James Martin Stagg fue el meteorólogo que persuadió al general Dwight Eisenhower para que cambiara la fecha prevista para el desembarco en Normandía. No solo predijo una tormenta para el 5 de junio de 1944, sino que pronosticó que para el día siguiente tendrían las condiciones favorables para la invasión. “Aprovecharon un frente frío que venía del Atlántico. Iba despejándose y ellos iban atrás, mientras que los alemanes estaban con lluvias y vientos en Francia”, recuerda Mario Bidegain con entusiasmo. Aunque quizás Stagg no aparezca en las películas, fue quien abrió camino hacia la victoria aliada.
El asesor del Instituto Uruguayo de Meteorología (Inumet) y experto en climatología -“el estudio estadístico del tiempo pasado”, como la define en contraposición al estado del tiempo, el que es una “foto instantánea” de los movimientos en la atmósfera- cita ese ejemplo para recalcar que conocer y entender la temperatura, la humedad, la presión del aire, la velocidad y la dirección del viento puede modificar algo tan trascendente como el rumbo de una guerra mundial.
Pero “el poder político (uruguayo) tiene unas falencias enormes en conocer realmente qué es la meteorología y su potencial”, dice a Domingo.
Una vocación.
De chico, a Bidegain le gustaba la geografía y las ciencias naturales y le intrigaban los huracanes, pero, por cosas de la vida, ingresó a la Facultad de Ingeniería donde permaneció tres años. Un día se “enteró” que existían unos cursos en la vieja Dirección Nacional de Meteorología (dependiente del Ministerio de Defensa) y no volvió a dudar sobre su vocación. Los tres años siguientes los dedicó a perfeccionarse como observador meteorológico y como pronosticador y, al egresar, se especializó en climatología en España y Brasil. Más adelante se convirtió en docente del Departamento de Física de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República y no abandonó el aula por 24 años.
Bidegain suspira con resignación al recordar una anécdota de su época de estudiante. Cuenta que llegó a la Dirección Nacional de Meteorología creyendo que en Uruguay no había tornados tal como le habían enseñado en la escuela. Recién ahí aprendió que la realidad es otra. Aquí hay tornados, turbonadas y ciclones extratropicales. “He escuchado a maestros y profesores incurrir en errores gravísimos”, acusa. Esto demuestra, a su juicio, que falta mucha educación sobre la materia. “Falta formar formadores en meteorología”, afirma.
De radares y alertas.
También faltan herramientas y conciencia. Vamos por lo primero. Sostiene que Uruguay debería tener al menos tres radares Doppler (tienen un rango máximo de 200 kilómetros) para pronosticar con más precisión la evolución de las líneas de tormenta que pueden convertirse en fenómenos severos. “Te permiten hacer una radiografía de la tormenta; incluso ves en su interior: cómo está girando el viento y cuánto y a qué nivel está el granizo”, explica. Un radar Doppler permite pronosticar, por ejemplo, un tornado. Sin él, solo “podemos decir que tenemos condiciones para su formación” y no se puede prever su localización. “Somos el único país de Sudamérica que no los tiene, lo que demuestra el atraso tecnológico que todavía tenemos”, lamenta. Cree que la cuestión económica ya no es una limitante porque su precio bajó a menos de US$ 1 millón por unidad.
Con todo, Bidegain explica qué es lo mejor que se puede hacer ahora: “Una alerta de tiempo severo acertada para (una) zona (específica) se da una hora o dos horas antes. No se puede hacer de otra manera”. Y agrega: “El que diga de hoy para mañana que va a ingresar una línea de tormenta por la ciudad de Colonia a las 3 de la tarde está mal o tiene poderes”.
No obstante, cree que los avisos y las alertas son suficientes para tomar decisiones que salvaguarden vidas humanas. Y sostiene que, en el caso del temporal registrado en Fray Bentos el fin de semana pasado, la advertencia por tormenta, actividad eléctrica y vientos fuertes ya estaba emitida de forma clara. “Si creen que capaz que zafan porque la tormenta puede pasar 10 kilómetros más al norte, bueno, están regalados, porque los pronósticos no tienen ese grado de precisión”, aclara. (Acá entra la falta de conciencia) Y retruca: “No perdono que por razones económicas (al no suspender un evento) se ponga en riesgo a la gente”.
Bidegain también cuestiona a quienes se pasan para el otro lado. En particular, lo dice por la agencia meteorológica brasileña Metsul que continuamente está largando noticias “bomba” que, muchas veces, no encuentran respaldo técnico local pero que son replicadas por la prensa. Esto sucedió hace dos semanas, aproximadamente, cuando Metsul pronosticó una baja presión con rachas de vientos de hasta 80 kilómetros por hora en Montevideo. “Yo no lo veía por ningún lado. Podíamos llegar a 40 y se llegó a 42 en Punta del Este. Es un error grave. No es admisible”, afirma. ¿Y por qué lo hacen? Cree que la agencia, que es privada, busca protagonismo.
¿Cuánto da 2 más 2?
Afortunadamente, Bidegain no ha intervenido en ninguna guerra pero sus conocimientos le han servido para ahorrarse malos momentos. “Para un meteorólogo es imposible no estar observando el cielo y viendo señales de un posible cambio del estado del tiempo”, justifica. Eso mismo hizo un día en Florianópolis donde estaba vacacionando con su esposa. Había estado lloviendo por dos o tres días pero la nube densa y amazacotada de desarrollo vertical que vio en ese momento le hizo tomar una decisión: canceló el hotel, echó combustible al auto y dejó la isla. Al otro día salió en las noticias: se había cerrado el paso por el puente Hercílio Luz por las inundaciones.
El asesor del Inumet ha intervenido como testigo -como dicen en la TV: por su calidad de experto- en varios juicios millonarios -recuerda un caso específico por una granizada que afectó a decenas de vehículos de una automotora- o como consultor para aconsejar o no instalación de emprendimientos productivos en el país -recuerda una plantación de almendros que buscó un destino más seco-. “Después de 2005 -año del fatídico ciclón que calificó como “dantesco”- he tenido que ir a muchísimos juicios para explicar cómo ocurrieron los fenómenos o para explicar si hubo alerta o por qué no había”, cuenta. También debe responder en juicios por siniestros de tránsito cuando alguna de las partes aduce que el estado del tiempo le jugó en contra.
“Los pronósticos a corto plazo hoy tienen una certeza del 95% en promedio. Es decir, para un meteorólogo que sepa usar las herramientas, yo diría que es muy difícil equivocarse. Pero la meteorología no es matemática. Acá 2 más 2 está entre 3 y 5”, concluye.