A la Intendencia de Montevideo se le podrán criticar muchas cosas (la limpieza, el estado de la calles), pero si hay algo exento de cuestionamiento, en la multiplicidad de servicios que brinda a la población, es su Centro de Fotografía (CdF), un espacio único en su tipo por su carácter público, gratuito y patrimonial. Esta dependencia municipal está cumpliendo 10 años en su emplazamiento de 18 de Julio 885 (ex Bazar Mitre), una joya, por motu proprio, del patrimonio arquitectónico en la capital.
En una sala discreta del CdF, en medio de cajas, negativos y pantallas de alta resolución, su director, Daniel Sosa, habla con pasión sobre una de las colecciones fotográficas más valiosas de Uruguay: el archivo histórico municipal. Con más de 581.000 imágenes cuidadosamente conservadas, este acervo no solo documenta la evolución urbana de la ciudad, sino que también testimonia la vida social, política y cultural del país.
Consultado sobre “las joyas” del archivo, Sosa se resiste a destacar solo unas pocas: “Es muy difícil elegir. Hay muchos hitos de la evolución de la ciudad”, comenta a Domingo.
Uno de sus favoritos es una serie sobre la construcción del Estadio Centenario, con imágenes aéreas captadas desde avionetas en 1930. “Hoy, con drones, es muy fácil, pero en ese entonces era una locura técnica”, afirma. “Tenemos la secuencia desde antes del pozo de obra hasta los goles del Mundial del 30 tomados con cámaras de placa. ¡Y con la pelota entrando al arco!”, destaca.
Lo más antiguo del archivo data de 1865: una imagen tomada antes de la instalación de la Columna de la Paz en la Plaza de Cagancha. “Se ve 18 de Julio totalmente despojada, sin casas, con calles de tierra y apenas un caballo a lo lejos”, relata Sosa. Esa foto sirve hoy como punto de partida en actividades educativas del CdF, como los “fotoviajes” con escolares, que analizan cómo ha cambiado la ciudad. Porque el valor del archivo no está solo en lo monumental, sino en la mirada colectiva. “Cada imagen dispara conversaciones sobre permanencia, sobre el paso del tiempo. Ese es el poder de la fotografía histórica”, dice mientras decenas de niños recorren las instalaciones del centro.
¿De dónde salen las fotos?
Un 65% proviene de donaciones particulares y un 35% fue generado por la propia Intendencia, ya sea de forma histórica o contemporánea, en parte a través del equipo de producción fotográfica del CdF. El centro cuenta con una rigurosa política de donaciones. “No es cualquier fotografía la que se incorpora”, aclara Sosa. Un comité integrado por un historiador, un archivólogo y un fotógrafo evalúa cada propuesta. “Es una enorme responsabilidad custodiar imágenes que alguien entrega con la esperanza de que trasciendan su propia vida”, dice.
Las paredes del CdF guardan historias memorables. Una de ellas es la del archivo de El Popular, un diario clausurado por la dictadura. El mismo estuvo escondido durante 33 años y fue recuperado por el Partido Comunista, que finalmente decidió donarlo. Hoy, esa colección está reconocida por la UNESCO como parte del programa Memoria del Mundo, una distinción que apenas cinco archivos uruguayos han recibido.
Otras donaciones destacadas son las de Jorge Ameal, docente y referente de la fotografía uruguaya; las de Ferruccio Musitelli y las del fotógrafo Eduardo Colombo, con sus instantáneas del conventillo Medio Mundo; así como las de agencia Cámara 3, que documentó la transición entre dictadura y democracia, desde las últimas represiones hasta la llegada de Wilson Ferreira Aldunate.
También se incorporó últimamente una colección de daguerrotipos que donó el escritor Juan Antonio Varese.
Trabajo de preservación
Cuando una fotografía ingresa al CdF, lo hace cargada de pasado, pero también de futuro. En el Área de Documentación, dirigida por Ana Laura Cirio, comienza entonces un meticuloso proceso técnico y conceptual cuyo objetivo es conservar, comprender y hacer accesible cada imagen en el contexto en que fue producida. Entre otras cosas, el centro tiene una cámara con temperatura controlada, que fue específicamente construida para preservar los archivos.
“Lo primero que hacemos cuando recibimos una donación es un inventario”, explica Cirio a Domingo. Ese relevamiento inicial permite identificar cuántas fotografías integran el conjunto, sus formatos, materiales, soportes físicos y, fundamentalmente, su estado de conservación. También se recopila toda la información posible sobre su origen, lo que ayuda a planificar cómo se trabajará con ese material.
El caso de Jorge Ameal, cuya colección sigue sumándose al archivo, es ilustrativo. “Aparecieron nuevas cajas en su casa. Entonces ahora tenemos que abrirlas, inventariarlas, guardarlas en contenedores apropiados, y diseñar cómo vamos a acondicionar cada pieza”, anota la experta.
El trabajo del área se divide entre el control físico -que implica la estabilización y protección del soporte material- y el control intelectual, que busca mantener intacta la unidad documental. “No mezclamos colecciones aunque compartan temática o época. Las fotos de Ameal son un conjunto, las de Juan Varese, otro. Es importante conservar ese origen para entender por qué fueron hechas y cuál era su intención”, aclara Cirio.
Después de trabajar con las imágenes, el equipo interdisciplinario del CdF selecciona una muestra representativa para hacerla accesible al público. Esa etapa dispara dos procesos clave: la digitalización -condición necesaria para brindar acceso sin manipular el objeto original- y la documentación, que implica identificar protagonistas, establecer fechas y asignar palabras clave que permitan recuperar esas fotos en el catálogo digital. Finalmente, todo queda accesible al público -y en alta resolución- a un clic de distancia: cdf.montevideo.gub.uy.
Fotogalerías y acciones de alcance nacional
El CdF es mucho más que un archivo. Es un espacio de producción, formación y exhibición en el que trabajan 61 personas en total, entre fotógrafos, archivólogos, historiadores, diseñadores, editores y gestores. Solo en el área de archivos trabajan nueve personas.
Además de sus salas de exposición, gestiona 12 fotogalerías a cielo abierto en Montevideo y colabora con instituciones de otros departamentos. Desde 2013, el CdF está certificado bajo normas de gestión de calidad en todos sus procesos, siendo la única institución cultural del país con esa distinción.
En 2019, recibió el Premio Nacional de Calidad, que se otorga tanto a instituciones públicas como privadas