Cuando Marcelo “Pájaro” Singer compró un pasaje casi de casualidad para ir a Sudáfrica 2010, no imaginaba que estaba comenzando un proyecto que lo acompañaría durante más de una década. Desde entonces siguió a Uruguay por Sudáfrica, Brasil, Rusia, Qatar y, ahora, por EE.UU. y México. Retrató las manos de Luis Suárez frente a Ghana, el penal picado del Loco Abreu, el grito del “Pistolero” ante Inglaterra y el festejo de Edinson Cavani contra Portugal. Estuvo allí, detrás de la cámara, en varios de los momentos más icónicos de la historia reciente de la selección. Pero también capturó hinchas, abrazos y, más recientemente, el golpe de una derrota.
Este reportero gráfico de 52 años ya no solo acumula miles de imágenes: también una mirada privilegiada sobre cómo cambió el deporte. Vio transformarse a la selección uruguaya, a las hinchadas, al trabajo de los fotógrafos y a los propios mundiales. “Creo que hoy el Mundial es un espectáculo de televisión donde los estadios son estudios con 50 mil espectadores que pagan por ir”, dice. Desde ese lugar reflexiona sobre la FIFA, la evolución del deporte y una idea que atraviesa su relato: “Al fútbol lo van a convertir de hinchas a clientes”.
A pesar de todo, optimista.
La entrevista ocurre mientras Singer espera un avión en el aeropuerto de Puerto Vallarta. Está haciendo el check-in para viajar a Ciudad de México, donde irá a cubrir el partido entre México y Ecuador. Habla entre acreditaciones, conexiones y planes que todavía no están cerrados: no sabe exactamente dónde dormirá esa noche ni cuál será el próximo destino.
Él había imaginado otro recorrido, uno condicionado por el camino que podría haber hecho Uruguay en el torneo. Lo pensaba como fotógrafo y lo quería como hincha. “Nunca pensé que hoy íbamos a estar en esta situación”, cuenta, decepcionado. La eliminación temprana obligó a cambiar los planes. Ahora toca moverse partido a partido. “Los mundiales son impredecibles”, dice.
Singer pertenece a una generación que creció viendo a Uruguay quedar afuera de los mundiales o despedirse demasiado rápido. Hasta que Sudáfrica 2010 cambió el relato. Ese Mundial no solo fue su primer viaje siguiendo a la selección: también fue el comienzo de una etapa que parecía improbable para muchos uruguayos. Después llegaron Brasil 2014, Rusia 2018 y una presencia mucho más constante de la Celeste en la escena internacional. Para una generación más joven, como la de su hijo Julián, de 15 años, esa historia empezó a sentirse como algo natural. Para Singer, en cambio, era una transformación.
Quizás por eso, incluso después de esta eliminación, evita quedarse en la decepción. “Como pasó antes, que íbamos mal y entonces mejoramos, va a ir de vuelta bien de nuevo”, dice. Y agrega: “Quiero creer”.
El renacer de la Celeste.
La historia de Singer detrás de la selección, en realidad, empezó casi por accidente. Durante años había trabajado como fotógrafo para UNICEF y en ese camino coincidió con Diego Forlán, cuando el delantero comenzaba su vínculo como embajador de la organización. La relación profesional se transformó en una amistad y terminó abriéndole una puerta inesperada.
Hasta ese momento, Singer no tenía pensado viajar a Sudáfrica. La oportunidad apareció en una despedida en la casa de los Forlán, cuando un amigo comentó que una empresa argentina estaba vendiendo los últimos lugares de un charter. “Compré esos pasajes y ahí empezó todo”, recuerda. Así fue uno de los cuatro fotógrafos uruguayos que siguieron a la selección.
Ese primer Mundial también dio origen a un archivo que con el tiempo se transformó en memoria visual de una época: las imágenes de aquella campaña dieron lugar a una muestra que recorrió distintos puntos de Uruguay y llegó incluso hasta la Expo Universal de Shanghái 2010. Después dieron origen al libro Más cerca del cielo. Años después, ese recorrido siguió creciendo con nuevos registros y publicaciones. En Rusia 2018 volvió a convertir su experiencia mundialista en un libro, Hay algo que sigue vivo, donde reunió imágenes de la selección, los hinchas y el país anfitrión.
Incluso algunas de sus fotos terminaron en el álbum del Mundial. En 2018, al comprar sobres para su hijo, se encontró con imágenes que él mismo había tomado para la nueva indumentaria de la selección. “Estaba comprando la foto que yo saqué”, recuerda entre risas.
Pero la mirada de Singer nunca estuvo puesta únicamente en los jugadores. Con el paso de los años también empezó a registrar aquello que ocurre alrededor de la cancha: los viajes, las esperas, los festejos y la forma en que los uruguayos viven el fútbol. Ese interés por la tribuna dio lugar a Pasión Celeste, una exposición compuesta por más de 150 fotografías de hinchas uruguayos.
Para el fotógrafo, esa parte del fútbol también cambió. “Con el tiempo la hinchada uruguaya se ha empezado a organizar y a producirse más”, dice. Recuerda que en los primeros mundiales que siguió no se veían tantas banderas. “Empezó a haber más amor por la camiseta”, resume. “El hincha uruguayo se fue mundializando más”.
Aun así, se pregunta por qué en Uruguay todavía existen ciertas resistencias a elementos que en otras selecciones forman parte del espectáculo. La explicación, para él, tiene que ver con una característica muy uruguaya. Recupera, entre risas, el viejo dicho de que “no hay nada más triste que un uruguayo contento”. A diferencia de otras aficiones que hacen del partido una fiesta permanente, Singer observa que la tribuna celeste suele ser más contenida: “No es una hinchada muy ruidosa”. Incluso compara esa actitud con otras selecciones: “Los argentinos cantan todo el partido. Los uruguayos cantan a partir del gol”.
La mirada de Singer sobre la selección también está atravesada por los años que pasó cerca de los jugadores. Después de la eliminación en este Mundial, evita sumarse a la ola de críticas que suele aparecer cuando los resultados no acompañan. “En la cancha veo a los jugadores con ganas de ganar. No creo que no pongan huevos”, dice. Y reflexiona: “El hincha de fútbol es el ser humano más ingrato que hay: hoy te ama, mañana te odia”. Desde su lugar, prefiere mirar el proceso completo antes que quedarse únicamente con el resultado.
Esa convicción también explica por qué, incluso después de una decepción, sigue creyendo que la historia reciente puede repetirse: una generación que alguna vez parecía condenada a mirar los mundiales desde afuera ya consiguió cambiar su propio relato.
La nueva era del Mundial.
Después de cinco mundiales, Singer tiene una mirada crítica sobre la evolución del torneo. Valora la capacidad de organización y producción de la FIFA, a la que considera una maquinaria difícil de igualar. “Son la empresa con mejor producción del mundo”, asegura. “Pensá en un recital en un estadio, como el de Shakira o Luis Miguel. Ellos hacen 104 de esos en un mes”. Partidos en simultáneo, transmisiones para cientos de países y una puesta en escena cada vez más precisa forman parte de una operación que, para él, funciona casi como un reloj.
Pero esa transformación también tiene un costo. El Mundial, dice, ya no se vive como antes: con más ciudades, más traslados y una logística cada vez más compleja, seguir a una selección se vuelve más difícil para el hincha común. A eso se suma el aumento de los precios de las entradas. “Al final va a terminar siendo un espectáculo para ricos”, advierte.
Aun así, Singer sigue viajando detrás de la selección. Porque, incluso con una derrota inesperada y dolorosa, todavía busca esa imagen que capture algo más que un resultado: un momento que explique quiénes somos cuando juega Uruguay.