Cumple 135 años el taller de grabado que tuvo desde los mejores escultores nacionales hasta la copa Jules Rimet

Casa Tammaro fue creada por un napolitano y continuada por una familia uruguaya que le anexó un completísimo museo que reabre a fines de setiembre.

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El local de la calle Juncal, en la Ciudad Vieja.
Foto: Estefanía Leal.

"Por donde se camine por Uruguay, sea calles, edificios, plazas, cementerios… y haya una placa colocada, se leerá Tammaro’. Son piezas a la intemperie que con un mínimo reciclado quedan nuevas luego de más de 100 años de colocadas”, comenta con orgullo Leonel Bettinelli (64 años), director general de Casa Tammaro, taller artístico que el próximo 8 de setiembre cumplirá 135 años de vida.

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Foto: Estefanía Leal.

De esos 135 años, 89 corresponden a la familia Tammaro y 46 a la familia Bettinelli, con la compañía de la familia Miller durante 28 años. El iniciador de todo fue Luiggi Tammaro, un napolitano que en 1887 se embarcó con destino a Buenos Aires, pero que las condiciones terribles de su viaje hicieron que se desviara a Uruguay. “Al ver el Cerro de Montevideo, fue como ver el Vesubio, se sintió en su casa y con su familia dijeron: ‘¡Aquí nos quedamos!’”, cuenta Bettinelli.

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Foto: Estefanía Leal.

Tammaro no fue un inmigrante que vino a trabajar de lo que fuera, sino que estaba formado en Bellas Artes y conocía perfectamente el oficio del grabado y la medalla. Llegó con maquinaria moderna —balancín de 100 toneladas, pantógrafo de tres dimensiones—, compró terrenos y levanto su fábrica en el mismo lugar que se encuentra actualmente: Juncal 1429 (Ciudad Vieja).

“Vino en busca de la gloria, confiado en la calidad de sus trabajos”, destaca Bettinelli. Pudo hacer su sueño realidad y cuando falleció, en 1912, se hizo cargo de la empresa su hijo Gerónimo. Cuando este ya andaba por los 80 años, salieron a la bolsa acciones de la empresa, algunas de las cuales fueron compradas por Don Tito Montesano, gerente de ventas de las famosas máquinas de sumar Burroughs.

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Foto: Estefanía Leal.

Montesano se topó con un taller bastante desordenado, así que comenzó a buscar quien se hiciera cargo y tuviera los conocimientos necesarios. Fue así que paseando en bicicleta por Parque del Plata se encontró con su vecino Ángel César Bettinelli —padre de Leonel—, que a los 47 años ya estaba jubilado porque había sido la mano derecha de su suegro, Alberto Brusco, durante años jefe de fábrica de Cristalerías del Uruguay, y por ese entonces el trabajo en vidrio era considerado un trabajo insalubre (cada año trabajado valía por uno y medio).

“Mi papá estaba colocando una canilla en el frente de la casa, lo recuerdo perfectamente, hasta lo que estaba cantando, lo divertía mucho cantar Chorra”, rememora Leonel, que en ese entonces tenía 5 años. Su padre le habló a Montesano de que con dos hijos y un recién instalado peaje en Pando se le iba a hacer difícil disfrutar de su jubilación en Parque del Plata. Esa misma tarde su vecino le estaba ofreciendo estar al frente del taller en Tammaro. Un año después Montesano vendió sus acciones, pero Bettinelli se quedó en su cargo.

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Foto: Estefanía Leal.

Cuando empezaron a aparecer problemas de administración, Julio Miller, un empleado de tan solo 22 años, le propuso a Ángel abrirse y crear su propio negocio dentro del rubro. Este pudo hacerlo gracias a que su esposa había ahorrado un dinero y fue así que se creó Gramex, a la que se sumó José, el hijo mayor de Ángel. En 1977, la nieta y heredera de Gerónimo Tammaro les ofreció comprar Tammaro, cosa que se concretó tras arduas negociaciones.

“Mi papá falleció en setiembre de ese mismo año, y mi mamá y yo empezamos a trabajar. Mi madre desarrolló un perfil empresarial muy destacado y yo empecé a dar mis primeros pasos con 18 años. Durante muchos años dirigieron la empresa Julio Miller, mi hermano José y mi madre Gladys, y supieron llevarla adelante, viviendo períodos de muchas crisis en plazos cortos: la tablita de los 80, la crisis de los 90, la gran crisis del 2002, momento en el cual se hace una separación y reparto de bienes. A partir de ese momento Tammaro quedó bajo mi dirección general”, apunta Bettinelli, quien en 2004 compró la parte de Miller.

Ese año se incorporó a la empresa el hijo de Leonel, Matías —quien durante la pandemia asumió la dirección— y en 2011 lo hizo su hija Carolina, que como ingeniera tramitó el Certificado ISO 9001. Al año siguiente Carolina decidió dedicarse de lleno a su profesión.

En 2023, Leonel retomó la dirección general de Casa Tammaro.

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Foto: Estefanía Leal.

Miles de anécdotas

En 135 años de trayectoria hay muchas historias, empezando por el perfil de Gerónimo Tammaro, el hijo del fundador. “Fue un genio de las relaciones humanas, una persona muy culta que tenía su pasión uruguaya, Peñarol; participaba de fundaciones de clubes, entre ellos el Náutico de Carrasco; fundó su propia logia en 1933, y tenía su butaca en el Teatro Solís”, cuenta Bettinelli. El encargado de su taller y más tarde su cuñado fue Juan Azzini Dale, padre del luego ministro de Economía Eduardo Azzini, del que Bettinelli fue muy amigo.

“Entre las muchas historias que me contó, me dijo que tuvo las copas olímpicas de Fútbol de 1924 y 1928 en sus manos cuando se le grabó el nombre de Uruguay en nuestro taller. Lo mismo pasó en 1930 con la copa Jules Rimet, la primera Copa del Mundo. La AUF no tenía un local adecuado para mostrarla y se exhibió en Tammaro. Fue la primera vez que se cerró la puerta de calle durante el día, se formaban largas filas por la calle Juncal y se permitía entrar de a 10 personas a la vez”, cuenta Bettinelli.

Muchos de los trabajos que ha realizado Casa Tammaro tienen que ver con el fútbol. Por ejemplo, durante tres años fue responsable de realizar el trofeo del Superclásico de las Américas entre Brasil y Argentina, con el diseño de Carlos Páez Vilaró. También hizo los trofeos que se entregan a los ganadores de la encuesta Europa y América le responden a El País.

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El trofeo del Superclásico de las Américas diseñado por Carlos Páez Vilaró.
Foto: Estefanía Leal.

“Un jovencito Neymar iba saliendo por el corredor del Hotel Radisson diciéndole a su padre: ‘Pai, ayuda… esto pesa pra caramba’. Me dijo que nunca había recibido algo así, ‘esto es para toda la vida’”, recuerda Bettinelli sobre uno de los ganadores de la encuesta.

En 2006, se realizó en el Cabildo de Montevideo la Cumbre de las Américas y la Cancillería encomendó a Tammaro la confección de una placa recordatoria con todos los escudos a color de los países participantes, que iban a inaugurar el presidente Tabaré Vázquez y el rey Juan Carlos de España. “Quedó espectacular, hasta compramos una pasta de pulir bronce de origen francés que le otorgó un brillo y una definición esplendorosa. Cuando me estaban revisando para entrar, veo a la seguridad manoseando la placa por todos lados en busca de explosivos y llenando todo de dedos. ¡Estallé a los gritos! Faltaban tres horas para la ceremonia, pedí que la llevaran a un patio interior para probar de pulir a mano y recuperarla, porque no daba el tiempo de desarmarla y volverla a armar. Estaba al sol puliendo y puliendo, cuando una voz con acento español me dice: ‘Hombre, ya muy pocas empresas realizan este trabajo’. Le respondo, me sigue hablando y pienso: ‘¿Por qué no se irá?, así termino con esto’. Me pide que me dé vuelta para felicitarme, le digo que me dé unos minutos. Me responde: ‘Lo espero’ y cuando me doy vuelta… ¡era el Rey! Nos saludamos cordialmente y hubo risas”, relata Bettinelli sobre una de las tantas historias que estará en el libro que está pensando escribir.

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Foto: Estefanía Leal.
Fines de setiembre

Reabre el museo con gran mural del Éxodo

A fines de setiembre se reinaugurará el Museo de Casa Tammaro, que funciona en la parte de arriba del local (Juncal 1429). Allí se encuentran muchas de las medallas realizadas por escultores como José Belloni, José Luis Zorrilla de San Martín, Edmundo Prati y Antonio Pena, entre otros.

“Tenemos registrados más de 110 escultores que han realizado yesos, que se convirtieron en bronces, los cuales hemos mecanizado y convertido en medallas. De esos discos de bronce se conservan cerca de 800 unidades, con las diferentes temáticas que abarca Tammaro: personalidades, presidentes uruguayos (casi todos hasta 1960), visitas de presidentes extranjeros (De Gaulle, Eisenhower, Frondizi), inauguraciones de monumentos y edificios, etc.”, reseña Bettinelli.

Creado en 2008, se abre para visitas guiadas para escuelas y el Fin de Semana del Patrimonio.

Cerrado por la pandemia, será reinaugurado con un mural creado y pintado por el arquitecto Jorge Aramendía Payseé. “Es una visión del cruce del Río Uruguay hacia Entre Ríos del Éxodo del Pueblo Oriental. Es de 7 metros por 2,65 metros, una magnífica obra que se podrá vivenciar en todos sus detalles. Estará acompañada de esculturas en bronce y yeso, y discos de medallas de reconocidos artistas nacionales con diferentes temáticas”, anunció Bettinelli a Domingo.

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Foto: Estefanía Leal.

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Foto: Estefanía Leal.

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