El pirata que lo cuenta todo

| Las memorias de Keith Richards echan luz sobre su relación con Mick Jagger y confirma al guitarrista de los Stones como un sobreviviente.

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Keith Richards tiene 66 años. Ha sobrevivido a tours interminables, a orgías de varios días, a la muerte de un hijo y, sobre todo, a enormes cantidades de drogas. Fue un yonqui durante una década y a él y a su mujer, que tenían instalado un laboratorio en su casa, les costó mucho dejar la heroína. Durante años dormía, en promedio, dos veces por semana. Todo sin cambiarse la sangre, como muchos creyeron. Así lo cuenta en Vida, sus memorias, que acaban de aparecer en castellano.

En 504 páginas desfilan las drogas y la música, prácticamente en partes iguales. Ha tenido líos de polleras: él robó a Anita Pallenberg a su compañero de banda Brian Jones. Después Jagger, a su vez, le robó Anita a Richards. En venganza, Richards se acostó con Mariane Faithfull, entonces mujer de Jagger. "Aquello abrió una brecha considerable entre Mick y yo, pero por sobre todo por parte de Mick. Y probablemente para siempre", dice.

Escrito como un monólogo y directo al grano, Richards -junto al periodista y escritor James Fox- resulta bueno contando anécdotas. Las menos conocidas, las del principio, son muy ilustrativas. De cuando tenían el pelo largo y llamaban la atención porque eran blancos pero tocaban como negros. En Estados Unidos cuando preguntaban a un hombre dónde quedaba el baño les contestaban: "¿Eres un chico o una chica?" A la vez, las novias y hermanas de estos tipos se volvían locas por ellos, por esos ingleses "maricones" que usaban ropa rarísima.

Richards va a traer reminiscencias a más de uno al evocar su adolescencia, cuando el asunto era conseguir discos y todo giraba alrededor de si tenías el sello original. Se hizo fanático del blues. Se juntó con Mick Jagger, que era del barrio. El "flechazo" fue un día que se cruzaron y Jagger iba con un disco de Chuck Berry bajo el brazo y en el otro, lo mejor de Muddy Waters. "¿Cómo no va a ser amor a primera vista?", comenta.

Durante un año se dedicaron a conseguir discos. Poco después cambiarían la historia del rock al componer su primera canción encerrados en una cocina.

Su relación con Jagger recorre el libro. Parecen dos niños. Asegura que lo quiere como un hermano, pero que hace 20 años no pisa su camerino. Se burla del vocalista. Lo trata de ególatra, de tramposo (cuando emprendió su tour solo y tocaba temas de los Stones). "Mick eligió los halagos. Yo elegí la heroína" (acerca de cómo sobrellevar la fama). Sus camerinos tienen que estar a un kilómetro de distancia porque Jagger no aguanta los ruidos de Richards y éste no soporta oírlo cantar escalas durante una hora.

Sin embargo, siguen juntos. Por eso The Economist analizó el libro desde el punto de vista empresarial, porque echa luz sobre un asunto peliagudo: cómo mantener una dupla creativa viva. "La mayoría de las sociedades, desde Lennon y McCartney para abajo, se destruyeron por un cóctel letal de ego, codicia y lujuria. Con todos sus altibajos, Richards y Jagger han estado haciendo negocios juntos por medio siglo". "El todavía saca algo de mí", dice, y Jagger de él, y esa es la conclusión. Ambos saben que juntos les va mejor que separados.

El muchacho que supo ser boy scout e integrar el coro infantil entró a la droga, como todos, de a poco. Es el otro punto que recorre Vida. Asegura que el secreto para sobrevivir fue tomar e inhalar sólo lo de mejor calidad. Para que le proveyeran "la créme de la créme" (la expresión es de Richards) llegó a tener una pareja de yonquis viviendo en su casa.

Así vivió diez años; en 1978 dejó la heroína, y eso complicó su relación con Jagger, porque él quiso volver a ocuparse del negocio y el vocalista -a quien llama Su Majestad- se había acostumbrado a mandar solo.

Algunos críticos han señalado que se ha excedido en los detalles sobre las drogas. Es curioso este punto porque tiene un desparpajo total para contar todo en el libro, pero en público no.

Recientemente, durante una charla que dio en la Biblioteca de Nueva York, cuando estaba comentando lo difícil que es salir de ese infierno, se puso tan tenso que una de sus hijas le dijo desde su asiento, "te quiero papi", en un intento de socorrerlo.

Relación con Lennon. El libro tiene pasajes memorables. Como cuando Lennon caía de visita a lo de Richards y se drogaba hasta terminar abrazado del water mientras Yoko decía "oh John, no deberías hacer estas cosas". Tiene cientos de historias. Recurre a extractos de libros de otros, o a memorias de gente que estuvo presente, como su hijo Marlon, Cecil Beaton o Kate Moss.

Para sus memorias, pidió a otras personas que recordaran cosas, aunque -palabra de un experto- hay cosas de las que nadie logra acordarse: ciertas orgías y los viajes de ácido.

Se muestra orgulloso de ser un "macho alfa", de pelear con navajas y cuchillos como un pendenciero. Fanfarronea (¿o puede ser cierto?) que compuso Satisfaction estando dormido. Sólo al despertar descubrió el esqueleto de la canción en la Philips que había dejado grabando antes de irse a acostar.

Richards tiene boliche: cuando se refiere a sus encuentros con Johnny Depp (que le pidió para inspirarse en él para componer su personaje de Piratas del Caribe), le dijo que sí y le enseñó cómo se dobla una esquina cuando estás borracho: "Nunca separes la pared de la espalda".

Pero que nadie se confunda: este señor que posa de pirata, que anda con ropa aparentemente destrozada, vive como un rey. Pasa horas leyendo en su elegante biblioteca en su casa de Connecticut. Dice ser un lector voraz. Una de las veces en que se cayó y pegó en la cabeza era porque estaba buscando un libro de anatomía de Leonardo da Vinci.

No piensa retirarse. Todavía vive momentos sublimes. Como pasarse una noche componiendo con Jagger en la casa de campo mientras afuera llueve. O cuando está tocando y la banda suena perfecta. Es como levitar: "Creo que no acaban de entender lo que gano yo con todo esto. No lo hago sólo por el dinero ni por ti. Lo hago por mí".

Beatles: amistad astutamente planteada

Septiembre de 1963. Los Stones estaban sin canciones. Su manager Andrew Loog Oldham se va a tomar algo con John Lennon y Paul McCartney y les cuenta lo que está sucediendo y en un gesto solidario, Los Beatles les dieron una canción que no iban a sacar como single: I wanna be your man. "Vinieron al estudio, la tocaron con nosotros, Brian le metió un poco de slide guitar, la convertimos en una canción con un sello inconfundible de los Stones y no de los Beatles" y fue un éxito.

Según Richards, "teníamos montada una especie de sociedad de admiración mutua. Mick y yo admirábamos sus armonías y su capacidad para componer y ellos nos admiraban por nuestra libertad de movimientos y nuestra imagen, y querían unirse a nuestro rollo. La verdad es que la relación con los Beatles fue siempre muy buena y a la vez muy astutamente planteada, porque en esos días los singles salían cada seis y ocho semanas y tratábamos de organizarnos para no coincidir. Recuerdo a John Lennon llamando para decir:

-"Nosotros todavía no hemos acabado de mezclar".

-"Pues nosotros tenemos uno listo ya".

-"Entonces salgan ustedes primero".

(Extracto de Vida, las memorias de Keith Richards).

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