GABRIELA VAZ
Desde hace ya unos años, la aparición de una película uruguaya en cartel no constituye una sorpresa. Lentamente la producción cinematográfica nacional está abandonando sus intermitencias y adquiere cierta continuidad. El aumento en la cantidad de proyectos, así como la apertura temática y la variedad de calidades conforman hoy un combo propicio para la consolidación de un cine de acá. No obstante, difícilmente se pueda hablar de una industria del sector, si bien en rigor solo se puede otorgar esa magnitud a contados países, como Estados Unidos, Francia o la India.
Pero además, el séptimo arte aún cuenta con muchos obstáculos por sortear en estos lares. Entre otras aspiraciones, los realizadores reclaman un mayor apoyo estatal para una actividad que, más allá de su valor cultural, mueve grandes cifras de dinero, genera cientos de empleos y puede promocionar a Uruguay en el resto del mundo.
APOYOS. La principal dificultad de hacer cine radica en los altos costos que conlleva la actividad. Realizar un largometraje de ficción en 35 mm —el formato standard de los films profesionales— difícilmente baje de los 500.000 dólares. La obra dirigida por Beatriz Flores Silva En la puta vida, la película uruguaya más taquillera de todos los tiempos con 140.000 espectadores, superó ampliamente el millón de billetes verdes. En la otra punta, la ópera prima de Stoll y Rebella, 25 watts, cinta que obtuvo el elogio unánime de la crítica nacional e internacional, es de los largos más baratos que se han realizado. Claro que significa una excepción, ya que el equipo trabajó gratis en sistema de cooperativa y se le fue pagando con el dinero que entró después con los premios de diversos festivales.
"El tema principal es que el cine, en todas partes del mundo, incluso en Estados Unidos, está subsidiado por el gobierno, aunque en algunos lugares es más rentable. Y más aún el ‘cine de autor’. Pero acá no solo no está subsidiado, sino que hay muy poco apoyo", afirma Pablo Stoll, quien junto a Juan Pablo Rebella han conformado la dupla de directores más exitosa y prestigiosa del país.
La indiferencia a nivel estatal para con el sector es una queja común a todos los realizadores. El primer intento de estímulo oficial fue el Instituto Nacional Audiovisual (INA) que funciona desde 1994, aunque con magros resultados. El mismo año surgió también el Fondo para el Fomento y Desarrollo de la Producción Audiovisual Nacional (FONA), una entidad que llama anualmente a concurso de guiones y otorga cerca de 70.000 dólares de premio, suma que si bien no alcanza para filmar un largometraje, sirve para iniciar un proyecto.
En este sentido, el realizador y docente Diego "Parker" Fernández destaca que "es más fácil salir a conseguir plata si ya contás con algo. Pero en general la búsqueda de financiamiento es a través de fondos internacionales. Lo ideal sería que exista, como en Argentina, un instituto de cine cuyo apoyo cubra lo necesario y no se tenga que conseguir el resto".
Por otro lado, en un país de tres millones de habitantes se vuelve imposible que el mercado interno sustente el costo de una película por lo que es necesario asegurar el retorno de la inversión mediante la coproducción con entidades extranjeras. Pero estas asociaciones pueden tener sus contras. "Cuanta más plata consigas de terceros, menos control se tiene sobre tu película. De repente se contacta a un mecenas que pone dinero y no pide nada, pero si un productor pone un millón de dólares, seguramente tendrás que poner un actor que él quiera, entre otras cosas. Nadie invierte esa cantidad sin tener una garantía de retorno", ejemplifica Stoll.
De todas formas, aparte del dinero contante y sonante, la coproducción suele asegurar la exhibición en otros países, al menos en el de origen de la productora extranjera. Para el director de la Escuela de Cine, Sergio Miranda, exportar es complicado para Uruguay y para todo el mundo. "Hacer cine es difícil acá, en China y en Francia. La única forma de hacer viables largos de ficción profesionales es a través de la coproducción internacional. Así funciona en todas partes".
También los festivales internacionales dan la posibilidad de proyectarse afuera, y dependiendo de cual, otorgan cierto prestigio artístico. "Existe un circuito enorme de festivales con poco nombre pero que permiten acercar la película al público y distribuirla", explica Miranda.
Hoy en día, los films uruguayos cuentan con el beneficio que está gozando el cine latinoamericano en general. "Hay buena recepción en los festivales e incluso se encuentra más interés que por películas europeas", asegura Stoll, también codirector de Whisky.
PROFESIÓN. Más allá de los obstáculos económicos, filmar una película tiene otra variedad de dificultades, inherentes a la actividad. "Lo más complicado es manejar ese balance entre lo que querés hacer y cómo llegar a hacerlo, sopesando lo que más te interesa: si priorizar lo que querés contar, si querés dar de comer a tu familia, o si se desea ganar un Oscar y pasearse por la alfombra roja con Charlize Theron", opina Stoll.
Para Manuel Nieto, quien estrena su primer largometraje, La Perrera, una de las mayores contras como realizador es haberse encontrado "medio solo". "Al no haber gente con experiencia, no hay referentes. Además, acá salen pocas películas por año y por ende no se genera un hábito del público de consumir películas nacionales. Claro que comparado con otros tiempos está bárbaro, pero sigue siendo poco. Yo estudié Ciencias de la Comunicación, no cine. Aprendí haciendo películas, laburando con Juan y Pablo en 25 watts o en Whisky, y me pegué mis buenos tropezones".
Actualmente, tras 11 años de existencia de la Escuela de Cine (ECU), único instituto que tiene una carrera de realizador cinematográfico como tal, el ambiente cuenta cada vez con más profesionales de la materia. Hoy en día, la casa tiene 120 estudiantes y atrae más interesados cada año. Su director, Sergio Miranda, explica además que los alumnos son cada vez más jóvenes. "Eso confirma que es tomado como una opción profesional más. Las primeras generaciones venían de otras carreras; hoy llegan directamente de Secundaria".
A los estudiantes de la ECU se puede agregar quienes optan por la rama audiovisual que tienen todas las carreras de Ciencias de la Comunicación, tanto en la Universidad estatal como en las privadas. Sin embargo, en estos casos la formación consta apenas de algunas materias y no está íntegramente volcada a la realización cinematográfica. De todas formas, las herramientas que se aprenden allí cooperan en el camino a un mayor profesionalismo del área.
CALIDAD. Pero la adquisición de conocimientos técnicos o background teórico tampoco es garantía de buen cine. Para Stoll, "existe una industria de la publicidad, con productoras que trabajan hace tiempo y de nivel. Son la escuela de técnicos buenos de verdad, que están al mismo nivel de gente de cualquier lado. Pero los técnicos, desde los ’90 a esta parte, siempre estuvieron. Ahora hay más gente de escuelas, más jóvenes, lo que es mejor. Pero ello no implica que la calidad de las películas sea buena. Yo no veo un film fijándome si está fuera de foco o fuera de sincro. Me interesa que me transmita algo".
Un salto importante que destacan todos los involucrados es que actualmente haya un promedio de cuatro películas uruguayas por año, y no "una cada diez". No obstante, que el estreno de un film nacional ya no sea "algo raro", condiciona parte de la reacción del público. "Seguro que si El dirigible se estrenara ahora, la gente la recibiría mucho mejor que en su momento, cuando fue muy vilipendiado. Hoy existe un acostumbramiento al cine nacional y cada vez más la películas se juzgan simplemente como películas, y no como ‘uruguayas’. La novelería se perdió y la gente discierne más ampliamente. Yo prefiero eso. Claro, lo malo es que con el tiempo quizá nadie vea mis films porque yo nunca voy a ganar un Oscar", opina Stoll.
Lo mismo entiende el director de la ECU, Sergio Miranda, quien asegura que una cinta nacional compite en un multicine con diez extranjeras sin problemas, siempre que se responda al canon de calidad. "Nosotros organizamos el Festival Internacional de Cortometrajes de La Pedrera y más de una vez nos han preguntado por qué no hay categorías especiales para Uruguay. Yo creo que eso jugaría en contra. Lo bueno es que compitan por igual con Alemania, Japón, Estados Unidos. Que estén en el mismo estante, para bien y para mal. Lo mismo pasa con el cine".
Por otro lado, Miranda apunta que otro aspecto importante es que "todas las películas uruguayas obtienen premios internacionales, algo que no pasa en ningún país del mundo. Claro, se debe tener cuidado en generar un concepto tal que parezca que todas deben ganar el Festival de Cannes".
Todos los realizadores coinciden en que tiene que hacerse mucho más cine que el que se realiza hoy, y más variado en género y contenidos. "En la medida en que haya continuidad en los fondos de apoyo, habrá mejoras. Pero también si los resultados de las películas que salen son buenos; mas allá de los premios en festivales, la taquilla es importante", dice el director de la flamante La Perrera, Manuel Nieto.
Por supuesto que entre los largos uruguayos hay de todo "y esa es la gracia", afirma Diego Fernández, quien además cree necesario aclarar que "bueno y masivo no siempre se corresponden". A su vez, el director y docente recuerda que "acá nadie vive del cine, y si los hay, son contados con los dedos. Cuanto mayor es la demanda, es mejor. Se observa un crecimiento, que incluso sobrevivió a la crisis del 2002. La evolución es auspiciosa, y yo soy optimista. Además, habrá una ley de cine".
SIN LEYES. Justamente, un gran problema —relacionado con la falta de apoyo estatal— es la inexistencia de una ley que comprenda y regule las necesidades del sector, algo que se discute desde hace años. Martín Papich, director del INA, asegura que hoy nuevamente está en proceso la elaboración de un proyecto de ley que atienda todas las etapas de esta industria, desde la producción, hasta la distribución y exhibición de los productos. "El INA debiera ser un instituto que difunda, promueva, apoye, estimule las distintas expresiones en el campo audiovisual, pero recién ahora estamos intentando darle un formato de política y aunque seguramente no cubra todo, es fundamental establecer un marco. Está planteado desde el propio programa del gobierno en un listado de leyes prioritarias".
Para Miranda, la Intendencia de Montevideo ha sido el referente de apoyo ya que en su órbita surgieron el FONA y el Programa Montevideo Socio Audiovisual. "En el INA se nota una mejora a nivel de gestión en cuanto a la presencia de Uruguay en los organismos internacionales vinculados al cine, pero no tiene presupuesto".
El director de la ECU opina que sería bueno establecer una cuota de pantalla, como en Francia, que garantice la exhibición de producciones uruguayas. "Pero antes está el tema de hacer viable la producción de películas en serie. Tiene que haber una ley de cine que reconozca la actividad, con políticas y ayudas concretas por parte del Estado. Que lo tome como otra industria y parte de la cultura, como pasa en todos los países del mundo. No que subvencione el cine uruguayo, pero sí que facilite su realización".
La inexistencia de una regulación puede también tener un aspecto positivo, según explica Pablo Stoll. "Si un estudiante de cine quiere hacer una película, junta 20 amigos, una cámara, le pide a técnicos que trabajen de onda, y si el guión está bueno y hay entusiasmo, se puede hacer. Donde la cosa está más estructurada y hay leyes, eso es ilegal, no podés trabajar gratis", afirma el director, quien más allá de esa acotación confirma la necesidad de una norma que implique un apoyo para el sector.
IMPACTOS. Una película moviliza diversas estructuras en una sociedad: es un producto cultural, pero también un potencial vendedor del país hacia el exterior y un gran generador de trabajo. Según estima el director del INA, Martín Papich, en Uruguay hay alrededor de 3.000 empleos directos vinculados al sector audiovisual, incluyendo la producción de televisión y publicidad. Por proyecto cinematográfico, en tanto, se generan cerca de 500 cargos, cifra que alcanza fácilmente los 1.000 si se suman los indirectos como catering, transporte, modistas, obreros, maquilladores, etcétera, constituyendo una enorme fuente de ingresos para el país. Además, apunta Papich, "la mayor parte de esa mano de obra son jóvenes, quienes cuentan con las más grandes dificultades laborales hoy en día".
El jerarca señala que "el 75% de las producciones que se realizan aquí —que fluctúan entre 400.000 y dos millones de dólares cada una— son de valor agregado nacional. Son cifras muy importantes, solo en producción de ficciones y documental, más un agregado de lo publicitario y lo que se produce al exterior".
Papich también recalca el impacto cultural, donde "están todos los mecanismos de identidad. Basta mirar los ejemplos de últimos años, cuando Uruguay ha sido conocido en el exterior por la producción cinematográfica. El sector ha sido incluido como un área prioritaria dentro del proyecto de Uruguay Productivo. Todo eso tiene que ver con la visibilidad de los últimos tiempos y el impacto que genera la actividad".
CADA VEZ MÁS INTERESADOS EN EL SÉPTIMO ARTE
La Escuela de Cine del Uruguay (ECU) es el único instituto del país que ofrece una carrera de cuatro años dedicada íntegramente a la realización cinematográfica. Tras 11 años de existencia, el instituto capta cada vez el interés de más alumnos. Según indica su director, Sergio Miranda, actualmente la ECU tiene 120 estudiantes cursando, y otro tanto haciendo talleres independientes, que constituyen una población satelital de la casa de estudios. Cada año ingresan 30 personas, tras dar una prueba de ingreso en la que se inscriben más del doble. Los alumnos pueden especializarse en fotografía, sonido, montaje, producción, guión o dirección de arte. Además, desde el martes 18, el instituto abre una nueva carrera de documental, de dos años de duración.
Para Miranda, el hecho de que hoy los estudiantes son más jóvenes que en los inicios de la ECU, confirma que la carrera de cine es ahora tomada como una opción profesional más. "Ello tiene varias razones. Entre otras, hechos concretos como ver películas que demuestran que es viable hacer cine en Uruguay. También, más allá del paradigma de la figura del director, el darse cuenta que hay muchísimos cargos que integran el universo del cine. Al profesionalizarse el medio, se requiere gente formada. Ya no pasa más que la dirección de arte la hace el primo del director, sino alguien que aprendió eso. Y otro punto es la excelente inserción laboral".
En este punto, el director afirma que, de un tiempo a esta parte, en la totalidad de las películas uruguayas han trabajado egresados de la ECU incluso en roles de alta responsabilidad, así como en canales de televisión, en publicidad, y de forma independiente.
Asimismo, el Centro Cultural Dodecá imparte cursos de cine de un año únicamente para jóvenes de 12 a 18 años.
¿POR QUÉ LA GENTE VA AL CINE?
Más allá de los realizadores cinematográficos, el público será siempre quien dictamine el éxito o el fracaso de una película. Con el objetivo de conocer mejor a quienes asisten a las pantallas grandes y medir la influencia de distintos factores en la elección de los films a presenciar, en diciembre pasado la Universidad de Montevideo elaboró el estudio El cine y sus espectadores, en base a una encuesta. Aquí van algunas de sus conclusiones.
y El cine es un programa generalmente para dos, y en un 20% de los casos se va con los hijos.
y La elección de la película es un acto compartido para más de un 70% de los casos, lo que varía según el género.
y Más de un 90% de quienes van al cine son de un nivel socioeconómico medio, medio alto y alto.
y Las películas más "fáciles" —por título, género, antecedentes— atraen a todo tipo de público.
y El principal factor de decisión son los actores, así como las recomendaciones de la publicidad y los amigos.
y Las películas "difíciles" atraen más a un cliente que asiste solo y tiene más edad que el promedio.
y Algo menos que una quinta parte de los encuestados dijo ir al cine al menos una vez por semana. Es un público algo más femenino, de más edad y le gustan las películas "difíciles".
y El precio actual es claramente una variable que impide la expansión de este mercado, a juzgar por las demandas de su público.