Washington Abdala
Si usted cree que conoce todo lo que acontecerá es un ingenuo. Si usted piensa como pensó siempre eso es torpeza. Si usted considera que lo actual se asemeja al pasado y que todo volverá a ser igual, usted está en fase de delirio. Felices Fiestas.
¿Qué muestra el presente? Que nunca cambiamos tanto, que nunca tuvimos tantos desafíos como humanidad, que jamás habíamos avanzado en los indicadores de desarrollo humano planetarios y que tampoco estuvimos tan expuestos a nuestra propia capacidad de destrucción. Combo con contradicciones 2023. El afectado equilibrio ecológico de la tierra, las migraciones dolorosas que se viven, las nuevas pandemias, todo es fruto de momentos equivocados de la humanidad (por ser elegante en el decir). Y no hablo de los violentos…
Existen aún las derechas y las izquierdas pero en calidad retórica. Podrá, algún lado ajustarse más a semejantes tipologías, pero no integralmente. No lo afirmo yo, lo vemos a diario en sociedades que se auto perciben así. ¿Cuál es la moral de la época? Con franqueza Yuval Noah Harari explicó mejor que nadie este tiempo: no queremos sufrir. El que hace sufrir nos plantea una moral que no vamos a aplaudir. Los likes (me gusta) no son una estupidez, son la forma binaria de razonar que se asume ante casi todo lo cotidiano. Me gusta algo le mando un like. No me gusta, zafo. Las redes sociales nos muestran cómo somos en este aspecto (aunque nos moleste). O sea, son tiempos rápidos (no líquidos), son tiempos pragmáticos (no diletantes), son tiempos donde la respuesta es más importante que la pregunta. Primero busco la satisfacción, luego me cuestiono si está correcto. La moral viene como problema ex post.
El lector atento dirá que siempre fue así. Error. Hubo un tiempo en que la forja del empuje diario, el esfuerzo individual y colectivo, y la sumatoria de nudos entre las generaciones era lo que definía la movilidad social en una sociedad.
Hoy, nos guste o no, esa perspectiva no existe más. (Mil razones, son otro artículo.) No hay tiempo porque la gente, la ciudadanía, las personas no dan un minuto de tregua en ninguna parte del mundo. El ciudadano desde su minoría temática reclama y peticiona ya. No hubo época más revolucionaria que el presente y estamos ante un tiempo en que o se masifican los beneficios de la tecnología o solo las elites serán las dueñas de un mundo mejor. Esa es la tensión, y si esto no es revolucionario no lo es nada. Y no hay que se de izquierda para advertir esta obviedad. En el mundo actual muchos problemas se pueden resolver con la tecnología a favor. Claro, cuestan recursos, habrá que ver como se consolidan. No es moquito de pavo el desafío.
Me explico algo más, ya sabemos con estudios genómicos cuáles serán las enfermedades de mucha gente, ya sabemos los alimentos con químicos que nos matan, ya sabemos los fertilizantes que nos enferman, ya sabemos cómo hay menos abejas en el mundo y lo que eso acarrea, ya sabemos el plástico que producimos cómo envenena a los océanos y sus animales, ya sabemos todo y sin embargo damos batallas sin levantar vuelo.
¿De veras no sabemos lo que tenemos que hacer? No nos manduquemos esa perdiz. Soy defensor del capitalismo, creo que dentro de la democracia es la máquina que mueve los engranajes de la economía. Mucha gente tiene vergüenza en reconocer esto. No es mi caso, durante décadas vinculé la democracia al capitalismo: son asuntos -para mí- indisolubles. Es cierto, el capitalismo puede operar en autocracias, pero las democracias sin capitalismo no existen. El capitalismo es el aceite del motor de las democracias de verdad. Si es de buena calidad, ese capitalismo permite que el motor ande bien, si es berreta, el motor se daña en poco tiempo. Esa es la verdad.
Los capitalismos de vigilancia, prebendarios y sigilosos del presente no van a resistir en su formato actual. Solo se salvarán los de efectivos, los que producen y distribuyen. El debate entonces no es la democracia. Esa ya sabemos que está bien. El debate es cómo debe operar el capitalismo del presente en la democracia actual y ver cómo se reconfigura ese contrato. Por allí viene el partido. No vale jugar a Antón Pirulero.