CATERINA NOTARGIOVANNI
El sábado 19 de febrero Marcos De Esteffani (65) pasó por la pescadería a comprar el almuerzo para él y su hijo Ezequiel, de 30 años. Se llevó cuatro milanesas, una tortilla y dos croquetas de pescado. Cuando se preparaban para comer llegó Laura Bueno (27), la novia de Ezequiel, quien convivía con ambos desde hacía años y a la que no esperaban ese mediodía. Entonces Marcos decidió compartir con ellos las croquetas, reduciendo su porción a las dos milanesas y media tortilla.
Este gesto no revestiría mayor importancia de no ser porque, como se comprobaría después, esas croquetas estaban contaminadas por salmonella, lo que finalmente le ocasionaría la muerte a su hijo, 48 días después.
-Si me pongo a pensar, yo maté a mi hijo-, dice Marcos De Esteffani con la voz quebrada.
-No Pocho, no es así. Le tocó al que le tocó. Pudiste haber sido vos, yo o él-, interrumpe su nuera.
-¿Pero por qué no me la habré comido yo?-, replica, sin poder contener las lágrimas.
Posiblemente este padre no encuentre jamás una respuesta a esa pregunta. Y es también probable que esa culpa lo acompañe por el resto de su vida.
Los hechos. Según el relato de Laura Bueno -instrumentista quirúrgica que trabaja como recepcionista en Sanatorio Semm Mautone, donde murió Ezequiel-fue suficiente un bocado para deducir que la croqueta no estaba en buen estado. El primero en notarlo fue el propio joven: "Esto está feo", le comentó a su novia. Ella la probó e inmediatamente percibió un gusto "agrio" y "desagradable". Apartaron la comida, durmieron una siesta y sobre las 15 horas cada cual partió hacia su trabajo.
A la noche ambos tenían síntomas de malestar, pero Ezequiel era el que se sentía peor. Llamaron a la emergencia médica y le diagnosticaron una gastroenterocolitis. Esa primera noche estuvo signada por vómitos, diarrea y escalofríos; razón por la cual volvieron a llamar al médico a primera hora de la mañana siguiente. El diagnóstico fue el mismo, pero como Ezequiel no sólo no mejoraba si no que empeoraba, los médicos decidieron internarlo. "Nos dijeron que teníamos un cuadro de deshidratación y empezaron a pasarnos suero y medicación", recuerda Bueno, quien también fue ingresada. Entonces, y en cuestión de horas, Ezequiel se descompensó.
"Estaba helado y decía que le faltaba el aire", cuenta su novia. En ese momento los médicos decidieron ingresarlo a la Unidad de Cuidados Intensivos (CTI).
-Y nunca más salió-, comenta su padre, y se retira llorando de la conversación.
Todas las preguntas médicas sobre los alimentos ingeridos en las últimas horas conducían a las croquetas de pescado, por lo cual el sanatorio, siguiendo los protocolos, decidió hacer la denuncia a las autoridades sanitarias. El mismo día, domingo 20, el Departamento de Higiene de la comuna fernandida se hizo de las croquetas en cuestión y al día siguiente retiraron muestras en el comercio.
Mary Araújo, directora del área, declaró posteriormente a un medio local que los resultados del análisis indicaron "presencia de salmonella en las croquetas y en lo que usa el comercio para hacer la mezcla de huevo batido con agua y condimentos". Según Araújo, no se volvió a encontrar la bacteria en otros estudios realizados posteriormente, tanto en el local como en sus empleados, ni en los más de 690 huevos de varias avícolas que fueron analizados.
A todo esto, el cuadro de Ezequiel se complicaba. En la tarde del 22 de febrero el joven sufrió un edema pulmonar agudo y fue necesario intubarlo para evitar su muerte.
"No tenía fuerzas, no movía ni los brazos ni las piernas, sólo la cabeza. Y como estaba con un tubo en la boca no me podía ni hablar. Para preguntas básicas, nos comunicábamos con los ojos", recuerda Laura.
Durante los 48 días que estuvo en el CTI, Ezequiel pasó por diferentes estados, un día amanecía mejor y al siguiente peor.
El miércoles 6 de abril por la noche, ya sin tubo pero con una traquiotomía, le dijo a su novia: "Quedate tranquila, ya va a estar todo bien, yo te amo".
En la madrugada siguiente, un segundo shock séptico terminó de complicar su frágil salud. Según consta en el certificado de defunción firmado por el doctor Edgardo Nuñez, Ezequiel De Esteffani falleció debido a una "Sepsis entérica" por "salmonelosis".
Inmigrantes. Padre e hijo De Esteffani son argentinos e hicieron todo juntos desde que la madre de Ezequiel los abandonó, cuando el niño tenía 8 años. Hasta el año 2001 vivieron en Buenos Aires. Allí se dedicaban al reparto de soda. Ese año Marcos fue asaltado y encañonado en la vía pública por tercera vez en dos semanas. Entonces dijeron basta y se mudaron a Maldonado, a donde llegaron contratados por una fábrica envasadora de agua local.
"Ezequiel estaba loco de la vida por venirse", recuerda el padre. Es que además de que ya conocía Uruguay y tenía familiares en San José, el joven valoraba mucho la tranquilidad fernandina. "Con decirte que cuando íbamos a Montevideo no soportaba el ruido y decía que la ciudad le hacía doler la cabeza", cuenta el padre.
Su suegra lo describe como un "gurí buenísimo y re trabajador". Su novia cuenta que tenía pasión por los animales, especialmente los perros (tenía 3) y los canarios roller (que cantaron fuerte y continuamente el día de la entrevista).
"Era muy hogareño, no era de salir de noche. Si te digo que nunca fuimos ni a un baile", cuenta Laura. El cine, la playa y, cada tanto, el shopping eran sus paseos preferidos. Los domingos, mientras su novia trabajaba, se sentaba a tomar mate en el fondo de la casa, escuchando folklore, mirando a sus preciados pájaros.
De todos los detalles de su personalidad, hay uno que resulta por lo menos irónico: era un "obsesivo" con la comida, un quisquilloso. ¿Un ejemplo? "No comía de noche lo que había quedado del mediodía", dice su suegra. Aún así, comía todo tipo de alimentos. Y si bien tenía un diagnóstico de una enfermedad autoinmune llamada Lupus, dice su familia que no tenía ningún tipo de restricción en este sentido.
"Podía hacer vida normal. Solo se tenía que cuidar si yo me engripaba. Pero jamás se agarró nada, y eso que yo soy alérgica y tuve muchos cuadros de broncoespasmos y gripe", asegura la joven.
Abril iba a ser clave para la pareja. En este mes ella alcanzaba la antigüedad laboral requerida para acceder a un préstamo hipotecario. "Siempre me decía: primero quiero tener la tranquilidad de la casa, después tenemos hijos", relata la novia.
A juicio. Mientras Ezequiel estuvo vivo, la familia inició una demanda civil por US$ 100.000 contra el dueño de la pescadería. "La hice porque no sabía si él iba a poder trabajar y porque podría haber tenido que pasar mucho tiempo dependiendo del cuidado de alguien", arguye la mujer.
Una vez fallecido, decidieron hacer una denuncia penal por homicidio culpable (figura que indica que no hubo intención pero sí falta de pericia y/o negligencia).
"Creo que en ese comercio hubo negligencia en el manejo de los alimentos y en los productos con los que se elaboraban y que, en base a eso, fue que falleció Ezequiel", señala el abogado denunciante Pablo Piacenti, quien comentó que además van a continuar con la acción civil. "Seguramente se va a elevar por encima el dinero que se había pedido inicialmente", agrega.
El propietario del local denunciado, en tanto, declinó hacer declaraciones.
La jueza del caso, Adriana Graziuso, tampoco quiso hacer comentarios, pero fuentes cercanas a la sede manifestaron cierta sorpresa por el hecho de que no haya sido la propia Intendencia de Maldonado la que hubiera dado cuenta del caso antes.
"A veces muere un hombre de 99 años y enseguida llaman al juzgado. En este caso ni siquiera avisaron", dijo la fuente. "Habrán considerado que no era tan grave, pero ahora nosotros corremos de atrás", agregó. Este comentario refiere a que los peritos trabajan en base a informes que elaboraron "otros". Hasta el miércoles, los auxiliares de justicia trabajaban en el análisis del material presentado. En este sentido, la historia clínica y las pericias bromatológicas realizadas por la intendencia resultan claves.
Paralelamente, este caso sufrió una vuelta inesperada el pasado martes, cuando se hizo público que Ezequiel fue uno de los dos pacientes del Mautone al que se le detectó la bacteria multirresistente conocida como KPC. Según las propias autoridades del centro asistencial, una mujer proveniente de Estados Unidos, que estuvo internada en el mismo CTI y que falleció días después, habría sido quien le transmitió la bacteria, aunque esto no pudo ser comprobado. No obstante, aseguraron que la causa principal de la muerte del joven fue la salmonelosis; y que si bien su organismo estaba "colonizado" por la bacteria KPC esto no significa que ésta haya contribuido en su proceso infeccioso.
La novia de Ezequiel dijo que siempre estuvo al tanto de que los médicos estaban analizando la presencia de otros gérmenes, pero que en todo momento le aseguraron que se trataba de un germen colonizante más, típicos en pacientes que están en el CTI. "El problema seguía siendo la salmonella, no este bicho", dijo ella.
No obstante, la jueza Adriana Graziuso ordenó una ampliación al Sanatorio Mautone porque la presencia de la bacteria KPC no estaba detallada en la historia clínica. A propósito: la sede se enteró de la presencia de la KPC a través de la conferencia de prensa del martes.
Entre tanto, Laura Bueno y Marcos De Esteffani son enfáticos en los objetivos finales del reclamo judicial: "Que se haga justicia", dice el padre. "Y que se tomen medidas con este comercio para que no le pase a otra persona", agrega la novia.
Las cifras
48 Fueron los días en los que Ezequiel estuvo internado en el CTI del Semm Mautone. Murió el pasado 7 de abril.
100 Mil dólares de resarcimiento reclamó la familia mientras estuvo vivo. Ahora ese monto va a subir, dijo el abogado.