Docentes no tienen prestigio

| En tiempos de duros debates sobre educación, la primera etapa de un estudio revela que existe una valoración baja de profesores y maestros, entre ciertos grupos.

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MAGDALENA HERRERA

Los docentes están desesperados porque les demos posibilidades de cambios y de innovar", sentenció la directora del Bauzá, Graciela Bianchi, esta semana en una videoconferencia organizada por Alianza Nacional. Esa misma noche, en un debate similar, en la casa del Partido Colorado, la ex consejera Carmen Tornaría señaló: "En Uruguay el idiotismo intelectual le ganó a parte del sistema educativo. Los docentes tienen que recuperar la conciencia de servicio público". Mientras tanto, el presidente José Mujica inició una serie de reuniones con los distintos sectores de la enseñanza. Y cerró el Foro de Innovación de las Américas con palabras fuertes: "Estamos viviendo un poco de crisis en la enseñanza porque los actores no se entienden. Todos tienen muchos libritos. No nos podemos entender entre un puñado de lobos y tenemos tanto y tanto por hacer".

La buena noticia es que la educación se encuentra como prioridad en la agenda gubernamental, política y social. La mala es que, por discrepancias entre los actores, no se logran acuerdos para dar un paso adelante. El quiebre llegó cuando el Consejo de Educación Secundaria se opuso al Plan Promejora. El vicepresidente Danilo Astori fue claro en una entrevista en Radio Sarandí: "El país tiene que tener una política educativa nacional, y la tiene que diseñar y poner en práctica el gobierno. Lo haga por acuerdo o no con el resto de los partidos. Pero no puede ser diseñada por una rama de la enseñanza. Al contrario, a esa rama hay que decirle qué papel tiene que cumplir dentro de esa política educativa". Pero Secundaria amenazó con paros para 2012, si es que mañana no se resuelve adelantarlos.

En medio de ese tornado, se realizó otro seminario en la Universidad de Montevideo cuyos panelistas se refirieron a la necesidad imperiosa de revalorizar al docente. En ese marco se presentaron las conclusiones de la primera etapa de un estudio sobre "la valoración del docente en Uruguay", que lleva a cabo la Facultad de Humanidades de esa universidad. "El objetivo es analizar la percepción que tiene la sociedad sobre el estatus y rol de los profesores de educación media y de maestros", señala el Dr. Fernando Otero, coordinador del Instituto Superior de Educación de la Universidad de Montevideo, quien, junto al politólogo y magíster en Sociología Fernando Salas, se encuentran a cargo de la investigación.

Los resultados no son alentadores. Existe un bajo y medio-bajo prestigio, según tres grupos analizados en una primera instancia: padres con hijos en el sistema educativo, jóvenes que se forman como educadores y estudiantes de otras carreras universitarias, de todo el país.

primera línea. ¿Por qué analizar el prestigio del rol docente? Otero es contundente: "Porque es el agente educativo primordial, está en primera línea. Además, el tema de su valoración preocupa a nivel mundial. Varias investigaciones internacionales revelan una relación entre su prestigio social y la calidad educativa. En aquellos lugares donde maestros y profesores son valorados, la calidad mejora. No es el único factor, existen muchos indicadores que inciden, como infraestructura, programas, cantidad de alumnos por aula, remuneraciones. En la educación todo es multifactorial pero el prestigio cumple un papel importante".

La escasa valoración de la formación docente sale a luz así como la percepción de que es una profesión de menor estatus que las universitarias, según consenso de los tres grupos analizados. La visión más crítica, incluso, proviene de los futuros educadores. "Eso fue llamativo -indica Salas- porque son jóvenes que saben que las condiciones de la carrera que siguen son complicadas, que la sociedad no valora lo que hacen, y que sus familias les dicen que están desperdiciando capacidades. Sin embargo, encontramos que chicos que comparten el diagnóstico negativo que todos hacemos, igual quieren ser maestros o profesores. Toman la decisión con los ojos muy abiertos" (ver recuadro aparte).

Pero la investigación de alguna manera revela que actualmente los jóvenes -y también sus padres-, a la hora de plantear una carrera para estudiar ven la docencia como algo poco tentador, según afirma Salas.

Allí se observa un doble discurso, indica Otero. "Todos dicen que la educación es `algo muy importante, el futuro de la sociedad`, pero por otro lado indican que el colectivo docente tiene `pobres condiciones laborales` y aclaran `no quiero que mis hijos estudien esto`. Aseguran que mejorando la educación, se mejora el país, pero a la hora de preguntarles si les gustaría que un hijo siguiera esa carrera, dicen que no. Por eso la importancia de revalorizar al educador como una figura integral y completa, no solamente la persona que trasmite conocimientos sino la que educa y prepara para el futuro".

Las razones de la baja valoración que encontraron los especialistas de la Universidad de Montevideo aparecen reunidas en dos ámbitos. El primero tiene que ver con las condiciones de la carrera y el segundo con las condiciones sociales en las cuales se ejerce. En el primero, los entrevistados señalaron la carencia de recursos: centros educativos con vidrios rotos, falta de sillas y cosas básicas, desde una tiza a un cuaderno. "También se hizo referencia a la existencia de instituciones con perfil burocrático o mercantil, por oposición a la del sentido de misión".

Otras razones del desprestigio, señala Salas, tienen que ver con la falta de apoyo en la labor por parte de las instituciones. "Se ve al profesor como una persona solitaria en su tarea, con dispersión laboral lo que disminuye su compromiso (salta de un centro a otro dando clases entonces no tiene ascendencia en ninguno), también se menciona una remuneración no acorde. Por otro lado, la marginalidad cultural hace que la docencia se haya convertido en una actividad mucho más dificultosa que en los `50. Hay cosas que años atrás se daban por sentado que hoy no se puede, como el estatus del docente, el respeto, las normas de convivencia, lo que podríamos denominar el capital cultural que se espera herede un niño que llega a la escuela. Eso lleva a que haya peores resultados".

A diferencia de mediados de siglo pasado, figuras de autoridad como los padres, sacerdotes o jefes han perdido peso. "Los docentes no escapan a esa erosión que hubo en los últimos años. ¿Cómo podemos pretender que el maestro tenga prestigio si en la casa no se enseña que hay que respetarlo?", agrega Salas.

MASIFICACIÓN. En los años `50, el sistema educativo no tenía tantos problemas porque era más elitista, dicen los especialistas. "Había gente que hoy llega al sistema educativo que entonces no lo hacía. La masificación es algo bueno pero genera más desafíos para los docentes y, por ahora, nos ha pasado por arriba".

Si se analizan las cifras de inversión gubernamental en educación, durante muchos años fue del 2% del PBI cuando en el resto de América Latina era del 3% o 4%. "En Uruguay se invertía poco pero se lograban los mejores resultados de la región en las pruebas Pisa o en el promedio de estudiantes que terminaban los ciclos educativos. Pero eso ha ocurrido cada vez menos. Hay varios países con bastante más personas que culminan el bachillerato, en comparación al nuestro. Esto no es menor en el prestigio: en el `50 Uruguay era único en cuanto a resultados y por ende eran valorados los docentes que lo lograban. Hoy en Chile se recibe un 17% con título universitario, mientras aquí esa cifra es de 9%. Eso resulta humillante y hace al desprestigio de la educación y también de quien está al frente de su ejercicio", dice Salas.

Otra de las variables que toman en cuenta los investigadores y que influye en la poca valoración de la formación docente es que es percibida como de tiempo parcial o semi-profesión. "Hasta no dejar en claro si es una profesión completa, no se modificará el rol", sentencia Otero, quien atribuye esa percepción a que antes no se necesitaba bachillerato, y en tres años se era maestro, además de que en Secundaria muchos profesores no son titulados. "Lo de magisterio es pasado, pero quedó en el imaginario. Hoy se exige bachillerato, cuatro años de carrera muy exigente, incluso más que otras. Además permite el acceso a posgrados y la realización de maestrías".

NO TITULADOS. En Uruguay, según el último Censo Docente de ANEP en 2007, mientras en Primaria el 100 % de los educadores eran titulados, en Secundaria un 41% no tenía "un título específico para el nivel en que enseñan". "Ese elemento -dice Salas- hace a la percepción de la docencia como semiprofesional. Tanto los docentes titulados, como los que no, desarrollan las mismas tareas, algo que en otras profesiones es inconcebible. Alguien que no se formó tiene un grupo a su cargo y las mismas obligaciones. Incluso se ha dado la paradoja que aquellos con menos formación tienen los grupos más dificultosos porque, con menor puntaje, son los últimos en elegir. Hay instituciones de contexto crítico que por eso obtienen los peores resultados. Esa falta de profesionalización es perversa a la hora de lograr una educación de calidad".

Apoyar la profesión y la calidad del ejercicio

Los expertos hacen hincapié en la necesidad de mejorar la carrera docente, profesionalizándola, para que sea una opción de estudio no solo para los vocacionales sino para todos. "Es necesario apoyar a esos jóvenes que ingresan a magisterio o profesorado con expectativas altas. Hay estudios estadounidenses que señalan que a los siete años muchos se encuentran desmotivados. Entonces, es importante no sólo realizar una campaña para valorar su rol sino además mejorar sus tareas para lograr que la motivación perdure. Actualmente, la educación es mucho más exigente por esa marginalidad cultural, entre otros factores que hablábamos, por lo que existe una necesidad imperiosa de prestigiar pero también profesionalizar y mejorar la calidad del ejercicio docente", indica Salas, y Otero agrega: "El educador está en primera línea con su grupo de alumnos, pero detrás debe haber apoyos de institucionales, de los padres y de la sociedad en sí. Cuanto más se valore, se forman mejores ciudadanos".

Buen educador si...

Una de las preguntas que se planteó en la primera etapa del estudio fue: ¿Qué es ser un buen docente? Conclusiones: Se apasiona con su asignatura. Es justo y coherente en su evaluación. Es profesor dentro y fuera del salón de clase. Está dispuesto a contestar preguntas difíciles. Sabe de su asignatura y se hace entender. Conoce a sus alumnos y se preocupa por cada uno. Favorece el pensamiento crítico. Es puntual, prepara las clases, corrige los trabajos en plazos razonables. Sabe clarificar los límites entre alumno y profesor. Establece nexos entre la asignatura y los intereses del alumno.

"Es interesante observar cómo se le solicita al docente que no sólo transmita conocimientos sino que capte la atención del alumno, una cuestión difícil en estos tiempos. No es fácil captar la atención de los adolescentes, hacer que logren sus competencias básicas de relacionar, jerarquizar, seleccionar. A veces les digo que en sus cabecitas tienen como una página web con muchas ventanas abiertas. Se debe empezar por apagar algunas para concentrarse en una, o por lo menos relacionar unas con otras. Todo eso implica un cambio en los paradigmas, y el educador se transforma en un orientador del aprendizaje del alumno. Y eso cuesta muchísimo, en tiempo y apertura", dice Fernando Otero.

Vocación, misión y herencia

Mientras se habla de la desvalorización del docente, el magíster Fernando Salas señala como admirables a aquellos que pese a todos los diagnósticos educativos siguen una carrera que dura cuatro años, que será más exigente en algunos aspectos que una universitaria por todo el tiempo que involucra y que no permite en el primer tiempo realizar otros estudios ni trabajar. El estudio realizado por la Universidad de Montevideo detectó que se debe a cuatro factores principales: vocación, sentido de misión, herencia y esperanza. "Vocación porque les encanta, quieren ser el docente que todos van a recordar, según sus propias palabras. Sentido de misión porque ven que hay muchos problemas en la educación pero eso no los asusta, por el contrario dicen: `Es un ámbito donde puedo y debo hacer un aporte, la diferencia`. Herencia porque observamos que todos los entrevistados que realizaban formación docente tenían algún pariente maestro o profesor, un ejemplo de alguien que había realizado ese trayecto. Y la esperanza también salió en el grupo de futuros educadores, quienes demostraron tener presente otro momento, no muy lejano, en la vida del Uruguay, donde la profesión tenía otro prestigio e influencia. Esa visión los hace estar más esperanzados del futuro", indica Salas.

¿Quiénes influyeron en sus vidas?

"Ciertos docentes escapan a la valoración baja, en primer lugar por sus cualidades personales y, segundo, por la institución a la que pertenecen que, si tiene prestigio, se les traslada a ellos. No se vio diferencia, en cambio, si es de Montevideo o Interior, si es de Primaria o Secundaria, privado o público. La percepción es la misma, baja o media-baja". F. Salas.

"Frente a la pregunta ¿qué docentes influyeron en su vida? se observó algo interesante en el estudio. En el caso de los padres, todos señalaron que tuvieron algún maestro o profesor que los influyó en su vida. En el caso de los jóvenes, de los dos grupos, en general señalaron que no lo habían tenido, incluso alguno dijo que había profesores que habían influido negativamente. Los padres hicieron énfasis en el legado académico que tuvieron de algún profesor. En cambio, los estudiantes hablaban más del legado humano del docente. Si alguno lo había motivado, era porque lo había hecho sentir bien o apoyado. Quizás en otras generaciones, el profesor era únicamente un referente académico. Hoy, capaz que el chico actual busca un referente de contención humana y afectiva". F. Otero.

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