank Dancevic se desmayó en el Abierto de Australia de 2014 durante la ola de calor más intensa en un siglo; más recientemente, en los Juegos Olímpicos de Tokio —celebrados en 2021— la tenista Paula Badosa abandonó la cancha en silla de ruedas tras sufrir un golpe de calor; y en la Copa América 2024 el árbitro Humberto Panjoj se desplomó en pleno partido bajo una sensación térmica cercana a los 38°C.

El estrés térmico afecta resistencia, concentración y seguridad. Las medidas preventivas ya no son opcionales: son vitales. Como resumió el tenista ruso Daniil Medvedev en medio de un partido sofocante: “Si muero, ¿quién se va a hacer responsable?”

fútbol calor2.png
El calor ya afecta al fútbol

Jugar al límite.

Es cierto. Maradona la descosió en aquel Mundial. A pesar del intenso calor del mediodía mexicano, el 22 de junio de 1986 marcó “la Mano de Dios” y el “Gol del Siglo”, con el termómetro rozando los 40°C.

Pero Maradona no era un simple mortal. Para el resto —incluso tratándose de atletas profesionales— el calor puede convertirse en un límite fisiológico.

Disputar la Copa del Mundo en junio y julio es una tradición que se remonta a 1930. Pero el verano ya no es el mismo. Desde entonces, el período global comprendido entre junio y agosto se ha calentado en 1,05°C, según datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA). En Europa, el incremento estival es aún mayor: 1,81°C. Y la tasa de calentamiento se ha acelerado de forma marcada desde la década de 1990.

Recién en Brasil 2014 se implementó la pausa obligatoria para hidratación. El precedente más claro llegó con Qatar 2022, cuando la FIFA decidió mover el Mundial de junio-julio a noviembre-diciembre para evitar temperaturas de entre 40°C y 50°C. Sin embargo, esos mismos rangos térmicos podrían reaparecer en 2026, cuando el torneo se dispute en pleno verano de Canadá, Estados Unidos y México.

Un antecedente inmediato del impacto del calor se vivió en el Mundial de Clubes 2025, disputado en Estados Unidos. El mediocampista del Atlético de Madrid, Marcos Llorente, contó: “Hacía un calor terrible, tenía los dedos de los pies que me dolían, las uñas me dolían. No podía ni frenar ni arrancar”.

Un estudio de Football For Future (FFF), una organización que aboga por un fútbol más sostenible, indica que 14 de los 16 estadios anfitriones ya superan los umbrales seguros de juego para al menos tres grandes amenazas climáticas —calor extremo, estrés hídrico y tormentas intensas— y que hacia 2050 casi el 90% enfrentará condiciones que harían inseguro el fútbol sin medidas de adaptación.

“Probablemente este sea el último Mundial en Norteamérica que pueda celebrarse sin adaptaciones climáticas significativas”, advierte Elliot Arthur-Worsop, experto en clima y fundador de FFF, en diálogo con Domingo. Si el torneo volviera a la región dentro de 30 años, sostiene, difícilmente podría disputarse en su formato actual debido a las nuevas realidades climáticas.

Si esa advertencia suena lejana, los números ayudan a dimensionarla. Un informe biometeorológico publicado en Scientific Reports alerta que, para este Mundial, los partidos con mayor peligro de estrés térmico extremo serán los que se disputen en Arlington y Houston (Estados Unidos) y en Monterrey, México. Allí se prevé que los jugadores podrían perder más de un kilogramo de sudor —es decir, de agua corporal— en apenas una hora de juego.

Y esa pérdida no es inocua. Se estima que una deshidratación superior al 2% del peso corporal afecta negativamente las funciones cognitivas y las capacidades físicas, además de inhibir los mecanismos de termorregulación del organismo. Cuando la pérdida alcanza entre el 3% y el 4%, el rendimiento futbolístico se ve comprometido de manera significativa. En un deporte que se define por decisiones tomadas en fracciones de segundo, el calor no solo agota: también nubla.

Quizás ya consultó el fixture y notó que Uruguay no jugará en las tres sedes mencionadas como las más críticas, al menos en la fase de grupos. Conviene no apresurarse a celebrar (ni con esto ni con nada). Miami tampoco queda al margen. Según el estudio de FFF, en 2025 el Hard Rock Stadium registró 129 días con un WBGT de 32°C —considerado calor extremo— y ocho jornadas con valores de 35°C, directamente inseguros para la práctica deportiva. En la pasada Copa América, en ese mismo escenario, Ronald Araújo debió ser sustituido por deshidratación.

¿Qué es eso de WBGT? Para medir el riesgo de estrés térmico no alcanza con observar la temperatura ambiente. Los organismos deportivos utilizan el índice WBGT (temperatura de globo y bulbo húmedo), que combina calor, humedad y radiación solar.

Ese mismo índice es el que utiliza la CONMEBOL desde la Copa América 2024. El protocolo establece que, si el WBGT supera los 32°C —considerando también factores como la hora del día, la nubosidad y la ubicación del estadio—, el Oficial Médico de campo puede ordenar una pausa de hidratación. La primera medición se realiza 90 minutos antes del inicio y, una hora antes del partido, se toma la decisión definitiva. La interrupción, de entre 90 segundos y tres minutos, puede aplicarse alrededor de los 30 y 75 minutos de juego y queda bajo control del árbitro.

Pero el umbral reglamentario no necesariamente coincide con el fisiológico. “Por encima de 28 ya se considera peligroso realizar ejercicio”, apunta Pedro L. Valenzuela, investigador en la Unidad de Fisiología de la Universidad de Alcalá, en diálogo con Domingo. Ese valor puede alcanzarse, por ejemplo, con 30°C y 85% de humedad, o con 35°C y 60%.

Es decir: no se trata solo de sensación térmica o incomodidad. A partir de cierto umbral, el calor deja de ser un factor ambiental y pasa a ser una variable reglamentaria.

Pero hay otro indicador que complejiza el panorama: el UTCI (Índice Universal de Clima Térmico). Los autores alemanes y polacos del estudio publicado en Scientific Reports lo emplean al considerar que el WBGT no refleja completamente el estrés térmico real de los jugadores, ya que no incorpora variables como la producción metabólica de calor, la indumentaria o el efecto del movimiento sobre la ventilación corporal. Con ese enfoque, advierten que el mayor estrés térmico durante los partidos de la Copa del Mundo de 2026 se concentrará entre las 14:00 y las 17:00, con picos de UTCI que podrían superar los 50°C en Arlington y Houston.

En Miami, en cambio, los valores máximos se registrarían incluso antes del mediodía, lo que sugiere que la amenaza del calor no se limita a las horas clásicas de mayor insolación, sino que depende de la interacción entre clima y esfuerzo físico en el campo de juego.

fútbol calor3.png
El calor ya afecta al fútbol

El cuerpo tiene límites.

Detrás de los índices térmicos y los protocolos hay una realidad más simple: el cuerpo humano tiene límites. Cuando la temperatura ambiente aumenta, el organismo prioriza enfriarse antes que rendir. Y eso tiene consecuencias visibles en la cancha. “Se observa menor velocidad promedio, menor distancia recorrida a alta intensidad y mayor fatiga acumulada”, enumera Leonardo Schiavone, especialista en Medicina del Deporte y Ejercicio.

¿Qué ocurre en el organismo? “En condiciones de calor se produce una redistribución del flujo sanguíneo hacia la piel para facilitar la termorregulación”, explica Valenzuela. Esa estrategia ayuda a disipar calor, pero reduce el flujo disponible para los músculos y otros órganos, incluido el corazón. Al mismo tiempo, la sudoración disminuye el volumen plasmático y puede generar desequilibrios de electrolitos. El resultado: mayor fatiga, peor eficiencia cardiovascular y aumento del riesgo de eventos médicos.

No se trata solo de cansancio muscular. La evidencia reciente muestra que uno de los principales límites bajo calor extremo es central: el cerebro detecta el estrés fisiológico como una amenaza y reduce voluntariamente la capacidad de esfuerzo para evitar daños mayores. En otras palabras, el cuerpo “frena” antes de romperse.

Los riesgos, según apunta Schiavone, van en escalada: deshidratación, calambres, síncope por calor, agotamiento y, en el extremo, golpe de calor —“una condición crítica, con temperatura corporal mayor a 40°C y alteración del sistema nervioso: confusión, desorientación o pérdida de conciencia”— que requiere enfriamiento inmediato.

Detectar las señales tempranas es clave. Entre los indicadores de alerta figuran una frecuencia cardíaca inusualmente elevada para la intensidad del ejercicio, una percepción de esfuerzo desproporcionada, cambios en el color de la orina, pérdida significativa de peso corporal por deshidratación o, en casos más graves, incapacidad para sudar o escalofríos pese a las altas temperaturas. “Tanto el personal técnico como los deportistas deben conocer estas señales para estar alerta”, subraya Valenzuela.

La aclimatación puede mitigar parte de estos efectos. Exposiciones progresivas durante 7 a 14 días permiten adaptaciones como sudoración más eficiente, menor frecuencia cardíaca ante el mismo esfuerzo y mejor conservación del volumen plasmático. Pero (de nuevo) hay límites. “Hacer ejercicio durante cinco horas a más de 35°C-40°C es un riesgo excesivamente alto”, advierte Valenzuela.

Un partido de fútbol no dura tanto por más que sume alargue y penales, pero es lo que puede durar, por ejemplo, una etapa del Tour de France, competencia que se corre en julio y por la que la Unión Ciclista Internacional está revisando protocolos debido a las olas de calor registradas en los últimos años.

De cara al Mundial, las estrategias no deberían improvisarse. Además de entrenar en condiciones cálidas semanas antes de competir, los especialistas recomiendan incluir baños calientes o sesiones de sauna para inducir adaptación, chalecos con hielo antes del partido, ingesta de líquidos fríos o granizados, enfriamiento de manos y nuca durante el juego y reposición de sodio para evitar desequilibrios. Incluso los enjuagues con mentol pueden reducir la percepción subjetiva de estrés térmico.

Pero la preparación empieza antes del silbatazo inicial. “Lo primero es comprobar la previsión meteorológica para evaluar si es necesario modificar horarios”, señala Valenzuela. Además de la hidratación adecuada, los equipos deberían contar con herramientas para tratar de inmediato un golpe de calor, como bañeras con hielo para enfriamiento rápido. El monitoreo continuo de la temperatura corporal —factible desde el punto de vista tecnológico— todavía no es habitual en competencia, pero como mínimo los deportistas deben estar formados para reconocer síntomas y comunicar cualquier sensación anormal al cuerpo técnico.

Aun así, los expertos coinciden en algo incómodo para las ligas: si las olas de calor se vuelven más frecuentes, no bastará con hidratarse mejor. “Probablemente haya que replantear horarios y calendarios”, sostiene Valenzuela. Y agrega: “Así como en el triatlón existen protocolos de seguridad según la temperatura del agua, con el calor debería ocurrir lo mismo”.

El debate ya no es solo académico. La Federación Internacional de Futbolistas Profesionales (FIFPRO), el sindicato mundial de jugadores, recomendó extender el entretiempo a 20 minutos y establecer pausas de enfriamiento más frecuentes para proteger a los futbolistas ante el calor extremo. Según la organización, los partidos deberían suspenderse o reprogramarse cuando el índice WBGT supera los 28°C, cuatro grados por debajo del umbral de 32°C que actualmente fija la FIFA.

Ese organismo ya lo está considerando. Por un lado, ya informó que todos los partidos del próximo Mundial contarán con pausas de rehidratación obligatorias de tres minutos en cada mitad del juego. Los árbitros detendrán el partido alrededor del minuto 22 de cada tiempo para que los jugadores puedan beber y recuperar líquidos, sin que esto dependa de las condiciones meteorológicas o de la ubicación del estadio. Sobre el calendario, a fines de 2025, su presidente, Gianni Infantino, afirmó ante la Asamblea de la European Football Clubes que el debate no se limita a un torneo puntual. “Ya estamos metidos en los detalles, lo discutimos constantemente. No se trata solo del Mundial, es una reflexión general”, señaló, en referencia al Campeonato del Mundo 2034 en Arabia Saudita, aunque antes llegará el de España, Portugal y Marruecos, tres países que superan los 40°C en verano.

También adelantó que marzo y octubre podrían consolidarse como meses más adecuados para grandes competiciones internacionales, con temperaturas más moderadas en ambos hemisferios: “En diciembre no puedes jugar en una parte del mundo ni en julio en otra”.

¿Qué implicaría ese replanteo en términos concretos? Para Arthur-Worsop, las “adaptaciones climáticas significativas” de las que habla para un próximo Mundial pueden pensarse en tres niveles. El primero es cultural: capacitación y concientización dentro de los clubes —desde el cuerpo técnico hasta los jugadores y los hinchas— para comprender el riesgo climático y actuar en consecuencia. El segundo es operativo: protocolos claros que obliguen a modificar horarios, dinámicas de juego o condiciones de entrenamiento cuando se superen determinados umbrales térmicos.

El tercer nivel es estructural. Incluye desde estadios diseñados para resistir eventos extremos hasta sistemas avanzados de drenaje, captación de agua de lluvia o estructuras temporales de sombra para proteger a jugadores y espectadores. “Algunas son medidas de bajo costo y aplicación inmediata; otras requieren inversión y planificación a largo plazo”, explica.

El desafío, además, no es solo técnico, sino cultural. Arthur-Worsop advierte la existencia de una “brecha de percepción climática” en el fútbol: muchos aficionados reconocen que el clima extremo está afectando al deporte, pero menos de la mitad vincula directamente esos impactos con el cambio climático. “Los hinchas sienten los síntomas, pero no siempre nombran la causa”, resume.

El fútbol siempre supo adaptarse a nuevas reglas, tecnologías y formatos. Cuarenta años después de la protesta de Maradona en México 86, el deporte rey enfrenta un desafío más profundo: adaptarse a un planeta más caliente. Detrás de los contratos millonarios y los estadios futuristas, el límite sigue siendo el mismo: un cuerpo que necesita mantener 37 grados para funcionar. Cuando el termómetro se dispara, no importa la camiseta ni el ranking FIFA. El calor es, hoy, el rival más fuerte.

fútbol calor4.png
El calor ya afecta al fútbol
SEDE POR SEDE: CUÁLES SON LAS MÁS RIESGOSAS

Toronto BMO Field. Se prevé que el número de días con temperaturas superiores a 32°C WBGT llegue a 14 en 2050: 10 días adicionales al año con riesgo mayor de agotamiento y golpe de calor.

Vancouver BC Place. Las proyecciones indican que no excedería los 32°C WBGT en 2050. Aun así, los episodios de calor extremo aumentarán en frecuencia: hasta 11 anuales hacia 2050.

Guadalajara Akron. Para 2050, el número de días que superen los 32°C WBGT pasará de 1 a 9 por año. Además, se prevé un aumento del estrés hídrico, episodios de lluvias intensas y vientos fuertes (150 km/h).

CDMX Estadio Azteca. Aunque no se espera que se supere el umbral de 32°C WBGT hacia 2050, en 2025 ya se registraron 12 días con temperaturas más altas que casi cualquier valor histórico previo. Para 2050, se proyectan 26 días al año con calor extremo.

Monterrey BBVA. Para 2050 se proyectan: 108 días al año por encima de 32°C WBGT (68 en 2025); 29 días al año por encima de 35°C WBGT —nivel inseguro para jugar al aire libre— (9 en 2025).

Atlanta Mercedes-Benz. Para 2050, se proyecta: 84 días al año por encima de 32°C WBGT (53 en 2025); 28 días al año en condiciones de calor no aptas para jugar (9 en 2025). En la Copa América 2024, el estadio cerró el techo para mitigar el impacto del calor.

Boston Gillet Stadium. Para 2050, Boston proyecta: 26 días al año de calor extremo (el fútbol solo sería posible con medidas de adaptación); 7 días al año en condiciones no aptas para jugar.

Dallas AT&T Stadium. Para 2050, Dallas proyecta algunas de las condiciones de calor más extremas entre las ciudades anfitrionas: 123 días al año de calor extremo (frente a 98 en 2025) y 64 días al año en condiciones no aptas para jugar (frente a 33 en 2025).

Houston NGR. Es una de las sedes con mayor exposición al calor extremo. En 2025 se registraron 128 días (cerca del 35% del calendario) con valores superiores a 32°C WBGT, y 51 días en condiciones inseguras para la práctica deportiva.

Kansas City Geha Field. En la pasada Copa América, un árbitro colapsó a causa del calor. Para este estadio, las proyecciones indican que hacia 2050 podría enfrentar 72 días al año de calor extremo y 33 días en condiciones directamente inseguras para jugar.

LA Sofi Stadium. Para SoFi Stadium, las proyecciones hacia 2050 indican 14 días al año de calor extremo y 2 días en condiciones directamente inseguras para la práctica del fútbol. Además, se prevé un aumento de lluvias intensas y vientos fuertes.

Miami Hard Rock. Durante la Copa América, Ronald Araújo fue sustituido por deshidratación asociada al calor. Hacia 2050, las proyecciones indican que el estadio podría enfrentar 164 días al año de calor extremo y 54 días en condiciones directamente inseguras para jugar.

NY Metlife Stadium. Según el informe de FFF, este estadio enfrentará 38 días de extremo calor en 2050 más 11 días al año en condiciones inseguras para jugar.

Filadelfia Lincoln. Para este estadio, se proyecta que para 2050 habrá 51 días al año por encima de 32°C WBGT (frente a 29 en 2025) y 18 días al año en condiciones inseguras para jugar, las que pondrán en riesgo la salud de los deportistas.

San Francisco Levi’s Stadium. 2025 fue el año más caluroso registrado hasta ahora, con 6 días superando el límite saludable para jugar. En 2024 se disputó un partido con temperaturas entre 35°C y 37°C, haciendo que los jugadores tuvieran que extremar precauciones para evitar golpes de calor y deshidratación.

Seattle Lumen Field. Las proyecciones indican que los días de calor extremo pasarán de 7 a 11 al año. Sin embargo, el mayor riesgo en esta sede son las lluvias intensas, que podrían alcanzar hasta 144 mm por día, y vientos fuertes de hasta 119 km/h.

¿Encontraste un error?

Reportar

Temas relacionados

premium

Te puede interesar