CATERINA NOTARGIOVANNI
Érase una vez un tiempo en el que el 19 de abril se festejaba con bombos y platillos. Las familias concurrían en camiones, se armaban campamentos en la Playa de la Agraciada, se hacían guitarreadas, se vendían chorizos, tortas fritas, pasteles de pescadilla y gallinas rellenas. "Se hacía más comida que para Navidad", recuerda Ethel, vecina de Pueblo Agraciada, ubicado a 10 kilómetros de la playa donde en 1825 desembarcaron los Treinta y Tres Orientales. "Era una algarabía. El que no venía era porque era de otro mundo", evoca Hugo Daniel Fernández, coordinador de la Junta Local. Tal era la expectativa que los preparativos comenzaban quince días antes.
Claro, para los agraciaderos la fecha patria que hoy se celebra tiene un gustito especial: ellos son locatarios. "El 19 de abril es nuestro. Por eso acá lo queremos, lo recordamos, lo tenemos presente en todo momento", sentencia Mirta, maestra retirada que llegó hace 30 años a trabajar en la escuela del pueblo y nunca más se fue.
Pero las cosas han cambiado. "Fue llegar la dictadura y murió todo", dice Fernández. Los militares, cuentan los vecinos, establecieron restricciones de acceso en vehículos y llenaron la zona de tanques y otra parafernalia de guerra. "Eso a la gente no le gustó", agrega el encargado de la Junta.
La dictadura, la sangría demográfica de la campaña, la decisión municipal de trasladar los festejos a Mercedes y la apatía son, a juicio de los locales, los motivos que han hecho de la fiesta un simple recuerdo, tan lejano para las nuevas generaciones como el propio desembarco.
Nostalgias aparte, la zona conserva varios tesoros históricos que bien valen el viaje de tres horas desde Montevideo. Eso sin contar la hermosa playa arbolada sobre el Río Uruguay. Vayamos por partes.
Hombre clave. Hay un nombre fundamental en la zona: Domingo Ordoñana -estanciero, cirujano y fundador de la Asociación Rural del Uruguay-, quien residía en una espectacular casona con vista a la playa y que el 19 de abril de 1863 inauguró el Obelisco conmemorativo ubicado en el sitio exacto del desembarco. Según crónicas recogidas por el escritor lugareño Espinosa Borges y publicadas en la Revista Agraciada, Ordoñana reunió a algunos sobrevivientes del desembarco para que ellos dieran fe de que estaban en el lugar correcto. El Obelisco sigue en pie, así como el higuerón donde los revolucionarios habrían escondido los caballos y las armas (el original se vino abajo en una tormenta, pero resistió un brote que hoy es un pequeño árbol).
Pero además, a un kilómetro de la playa, por una calle paralela a la costa, se erige la Estancia Buena Vista, hogar de Ordoñana donde el pintor Juan Manuel Blanes se instaló para estudiar la zona y realizar los bocetos de lo que posteriormente sería el famoso óleo El Juramento de los Treinta y Tres Orientales (ver recuadro).
La estancia de Ordoñana ha sido víctima del abandono, la desidia y los robos. Cuando Julio Guerein (48) y su esposa Claudia Frascheli (35) se instalaron en la casa junto a sus tres hijos no había ventanas, puertas y toda la grifería de los baños había sido desmantelada. Tampoco había luz ni agua potable (de hecho todavía no tiene agua, la deben traer de predios vecinos).
Los turistas que se acercan al lugar (sólo en Semana de Turismo llegaron entre 500 y 600 personas, según Claudia) encuentran una casona casi en ruinas, con, por ejemplo, nylons en las ventanas en lugar de vidrio. Además, los pocos trabajos de reconstrucción realizados no estuvieron dirigidos a recuperar las características originales. Y para colmo, se llueve. "Esto es un absoluto abandono", comenta Ricardo Bonansea, encargado interino de la secretaría de la Junta de Agraciada.
Los visitantes -mayoritariamente uruguayos, argentinos y algunos europeos- se las arreglan como pueden para entender el significado histórico del lugar. Claudia, por propia iniciativa y debido a las constantes preguntas de los turistas, trató de informarse lo más posible e improvisó una cartelera con algunos datos básicos. "Yo no tengo acceso a libros tampoco, te soy sincera", dice ella. Ante ese panorama, los comentarios se repiten: tienen que recuperarlo como museo, se debe ofrecer la posibilidad de pasar una noche en el lugar, por qué no flamea una bandera uruguaya, entre otros.
Por ese trabajo de guía improvisado, el cuidado y la limpieza, sólo Julio tiene un salario (unos $8.000). "Recibimos gente día y noche. No podés sestear. O estás al mediodía comiendo y viene uno y hay que atenderlo. A veces vienen aunque no haya luz", comenta Guerein.
Javier Mazzilli, director de Turismo de la Intendencia de Soriano, admite que el lugar está subexplotado, y que tanto la playa como la estancia podrían ser un anzuelo interesante para los turistas que llegan a Colonia. "Si recorre Soriano verá mucho lugares que todavía no están explotados. Acá tengo que entrar en un tema político. Hasta hace cuatro años, los intendentes -y sobre todo el anterior que estuvo 10 años- textualmente decían que el turismo no les interesaba, entonces dejaron venir abajo mucha cosa. En la estancia se robaron todo, ni siquiera había quien cuidara. Esta administración empezó a levantarla un poquito, a cuidarla, a pintarla, a arreglar la escalera, pero siempre con la expectativa de hacer algún emprendimiento privado", señala. Sin embargo, al día de hoy, no hay ningún proyecto concreto.
Históricas arenas. Tranquilidad. Es lo primero que se siente en la Playa de la Agraciada, donde además del río, las blancas arenas y el Obelisco, se ubica un prolijo camping municipal con capacidad para 100 carpas, parrilleros, luz y duchas con agua caliente. También estaba muy venido a menos, cuentan los lugareños. "Los arreglos son mérito de los funcionarios de la Junta Local Agraciada que trabajaron muchísimo", señala el director de Turismo. Es visitado mayoritariamente por gente de Nueva Palmira, Carmelo y, por supuesto, los agraciaderos, que lo tienen como lugar obligado de descanso dominical. Los amantes de la pesca cuentan con pique de bagre y boga. Acampar cuesta entre $ 50 y $ 65 por día.
Según los testimonios recogidos en el Pueblo Agraciada, pocos locatarios se darán cita hoy en la celebración del 184 aniversario del Desembarco de los Treinta y Tres Orientales. A lo sumo los escolares y sus padres, que van más por obligación que por amor a la camiseta. Ni siquiera la señora Coca, maestra jubilada que estuvo a cargo del discurso durante años y que no faltaba ni los días de tormenta, sabe si irá. Eso no significa, ni mucho menos, que los agraciaderos no se sientan orgullosos del lugar donde se criaron (la mayoría nació en los pueblos cercanos donde sí hay infraestructura hospitalaria). Todo lo contrario. La totalidad de los consultados se refiere a la zona como excepcional, tanto en lo histórico como en lo paisajístico. Lo único que lamentan es que pocos uruguayos sepan de su existencia.
Si usted lee estas líneas en la mañana y se encuentra a una distancia razonable, vale una recomendación: visite la playa y el pueblo Agraciada. Hoy es un buen día para ello.
"En nuestro pueblo no hay vagos ni hambre"
"Un privilegio de pueblo Agraciada: no hay vagos", dice Ricardo Bonansea, de la Junta local. "Y no hay hambre", acota Hugo Fernández, coordinador de la misma, "el que no come es porque realmente no quiere trabajar", agrega. Según el Censo Fase I 2004, allí viven 389 personas. La mayoría son personas mayores, aunque la escuela Treinta y Tres Orientales (en impecable estado) tiene 80 alumnos.
De Agraciada llaman la atención un par de cosas: la limpieza y prolijidad de los espacios públicos y el colorido de algunas casas, lo que la diferencia del triste monocromo de otros pueblos.
Los agraciaderos cuentan con biblioteca (buena parte del costo de construcción se pagó con las tortas fritas que se vendían en las fiestas del 19 de abril de antaño), policlínica con una médica, dos bares de copas, un gimnasio techado, una cancha de proporciones oficiales (impecable también) y la escuela pública. Los liceales se trasladan a diario hasta Nueva Palmira, ciudad de referencia para los locales. "Nunca se hizo demasiada fuerza por ese tema porque si vos ponés un liceo en Agraciada aislás totalmente a la muchachada con los de Palmira", dice Fernández.
El pueblo tiene dos equipos de fútbol: el Agraciada Fútbol Club y el Santos Fútbol Club. Del primero salió Alvaro Fernández, jugador de Nacional y de la Selección Uruguaya. "Hoy el pueblo de Agraciada se está conociendo por mi sobrino: Álvaro Fernández. Porque todo el mundo te dice ¿pero Agraciada dónde queda? Agraciada no existe. Claro que existe, el problema es que no salimos en ningún lado", dice el coordinador de la Junta.
Una de las quejas más escuchadas es el tema del transporte: sólo se puede viajar a Carmelo los lunes, miércoles y viernes. Luego se hace una conexión. Ahora, si tiene que venir a Montevideo un martes, por ejemplo, o pide un viaje o hace dedo. Y si quiere leer el diario del domingo se lo debe procurar en Nueva Palmira. O leerlo el lunes, como hace la mayoría.
Típicos personajes de pueblo no queda ninguno, dicen, pero todos recuerdan al dueño de un bar enano que no llegaba a la barra, y a Tablita, un artista que "si no chupaba, no pintaba".
Visitante de lujo de la estancia
Si bien es correcto que el pintor Juan Manuel Blanes estuvo en la estancia de Domingo Ordoñana (eran amigos), no fue allí donde pintó el óleo de 311 x 564 centímetros llamado Juramento de los Treinta y Tres Orientales, versión errónea que sostienen muchos vecinos del pueblo Agraciada.
"Él fue a la estancia a ver el lugar y probablemente haya tomado fotos (no tenemos esa documentación), pero es muy probable porque Blanes se manejaba con fotografías", señala Gabriel Peluffo, director del Museo Blanes de Montevideo y experto en la obra del autor.
La búsqueda del realismo lo llevó al lugar de los hechos, donde estudió la incidencia de la luz según la hora del día y los paisajes, todo lo cual fue bocetado. En definitiva, Blanes pintó el cuadro en su taller de la calle Canelones y Convención. Lo que sí hizo, cuenta Peluffo, fue llevarse un carro lleno de arena de la playa de la Agraciada que esparció en el piso de su estudio y sobre la cual posaron los modelos. Una vez finalizado el cuadro, pintura que le insumió año entero, lo expuso en su taller. Entre enero y febrero de 1878 pasaron por dichas instalaciones un total de 10.000 personas que, al retirarse, se llevaban una bolsita con arena de la histórica playa.
Quienes lo deseaban, podían dejar a cambio una colaboración que Blanes donó a una sociedad filantrópica que trabaja con niños, cuenta Peluffo.
Las cifras
10.30 Hora en la que se realizará hoy el festejo oficial en la playa de la Agraciada. El miércoles no se sabía qué autoridades estarían allí.
283 Es el mojón de la Ruta 21 donde está la entrada a Pueblo Agraciada. Allí doblar a la derecha (no hay cartel). La playa queda a 1 km.
15.00 Hora en la que se realizará en la rambla de Mercedes (Soriano) una celebración que incluye representación viva del cuadro de Blanes.
8 km Es la distancia que separa la ciudad de Nueva Palmira (Colonia) con la Playa de la Agraciada, por la ruta 21 en dirección oeste.
1 km Es la distancia entre el Obelisco de la playa de la Agraciada y la Estancia de Ordoñana, donde Blanes hizo los bocetos del cuadro.